
Esta noche no vengo a contaros un cuento, esto pasó en realidad. Yo soy del norte, de las montañas del oriente de Asturias, y quizá penséis que este asunto me toca un poco lejos, pero ya sabéis que el norte es así, que tienes un pie en la montaña y otro en la costa. Pues, hace poco, allá hubo un desastre. Por eso, esta historia no es bonita, ni elaborada con palabras bonitas ni está bien construida sintácticamente como las otras que acabáis de escuchar.

Yo estaba aquí, en vuestras tierras del sur, cuando encendí la televisión y vi que un barco se partió y naufragó. Eso fue en Galicia, y lo peor es que el barco llevaba una basura negra que se extendió hasta mi tierra y más allá.

No sabéis cuánto me impactó ver (*ojos*) esas imágenes. Entonces fui a mi casa, allá en las montañas de Picos de Europa, y bajé con mis padres a la costa. Allí sentí un mal muy hondo que me atormentó, y en el mismo momento de verlo, se me manchó el corazón (*pecho*).

Desde Llanes a San Vicente de La Barquera, pisando (*pies*) la antes blanca arena, sintiendo en mi nariz (*nariz*) el olor nauseabundo del infierno. Y lloré. En silencio y sin lágrimas (*cuencas oculares*) que brotaran, pero lloré. Ver cómo un país mágico, con su paisaje, su niebla misteriosa, su mitología antigua, su música ancestral y su idioma vernáculo no sólo mueren vampirizados, sino también envenenados.

Y yo por eso quiero agradeceros a todos. A todos aquellos que disteis todo y arriesgasteis vuestra salud futura (¿cáncer, leucemia,…?) para arrancar con brazos (*brazos*) y con las manos (*manos*) desnudas incluso la maldita marea negra. Gracias a todos por luchar contra el galipote.
Pero no por ello mis lágrimas se vuelven sonrisas. Hay algo que no me deja respirar todavía y que me ahoga. Hay un grupo de gente de los que he tenido que aguantar muchas cosas. He oído tantas mentiras, he aguantado falsedades viles que han salido de sus negras bocas (*boca*), con lenguas (*lengua*) que ya estaban sucias, como sus cabezas (*frente*). "Hilillos de plastilina", "las playas están limpias"… en sus televisiones y en sus periódicos. ¡TODO MENTIRA! Hoy os traigo aquí una toalla. Unos clientes se la llevaron este verano a la playa y nos la trajeron así de sucia. Y no se quita ni lavándola. ¡¿ESTO ES DE UNA PLAYA LIMPIA?¡ ¡¿REALMENTE SON HILILLOS DE PLASTILINA?¡ ¿EH? ¡ES INJUSTO! Son tantas mentiras que me dan ganas de vomitar (*abdomen*). ¿Hasta cuando? Digo, ¿¡¡¡HASTA CUANDO!!! Tendremos que aguantar a los de siempre ahí arriba fastidiándonos, asfixiándonos, contaminándonos, exterminándonos, jodiéndonos?
El galipote ya existía antes de esto, sólo que no lo veíamos porque era transparente. Y estaba en sus mentes.
Gracias por escucharme.