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SIGAMOS MALGASTANDO PETRÓLEO.
TOTAL, SALAMANCA NO TIENE COSTA...

... pero de algún lado salen los peces que comemos, y si no los hay, se encarecen. O si no, la contaminación puede extenderse y hacerse indetectable en otros lugares distantes sin prevención, pudiendo pasar a la cadena trófica que conduce al ser humano. ¿O no os acordáis de la contaminación por mercurio en Japón de los años 50, por citar un ejemplo? Esto ha pasado, está pasando y puede volver a pasar. ¿Qué podemos hacer? Podemos cerrar los ojos (“bah, sólo han muerto cuatro pajarracos por la marea negra...) y esperar a que la basura nos inunde y pudra o podemos actuar.

¿Actuar? ¡Qué dificil y complicado!

Nada más lejos de la realidad. Con unos ligeros hábitos en la vida cotidiana y diaria podemos reducir el consumo de petróleo, y con ello, la necesidad de transportarlo y las probabilidades de que Prestige II pueda ocurrir.

1) No uses el coche si no es del todo necesario. Coge la bicicleta, anda o usa el transporte público. Con esto no digo que prohibamos la circulación a los turismos, pero sí que para ir desde la Avenida Villamayor a la Plaza Mayor (es un ejemplo) no hace falta coger el coche. Hay buses o, si no, puedes andar, que es muy saludable. Además de reducir el consumo de petróleo, nuestra salud se fortalece y la contaminación disminuye.

2) Recicla. Separa tu basura (no cuesta tanto, venga) y échala en los contenedores correspondientes. Así evitamos que nuevo petróleo se use y que nuevos materiales se utilicen cuando realmente tenemos un tesoro de recursos en la basura. ¿Por qué no echar mano del viejo material que todavía vale en vez de extraer nuevos minerales y gastar energía a lo tonto? Aparte de otros aprovechamientos que podamos hacer con los restos de papel, cartón, hierros, ... ¡Quedarías con la boca abierta! Sólo piénsalo.

3) Precicla. ¿Qué es el preciclaje? Es la acción de reciclar antes de comprar. Prevenir mejor que curar, vamos. Es decir, procura no comprar cosas que estén embaladas en millones de envoltorios chachis y bonitos además de superfluos y, en muchas ocasiones, engañosos y que a la larga no hacen más que estorbar, contaminar y, además, no biodegradarse. Así pues, buena costumbre es reutilizar las bolsas del súper llevándolas a la compra en vez de coger o que te den otras nuevas, rechazándola cuando llevas sólo una cosa...

4) Vigila el termostato. Seguro que no hace falta que en invierno estés a 30º. Con sólo bajar unos tres o cuatro grados, que tu cuerpo no lo nota e incluso lo agradece, el consumo de petróleo se reduce considerablemente. ¡Y eso sí que lo nota tu bolsillo! También así evitas el nefasto contraste de temperaturas cada vez que salgas a la calle y previenes catarros y resfriados si modulas bien la temperatura de tu hogar. Buena idea sería que se aplicara a autobuses y demás sitios públicos, donde la aplicación de esto seguramente disminuiría el gasto público y las enfermedades invernales.

Esto son sólo unas pocas ideas. Si se te ocurren más, aplícalas y difúndelas entre la gente de tu entorno. No creas que es tontería, es un problema muy serio éste. Y recuerda que todos absolutamente todos podemos colaborar a esto, y a reducir el efecto de las sequías gastando menos agua, y a cuidar la ciudad si tiramos los papeles en su papelera en vez de al suelo... ¡Si es que es tan fácil!

Gracias por tu paciencia y haber llegado hasta aquí.

Colectivo Bellotero de Salamanca
bellotero@usal.es

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