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Recibí
recientemente un comentario vía Internet sobre la entrevista que
le hicieran en televisión al jefe de las autodefensas: Carlos
Castaño. Mencionaba el comunicado gran preocupación por la manera
en que Castaño públicamente expresaba su desprecio por los homosexuales.
Para algunos expertos en eso de los procesos evolutivos y de creación,
el hombre ha aprendido y emprendido nuevos procesos cuando se
ha enfrentado a dificultades que incluso ponen en peligro su supervivencia.
Podría estar de acuerdo con este análisis, pero me vienen a la
memoria las palabras de los abuelos cuando decían que al
que tiene ojos no se le avisa y me planteo entonces que
si sabemos a lo que podríamos estar enfrentados, por qué no empezar
a actuar desde ahora.
Con la excusa de que a los homosexuales en Colombia no se nos
ha perseguido y por tanto no hay razón para organizarnos, los
gay y las lesbianas hemos permanecido callados y por tanto cómplices
de una guerra sucia en la que se ha masacrado y violentado en
sus mínimos derechos a la inmensa mayoría del pueblo Colombiano.
Es
en éste sentido que quiero llamar la atención de la comunidad
lesbi-gay del país. Primero, porque siendo la homosexualidad un
aspecto que toca nuestra vida íntima, es de suponer que entre
los desplazados, desaparecidos, secuestrados y exiliados, así
como entre los asesinados por el fuego cruzado de los armados
de esta guerra, se cuenten muchos homosexuales o sus familias
y por tanto se torne este
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en tema de nuestra competencia; y en segundo lugar, porque los tres
principales actores de la guerra Colombiana, es decir: guerrillas,
autodefensas y ejército, tienen como principio un marcado machismo
y heterosexismo en el que se rechaza de plano a los homosexuales.
En el caso de las fuerzas oficiales, ejército y policía, existe,
al menos en supuesto, la posibilidad de enfrentarlos con las herramientas
legales que la Constitución nos ofrece; de hecho ya se ha avanzado
mucho en este aspecto y tanto hombres gay como mujeres lesbianas
no pueden ser excluidos de las filas por el simple hecho de que
se haga pública su condición de homosexuales. Para el caso de las
guerrillas y de las autodenfesas, quienes cada vez ganan más en
poder y territorio, la situación no es muy clara, pues sus reglas
son otras. Reglas que la mayoría de colombianos no logramos entender
aún.
Valdría la pena, entonces, que nuestra participación en la problemática
actual colombiana y en la búsqueda de soluciones fuera más representativa,
de tal forma que se pueda mostrar a los actores armados y a la opinión
publica que los homosexuales somos también ciudadanos preocupados
por este país y por su futuro. Y que posiblemente esa aversión que
tienen hacia nosotros los jefes de los diferentes bandos, no sea
más que el producto de un imaginario popular que nos ha mostrado
a través de la historia como acosadores, débiles y vacíos al pensar;
y que hace que quienes no nos conozcan, nos sigan viendo como unos
simples maricas.
Abril
de 2000
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