|
|
La
reciente masacre de 27 reclusos en la cárcel modelo de Bogotá,
tiene consternada a la opinión pública. No entienden cómo podía
existir una organización delictiva tan bien montada al interior
del penal. La pregunta que los ciudadanos comunes y corrientes
de este país, incluidos los ciudadanos gay, nos hacemos es: ¿cómo
pueden las autoridades Colombianas seguir sosteniendo que no estaban
enterados de algo que todo mundo sabe?
Pero más allá de esta situación puntual de los centros penitenciarios,
donde todos sabemos la ley es a otro precio, la realidad colombiana
nos esta enfrentando a una subdivisión de estado en minúsculos
grupos donde la norma y la constitución nacional tienen
muy poco o ninguna validez y que pone en peligro la convivencia
social; la deja al criterio único de la fuerza y de las armas:
la ley del mejor armado
Los para - estados en Colombia adquieren cada vez mayor poder
y cobertura, mientras son subvalorados por el criterio miope de
nuestros gobernantes.
Las guerrillas aseguran tener control absoluto en más
de 130 municipios, según sus propios voceros, y otras tantas regiones
de nuestra geografía están bajo el mando de las autodefensas;
territorios donde son ellos y solo ellos, quienes imponen la ley
y el orden a su manera y sin reglas previas, excepto las del miedo
y las armas.
En mi condición de hombre homosexual y de ciudadano del
|
|
común me preocupa, más allá de saber a que régimen debo acogerme,
el empantanamiento de una guerra, nuestra guerra, en la que los
actores armados se vienen preocupando más por desplegar su ego -
poder, basta ver las declaraciones televisivas del mono Jojoy,
de Castaño y de los generales de ejército y policía, que por plantear
seria y abiertamente hacia donde es que vamos con unos u otros.
Si bien como simples ciudadanos, a los que un estado guerrero dejó
sin posibilidades de elegir y de opinar ni siquiera sobre nuestras
vidas, no podemos decidir libremente quien nos gobierne; al menos
deberíamos tener la oportunidad de conocer las reglas a las que
seremos sometidos y los nuevos derechos y deberes que para con ellas
tenemos. Así mismo, y mientras se definen políticamente los territorios
del estado y los para - estados, me gustaría saber ante cual debo
cedularme como ciudadano, ciudadano gay, o si debo sacar, al mejor
estilo de la Comunidad Económica Europea, un pasaporte múltiple
para desplazarme al Magdalena Medio, al Caguán o a Santafé de Bogotá,
capital de Colombia. De todos modos y según pinta el panorama, uno
u otro estado terminaran siendo la misma maricada: territorios
donde lo único que nos espera es un ejercito de bestias armadas
y de avivatos corruptos, acabando con el pensamiento, con la persona
humana y con los sueños de los que no transitamos la vía de las
armas.
Mayo
de 2000
|