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MARICADAS QUE UNO PIENSA
Ego y para.estados en Colombia
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
Y nos seguimos haciendo los maricas

 

"me preocupa, más allá de saber a cual de los regímenes debemos acogernos, el empantanamiento de una guerra, nuestra guerra, en la que los actores armados despliegan cada vez más su ego - poder"   

www.manuelbermudez.es.vg

La reciente masacre de 27 reclusos en la cárcel modelo de Bogotá, tiene consternada a la opinión pública. No entienden cómo podía existir una organización delictiva tan bien montada al interior del penal. La pregunta que los ciudadanos comunes y corrientes de este país, incluidos los ciudadanos gay, nos hacemos es: ¿cómo pueden las autoridades Colombianas seguir sosteniendo que no estaban enterados de algo que todo mundo sabe?
Pero más allá de esta situación puntual de los centros penitenciarios, donde todos sabemos la ley es a otro precio, la realidad colombiana nos esta enfrentando a una subdivisión de estado en minúsculos grupos donde la norma y la constitución “nacional” tienen muy poco o ninguna validez y que pone en peligro la convivencia social; la deja al criterio único de la fuerza y de las armas: “la ley del mejor armado”
Los para - estados en Colombia adquieren cada vez mayor poder y cobertura, mientras son subvalorados por el criterio miope de nuestros gobernantes.
Las guerrillas aseguran tener control absoluto en más de 130 municipios, según sus propios voceros, y otras tantas regiones de nuestra geografía están bajo el mando de las autodefensas; territorios donde son ellos y solo ellos, quienes imponen la ley y el orden a su manera y sin reglas previas, excepto las del miedo y las armas.
En mi condición de hombre homosexual y de ciudadano del


común me preocupa, más allá de saber a que régimen debo acogerme, el empantanamiento de una guerra, nuestra guerra, en la que los actores armados se vienen preocupando más por desplegar su ego - poder, basta ver las declaraciones televisivas del “mono Jojoy”, de Castaño y de los generales de ejército y policía, que por plantear seria y abiertamente hacia donde es que vamos con unos u otros.
Si bien como simples ciudadanos, a los que un estado guerrero dejó sin posibilidades de elegir y de opinar ni siquiera sobre nuestras vidas, no podemos decidir libremente quien nos gobierne; al menos deberíamos tener la oportunidad de conocer las reglas a las que seremos sometidos y los nuevos derechos y deberes que para con ellas tenemos. Así mismo, y mientras se definen políticamente los territorios del estado y los para - estados, me gustaría saber ante cual debo cedularme como ciudadano, ciudadano gay, o si debo sacar, al mejor estilo de la Comunidad Económica Europea, un pasaporte múltiple para desplazarme al Magdalena Medio, al Caguán o a Santafé de Bogotá, capital de Colombia. De todos modos y según pinta el panorama, uno u otro estado terminaran siendo la misma “maricada”: territorios donde lo único que nos espera es un ejercito de bestias armadas y de avivatos corruptos, acabando con el pensamiento, con la persona humana y con los sueños de los que no transitamos la vía de las armas.
Mayo de 2000

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