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El
28 de junio es el día del orgullo homosexual. ¿Cómo pueden los
homosexuales sentirse orgullosos de una condición que por siglos
ha sido señalada como perversa, enferma y marginal por iglesias,
estados y sociedades de todo tipo? ¿Qué razón hay para sentirse
orgullosos? Ser maricas es lo peor que ha podido sucedernos.
Además de los problemas inherentes a cualquier ser humano, los
homosexuales debemos enfrentar cosas que, aveces, ni logramos
comprender. Primero, ser el hijo anormal, el extraño,
a quien padre, madre, hermanos, y demás familiares dejan de lado
o sobreprotegen, pues usualmente se sienten culpables por esa
vergonzosa condición. A los 18 años o más, ya no es tanto problema
la actitud de tu familia, pero cuando apenas eres un niño que
desea ser abrazado por ellos y que no entiendes que pasa, si que
duele.
Luego, llegan los bellos años de la socialización y vamos a la
calle a jugar con amigos y amigas y al colegio. La incomodidad
de la casa, se vuelve allí un gran problema. Si cuentas con algunos
elementos, sabes manejarlo; camuflarte o aislarte en el estudio,
el arte o el deporte, es una opción. De lo contrario, serás el
payaso, el raro, la loca, la perezosa y todo lo demás.
Después
en la adolescencia, época de pareja en la que tus amigos visitan
a sus novias, las llevan al cine, a bailar o de paseo. En que
además, le expresan cuanto la quieren en la calle, el colegio,
y cuanto lugar publico existe; los problemas se vuelven frustración.
Claro que hay antros de todos los estilos y precios en donde puedes
manifestar tu afectividad, a escondidas esos sí, y casi siempre
dejando a tu amado allí donde lo encontraste noche tras noche.
Si eres de los más lanzados y lo haces en público, ya sabes lo
que te espera. Y si no, sufrirás de ulcera, serás el amante ocasional
y experimental de otros que luego te reclamaran haberlos inducido,
o simplemente escogerás una vida religiosa, amarga o de soledad.
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Soledad, soledad, eso sí que esta claro para tu vejez. Si logras
sobrevivir a los embates del sida, las ETS, la Moral Publica y a
los desamores, escoges entre ser un viejo verde que persigue pollos
para continuar la cadena o retirarte a ser el buen tío (a) que ve
como hermanos, hermanas y demás familiares le cantan a su pareja
quisiera que la vida regresara hacia el pasado, tener veinte
años menos y volverte a conocer y piensa que también le gustaría
tener veinte años menos para seguir soñando con ese príncipe fucsia
que nunca llego o que se fue. Y eso que, por desconocimiento, no
incluyo aquí a transexuales, travestidos y transgeneros.
Con todo esto,
¿cómo sentirse orgulloso de ser un pobre marica, un bobo, un cobarde
con la cabeza gacha? Eso no puede ser orgullo para nadie.
El orgullo, nace cuando dejamos de ser los pobres maricas y descubrimos
que estamos abriendo caminos para que algún día otros puedan disfrutar
del abrazo de padres menos machistas, puedan ser queridos, reconocidos
y respetados en la calle, sin temor a su orientación, puedan gozarse
un noviazgo público y duradero y puedan al menos soñar, con envejecer
al lado de una mano amiga que le acaricia en las mañanas; soñar
que junto a otros ojos se puedan apreciar esas cosas bellas de la
vida que muchos heteros, por costumbre o porque nunca les fueron
negadas, ya no disfrutan.
A todos (hombres y mujeres, femeninos, masculinos o andróginos,
y hetero, homo o bisexuales ) los que abren caminos para que identidad
y sociedad puedan convivir juntos: GRACIAS y... FELIZ DIA DE LA
INDIFERENCIA FRENTE AL FUERO PERSONAL DEL OTRO, FRENTE A SU INTIMIDAD.
Y para todos aquellos que decidieron dejar de ser maricas: FELIZ
DIA DEL ORGULLO HOMOSEXUAL.
Junio
de 2000
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