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MARICADAS QUE UNO PIENSA
Los actos homosexuales
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
Esas plumas que tanto asustan

 

"Que bueno sería que la jerarquía católica dejara de preocuparse por apariciones virginales, cuyas revelaciones de bobadas dejan muy mal parada a la madre de Cristo, y se preocuparan más por tratar de ayudar a los grupos marginales que luchan por un espacio en este mundo absurdo de mercado"

www.manuelbermudez.es.vg
Publicada en el periodico El Tiempo

Recientemente, durante una exposición de fotografía en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, pude observar el acelerado crecimiento urbano de Medellín. Las fotografías registraban la construcción de la ciudadela universitaria en 1972, y alrededor extensos sectores verdes, los mismos a los que hoy no les cabe un ladrillo más. En una de esas lomas, en la zona de Castilla, estaba mi casa materna.
Recuerdo esa casa, no sé si por mi condición de niño o por la libertad que se respiraba, como un espacio grande e iluminado que rodeaba un gran solar donde, a la par con la maleza y las enredaderas de cidra y estropajo, germinaban y se explayaban mis fantasías de niño homosexual. Cuando el mayor de los 15 hijos hombres decidió organizar su propia familia, le cedieron el terreno adjunto para hacer su casa. En convite todos los demás hermanos y mi mamá, colaboramos en la construcción; y en las noches, mientras saboreábamos el último tinto, discutíamos - bueno discutían los mayores -, sobre lo bien o mal que iba quedando la edificación. Desde allí entendí que en todo proceso de construcción, incluso el de la identidad, propios y ajenos se preocupan más por lamentar lo que no se hizo o por resaltar los errores, que por reconocer los avances.
Por estos controvertidos días de junio y julio, los gays y lesbianas de muchos países celebran el día del orgullo homosexual y no faltan, por supuesto, los comentarios en contra como el recientemente emitido por Su Santidad el Papa. En muy buenos términos el jerarca católico no condenó realmente la homosexualidad, sino los actos homosexuales. Intuyo que el Santo Padre, como muchos de nuestros coterráneos, se dejo asustar por las siliconas, las plumas y demás ornamentos que los medios de comunicación en todo su derecho, muestran como la parte atractiva de las marchas.
Creo que es este tipo de actos a los que el octogenario jerarca se refiere, y no, por supuesto, a aquellos que tienen que ver con las actividades alternas, en las que se involucra cultura, prevención y participación política.


Mas alla de las marchas vistosas, hay otros actos homosexuales donde se cuestionan, por ejemplo, regímenes totalitarios y dañinos como el de Pinochet, que él, su Santidad, avaló en su momento; intervencionismos que, con la complicidad de la Iglesia, acabaron o pretenden acabar con cualquier régimen contrario; la libre decisión de las mujeres sobre su cuerpo, que incluye el aborto en casos en que peligre su salud o su integridad y que con la idea papal antifeminista de mujeres vírgenes, santas y sumisas, jamás el jerarca logrará entender. Desde estos espacios se trata, además, de construir una identidad por fuera de la exclusivamente sexual a que nos condenó la historia; historia de la que Iglesia y Papas como Juan Pablo II, en su concepción de que pecado es todo lo distinto y no oficial, son artífices y multiplicadores.
Que bueno sería que la jerarquía católica dejara de preocuparse por apariciones virginales, cuyas revelaciones de bobadas dejan muy mal parada, aunque muy cercana a la concepción tradicional de mujer, a la madre de Cristo; y se preocuparan más por tratar de ayudar a los grupos marginales que luchan por un espacio de discusión y acción en este mundo absurdo de mercado. El catolicismo no puede, por un lado, andar pidiendo perdón por “algunos actos de la Iglesia”, como el del holocausto judío, y por el otro dando razones a grupos neo-faschistas, neo-nazis, para que persigan y maltraten a minorías y personas diferentes.
No todos los actos de un grupo en los que la identidad es aún amorfa, deben sernos gratos. De ahí que los amigos gays y lesbianas que dicen no sentirse representados en este tipo de marchas, actúen para que esta imagen carnavalesca no sea la única que se muestre. Incluyo aquí a muchos de nuestros iguales, quienes nos observan temerosos, tras las santas arzobispales cortinas del Vaticano
. Julio de 2000

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