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MARICADAS QUE UNO PIENSA
Medellín de los espejos
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
y la otra ciudad que no quisieran ver

 

"Las duras verdades, dichas sin maquillaje, lastiman lo más profundo de la sociedad ficticia. Esas gentes, a la que no se les esta acabando el país, sino que el conflicto armado les dificultad salir a veranear en sus fincas."    

www.manuelbermudez.es.vg

Mi matrimonio con otro hombre, ha causado gran revuelo entre los medios de comunicación y la opinión publica. Periodistas y medios de todo tipo nos han abordado para indagar o specular sobre los por menores de la boda. Desde periódicos ultra conservadores como El Colombiano de Medellín - cuya periodista, por cierto, se atrevió a preguntarme cuál de los dos era el hombre y cuál la mujer. Prefiero no hacerle comentarios a tan prestigiosa colega, para no pecar de ofensivo- hasta los diarios amarillistas, tuvieron que ver con el hecho. Entre mis cercanos compañeros de trabajo y de lucha, precisamente la publicación del diario el Espacio fue, según ellos, denigrante. “Lleva a extremos innecesarios y demasiado gráficos la realidad de las relaciones homosexuales”, dijeron. En cambio, Alejandro y yo, los directamente implicados, vemos la publicación como un halago. Como una forma “menos elegante” de ver las cosas.
La historia del país, menos mal, no solo la escriben los intelectuales serios y bien cuidados en el lenguaje, sino muchos otros con ojos de realidad. Personas, personajes y periodistas que no tratan de esconderla tras el espejismos de la gran ciudad, de la cultura y de los servicios
públicos intachables. Por estos días y de manera inexplicable, por ejemplo, el gran debate lo arma Germán Santamaría, un excelente periodista de grandes ligas, a quien desafortunamente, pareciera que su trabajo en Dinners, una revista de elites, le hizo olvidar que este país es mucho más que la zona rosa Bogotana, que el parque Lleras del Poblado en Medellín, y que los grandes centros de negocios y de comercio. Un mal de vereda, le llamamos nosotros los incultos del lenguaje, por el que a los periodistas los hacen los intereses del medio y del grupo para el que trabajan y no la verdad de afuera, la de las calles. Lo que se muestra de Medellín en La Virgen de los Sicarios, con toda seguridad nunca lo verán los comunicadores que para sus informes visitan la ciudad de los grandes hoteles, la de los centros comerciales, y la de las casas de moda.


La otra ciudad menos reluciente y más conflictuada, la habitan viven y sobre viven, más del ochenta por ciento de los paisas. Una ciudad de anocheceres de estrellas que pareciera rodaran por los cerros, pero que incuban la miseria, el abandono y la desesperanza ante la vida. Esa Medellín en donde a los desalojados de ciudad Botero, del maravilloso centro y de la mirada de los gobernantes locales, les ha tocado improvisar tiendas cada dos casas para comercializar lo único que tienen, sus tristezas. Esa ciudad, que siempre ha
existido y que un día el diario El Espectador, cuando escribía por intereses sociales y no económicos, develo al mundo llamándola la Medellín de las comunas.
Posiblemente a los amigos de los espejos relucientes, de la imagen y de las apariencias, les convenga más esa otra ciudad en la que no pasa nada. Esa gran urbe que sigue eligiendo y reeligiendo gobernantes excelentes relacionistas públicos y manejadores de imagen. Sinembargo, a los Medellinences de los cerros y de la calle, les hace mucho bien que de vez en cuando se filtren verdades como la de La Vendedora de Rosas de Gaviría, o la de La Virgen de los Sicarios de Vallejo.
Las duras verdades, dichas sin maquillaje, lastiman lo más profundo de la sociedad ficticia. Esas gentes, a la que no se les esta acabando el país, sino a quienes el conflicto armado les dificultad salir de vacaciones o a veranear en sus fincas de las afueras. Una sociedad confesional, a quienes católicos y cristianos les sigue haciendo creer que la virgen se aparece para decir tonterías, que los maricas somos antinaturales y no estamos dentro de los planes de dios –con esos planes menos mal - y que los paisas debemos seguir viviendo de ilusiones y de espaldas a nuestras verdades.
Gracias a dios y a las santísimas vírgenes, en Medellín y en Colombia, los y las homosexuales contamos con referentes contestatarios e irreverentes, es decir inteligentes, como Fernando Vallejo, para continuar dándole la cara a la vida.
Octubre de 2000

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