logotipo

img_google
MARICADAS QUE UNO PIENSA
Un capo presidente
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
El mito que nos volvió ciudad

 

"Narcoguerrillas, Narcoparamilitares y plan Colombia para combatir las drogas, nos dejan en claro que aquí las reivindicaciones políticas y sociales ya no existen. Unos y otros se enfrascaron en una lucha por proteger su negocio"    

www.manuelbermudez.es.vg

A propósito de la reaparición de Pablo Escobar Gaviria como noticia y de su vinculación con el gobierno Fujimori, Asunto que por demás, y a pesar de ser hoy novedad para Colombia y el mundo, era ya chisme corrido en Medellín desde hace varios años, recuerdo la época en que este personaje paisa recorría los barrios en campaña electoral. Le conocí durante una “sancochada” de barrio y me llamó la atención su particular forma, irreverente, contestataria y un tanto ingenua, de hacer política. Luego se descubrió, por supuesto, que no había tal ingenuidad y que su interés era generarle status político a su negocio de las drogas, lo que otras muchas mafias en el país ya han logrado con sus productos y servicios.
Escobar Gaviria, es uno de esos personajes medio míticos, que para el resto del país y del planeta jamás tendrá la connotación que para nosotros los medellínences. Odios viscerales o enamoramientos apasionados nos genera su fantasma, pero pocas veces, muy pocas, razones de análisis como las que hacen a menudo los medios de comunicación nacionales e internacionales, o los especialistas en asuntos sociales o económicos. Lo único real en cuanto a economía se refiere,es que aquí la droga, que en ese entonces no se aspiraba en las calles, se respiraba en la bonanza y el confort extravagante en que vivíamos. En especial la bonanza en los sectores populares, que por primera vez se sentían participes de la vida en la gran ciudad.
“Si Pablo se lanza de presidente, votamos por él” - se rumoraba a grandes voces en todos los rincones- “ese man no solo se le enfrenta a los gringos, sino que acaba con los politiqueros y pone al pueblo a vivir como ricos”.


Con semejantes augurios, hasta yo votaría por Pablo para presidente de Colombia. Un autentico líder de la revolución.
Sin embargo algo muy en claro nos deja la historia, incluido aquí al capo de capos, reivindicaciones políticas e interés económicos particulares, juntos son mal presagio; la plata daña las buenas intensiones.
El rumor de una narco democracia en Colombia, hizo que los ilustres de la patria se rasgaran las
vestiduras. Pero es evidente que al país, en ese entonces y ahora, lo sigue sosteniendo el trafico de droga. Narcoguerrillas, Narcoparamilitares y plan Colombia para combatir las drogas, nos dejan en claro que aquí las reivindicaciones políticas y sociales ya no existen. Unos y otros se enfrascaron en una lucha por proteger su negocio y nos dejaron a nosotros, los llamados civiles, en medio de su conflicto de intereses y sin ninguna alternativa.
Por proteger su imperio, Escobar Gaviria se enfrasco en una guerra en la que acabo, en pocos meses, con todas las bondades que le había entregado a su pueblo. Será acaso que guerrillas y autodefenzas estarán en capacidad de decirle adiós al fructífero negocio de las drogas y retomar sus tan pregonados intereses sociales. O en la eventualidad de que por estos medios lleguen al poder, ya sin seguidores voluntarios, ni ideología, impondrán un régimen militarista en el que todos y todas seamos socios de su empresa. Un bello país en el que los rangos se midan por la capacidad de cultivar, procesar y exportar coca a todos los rincones de la tierra. En semejantes circunstancias y ante tan promisorio futuro, lastima que Pablo no este vivo, pues en futuras elecciones y a sabiendas del increíble manejo que hizo de su negocio, yo también votaría por él.
Noviembre de 2000

OTRAS MARICADAS: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34