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MARICADAS QUE UNO PIENSA
Mirándote con ganas
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
Atavismos culturales al cuerpo

 


"Nuestro cuerpo y el del otro u otra, abandonan en el devenir cotidiano su sentido biológico para proponernos múltiples sensaciones"   


www.manuelbermudez.es.vg

Un par de señoras comentaban en el asiento delantero del bus, la forma -según ellas- indiscreta y salvaje como se visten los y las jóvenes de ahora. “no se respetan el cuerpo” -decían. Sin embargo, en una reciente serie de televisión JOVENES AQUÍ Y AHORA, estos manifestaban que nunca, como en la actualidad, habían sido tan dueños de su cuerpo. Los persing, tatuajes, aretes, y la ropa en general, además de los cortes de cabello y, por supuesto, el manejo de su sexualidad, les esta permitiendo reafirmar una nueva forma de apropiación del cuerpo, por fuera de los estereotipos que les propone la cultura.
Es una constante entre los y las adolescentes de todas las épocas, querer diferenciarse de las constumbres y atavismos de los mayores. Pero el infortunio llega, cuando descubren que las normas y leyes culturales, terminan siendo mucho mas fuertes. Los sueños libertarios se desvanecen ante la presión de la empresa, el colegio, la universidad, o la misma familia. Les convencen de volver al buen camino, las buenas costumbres y por su puesto, al buen vestir. Terminan igual o peor que los tan criticados ancestros. Y a los pocos que logran mantenerse en esa seudo independencia, basta escucharles el discurso para entender que siguen siendo tan iguales, tan radicales y con tantos prejuicios como sus padres.
Las señoras del bus, poco o nada se preguntaran a cerca de las razones para que ese o esa que critican, les genere sensaciones de gusto o de disgusto. La indiferencia aparente frente a un vecino molesto, el deseo por la voluptuosidad de la chica o el chico que cruza la calle, el asco o la tristeza por quien duerme en la acera, la rabia por el conductor irresponsable, la admiración o rechazo hacia personajes que


referencia los medios de comunicación y otras tantas sensaciones -viscerales, razonadas o de la piel y los sentidos- son en mucho, legado familiar, atavismos de la cultura y uno que otro nuevo sentir reelaborado a partir de los anteriores.
Nuestro cuerpo y el del otro u otra, abandonan en el devenir cotidiano su sentido biológico para proponernos múltiples sensaciones. Manifiestas o no, estas ratifican la particularidad humana de significar y resignificar en el lenguaje.
Nos confrontan -a la hora de asumirnos como individuos- con el entorno y quienes lo habitan. Mi cuerpo y el cuerpo del otro, dejan de ser simples portadores de vida, y adquieren una nueva dimensión -mucho más compleja- en la que sentidos y sentires, nos conducen hacía actos u omisiones que nos afectan y afectan a la sociedad.
Lo colectivo, entonces, adquiere un nuevo sentido. Nuestro ser y nuestro hacer, pasan por reconocer y valorar el ser y el hacer del otro u otra, por respetarlos y por tomar distancia de nuestros prejuicios, antes de emitir juicios de valor. Los cuerpos que antes nos acompañaba como simples miembros de una manada, adquiere una nueva dimensión y nos redimensionan -comprometen- con la necesidad de echarle una nueva mirada a los procesos culturales y de relación.
Las señoras del bus, y los jóvenes y las jóvenes irreverentes que las provocan, deberían permitirse de vez en cuando y antes que desconocerse, una nueva mirada. Mirarse con ganas, no simplemente desde el deseo, sino desde la necesidad de reconocer y respetar la construcción individual del otro y de como estas nos pueden aportar hacia una convivencia mas dinámica y de mayor convivencia.
Abril de 2001

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