logotipo

img_google
MARICADAS QUE UNO PIENSA
Las "locas" también somos pueblo
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
Pensémonos y vivenciemos este país

 

"Nuestra diversidad, en la que en últimas está sustentada la ley de parejas homosexuales, debe ser la bandera con la que nos agrupemos y propongamos a Colombia que se nos mire desde la dimensión más básica pero quizás la más maravillosa: seres humanos."   

www.manuelbermudez.es.vg

A la pregunta: ¿para qué una ley de parejas homosexuales en Colombia? no sólo debe responder el Estado. Su obligatoriedad de mantener los postulados democráticos de libertad e igualdad constituyen en sí mismos una respuesta. Pero, ¿qué tanto hemos pensado, nosotros los homosexuales, en que la aceptación y el respeto social son una doble vía y que debemos asumir también nuestra responsabilidad? El respaldo de la ley generará una mirada respetuosa y quizá sincera de quienes conviven con nosotros, pero a la par y más allá de simplemente manifestar júbilo por una ley en proceso debemos aprovechar el debate público del tema, revaluar la marcada intolerancia que manejamos como sector, y buscarles salida a los conflictos internos que limitan nuestro accionar como movimiento social, y desde allí, hacer propuestas concretas a la reconstrucción de nuestro país.
La marginación no siempre es externa. Unos y otros nos excluimos selectivamente. Gays machos o simples maricas, locas peluqueras o intelectuales serios, mariquitas mañés o exclusivos manejadores de reinas. Nos miramos unos a otros más como rivales que como personas homosexuales, y con ello terminamos haciéndole el juego a una sociedad individualista y desentendida del otro y de sus problemas. Permitimos que de manera simple se nos mida por lo que tenemos o por lo que hacemos en la cama, y no por lo que somos.
Nuestra diversidad, en la que en últimas está sustentada la ley de parejas homosexuales, debe ser la bandera con la que nos agrupemos y propongamos a Colombia que se nos mire desde la dimensión más básica pero quizás la más maravillosa: seres humanos. Este requerimiento no compete ni favorece tan solo a los homosexuales, es al mismo tiempo una propuesta para otorgarles dignidad al resto de colombianos y colombianas que hoy sufren las barbaries de la guerra y del vacío de poder estatal.
Aunque el Ministro de Justicia, Rómulo González, nos ve como una mala influencia para la sociedad -quizá nos imagina como


hombres y mujeres que dedican su vida exclusivamente a tener relaciones genitales con los de su mismo sexo-, personas más sensatas como Eduardo Cifuentes -Defensor del Pueblo-, o como el ex magistrado de la Corte Constitucional Carlos Gaviria Díaz, e incluso la misma senadora Piedad Córdoba, sustentan en su discurso que también los y las homosexuales somos pueblo colombiano y por ello debemos ser tenidos en cuenta. Un pueblo elector que más allá de mendigar a los legisladores su favorabilidad
o no a la ley, debería exigirles que cumplan con la función para la cual fueron elegidos y que dejen de lado los conceptos moralistas de la iglesia. El debate es desde la ley y no desde la religión. Además, si nos atuviéramos a los santos mandatos de la Iglesia Católica en Colombia, estaríamos como monseñor López Trujillo, bendiciendo tropas paramilitares o violando aspirantes sacerdotales y saqueando las reliquias de los antiguos templos en Medellín (hay pruebas de ello).
El momento histórico que vivimos en Colombia requiere de más hombres y mujeres preocupados por la reconstrucción de nuestro país, incluso como escenario político. Los y las homosexuales debemos convertirnos en denunciantes no solo de los atropellos contra nosotros, sino contra cualquier manifestación pública, privada, estatal, insurgente o contrainsurgente que atente contra los derechos humanos. Revolucionarnos de tal forma que cambiemos los parámetros de elitismos e intolerancia a que estamos acostumbrados, y recordar que nosotros también somos pueblo. Esa energía que gastamos en esconder lo que sentimos o en defendernos, debe ser un asunto saldado por la ley y por nuestro hacer. Podemos entonces dedicar más de nuestro tiempo a pensar en el país y a trabajar por ello: así, la familia, los medios de comunicación, la escuela y en general Colombia, tendrían menos maricas de quienes preocuparse y más hombres y mujeres comprometidos con ese Estado que les brinda igualdad de derechos y deberes. Noviembre
de 2001

OTRAS MARICADAS: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34