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No
se trata de paranoia de locos ni de locas. Las pasadas elecciones
a Senado y Cámara reafirmaron la paramilitarización del Estado
como elemento de defensa de la clase política tradicional. Las
AUC pregonaron, a los cuatro vientos y con desparpajo, que se
adjudicaron el 35% del Congreso, y para colmo, la mayoría de parlamentarios
electos asumieron una actitud mesiánica y justiciera (el Zorro
se quedo en palotes). Todo Colombia parece enfilado hacia un solo
norte: posicionar la dictadura de la guerra y deslegitimar la
lucha popular. Sin embargo, la franja de independientes electos
nos permite seguir con la utopía de una Colombia incluyente y
democrática.
Hoy más que nunca, los diversos sectores de la población debemos
dejar de hacernos los maricas y asumir un compromiso
claro y contundente. La meta, fortalecer el polo contrario, el
de los partidarios de la paz, para equilibrar las fuerzas y la
opinión. De lo contrario, estaremos abocados a una dictadura política
que acentuará más el conflicto. Y es en este punto y hora, donde
el sector de las homosexualidades colombianas debemos hacer presencia,
dar un paso
al frente en favor de la paz y en contra de la guerra. Poner esa
astucia que hemos desarrollado casi de manera natural para sobrevivir
en situaciones de marginalidad, al servicio del movimiento social.
La guerra
en Colombia, insisto, no es más que un sofisma de distracción
de la clase política tradicional y de los poderosos para aceitar
las maquinarias y recomponer su economía hoy
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por fuera de la transnacionalización económica y con dificultad
para cumplirle al Fondo Monetario Internacional- Terminaremos pagándola,
a muy alto costo, las clases populares. Y aunque muchos homosexuales
viven montados en cuentos de principados y de poder, somos, la gran
mayoría, asalariados o trabajadores independientes que vivimos
de nuestra labor diaria.
Tomar la decisión
y polarizar la voluntad hacia la paz, requiere de menos figuración
y de mas compromiso. Sobre todo si tomamos en cuenta que las FARC
se "tiraron en la batica de cuadros" al "darle papaya"
al establecimiento para que desconocieran el carácter político de
la insurgencia. Las FARC le han hecho un gran daño al movimiento
popular. Con los apelativos de terroristas y de narcos, el establecimiento
justifico la guerra y pretende dejar de lado las causas verdaderas
que están en la base del conflicto armado.
La esperanza es lo último que se pierde, pero la esperanza sin la
participación consciente de las bases no tiene posibilidades. Ese
paso que debemos dar gays, lesbianas, bisexuales y transgeneristas
es también un llamado a los sectores de independientes electos para
que reconcilien sus diferencias y trabajemos hacia un norte común.
Si la clase política tradicional se paramilitarizó hacia la guerra,
nosotros y nosotras debemos dar el paso al frente para enfilarnos
hacia el polo de la paz, una paz con justicia social. No debemos
apoyar una negociación al servicio de la guerra, ni por parte del
Estado, ni por parte de las guerrillas.Marzo
de 2002
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