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"Gran
alharaca han armado los maricas Colombianos por una ley que respalda
sus relaciones de pareja ¡Cómo si uno tuviera que andar contándole
a todo el mundo que la tiene o necesitara la aprobación de los
demás!
Comentarios de superficie como este he escuchado por cantidades
durante los últimos días, en que dicha ley hace curso en el senado,
coincidencialmente por los mismos días en que se celebró en el
mundo la semana por la defensa de los derechos humanos. Pero lo
más preocupante, no son los comentarios como tal, sino el haberlos
escuchado dentro de los claustros universitarios, sitios donde
se supone ronda el conocimiento, no la estupidez.
La historia de la humanidad nos ha mostrado, por más de veinte
siglos, que las cosas existen en la mejor acepción de esta
palabra- cuando son reconocidas por la ley. A veces ni siquiera
con la costumbre, la cultura logra darle soporte a las acciones,
para muestra el caso de meses atrás en la comunidad Paéz al querer
castigar según sus propias leyes a uno de sus miembros.
Lo que sí es claro, es que en este intrincado asunto de ley y
cultura, la una va validado la otra, las va permeando hasta
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ser una sola cosa. Por esto, lo realmente importante no es tanto
el efecto que la nueva ley logre en los esquemas y actitudes de
los adultos ultra conservadores, cristianos fanáticos e intolerantes
de la Colombia actual, sino, el cambio de apreciación de la vida
qe logre en los niños y jóvenes a partir de la educación.
El artículo
que más me gusta de esta propuesta de ley es el que tiene que ver
con la revisión de los textos sobre educación sexual. Pero de igual
forma debían exigir un cambio radical en el lenguaje y las actitudes
de los educadores, bien es sabido que si uno no logra aceptar y
entender la ley, jamás será capáz de transmitirla.
Si como pregona la campaña institucional: en Colombia los
buenos somos más, hay que partir de que la bondad es también
reconocer al otro y reconocerse en el otro, y que mejor manera de
lograrlo que mediante la educación. Así los maricas
no tendríamos que armar alharaca por una cosa que nunca hemos podido
disfrutar con tranquilidad y que ya perdió sentido para algunos
de los héteros: la posibilidad de amar y construir pareja con otro,
a la luz de la ley y de la cultura.
Julio de 1999
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