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¿Cuántos
maricas conoce usted? Una buena pregunta para aquellos y aquellas
que siguen viendo a los homosexuales, maricas, o locas con una
visión primaria del asunto. Sin embargo, esté no será mi tema
a comentar. Eso de ser marica lo dejaremos para otra ocasión.
Aunque les adelanto que se llevaran muchas sorpresas, pues, no
son todos los que se imaginan, ni se imaginan todos los que son.
Pero, esa dificultad para comprender y asumir el asunto del ser
o no homosexual, es el que nos tiene empantanadas las posibilidades
para acceder a una ciudadanía plena desde la ley en Colombia y
en muchas otras partes del mundo.
Nuestros legisladores, curas, maestros, ministros e incluso una
gran mayoría de los mismos maricas, cuan señoras de barrio, siguen
confundiendo el ser homosexual con los actos o practicas homosexuales.
Las mismas prácticas que, señores y pastores, dejan salir cuando
los demonios del licor o de la carne hacen su aparición junto,
por supuesto, al dicho popular de que: en tiempo de guerra
cualquier hueco es trinchera. La detestable e inentendida
loca pasa entonces, de ser hierba mala, a ser el más suculento
bocado de Cardenal.
El fantasma, entonces, propio o heredado de la cultura, de las
practicas homosexuales, hace su aparición al momento de pensarse
la posibilidad de igualarnos desde la ley, es decir, que gays,
lesbianas, bisexuales y transgeneristas, tengamos los mismos derechos
y deberes del resto de gentes del país -que por cierto, en cuanto
a igualdad y libertades, no es que sean muchos-. Y es en este
instante, cuando pesa más lo que hacemos en la cama y el como
y por dónde lo hacemos, que lo que somos como personas, ciudadanos
y ciudadanas, productivas aportándolo al país.
Para muestra un botón: las buenas intenciones de parlamentarios
como Piedad Córdoba y Jesús Piñacué, quienes por negra e indígena,
respectivamente, ven cercana nuestra lucha en tanto minoría excluida,
se ven frenadas por el temor al señalamiento social. Al que dirán.
Piedad por su parte, dice que los comentarios que la tildan de
lesbiana le resbalan, pero en cambio a Piñacué al parecer le generaron
grandes problemas con su ego de principe indígena.
Debió pensar, Piñacue Achicue, que por su rostro de mansedumbre
y su pelo en apariencia cepillado; transgeneristas y locas terminaríamos
nombrándolo nuestra
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reina nacional. O, peor aún, que la opinión publica confundiría
su extrema delicadeza con la feminidad de algunos, no muchos, de
nosotros los hombres homosexuales. Es así, como prefirió hacerse
el marica y dejar que la ley se perdiera en los ires y venires del
congreso.
Uno no deja de lamentar que, a nuestro parlamentario indígena, nada
le hubiera servido el roce de amistad con Gustavo Alvarez Gardeazabal,
para darse cuenta que la homosexualidad no es contagiosa. Lo que
si, en cambio, estoy seguro que se le contagió a muchos y muchas
personalidades como el parlamentario Piñacué Achícue, fue la maricada,
es decir, la bobada, el temor y la falta de carácter. Características
que, contoda seguridad, nada tienen que ver con el escritor vallecaucano.
Este, por el contrario, es un marica al que si le sobran cojones.
Se evidencia, entonces, en asuntos como este que la gran dificultad
para legislar en favor de los y las homosexuales en Colombia, tiene
mucho que ver con los juicios de valor que los y las congresistas
y la sociedad en general, le siguen anteponiendo al tema de la sexualidad.
Otra muestra actual de ello y que bien vienen al caso, para seguir
evidenciando prejuicios, es el caso de Betty Toons, donde prefirieron
sacar a la loca de Hugo Lombardi, que tanta fama y dinero le genero
a sus creadores en Betty la fea, antes que entender y explicar,
que la homosexualidad -no la mariconería con que envisten a personajes
como éste- no es un asunto de la adultez, sino de toda la vida.
Para desgracia de quienes no entienden, uno es homosexual desde
que se reconoce y en la vida moderna, los niños se están autoreconociendo
es decir son homosexuales- cada vez a más temprana edad.
¿Qué tanto sabe usted de los y las maricas? Aquí la respuesta ya
no es tan simple señores y señoras moralistas. No les aterre, conocer
y reconocer que muchas locas somos seres pensantes abortándole económicamente
a Colombia y por tanto tenemos los mismos derechos de ustedes. Además,
que nos reconocemos mucho mas allá de los estereotipos con que ustedes
nos juzgan, es decir, las payasas y payasos de los grupos de rumba
y de las series de televisión. Aunque, al parecer de cómo van las
cosas, terminaremos realmente locas tratando de hacerle
entender a nuestro casto y heterosexual congreso y a gran parte
del gobierno y de la sociedad en general que: el y la homosexual
aunque se pinten- no son como se pintan..
Septiembre
de 2002
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