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El
8 de marzo celebramos el día de la mujer. Para unos cuantos
la oportunidad de reconocer en estas sus valías. Para otros
muchos un día más de posicionamiento del mercado
como fundamento de la vida. Flores, moteles y restaurantes, entre
otros, permiten que, por algunos pesos, las engolosinen con la
falsa idea de que se entiende eso del reconocimiento y el respeto
que se merecen. La sociedad de consumo provee al macho de un día
más de disfrute a consta de las candideces de sus hembras.
Y
es que en esto del trabajo intersectorial uno ha aprendido a diferenciar
a las mujeres merecedoras de su día, de las madres -no
siempre asociado al asunto biológico de la maternidad,
muchas con hijos no caen en esta categoría-, peligrosas
colaboradoras del sistema y de la alineación que este ejerce
sobre nosotros. Son sus principales aliadas. Algunos movimientos
de mujeres proponen la imagen de la madre sacrificada e inocente,
como modelo de mujer, en oposición al hombre salvaje y
subyugador. Pero la verdad, son estas tan o mas destructivas que
ellos mismos. Podría mencionar mil ejemplos, pero me viene
a la mente uno en la escena actual, la señora Yolanda Pulecio.
Cualquiera se compadece de su dolor de Madre -por cierto con una
hija, Ingrid, que pertenece a la categoría de mujer-, pero
al momento de asumir una postura real de apoyo a la vida, se refugia
en los moralismos del sistema y los defiende por sobre cualquiera
otra cosa.
Tan
importante es la madre y su núcleo familiar enajenante
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para
mantener el poder del sistema, que su defensapermanece
aún en los sistemas opuestos. El discurso sobre la importancia
de la familia y el
respeto por la madre suena igual en el régimen ultra conservador
de Bush, o en el socialista de Fidel, o en los comunistas soviéticos
o chino, e incluso con mayor razón en los fundamentalistas
del oriente medio.
Que
bueno sería que las mujeres asumieran su papel de forjadoras
de la vida y no permitieran que se les use para embrutecer, tarar,
o idiotizar a sus hijos e hijas en pos de una moral propuesta e
impuesta por la religiosidad y los sistemas políticos. Una
mujer en la que prevalezca su sentido biológico y de dignidad
antes que la censura en temas, por ejemplo, como el aborto en las
situaciones que se amerite, en el sexo como elemento de placer y
de apropiación del ser, en la prevención de la concepción
-también las ets- como un asunto de corresponsabilidad, y
en el respeto por la elección y el ejercicio de la sexualidad
de sus hijos e hijas. Dicen por ahí que tras cada gran hombre
hay una gran mujer, y yo agregaría que tras cada gay, lesbiana,
bisexual o transgenerista alienado y con dificultades para la auto
aceptación, hay una madre a la que se teme contradecir y
poner en su sitio, exigiéndole respeto por la autodeterminación.
Que ellas sean mas mujeres y menos madres, y nos dejen, al menos
por un día, ser mas personas, mejores hombres y mujeres,
y menos buenos hijos y buenas hijas socialmente adiestrados. febrero
de 2004
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