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Aterrada,
la vecina de una amigo gay a quien visite en días pasados,
comentaba a otra que: "los jóvenes de ahora, no tienen
cordura ni recato", pues -según ella- escuchó
a su nieta, entre carcajadas y desparpajo, narrarle a una amiga,
como su novio le había chupado los pies, hasta hacerla
sentir un placer, según la joven, jamás imaginado.
No muy amigo del chismorreo, afortunadamente para algunos contradictores,
apuré el pasó, pero el comentario y la cara de incertidumbre
de las señoras, me remontó a escenas parecidas en
el escenario de la lucha popular donde, aún no entiendo
por qué, los temas de las diversidades sexuales, siguen
generando escándalo. Subvierten, aún los escenarios
más revolucionarios, y los de los mal llamados "movimientos
alternativos".
Y
es que esa señora a quien, a su edad y con hijos y nietos,
su marido al parecer jamás le chupó otras partes
del cuerpo más allá de la boca -los jóvenes
dicen chupar para referirse al beso, es decir que jamás
le besó los pies- es lo más cercano al perfil de
los líderes sindicales, afro, indígena, campesino,
y demás que se encuentra uno a la cabeza de procesos de
avanzada en favor de sus comunidades. Peor aún, se topa
uno allí en estos escenarios, con representantes de las
mismas juventudes y de las mujeres, sectores que uno imagina,
por las razones de su lucha, por fuera de esa ortodoxia castrante
con respecto a la sexualidad, exhibiendo el mismo perfil de pensamiento.
Pero
es que si hay algo realmente revolucionario, y así lo han
entendido los sectores más radicales de las iglesias y
los estados, es pretender una autonomía total sobre nuestro
ser mas intimo, la sexualidad. Liberarla, es decir ejercer la
autodeterminación, es quitarle un poder exclusivo que,
mediante las categorías de moral y de pecado, han ejercido
unos pocos para llevar su dominio hasta lo mas profundo de nuestras
sensaciones, las del erotismo, la fantasía, el deseo y
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la
genitalidad, es decir el poder de controlar, en su favor, nuestros
placeres. Ya León Zuleta Ruiz, en su texto: la sexualidad
de los trabajadores se refiere al tema: "Eyaculación
y producción fabril agotan y matan, mientras que creación
y orgasmo, revitalizan, nos llenan de confianza y optimismo en el
vivir.". Una persona, y lo hemos evidenciado en nuestras luchas,
con capacidad de auto-reconocerse y auto-nombrase como ser sexual,
adquiere capacidad argumentativa para su defensa y la defensa del
otro u otra. Y, por el contrario, alguien que depende de los preceptos
cívicos y morales de otras personas u organizaciones, será
siempre, intimidado por estos, presa fácil de los dominadores.
De ahí que me horrorice el moralismo de los líderes
populares y revolucionarios.
Por
último, y a propósito de "chupar", los y
las jóvenes han encontrado que muchas de las palabras ya
establecidas rígidamente por el lenguaje, sobre todo en temas
de sexualidad y de interrelación sexual humana, donde los
esquemas son aún mas verticales, no traducen muchas de sus
vivencias. De ahí que se aplique la propuesta creativa de
lenguajear, de jugar con las palabras hacia nuevos significados
mas cercanos a nuestras realidades, y surjan palabras como chupar,
o trieja (para referirse a una familia de tres, trío es el
termino meramente sexual genital). Los grupos de mujeres nos han
aportado otras tantas como "sororidad" . Es evidente pues,
que la revolución como un asunto meramente de poder económico
y de clases, sin pasar por nuestras sensaciones y vivencias mas
intimas, no tiene sentido, pues las libertades están inscritas
precisamente allí, en la autodeterminación. En el
cuerpo como territorio libre y autónomo, donde podamos entre
otras cosas, hacer gala de los privilegios con que nos doto la evolución,
entre ellos el donde crear, creer y crecer, donde vivenciar de manera
creativa, nuevos mundos y formas de interrelación desde nuestro
lenguaje y nuestra sexualidad humana. Julio
de 2004
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