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MARICADAS QUE UNO PIENSA
Emplazados en nuestra propia mierda
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
El extraño retroceso de las homosexualidades en Colombia

 


"nos hace falta un frente común con unos mínimos acuerdos de trabajo para enfrentar a quienes quisieran vernos por fuera del ámbito de la vida o al menos de la vida digna."   


www.manuelbermudez.es.vg

Como en los viejos tiempos y cuando creíamos haber avanzado efectivamente hacia el afianzamiento político y de respeto por las homosexualidades, cuando conversamos de tu a tu con los alcaldes y funcionarios públicos, cuando tenemos, por fin, los petrodólares del Consorcio Barco –dicen- invertidos en obras sociales en pro de la defensa de la autonomía y de la identidad sobre el cuerpo y la sexualidad –algo es algo- cuando somos portada o llenamos con fotografías a todo color las paginas satinadas de las mas prestigiosas revistas, cuando un travesti inteligente –Laisa- se mete cada noche en los hogares colombianos, para hacerlos reír pensando –ojalá así sea- sobre nuestras duras realidades intimas, etc, en las listas de correo LGBT se evidencian a mares los atropellos contra personas o grupos organizados de personas homosexuales, y transgeneristas, en las calles de las principales ciudades, no solo de Colombia, sino en general de Latinoamérica y de otras tantas regiones del planeta.
Las razones saltan a la vista, y sobre ellas no comentaré nada nuevo. Todo se ha dicho en los mejores análisis, en los mejores y peores términos, o simplemente se ha dejado ver: Los embates del neoconservatismo. Desde Benedicto hasta Bush pasando por cada
una de sus presidencias satélites en el mundo y sin dejar de lado, claro, nuestro cada vez más amado presidente Uribe, se han propuesto moralizar el mundo a costa de lo que sea.
Contra ese poder, al parecer ya nada se puede, por eso mi comentario va en dirección al interior mismo del colectivo. Nos agarraron con los calzones abajo, y no precisamente para darnos placer, alaraquiando sobre nuestro avance en las grandes esferas, y con muy pocas posibilidades jurídicas o legales para enfrentarles.


Mientras nos engolosinaban con los presupuestos participativos, nos desarmaron cualquier posibilidad organizada de lucha, evidenciaron en cada palabra de nuestro discurso la ambición y los deseos por sobreponerse al otro, pero no al enemigo real, sino al compañero gay, a la compañera lesbiana, a las personas transgeneristas y a las bisexuales.

Yo se, por comentarios de visitantes externos, que las peleas intestinas, no son solo en Colombia, pero eso no puede servirnos de consuelo. En Medellín, por ejemplo, el pasado mes fue de excelentes trabajos de posicionamiento en pro de una visibilización seria y respetuosa de las sexualidades, sin embargo, casi todas las actividades pasaron desapercibidas, excepto para los cercanos a cada grupo, precisamente porque nos hace falta un frente común con unos mínimos acuerdos de trabajo para enfrentar a quienes quisieran vernos por fuera del ámbito de la vida o al menos de la vida digna.
Muchas de las acepciones populares de marica, como estúpido, ególatra, envidioso, banal, asocial, etc, se las estamos reafirmando a quienes nos atacan cuando prevalece entre nosotros la competencia desleal y la lucha por el poder económico exclusivamente. De nuevo y como al principio, cuando comenzamos las luchas, nos están arrasando desde todos los frentes. Nos engañan con falsas sonrisas y palmaditas en la espalda. Nos creímos grandes sin crecer aún. Y como inocentes bebes sin criterios de juicio, nos seguimos revolcando en nuestra propia mierda, felices y convencidos de que todos a nuestro alrededor nos quieren más a nosotros que al hermanito que ya camina. Nosotros y nosotras, apenas si intentábamos gatear. Un abrazo. Septiembreo de 2005

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