| |
Como
en los viejos tiempos y cuando creíamos haber avanzado
efectivamente hacia el afianzamiento político y de respeto
por las homosexualidades, cuando conversamos de tu a tu con los
alcaldes y funcionarios públicos, cuando tenemos, por fin,
los petrodólares del Consorcio Barco –dicen- invertidos
en obras sociales en pro de la defensa de la autonomía
y de la identidad sobre el cuerpo y la sexualidad –algo
es algo- cuando somos portada o llenamos con fotografías
a todo color las paginas satinadas de las mas prestigiosas revistas,
cuando un travesti inteligente –Laisa- se mete cada noche
en los hogares colombianos, para hacerlos reír pensando
–ojalá así sea- sobre nuestras duras realidades
intimas, etc, en las listas de correo LGBT se evidencian a mares
los atropellos contra personas o grupos organizados de personas
homosexuales, y transgeneristas, en las calles de las principales
ciudades, no solo de Colombia, sino en general de Latinoamérica
y de otras tantas regiones del planeta.
Las
razones saltan a la vista, y sobre ellas no comentaré nada
nuevo. Todo se ha dicho en los mejores análisis, en los
mejores y peores términos, o simplemente se ha dejado ver:
Los embates del neoconservatismo. Desde Benedicto hasta Bush pasando
por cada
una
de sus presidencias satélites en el mundo y sin dejar de
lado, claro, nuestro cada vez más amado presidente Uribe,
se han propuesto moralizar el mundo a costa de lo que sea.
Contra ese poder, al parecer ya nada se puede, por eso mi comentario
va en dirección al interior mismo del colectivo. Nos agarraron
con los calzones abajo, y no precisamente para darnos placer,
alaraquiando sobre nuestro avance en las grandes esferas, y con
muy pocas posibilidades jurídicas o legales para enfrentarles.
|
|
Mientras nos engolosinaban con los presupuestos participativos,
nos desarmaron cualquier posibilidad organizada de lucha, evidenciaron
en cada palabra de nuestro discurso la ambición y los deseos
por sobreponerse al otro, pero no al enemigo real, sino al compañero
gay, a la compañera lesbiana, a las personas transgeneristas
y a las bisexuales.
Yo
se, por comentarios de visitantes externos, que las peleas intestinas,
no son solo en Colombia, pero eso no puede servirnos de consuelo.
En Medellín, por ejemplo, el pasado mes fue de excelentes
trabajos de posicionamiento en pro de una visibilización
seria y respetuosa de las sexualidades, sin embargo, casi todas
las actividades pasaron desapercibidas, excepto para los cercanos
a cada grupo, precisamente porque nos hace falta un frente común
con unos mínimos acuerdos de trabajo para enfrentar a quienes
quisieran vernos por fuera del ámbito de la vida o al menos
de la vida digna.
Muchas de las acepciones populares de marica, como estúpido,
ególatra, envidioso, banal, asocial, etc, se las estamos
reafirmando a quienes nos atacan cuando prevalece entre nosotros
la competencia desleal y la lucha por el poder económico
exclusivamente. De nuevo y como al principio, cuando comenzamos
las luchas, nos están arrasando desde todos los frentes.
Nos engañan con falsas sonrisas y palmaditas en la espalda.
Nos creímos grandes sin crecer aún. Y como inocentes
bebes sin criterios de juicio, nos seguimos revolcando en nuestra
propia mierda, felices y convencidos de que todos a nuestro alrededor
nos quieren más a nosotros que al hermanito que ya camina.
Nosotros y nosotras, apenas si intentábamos gatear. Un abrazo.
Septiembreo de 2005 |