|
|
Es inevitable que al igual que el resto de los
mortales, los gay reflexionemos un poco sobre nuestro papel, nuestra
representación, en el milenio que finaliza y la proyección hacia
el nuevo siglo.
En estos últimos cien años hemos logrado mostrar una cara diferente
del ser homosexual. Apoyados en las nuevas miradas que desde las
diferentes ciencias se ha dado a la sexualidad, a la convivencia
social y a la religión misma, los gay hemos crecido en organización
y autoestima. Pasamos de la simple utilización de códigos para
reconocernos en la clandestinidad, como el pañuelo, el anillo
en el meñique o el arete, que se pusieron de moda luego para el
resto de la gente adquiriendo más una carga de libertad que superó
al gueto, a la consolidación de iconos y de símbolos que nos ayuden
a la creación de identidad.
Ya para nadie es extraña la bandera de los seis colores en arco
iris, ni la letra lambda, ni el San Sebastián Mártir, y que decir
de la inmensa lista de símbolos en las artes, las ciencias y la
política. El nuevo siglo tendrá que recordar la irreverencia de
Fredy Mercuri, el genial manejo de lo cursi y lo profundo en el
cine de Almodovar, lo majestuoso de la moda de Versage, la pluma
magistral de Jourcenar y la profundidad de los poemas de Anaís
Nin. Unos cuantos, porque la lista me llevaría muchas páginas.
Personajes cuya esencia quedó ya instalada como obra de arte en
la memoria humana y que nos demostraron con su trabajo que el
ser homosexual no da ni quita a la vida de las personas. Pero
que tampoco es una condición vergonzante.
No
quiero caer con esto, en la estúpida creencia de que el simple
echo de ser gay nos hace inteligentes ni grandes, esa es una condición
de las personas humanas y como tal debe ganarse y cultivarse.
Pero es importante mencionarlo para que nosotros tengamos un buen
referente para el crecimiento y la consolidación de persona, de
ser.
Pero además hay que reconocer no solo a los foráneos, también
aquí en Colombia podemos sentirnos orgullosos de personajes como
Carrasquilla, un verdadero pensador desde la cotidianidad popular;
o como el poeta Barba Jacob, que en pocas letras logró develar
el fondo, la esencia pura de la condición humana, en su Canción
de la Vida Profunda. Personajes que trascendieron mucho más allá
del ser Maricas o del lamentarse por serlos.
|
|
Pero aún con toda la grandeza que estos conllevan, seguimos siendo
muy pocos en el ámbito local, todavía seguimos con disputas sin
sentido sobre quien debe o no ser el mejor, el que nos represente,
no sabiendo que la única posibilidad para representarnos la tenemos
cada uno en nuestra propia forma de ser y en la manera como nos
la apropiemos.
Para llegar a ser, primero hay que ser, me decían en
la casa y eso se aplica muy bien para nuestro caso. Dejar de ver
a la cultura como esa madre proveedora a la que nada se le discute,
a la que nada hay que transformarle, por aquello de que lo existente
es familiar, seguro y nos da confianza. Crecer y convertirnos en
mayores de edad y por tanto crear y usar a la cultura obrando en
ella y con ella.
Para ejemplo
dos personas que han creado y se han sostenido a partir de lo que
la misma cultura va generando y que independientemente de su estilo
particular para hacerlo o para mostrarse, y ante el cual debemos
ser indiferentes, han logrado generar conocimiento. Se trata de
Manuel Velandia con sus avances en sexualidad, identidad y género,
y en lo legal y médico frente al virus del SIDA; y de Germán Humberto
Rincon Perfetti, con el conocimiento y explotación de las posibilidades
jurídicas que se nos dieron con la constitución de 1991, logros
legales que van encaminados al mejoramiento de la calidad de vida
de los gay y de sus parejas y que se constituyen en un aporte a
la convivencia en el país. Y como ellos otros tantos que vienen
trabajando en el eje cafetero, en la Costa Atlántica, en el Valle,
en el Tolima y en el mismo Medellín, cada uno desde frentes distintos.
Los homosexuales hombres y mujeres, deberíamos ir dejando de lado
los miramientos tipo reinado o peluquería, sobre quién es más o
menos marica, todos los somos por el solo echo de amar y de desear
a otro de nuestro sexo, y el problema no es serlo, sino, no escudar
en ello nuestra estupidez- y proponer más cosas que generen bienestar
no solo a los gay, sino a un país cada vez más abatido por la desesperanza
y por la guerra. Ese es el tan pregonado derecho a la indiferencia
que tiene que partir primero de nosotros para luego poder ser instalado
en la cultura, y que con toda seguridad nos generara mejores balances
para los años venideros. Para este, ya los que son
Son. Felicitaciones
a ellos y a ellas.Diciembre
de 1999
|