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MARICADAS QUE UNO PIENSA
Los que son, son
 
Manuel José Bermúdez Andrade
ciudadano gay de Medellín
Locas irreverentes

 

"El nuevo siglo tendrá que recordar la irreverencia de Fredy Mercuri, el genial manejo de lo cursi en el cine de Almodovar, lo majestuoso de la moda de Versage, la pluma magistral de Jourcenar y la profundidad de los poemas de Anaís Nin"    

www.manuelbermudez.es.vg

Es inevitable que al igual que el resto de los mortales, los gay reflexionemos un poco sobre nuestro papel, nuestra representación, en el milenio que finaliza y la proyección hacia el nuevo siglo.
En estos últimos cien años hemos logrado mostrar una cara diferente del ser homosexual. Apoyados en las nuevas miradas que desde las diferentes ciencias se ha dado a la sexualidad, a la convivencia social y a la religión misma, los gay hemos crecido en organización y autoestima. Pasamos de la simple utilización de códigos para reconocernos en la clandestinidad, como el pañuelo, el anillo en el meñique o el arete, que se pusieron de moda luego para el resto de la gente adquiriendo más una carga de libertad que superó al gueto, a la consolidación de iconos y de símbolos que nos ayuden a la creación de identidad.
Ya para nadie es extraña la bandera de los seis colores en arco iris, ni la letra lambda, ni el San Sebastián Mártir, y que decir de la inmensa lista de símbolos en las artes, las ciencias y la política. El nuevo siglo tendrá que recordar la irreverencia de Fredy Mercuri, el genial manejo de lo cursi y lo profundo en el cine de Almodovar, lo majestuoso de la moda de Versage, la pluma magistral de Jourcenar y la profundidad de los poemas de Anaís Nin. Unos cuantos, porque la lista me llevaría muchas páginas. Personajes cuya esencia quedó ya instalada como obra de arte en la memoria humana y que nos demostraron con su trabajo que el ser homosexual no da ni quita a la vida de las personas. Pero que tampoco es una condición vergonzante.

No quiero caer con esto, en la estúpida creencia de que el simple echo de ser gay nos hace inteligentes ni grandes, esa es una condición de las personas humanas y como tal debe ganarse y cultivarse. Pero es importante mencionarlo para que nosotros tengamos un buen referente para el crecimiento y la consolidación de persona, de ser.
Pero además hay que reconocer no solo a los foráneos, también aquí en Colombia podemos sentirnos orgullosos de personajes como Carrasquilla, un verdadero pensador desde la cotidianidad popular; o como el poeta Barba Jacob, que en pocas letras logró develar el fondo, la esencia pura de la condición humana, en su Canción de la Vida Profunda. Personajes que trascendieron mucho más allá del ser Maricas o del lamentarse por serlos.


Pero aún con toda la grandeza que estos conllevan, seguimos siendo muy pocos en el ámbito local, todavía seguimos con disputas sin sentido sobre quien debe o no ser el mejor, el que nos represente, no sabiendo que la única posibilidad para representarnos la tenemos cada uno en nuestra propia forma de ser y en la manera como nos la apropiemos.
“Para llegar a ser, primero hay que ser”, me decían en la casa y eso se aplica muy bien para nuestro caso. Dejar de ver a la cultura como esa madre proveedora a la que nada se le discute, a la que nada hay que transformarle, por aquello de que lo existente es familiar, seguro y nos da confianza. Crecer y convertirnos en mayores de edad y por tanto crear y usar a la cultura obrando en ella y con ella.
Para ejemplo dos personas que han creado y se han sostenido a partir de lo que la misma cultura va generando y que independientemente de su estilo particular para hacerlo o para mostrarse, y ante el cual debemos ser indiferentes, han logrado generar conocimiento. Se trata de Manuel Velandia con sus avances en sexualidad, identidad y género, y en lo legal y médico frente al virus del SIDA; y de Germán Humberto Rincon Perfetti, con el conocimiento y explotación de las posibilidades jurídicas que se nos dieron con la constitución de 1991, logros legales que van encaminados al mejoramiento de la calidad de vida de los gay y de sus parejas y que se constituyen en un aporte a la convivencia en el país. Y como ellos otros tantos que vienen trabajando en el eje cafetero, en la Costa Atlántica, en el Valle, en el Tolima y en el mismo Medellín, cada uno desde frentes distintos.
Los homosexuales hombres y mujeres, deberíamos ir dejando de lado los miramientos tipo reinado o peluquería, sobre quién es más o menos marica, todos los somos por el solo echo de amar y de desear a otro de nuestro sexo, y el problema no es serlo, sino, no escudar en ello nuestra estupidez- y proponer más cosas que generen bienestar no solo a los gay, sino a un país cada vez más abatido por la desesperanza y por la guerra. Ese es el tan pregonado derecho a la indiferencia que tiene que partir primero de nosotros para luego poder ser instalado en la cultura, y que con toda seguridad nos generara mejores balances para los años venideros. Para este, ya los que son…Son. Felicitaciones a ellos y a ellas.
Diciembre de 1999

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