|
|
Esas
largas vacaciones de fin de año dan para todo. Tediosas al final,
en ellas uno suele hacer cosas que por la premura de lo laboral
no puede realizar en otro tiempo. Visitamos amigos y parientes
lejanos, nos excedemos en el licor, el comer y en las exposiciones
al sol. Y por supuesto, nos volvemos sedentarios: horas y horas
frente al televisor viendo los aburridos enlatados que otrora,
en la infancia, nos parecieron fuera de serie, Ante esto último,
no queda más que explotar al máximo la video-grabadora y volver
a aquellas películas que consideramos clásicos.
Una película bien hecha y que no me canso de ver, me refiero al
contenido y no a la técnica, pues carezco de elementos de juicio
en este campo, es Amor Extraño de Paul Bogart; en ella, cuadro
a cuadro, el director recrea las conflictivas relaciones de los
homosexuales y su entorno familiar, social, laboral y afectivo.
Destaco la relación con la madre.
Madre hay una sola y justo vino a tocarme a mí, dice
Facundo Cabral en uno de sus temas; y bien cierto es, cuando de
gay se trata. A los maricas, las mamás nos joden o nos dignifican
la vida. Pero, en gran parte, por culpa nuestra.
A muchos,
les preocupa la reacción de su madre al enterarse de su maricada.
mínimo, le da un infarto dicen; pero admiten, gran
contradicción, que son ellas precisamente las primeras en intuirla.
Es cierto que de entrada sufren por la noticia, sobre todo por
la connotación social del ser homosexual; pero también es igualmente
cierto que prefieren
|
|
escucharlo de sus hijos, quienes pueden darle una imagen distinta,
más integra, del ser gay, a que se lo cuenten en la calle.
Con un tono que, por supuesto, causará heridas y vergüenza. Una
vez se apaga el incendio inicial del
enterarse, la madre se convierte en la mejor aliada
en el proceso de socialización del ser homosexual. Una excelente
relacionista pública que tiende lazos de comunicación y entendimiento
entre el gay, su familia y el resto de los mortales.
La madre, como el resto de la humanidad, nunca nos comprenderá;
pero su especial sentido común con el que la naturaleza la doto,
siempre es así, posibilita que se nos vea más como seres humanos,
a que se nos vea como maricas. Terminamos encontrando en ellas a
una amiga con quien compartir las penas que esta sociedad, aun cerrada,
nos provee; y nos da la fortaleza para asumirnos en otros espacios.
Por último, Allan, el personaje central de Amor Extraño, nos enfrenta
con una verdad dolorosa pero valida: - lo único que te pido a ti
y al resto de la humanidad, es respeto le dice a su mamá
y si no puedes brindármelo, no tenemos nada de que hablar.
Ensayen, a mí me fue muy bien, y verán que la carga social del ser
gay, se torna más fácil, más llevadera, si tenemos la madre de nuestro
lado. Sin engaños. Es mejor decir la verdad
así no se hiere
a nadie. Febrero
de 2000
|