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1.
El discurso en la escuela
En
un país como Colombia con un conflicto social y armado de
tantos años, por lo menos dos generaciones, sino más,
han aprendido a vivir con los actos violentos como un asunto cotidiano.
La crisis de convivencia en la escuela obedece en gran parte
a esta realidad violenta, pero, además, a que los y
las docentes dejaron influenciar su discurso por la mal denominada
cultura de la violencia, sin hacer nada para evitarlo. Incorporaron
los códigos de la violencia, al ejercicio pedagógico,
de manera tacita e irresponsable. Hoy, los diversos tipos
de violencia hacen presencia cada vez con más fuerza en las
aulas de clase y, por supuesto, en la interrelación maestro
(maestra) alumno (alumna). Y ni que decir, de la interrelación
entre docentes y de estos y estas con las directivas.
Hoy,
cuando educadores y educadoras se quejan de la perdida del respeto
por parte de sus alumnos y alumnas, al igual que a las aulas de
clase y a los recintos escolares, y que muchos de los enfrentamientos
les hace ver más como rivales en combate, que en una relación
enseñanza aprendizaje, uno se pregunta:¿qué
tanto han reflexionado los maestros que se quejan de la perdida
de respeto, sobre su discurso en la escuela? ¿Son concientes
acaso, de que su manejo del lenguaje violenta, provoca e incluso
agrede al alumno o la alumna, generándole resistencia hacia
el aprendizaje y hacia la convivencia.
Entonces,
si convivencia y aprendizaje constituyen de por si asuntos inseparables
en el ejercicio docente ¿Cómo puede ser atractiva
una escuela donde nos perdimos el respeto a nosotros mismos y a
la condición humana?
Aunque
este cuestionamiento o reflexión se convirtió
en el lugar común de todos los análisis, talleres,
seminarios, y evaluaciones pedagógicas a las que uno asiste,
es muy poco o nada, lamentablemente, lo que hemos avanzado en este
sentido, como manera de buscar una solución real al problema
de la convivencia en la escuela.
Yo,
por supuesto, no pretendo entregar formulas mágicas para
la solución al problema de la convivencia escolar. Pero el
haber sido alumno -kinder, primaria mixta, primaria masculina, bachillerato,
universidad, cursos de especialización y demás- así
como maestro hombre homosexual masculino, quisiera llevarles una
reflexión desde mis vivencias y desde las que he recogido
como conferencista en manejo de sexualidad y ETS[2] - especialmente
con jóvenes- y de las asesorías a personas homosexuales,
bisexuales o transgenero, sus familias y algunos(as) profesores(as)
en el proyecto social y político que dirijo, CIUDADANO GAY
PSP; a cerca del cómo se violentan a diario las personas
en el ámbito escolar por parte de sus maestros y maestras,
en especial cuando se abordan temas de sexualidad. Quiero
con mi reflexión contribuir a la búsqueda de soluciones
para la convivencia y el respeto desde el ejercicio pedagógico,
en especial para aquellos y aquellas docentes que trabajan con jóvenes
que viven el despertar de su deseo por el otro u otra y que, además,
se enfrentan a sus primeras experiencias sexuales y /o genitales.
Independientemente de que sean o no homosexuales.
Es
necesario, y me atrevo a pedirles tal disposición, que para
esta reflexión nos despojemos un poco de nuestra condición
de profesionales (maestros, periodistas, intelectuales, etc) y nos
encontremos en un plano mucho mas cotidiano, más común:
el de simples compañeros de la vida. Que pensemos
en algunas de las teorías que –como maestros
o maestras- conocemos y practicamos al pie de la letra pero, esta
vez, desde la simpleza y el sentido común. Asunto que usualmente
perdemos al momento de ser nombrados como profesionales. Es
ahí, en lo cotidiano, estoy seguro, el único terreno
en el que los asuntos de la sexualidad, la intimidad y la humanidad
pierden la obligatoriedad del “deber ser”, y, por tanto,
es el escenario ideal desde donde plantear y entender con efectividad,
la necesidad de constituir al cuerpo nuestro y del otro (otra) como
el primer territorio de paz.
Comenio,
en su Didáctica Magna, resume en una sola frase su concepto
de la enseñanza: "enseña todo a todos"[3]
como la necesidad de una formación integral. Pero él
no solo hacía referencia a lo integral como el conocimiento
y práctica de todas o gran parte de las ciencias, sino también
a que el maestro/ la maestra, como ser humano involucrara todas
sus capacidades en el trabajo de conducir y formar seres humanos.
Sin embargo la mayoría de los y las docentes nos enfrascamos
tanto en el asunto del saber, de los libros y las teorías,
que dejamos de lado lo esencial de la vida y establecemos, por tanto
y aun sin proponérnoslo, una relación fría
y distante con los seres humanos educandos.
Muy
distantes del "enseña todo a todos” de Comenio,
alumnos y alumnas termina siendo, por imposición nuestra,
tan solo grabadoras de lo que textualmente les enseñamos
como ideal, fundamental y único para la vida. Y, como
en un gran hipermercado -para ser consecuentes con la realidad consumista
y con el mercadeo lúdico[4] a que nos enfrentamos por estos
días-, les entregamos paquetes de conocimiento para
que los incorporen –memoricen- en su disco duro. Luego,
evaluamos dicho aprendizaje mediante una retroalimentación
de fórmulas y de aplicaciones distantes de la vida real,
aunque, por desgracia, si muy a tono con las necesidades gerenciales
del aparato productivo oficial.
Con
esta manera de ejercer nuestra condición de maestros / maestras
y con esta interpretación del “conocer”, ni a
la sociedad, ni a la escuela, por supuesto, les interesa abordar
ni trabajar, a fondo, el tema de la diversidad sexual, en tanto
no representa productividad para el sistema, ni se corresponde con
las demandas del mercado laboral.
Pero
el tema de la diversidad en la escuela, no solo no se trabaja, sino
que, además se evita. Prefieren maestros(as) y directivas(os)
conformarse con la interpretación amarillista que de la sexualidad,
hace la cultura popular, y seguir, por tanto, replicándolo
de igual manera en la escuela.
Decía
también Comenio, que el maestro debería estar por
fuera de la vulgaridad y de la moral callejera; ser, según
él, un ser humano equilibrado. Pero hoy, y también
muy contrario a los planteamientos de Juan Amos Comenio, maestros
y maestras actúan con sus alumnos y en los espacios de formación
con la irresponsabilidad con que uno actúa en un espacio
de diversión o en la calle. No hemos logrado que los
prejuicios del o la docente permanezcan por fuera de la escuela
y del aula de clase; sobre todo cuando se trata de trabajar o interpretar
el tema de las sexualidades. Y es que trabajar el tema de las sexualidades
en la escuela, en los medios de comunicación, en las entidades
religiosas e incluso en la familia, requiere como mínimo
auto-reconocernos en una dimensión amplia del ser humano.
Indagar, conocer, estudiar y por supuesto asimilar las múltiples
posibilidades que, como personas, tenemos para reconocernos y para
ser, es decir, dimensionarnos mucho más allá de lo
que somos y de lo que podemos ser.
La
gran dificultad para que maestros y maestras aborden a conciencia
y con respeto el tema de la diversidad sexual en el aula de clase,
es que ellos(as), como nosotros(as), son el fruto de una historia
cultural, familiar y personal, razón por la cual, se sienten
abrumados al tener que conciliar sus vivencias y moralismos propios,
con un campo tan amplio y complejo como el de la sexualidad.
Una área, además, para la que se cuenta con tan pocas
herramientas conceptuales convincentes y que presenta tanta resistencia
por parte de la cultura. Prefieren entonces, maestros y maestras,
en una actitud tan irresponsables como la de los medios de comunicación,
asumir posturas facilitas y por tanto dañinas para sus alumnos
y alumnas. Posturas como: ser indiferente, trivializar los
comportamientos -volverlos chiste-, por cierto la más común;
caracterizar los comportamientos desde los textos -que en
su mayoría también están viciados por el mercado
y la moral institucional-, o en caso extremo, aplicarles el control
moralista, argumentado en el bien público en favor de las
mayorías, es decir, de las heterosexualidades.
Es
por esto, que la reflexión sobre el cuerpo como primer territorio
de paz en el escenario de la escuela y de la enseñanza, tiene
la intención fundamental de ser un llamado a que el maestro
(la maestra), reitero, no se deje llevar por las pasiones personales
–sus fantasmas- ni por las interpretaciones de la calle, al
momento de referirse a la sexualidad, la identidad, los roles de
genero y la genitalidad, de sus alumnos y alumnas. Es necesario
reorientar el hacer pedagógico, sobre la base de construir
un nuevo discurso. Un discurso propio para la escuela y aula de
clase en el que prevalezca la condición de seres humanos
de los alumnos y las alumnas, sobre las categorías moralistas,
sexistas, machistas, y de producción tradicionales. Un asunto
primordial, en especial si se tiene en cuenta que el discurso de
la escuela, por su soporte en el conocimiento, es por tradición
el discurso de otros y otras: frió, distante e irreal.
El
discurso del ser humano docente, debe ser además un discurso
tras disciplinario, que vaya más allá de su área
de saber, dimensionado con el compromiso de que se están
formando seres humanos hacia la consolidación de personas;
y ser persona, es un asunto de integralidad, de espacios propios
y ajenos, nuevos y heredados, de ahí que el cuerpo y las
sensibilidades del y la joven en formación deban ser asuntos
de los que se haga mención con el debido respeto por sus
particularidades y por sus singularidades. Asumir dichos cuerpo
como lo que son: escenario donde “Es” o habita la condición
humana.
El
cuerpo como escenario de paz en la escuela y el aula de clase exige
un lenguaje y una mentalidad descompartimentada, donde la generalidad
sea la constante, donde los seres humanos educandos dejan de ser
nombrados con las categorías tradicionales del sexismo, el
machismo, la moral e incluso la raza, el poder, el estrato, la estética
y la inteligencia.
Ver
a alumnos y alumnas y trabajar con ellos y ellas como seres humanos
es dejar de verlos(as) también, como paquetes estereotipados,
etiquetados, de acuerdo con sus contenidos (características).
Dejar de nombrarlos diferencialmente como hombres y mujeres, niños
y niñas, sin un convencimiento -introyección-
real del porque se hacen estas diferenciaciones, pues en tal caso,
estaríamos de igual forma agrupándolos como simples
paquetes de penes o de vaginas, con la caracterización y
el estigma que esto representa para la cultura. Escindirse
de lo genérico –ser humano- sin una real apropiación
e intencionalidad para la convivencia y el respeto, es en últimas
desconocer que la diversidad en inherente al ser humano y a la vida.
Por
eso, insisto, una buena manera para que maestros y maestras dejen
de violentar el cuerpo y las sensibilidades de sus alumnos y alumnas
es que acompañen el ejercicio de enseñar de una actitud
pedagógica mas cotidiana. Cotidianidad desde donde,
unos y otros y unas y otras, puedan construir herramientas para
aprender a entenderse, a convivir no solo en el ámbito de
la escuela, sino en el desarrollo mismo de la vida. La cotidianidad,
de manera innegable y como la vida misma, incluye la sexualidad.
2.
Los imaginarios culturales y el lenguaje como violentadores
del cuerpo y del ser
El
escritor y periodista Alonso Salazar, en su análisis de la
cultura violenta en las comunas de Medellín, que en su mayoría
involucra a jóvenes escolares o desescolarizados, plantea
como los imaginarios culturales y del lenguaje terminan siendo el
impedimento para que la sociedad en general -incluida por supuesto
la escuela- nos introyectemos el orden, la ley y por tanto el respeto
por el otro u otra. Precisamente, el gran escollo al momento de
generar nuevas estrategias de convivencia en la escuela, sigue siendo
que aprendimos, casi de manera natural en Colombia, a violentar
permanentemente al otro u otra, como una actitud de poder –yo
soy más que usted-. Siempre a la defensiva, categorizamos
a nuestro interlocutor en términos comparativos de superior-inferior,
mejor-peor, aceptado(a) y /o reconocidos-clandestino(a), legal-delincuente,
etc. También en el aula de clase y en la escuela estamos
dando rienda suelta mediante el lenguaje tácito, a este tipo
de actitudes, de tal manera que al Igual que en las comunas, maestros
y maestras, actúan con la prevalencia de una actitud violenta
de no aceptación a ciertas categorías establecidas
desde la moral o desde los imaginarios mismos de la cultura. Sus
maneras de decir las cosas, aun en referencia al conocimiento, terminan
constituyéndose en un actitud violenta para con los alumnos
y alumnas. Y me refiero al lenguaje tácito, por que
en el lenguaje directo y ante la presencia de la norma o de la autoridad,
como sucede en la actitud delincuencial, esto no se hace visible
e incluso se rechaza: “yo jamás haría eso”.
“por el contrario, a mi los gay me caen muy bien y tienen
todo el derecho a ser tratados como iguales”.
Dice
también Alonso Salazar, que sólo hasta que logremos
introyectarnos la norma, la ley y el respeto por el otro, aún
en ausencia de la autoridad, la sociedad podrá cambiar sus
actitudes violentas. Para el caso de la escuela y con respecto
a la diversidad sexual, sería reconocer claramente en el
alumno o la alumna a un ser humano en proceso de formación
como persona y no a un desviado al que evangelizar o enderezar,
aunque los libros, las guías escolares y los mal llamados
manuales de convivencia, caractericen su conducta de manera contraria
o perversa.
Creo
que la mejor manera de evidenciar esto de la violencia tacita contra
el cuerpo y la sexualidad mediante el lenguaje del aula de clase,
es haciendo referencia a una anécdota típica de un
colegio nuestro cualquiera:
Carlos Eduardo de 13 años de edad es homosexual, pero nunca
ha sentido ningún tipo de atracción por nadie. Juega
fútbol, es brusco y es un excelente estudiante –en
términos de referencia tradicionales: posee buena memoria;
pero además, tiene gran potencial para el análisis.
Carlos acaba de pasar por la primera etapa de maduración,
es decir, sus características primarias como
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hombre biológico están apareciendo, tiene sombra de
bello en la cara, su voz empieza a ponerse ronca, sus hombros a
ensancharse, y se manifestaron ya sus primeras poluciones o eyaculaciones
nocturnas, aunque aun sin fantasía erótica.
Pero el joven Carlos anda por estos días bastante bajo en
su nivel de estudios, y se le nota ensimismado, lo cual no es usual,
pues maneja una muy buena relación con hombres y mujeres
del grupo; la razón para permanecer silencioso y distante,
de Carlos Eduardo, es que por estos días empiezan a manifestarse
las características secundarias de su maduración,
y, con mucha confusión, a percibido una extraña atracción,
incluso con erecciones, por uno de sus compañeros del equipo
de fútbol. Carlos no ha comentado esto con nadie, pero ha
pensado en conversarlo con su profesora de ciencias, la que sostiene
mejor relación con alumnos y alumnas por su jocosidad y desparpajo.
Carlos
Eduardo percibe -lo que le genera la angustia- que, a pesar de haber
escuchado de algunas relaciones homogenitales entre compañeros
de su misma edad, su caso no es de simples ganas de experimentación,
ni de desahogo sexual de adolescente. Siente que lo suyo trasciende
lo genital y que lo que está, es enamorado. Es decir
que, Carlos Eduardo a sus 13 años, se está empezando
a auto-reconocer como homosexual.
Como
de costumbre, Carlos, entró a clase de ciencias después
del recreo. Un tanto más tranquilo, además, porque
oyó una conversación en la que su maestra se refería
a los homosexuales como seres con los mismos derechos de las demás
personas. Sin embargo, esta misma maestra tenía preparada
su clase sobre: los “aparatos reproductores” –así
aparecen en todos los textos escolares- “masculino y femenino”.
Se refirió, entonces, a la maduración, la menstruación
, la eyaculación, la relación pene-vagina, la concepción,
y el ser padres como un momento sublime de la vida. Y para
terminar, la maestra hizo referencia a la sexualidad,
para lo cual invito al grupo a formarse en parejas, reiterando,
eso sí, que fueran de hombre y mujer, como una manera para,
desde ya, ir visualizando el tema de la familia. La dinámica
por “parejas” consistió en una discusión,
bastante lúdica, sobre las diferencias entre uno y otros
sexos. La clase finalizó con un trabajo sobre el uso del
condón para una sexualidad sana y responsable –campaña
institucional- y la maestra le regaló condones a los hombres
del grupo para que, según ella: “se protegieran, y
no andaran por ahí metiéndolo en cualquier parte sin
protección”, pero le quedo faltando un alumno
por condón, alumno que no es Carlos Eduardo, y que tampoco
es homosexual. Los compañeros se lo gozan y comentan
que él no lo necesita, pues le gusta que le den por el trasero.
El compañero de Carlos, al que le hacen la chanza, hace ademanes
de loca y para el trasero hacia el resto del grupo. La profesora
deja el aula de clase, no sin antes responderle a los que
gozan con las payasadas del alumno y con tono igualmente jocoso:
- y qué, por ahí no se a muerto nadie, además,
aunque eso debe doler mucho, cada uno hace con su trasero lo que
le plazca...
Podría
continuar el texto con muchos detalles más, sin embargo tan
solo quiero pedirles que por un instante se pongan en el lugar de
este niño adolescente de 13 años. Piensen en como
se sentiría después de la arremetida violenta, patrocinada
por su profesora, de la clase, contra su cuerpo y su sexualidad.
A Carlos Eduardo le quedaron claro entre otras cosas, y a
propósito de las circunstancias de vida que atravesaba, que:
ser pareja es ser hombre y mujer, que si no usaba el pene para la
reproducción lo único que le quedaba era dar culo
–asunto por demás doloroso- y para el que no necesitaba
condón, como las mujeres; o, además, que podía
constituirse en una loca graciosa, pues todas las locas hacen reír,
en especial cuando se las están gozando.
Pero
además de Carlos Eduardo, debieron salir violentadas en su
integridad las mujeres, lesbianas o no, que habían pensado
en otro tipo de realización como mujeres –profesionalización
por ejemplo- distinto al de ser madres.
En
este caso la maestra obró de acuerdo a los textos y a sus
apreciaciones personales, a lo que escucho en la calle. Acentuó
más en sus alumnos y alumnas la imagen popular que se tiene
de los maricas, de los machos, de las mujeres paridoras, del sexo,
la concepción y la anticoncepción , la pareja, sin,
mencionar, por supuesto, que además, no tuvo en cuenta para
nada a sus alumnos y alumnas en cuanto personas. Su clase,
fue una simple y vulgar apreciación biológica de la
condición humana.
3.
Llamar a las cosas por su nombre
Durante
todo el texto he venido reiterando que la mejor manera para evitar
violentar el cuerpo y las sensibilidades de los seres humanos en
formación (alumnos, alumnas) es cuidando el lenguaje y sobre
todo el lenguaje tácito[5]. Caer en la cuenta de que
tantos prejuicios personales estamos entregando en los mensajes
que emitimos al interior de la escuela y en la interrelación
con los alumnos. Pero buscando no quedarme tan solo en la
mención del problema, y en mi calidad de hombre homosexual
masculino (alumno y maestro) quiero aportar a la claridad con algunos
conceptos, que mal interpretados por él o la docente, causan
y genera violencia hacia las personas homosexuales, bisexuales y
transgenero. Como la charla esta dirigida más a la
reflexión sobre el cuerpo como primer territorio de paz en
la escuela, y no al manejo de la sexualidad, serán apreciaciones
muy básicas, pero estoy seguro generaran algún grado
de responsabilidad en el uso futuro de los términos y de
cómo son expresados.
Pero
antes, a manera de ilustración, quiero compartir algunos
apartes del texto EL CUERPO COMO PRIMER TERRITORIO DE PAZ
elaborado por el sector de personas LGBT[6] del proyecto Planeta
Paz –lideres sociales populares para la paz en Colombia- y
también de la ponencia que el Senador del Frente Social y
Político, Carlos Gaviria Díaz, hizo del “proyecto
de ley para el reconocimiento jurídico de las parejas de
personas del mismo sexo”, propuesto por la Senadora Piedad
Córdoba. Ambos documentos llaman la atención
sobre el ejercicio violento que desde los nombramientos de sexo,
genero, rol de genero y sexualidad hacemos a diario, pero
que no es categorizada como tal, en tanto las violencias mas conocidas
y más difundidas por los medios, son otras:
Aparte
1
“La
violencia tiene múltiples expresiones que no excluyen, pero
si sobrepasan, la dimensión política. Hunde sus raíces
en las propias características de la sociedad colombiana
[…]”..La comisión dice en el aparte sobre la
violencia de particulares organizados que recurren a la eliminación
física que esta: “Tiene especial significación
en algunas ciudades del país y se dirige contra homosexuales,
prostitutas, exconvictos, expendedores de droga y otros ciudadanos
que se consideran lacras de la sociedad. Opera sobre todo mediante
los escuadrones de la muerte.”
Aparte
2
“(...)
y finalmente recibimos día a día en la cotidianidad
de nuestro trabajo, escuela, familia y espacios públicos,
formas sutiles de violencia, legitimadas por una discriminación
que hemos sobrellevado desde hace siglos en el territorio nacional.
Las diferentes violencias: política, publica y privada contra
LGBT está normatizada por siglos de discriminación,
estereotipia y estigmatización social.”
Aparte
3
“Violencia
no es tan sólo la eliminación del Otro o la Otra,
no es sólo la agresión física, son también
las formas de agresión simbólicas, aquellas que sólo
pasan por el lenguaje o incluso las que no pasan siquiera por el
habla sino que adquieren las formas de comunicación no verbal.
Estas formas de violencia se encuentran en la vida cotidiana de
la gente LGBT.”
Aparte
4
“La
violencia tácita, o invisible se refiere a “comportamientos
de subordinación entramados en la cotidianidad de los sujetos
como forma natural de organización de la vida diaria sobre
los cuales sus propios protagonistas no tienen conciencia, o si
la tienen, le otorgan consenso precisamente porque son “naturales”.
Esta es la violencia invisible”[7]. Ejemplos de violencias
sutiles entre LGBT ocurren a diario. Hay violencias sutiles cuando
un joven homosexual tiene que decidir contarle a sus padres algo
que le es natural”
Aparte
5
íel
proyecto aboga por que a las uniones conformadas por parejas del
mismo sexo se les conceda “un espacio de dignidad y respeto
para hacer sus vidas a la luz del día”ý[8]
Aparte
6
“En
consecuencia, para el logro de la igualdad sustancial no es suficiente
adoptar una actitud pasiva, de mera tolerancia frente a la diferencia,
sino que se impone...un deber de remover los obstáculos que
impiden a personas o grupos tradicionalmente marginados y discriminados
el ejercicio pleno de sus derechos.
4. Términos,
en su mayoría, mal interpretados para referirse al tema de
la sexualidad
Cuerpo: Definición tanto biológica como cultural,
en tanto unidad física, y lugar en que nos habitamos, nos
desarrollamos como personas.[9]
Sexo: Categoría biológica para denominar
al macho (hombre) y la hembra (mujer) de la especie humana. Hace
referencia a las particularidades propias para la reproducción
(pene-vagina) y, a las características corporales de cada
uno de los pares. Solo existen dos sexos: hombre, mujer.
Genero: Categoría cultural para denominar
el “deber ser” de hombres y mujeres en su accionar social.
Al del hombre se le denomina Masculino, al de la mujer Femenino.
Pero en tanto comportamiento social y personal, no estas sujetos
exclusivamente a uno u otro sexo. Una tercera categoría Andrógino,
se refiere al comportamiento en el que no se diferencia fácilmente
uno de otro genero, podría decirse que los contiene a ambos.
Rol de genero: Se refiere a los papeles, actitudes,
vestimentas, etc, que la cultura, de acuerdo a la época,
o a las circunstancias externas, sugiere o impone para cada genero.
Es, el como asumo mis particularidades de feminidad o masculinidad
en determinadas circunstancias.
Sexualidad: Manifestación de origen genético
y cultural con la que una persona expresa su vinculación
como persona y como cuerpo hacia otra, a partir del deseo, la fantasía,
el erotismo, la afectividad y la genitalidad. Las orientaciones
u opciones sexuales son: heterosexual- hacia personas de sexo contrario,
homosexual-hacia personas de igual sexo, y bisexual –indistintamente
hacia uno u otro sexo.
La sexualidad no esta condicionada por las practicas genitales,
es decir, que una relación genital homosexual no implica
identidad homosexual, ni toda identidad homosexual implica relaciones
genitales. Además, para el caso de la identidad homosexual,
la persona, en la mayoría de los casos, esta satisfecha con
su sexo biológico y no desea por tanto pertenecer al, o ser
el, sexo contrario.
Existen otras categorías que se desprenden de las anteriores,
y que tienden a ser confundidas con la homosexualidad, como son:
Transexuales: Personas que sienten que su cuerpo
no corresponde con su identidad sexual. Por lo general mediante
cirugía cambian de sexo. Y si bien aparecen como homosexuales
antes del cambio corporal, una vez logrado dejan de serlo en cuanto
adquieren el sexo contrario al del objeto de deseo.
Transgenero: Personas quienes teniendo las características
físicas de un sexo y genero, asumen los roles del sexo y
del genero contrario. Pueden ser transvestidos, quienes utilizan
de manera permanente y como parte de su identidad las ropas del
sexo y los roles de genero del sexo contrario, o transformistas,
quienes utilizan la indumentaria y el rol de genero solo ocasionalmente
como disfraz, elemento de trabajo o de placer, etc. Suelen ser asociados(as)
con la homosexualidad, pero no son equivalentes.
__________________________________________________
1]
CARLOS IVAN GARCIA es un investigador bogotano, quien viene trabajando
el tema de las sexualidades, en especial y desde su vivencia personal
el tema de la bisexualidad. ranmaamante@hotmail.com Este es un fragmento
de su poema: Canto sacro para mi cuerpo profano. Anexo al final
de este documento.
[2] enfermedades de transmisión sexual
[3]"Comenio, Juan Amos", Enciclopedia Microsoft® Encarta®
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derechos
[4] El mercadeo lúdico es una practica que se pone de moda
ahora con el asunto de los hipermercados, grandes almacenes y centros
comerciales, en la que estas empresas ofrecen a jardines infantiles,
escuelas, colegios, universidades, institutos, grupos barriales
y de la tercera edad, la posibilidad de una visita guiada por sus
instalaciones con la aparente intención de un trabajo social,
pero que en realidad se constituye en un adiestramiento para el
consumo.
[5] Este lenguaje tácito no solo se refiere a lo que bien
o mal intencionado, esconden las palabras desde su significación,
sino también a las gestualidades, actitudes, omisiones, silencios,
etc, con que acompañamos nuestras labores escolares.
[6] Sigla para denominar a: lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas
[7] GIBERTI Eva y FERNÁNDEZ Ana María (comp.), La
mujer y la violencia invisible, Ed. Suramericana, Fundación
Banco Patricios, BA, 1992, (introducción).
[8] Carlos Gaviria Díaz, ponencia sobre proyecto de ley para
el reconocimiento jurídico de las parejas de personas del
mismo sexo
[9] Interpretación del autor, a partir del texto de Manuel
Velandia Mora: Y SI EL CUERPO GRITA DEJÉMONOS DE MARICADAS.
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