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La Diversidad Sexual y su tratamiento pedagógico en la escuela
"Desde" El cuerpo como territorio de paz
 
 



Texto completo


Mi cuerpo soy yo, éste es mi sexo, mi género....
Carlos Iván García.




Por: Manuel José Bermúdez Andrade

Periodista, docente universitario y líder social
ciudadanogaydemedellin@gmail.com


1.    El discurso en la escuela
En un país como Colombia con un conflicto social y armado de tantos años, por lo menos dos generaciones, sino más, han aprendido a vivir con los actos violentos como un asunto cotidiano. La crisis de convivencia en la escuela  obedece en gran parte a esta realidad violenta, pero, además,  a que los y las docentes dejaron influenciar su discurso por la mal denominada cultura de la violencia, sin hacer nada para evitarlo.  Incorporaron los códigos de la violencia,  al ejercicio pedagógico, de manera tacita e irresponsable.  Hoy, los diversos tipos de violencia hacen presencia cada vez con más fuerza en las aulas de clase y, por supuesto, en la interrelación maestro (maestra) alumno (alumna). Y ni que decir, de la interrelación entre docentes y de estos y estas con las directivas.
Hoy, cuando educadores y educadoras se quejan de la perdida del respeto por parte de sus alumnos y alumnas, al igual que a las aulas de clase y a los recintos escolares, y que muchos de los enfrentamientos les hace ver más como rivales en combate, que en una relación enseñanza aprendizaje, uno se pregunta:¿qué tanto han reflexionado los maestros que se quejan de la perdida de respeto, sobre su discurso en la escuela? ¿Son concientes acaso, de que su manejo del lenguaje violenta, provoca e incluso agrede al alumno o la alumna, generándole resistencia hacia el aprendizaje y hacia la convivencia.   
Entonces, si convivencia y aprendizaje constituyen de por si asuntos inseparables en el ejercicio docente ¿Cómo puede ser atractiva una escuela donde nos perdimos el respeto a nosotros mismos y a la condición humana? 
Aunque este  cuestionamiento o reflexión se convirtió en el lugar común de todos los análisis, talleres, seminarios, y evaluaciones pedagógicas a las que uno asiste, es muy poco o nada, lamentablemente, lo que hemos avanzado en este sentido, como manera de buscar una solución real al problema de la convivencia en la escuela.
Yo, por supuesto, no pretendo entregar formulas mágicas para la solución al problema de la convivencia escolar. Pero el haber sido alumno -kinder, primaria mixta, primaria masculina, bachillerato, universidad, cursos de especialización y demás- así como maestro hombre homosexual masculino, quisiera llevarles una reflexión desde mis vivencias y desde las que he recogido como conferencista en manejo de sexualidad y ETS[2] - especialmente con jóvenes- y de las asesorías a personas homosexuales, bisexuales o transgenero, sus familias y algunos(as) profesores(as) en el proyecto social y político que dirijo, CIUDADANO GAY PSP; a cerca del cómo se violentan a diario las personas en el ámbito escolar por parte de sus maestros y maestras, en especial cuando se abordan temas de sexualidad.  Quiero con mi reflexión contribuir a la búsqueda de soluciones para la convivencia y el respeto desde el ejercicio pedagógico, en especial para aquellos y aquellas docentes que trabajan con jóvenes que viven el despertar de su deseo por el otro u otra y que, además, se enfrentan a sus primeras experiencias sexuales y /o genitales. Independientemente de que sean o no homosexuales.
Es necesario, y me atrevo a pedirles tal disposición, que para esta reflexión nos despojemos un poco de nuestra condición de profesionales (maestros, periodistas, intelectuales, etc) y nos encontremos en un plano mucho mas cotidiano, más común: el de simples compañeros de la vida.   Que pensemos en algunas de las teorías que –como maestros  o maestras- conocemos y practicamos al pie de la letra pero, esta vez, desde la simpleza y el sentido común. Asunto que usualmente perdemos al momento de ser nombrados como profesionales.  Es ahí, en lo cotidiano, estoy seguro, el único terreno en el que los asuntos de la sexualidad, la intimidad y la humanidad pierden la obligatoriedad del “deber ser”, y, por tanto, es el escenario ideal desde donde plantear y entender con efectividad, la necesidad de constituir al cuerpo nuestro y del otro (otra) como el primer territorio de paz.
Comenio, en su Didáctica Magna, resume en una sola frase su concepto de la enseñanza: "enseña todo a todos"[3] como la necesidad de una formación integral. Pero él no solo hacía referencia a lo integral como el  conocimiento y práctica de todas o gran parte de las ciencias, sino también a que el maestro/ la maestra, como ser humano involucrara todas sus capacidades en el trabajo de conducir y formar seres humanos. Sin embargo la mayoría de los y las docentes nos enfrascamos tanto en el asunto del saber, de los libros y las teorías, que dejamos de lado lo esencial de la vida y establecemos, por tanto y aun sin proponérnoslo, una relación fría y distante con los seres humanos educandos.
Muy distantes del "enseña todo a todos” de Comenio, alumnos y alumnas termina siendo, por imposición nuestra, tan solo grabadoras de lo que textualmente les enseñamos como ideal, fundamental y único para la vida.  Y, como en un gran hipermercado -para ser consecuentes con la realidad consumista y con el mercadeo lúdico[4] a que nos enfrentamos por estos días-, les entregamos  paquetes de conocimiento para que los incorporen –memoricen- en su disco duro.  Luego, evaluamos dicho aprendizaje mediante una retroalimentación de fórmulas y de aplicaciones distantes de la vida real, aunque, por desgracia,  si muy a tono con las necesidades gerenciales del aparato productivo oficial.
Con esta manera de ejercer nuestra condición de maestros / maestras y con esta interpretación del “conocer”, ni a la sociedad, ni a la escuela, por supuesto, les interesa abordar ni trabajar, a fondo, el tema de la diversidad sexual, en tanto no representa productividad para el sistema, ni se corresponde con las demandas del mercado laboral.
Pero el tema de la diversidad en la escuela, no solo no se trabaja, sino que, además se evita.  Prefieren maestros(as) y directivas(os) conformarse con la interpretación amarillista que de la sexualidad, hace la cultura popular, y seguir, por tanto,  replicándolo de igual manera en la escuela. 
Decía también Comenio, que el maestro debería estar por fuera de la vulgaridad y de la moral callejera; ser, según él, un ser humano equilibrado.  Pero hoy, y también muy contrario a los planteamientos de Juan Amos Comenio, maestros y maestras actúan con sus alumnos y en los espacios de formación con la irresponsabilidad con que uno actúa en un espacio de diversión o en la calle.  No hemos logrado que los prejuicios del o la docente permanezcan por fuera de la escuela y del aula de clase; sobre todo cuando se trata de trabajar o interpretar el tema de las sexualidades. Y es que trabajar el tema de las sexualidades en la escuela, en los medios de comunicación, en las entidades religiosas e incluso en la familia, requiere como mínimo auto-reconocernos en una dimensión amplia del ser humano. Indagar, conocer, estudiar y por supuesto asimilar las múltiples posibilidades que, como personas, tenemos para reconocernos y para ser, es decir, dimensionarnos mucho más allá de lo que somos y de lo que podemos ser.
La gran dificultad para que maestros y maestras aborden a conciencia y con respeto el tema de la diversidad sexual en el aula de clase, es que ellos(as), como nosotros(as), son el fruto de una historia cultural, familiar y personal, razón por la cual, se sienten abrumados al tener que conciliar sus vivencias y moralismos propios, con un campo tan amplio y complejo como el de la sexualidad.  Una área, además, para la que se cuenta con tan pocas herramientas conceptuales convincentes y que presenta tanta resistencia por parte de la cultura. Prefieren entonces, maestros y maestras, en una actitud tan irresponsables como la de los medios de comunicación, asumir posturas facilitas y por tanto dañinas para sus alumnos y alumnas.  Posturas como: ser indiferente, trivializar los comportamientos -volverlos chiste-, por cierto la más común; caracterizar los comportamientos  desde los textos -que en su mayoría también están viciados por el mercado y la moral institucional-, o en caso extremo, aplicarles el control moralista, argumentado en el bien público en favor de las mayorías, es decir, de las heterosexualidades.
Es por esto, que la reflexión sobre el cuerpo como primer territorio de paz en el escenario de la escuela y de la enseñanza, tiene la intención fundamental de ser un llamado a que el maestro (la maestra), reitero, no se deje llevar por las pasiones personales –sus fantasmas- ni por las interpretaciones de la calle, al momento de referirse a la sexualidad, la identidad, los roles de genero y la genitalidad, de sus alumnos y alumnas.  Es necesario reorientar el hacer pedagógico, sobre la base de construir un nuevo discurso. Un discurso propio para la escuela y aula de clase en el que prevalezca la condición de seres humanos de los alumnos y las alumnas, sobre las categorías moralistas, sexistas, machistas, y de producción tradicionales. Un asunto primordial, en especial si se tiene en cuenta que el discurso de la escuela, por su soporte en el conocimiento, es por tradición el discurso de otros y otras: frió, distante e irreal.
El discurso del ser humano docente, debe ser además un discurso tras disciplinario, que vaya más allá de su área de saber, dimensionado con el compromiso de que se están formando seres humanos hacia la consolidación de personas; y ser persona, es un asunto de integralidad, de espacios propios y ajenos, nuevos y heredados, de ahí que el cuerpo y las sensibilidades del y la joven en formación deban ser asuntos de los que se haga mención con el debido respeto por sus particularidades y por sus singularidades. Asumir dichos cuerpo como lo que son: escenario donde “Es” o habita la condición humana.
El cuerpo como escenario de paz en la escuela y el aula de clase exige un lenguaje y una mentalidad descompartimentada, donde la generalidad sea la constante, donde los seres humanos educandos dejan de ser nombrados con las categorías tradicionales del sexismo, el machismo, la moral e incluso la raza, el poder, el estrato, la estética y la inteligencia.
Ver a alumnos y alumnas y trabajar con ellos y ellas como seres humanos es dejar de verlos(as) también, como paquetes estereotipados, etiquetados, de acuerdo con sus contenidos (características).  Dejar de nombrarlos diferencialmente como hombres y mujeres, niños y niñas, sin un convencimiento  -introyección- real del porque se hacen estas diferenciaciones, pues en tal caso, estaríamos de igual forma agrupándolos como simples paquetes de penes o de vaginas, con la caracterización y el  estigma que esto representa para la cultura. Escindirse de lo genérico –ser humano- sin una real apropiación e intencionalidad para la convivencia y el respeto, es en últimas desconocer que la diversidad en inherente al ser humano y a la vida.
Por eso, insisto, una buena manera para que maestros y maestras dejen de violentar el cuerpo y las sensibilidades de sus alumnos y alumnas es que acompañen el ejercicio de enseñar de una actitud pedagógica mas cotidiana.  Cotidianidad desde donde, unos y otros y unas y otras, puedan construir herramientas para aprender a entenderse, a convivir no solo en el ámbito de la escuela, sino en el desarrollo mismo de la vida. La cotidianidad, de manera innegable y como la vida misma, incluye la sexualidad.

2.    Los imaginarios culturales y el lenguaje como violentadores del cuerpo y del ser
El escritor y periodista Alonso Salazar, en su análisis de la cultura violenta en las comunas de Medellín, que en su mayoría involucra a jóvenes escolares o desescolarizados, plantea como los imaginarios culturales y del lenguaje terminan siendo el impedimento para que la sociedad en general -incluida por supuesto la escuela- nos introyectemos el orden, la ley y por tanto el respeto por el otro u otra. Precisamente, el gran escollo al momento de generar nuevas estrategias de convivencia en la escuela, sigue siendo que aprendimos, casi de manera natural en Colombia, a violentar permanentemente al otro u otra, como una actitud de poder –yo soy más que usted-. Siempre a la defensiva, categorizamos a nuestro interlocutor en términos comparativos de superior-inferior, mejor-peor, aceptado(a) y /o reconocidos-clandestino(a), legal-delincuente, etc. También en el aula de clase y en la escuela estamos dando rienda suelta mediante el lenguaje tácito, a este tipo de actitudes, de tal manera que al Igual que en las comunas, maestros y maestras, actúan con la prevalencia de una actitud violenta de no aceptación a ciertas categorías establecidas desde la moral o desde los imaginarios mismos de la cultura. Sus maneras de decir las cosas, aun en referencia al conocimiento, terminan constituyéndose en un actitud violenta para con los alumnos y alumnas.  Y me refiero al lenguaje tácito, por que en el lenguaje directo y ante la presencia de la norma o de la autoridad, como sucede en la actitud delincuencial, esto no se hace visible e incluso se rechaza: “yo jamás haría eso”. “por el contrario, a mi los gay me caen muy bien y tienen todo el derecho a ser tratados como iguales”.
Dice también Alonso Salazar, que sólo hasta que logremos introyectarnos la norma, la ley y el respeto por el otro, aún en ausencia de la autoridad, la sociedad podrá cambiar sus actitudes violentas.  Para el caso de la escuela y con respecto a la diversidad sexual, sería reconocer claramente en el alumno o la alumna a un ser humano en proceso de formación como persona y no a un desviado al que  evangelizar o enderezar, aunque los libros, las guías escolares y los mal llamados manuales de convivencia, caractericen su conducta de manera contraria o perversa.
Creo que la mejor manera de evidenciar esto de la violencia tacita contra el cuerpo y la sexualidad mediante el lenguaje del aula de clase, es haciendo referencia a una anécdota típica de un colegio nuestro cualquiera:
Carlos Eduardo de 13 años de edad es homosexual, pero nunca ha sentido ningún tipo de atracción por nadie. Juega fútbol, es brusco y es un excelente estudiante –en términos de referencia tradicionales: posee buena memoria; pero además, tiene gran potencial para el análisis.  Carlos acaba de pasar por la primera etapa de maduración, es decir, sus características primarias como


hombre biológico están apareciendo, tiene sombra de bello en la cara, su voz empieza a ponerse ronca, sus hombros a ensancharse, y se manifestaron ya sus primeras poluciones o eyaculaciones nocturnas, aunque aun sin fantasía erótica.
Pero el joven Carlos anda por estos días bastante bajo en su nivel de estudios, y se le nota ensimismado, lo cual no es usual, pues maneja una muy buena relación con hombres y mujeres del grupo; la razón para permanecer silencioso y distante, de Carlos Eduardo, es que por estos días empiezan a manifestarse  las características secundarias de su maduración, y, con mucha confusión, a percibido una extraña atracción, incluso con erecciones, por uno de sus compañeros del equipo de fútbol. Carlos no ha comentado esto con nadie, pero ha pensado en conversarlo con su profesora de ciencias, la que sostiene mejor relación con alumnos y alumnas por su jocosidad y desparpajo.
Carlos Eduardo percibe -lo que le genera la angustia- que, a pesar de haber escuchado de algunas relaciones homogenitales entre compañeros de su misma edad, su caso no es de simples ganas de experimentación, ni de desahogo sexual de adolescente.  Siente que lo suyo trasciende lo genital y que lo que está, es enamorado.  Es decir que, Carlos Eduardo a sus 13 años, se está empezando a auto-reconocer como homosexual.
Como de costumbre, Carlos, entró a clase de ciencias después del recreo. Un tanto más tranquilo, además, porque oyó una conversación en la que su maestra se refería a los homosexuales como seres con los mismos derechos de las demás personas.  Sin embargo, esta misma maestra tenía preparada su  clase sobre: los “aparatos reproductores” –así aparecen en todos los textos escolares- “masculino y femenino”.  Se refirió, entonces, a la maduración, la menstruación , la eyaculación, la relación pene-vagina, la concepción, y el ser padres como un momento sublime de la vida.  Y para terminar, la maestra  hizo  referencia a la sexualidad, para lo cual invito al grupo a formarse en parejas, reiterando, eso sí, que fueran de hombre y mujer, como una manera para, desde ya, ir visualizando el tema de la familia. La dinámica por “parejas” consistió en una discusión, bastante lúdica, sobre las diferencias entre uno y otros sexos. La clase finalizó con un trabajo sobre el uso del condón para una sexualidad sana y responsable –campaña institucional- y la maestra le regaló condones a los hombres del grupo para que, según ella: “se protegieran, y no andaran por ahí metiéndolo en cualquier parte sin protección”, pero le quedo faltando  un alumno por condón, alumno que no es Carlos Eduardo, y que tampoco es homosexual.  Los compañeros se lo gozan y comentan que él no lo necesita, pues le gusta que le den por el trasero.  El compañero de Carlos, al que le hacen la chanza, hace ademanes de loca y para el trasero hacia el resto del grupo. La profesora deja el aula de clase, no sin antes responderle a los que  gozan con las payasadas del alumno y con tono igualmente jocoso: - y qué, por ahí no se a muerto nadie, además, aunque eso debe doler mucho, cada uno hace con su trasero lo que le plazca...
Podría continuar el texto con muchos detalles más, sin embargo tan solo quiero pedirles que por un instante se pongan en el lugar de este niño adolescente de 13 años. Piensen en como se sentiría después de la arremetida violenta, patrocinada por su profesora, de la clase, contra su cuerpo y su sexualidad.  A Carlos Eduardo le quedaron claro entre otras cosas,  y a propósito de las circunstancias de vida que atravesaba, que: ser pareja es ser hombre y mujer, que si no usaba el pene para la reproducción lo único que le quedaba era dar culo –asunto por demás doloroso- y para el que no necesitaba condón, como las mujeres; o, además, que podía constituirse en una loca graciosa, pues todas las locas hacen reír, en especial cuando se las están gozando.
Pero además de Carlos Eduardo, debieron salir violentadas en su integridad las mujeres, lesbianas o no, que habían pensado en otro tipo de realización como mujeres –profesionalización por ejemplo-  distinto al de ser madres.
En este caso la maestra obró de acuerdo a los textos y a sus apreciaciones personales, a lo que escucho en la calle. Acentuó más en sus alumnos y alumnas la imagen popular que se tiene de los maricas, de los machos, de las mujeres paridoras, del sexo, la concepción y la anticoncepción , la pareja, sin, mencionar, por supuesto, que además, no tuvo en cuenta para nada a sus alumnos y alumnas en cuanto personas.  Su clase, fue una simple y vulgar apreciación biológica de la condición humana.

3.    Llamar a las cosas por su nombre
Durante todo el texto he venido reiterando que la mejor manera para evitar violentar el cuerpo y las sensibilidades de los seres humanos en formación (alumnos, alumnas) es cuidando el lenguaje y sobre todo el lenguaje tácito[5].  Caer en la cuenta de que tantos prejuicios personales estamos entregando en los mensajes que emitimos al interior de la escuela y en la interrelación con los alumnos.  Pero buscando no quedarme tan solo en la mención del problema, y en mi calidad de hombre homosexual masculino (alumno y maestro) quiero aportar a la claridad con algunos conceptos, que mal interpretados por él o la docente, causan y genera violencia hacia las personas homosexuales, bisexuales y transgenero.  Como la charla esta dirigida más a la reflexión sobre el cuerpo como primer territorio de paz en la escuela, y no al manejo de la sexualidad, serán apreciaciones muy básicas, pero estoy seguro generaran algún grado de responsabilidad en el uso futuro de los términos y de cómo son expresados.
Pero antes, a manera de ilustración, quiero compartir algunos apartes del texto  EL CUERPO COMO PRIMER TERRITORIO DE PAZ elaborado por el sector de personas LGBT[6] del proyecto Planeta Paz –lideres sociales populares para la paz en Colombia- y también de la ponencia que el Senador del Frente Social y Político,  Carlos Gaviria Díaz, hizo del “proyecto de ley para el reconocimiento jurídico de las parejas de personas del mismo sexo”, propuesto por la Senadora Piedad Córdoba.  Ambos documentos llaman la atención sobre el ejercicio violento que desde los nombramientos de sexo, genero, rol de genero y sexualidad  hacemos a diario, pero que no es categorizada como tal, en tanto las violencias mas conocidas y más difundidas por los medios, son otras:

Aparte 1
“La violencia tiene múltiples expresiones que no excluyen, pero si sobrepasan, la dimensión política. Hunde sus raíces en las propias características de la sociedad colombiana […]”..La comisión dice en el aparte sobre la violencia de particulares organizados que recurren a la eliminación física que esta: “Tiene especial significación en algunas ciudades del país y se dirige contra homosexuales, prostitutas, exconvictos, expendedores de droga y otros ciudadanos que se consideran lacras de la sociedad. Opera sobre todo mediante los escuadrones de la muerte.”

Aparte 2
“(...) y finalmente recibimos día a día en la cotidianidad de nuestro trabajo, escuela, familia y espacios públicos, formas sutiles de violencia, legitimadas por una discriminación que hemos sobrellevado desde hace siglos en el territorio nacional. Las diferentes violencias: política, publica y privada contra LGBT está normatizada por siglos de discriminación, estereotipia y estigmatización social.”

Aparte 3
“Violencia no es tan sólo la eliminación del Otro o la Otra, no es sólo la agresión física, son también las formas de agresión simbólicas, aquellas que sólo pasan por el lenguaje o incluso las que no pasan siquiera por el habla sino que adquieren las formas de comunicación no verbal. Estas formas de violencia se encuentran en la vida cotidiana de la gente LGBT.”

Aparte 4
“La violencia tácita, o invisible se refiere a “comportamientos de subordinación entramados en la cotidianidad de los sujetos como forma natural de organización de la vida diaria sobre los cuales sus propios protagonistas no tienen conciencia, o si la tienen, le otorgan consenso precisamente porque son “naturales”. Esta es la violencia invisible”[7]. Ejemplos de violencias sutiles entre LGBT ocurren a diario. Hay violencias sutiles cuando un joven homosexual tiene que decidir contarle a sus padres algo que le es natural”

Aparte 5
íel proyecto aboga por que a las uniones conformadas por parejas del mismo sexo se les conceda “un espacio de dignidad y respeto para hacer sus vidas a la luz del día”ý[8]

Aparte 6
“En consecuencia, para el logro de la igualdad sustancial no es suficiente adoptar una actitud pasiva, de mera tolerancia frente a la diferencia, sino que se impone...un deber de remover los obstáculos que impiden a personas o grupos tradicionalmente marginados y discriminados el ejercicio pleno de sus derechos.

4.
Términos, en su mayoría, mal interpretados para referirse al tema de la sexualidad

Cuerpo:
Definición tanto biológica como cultural, en tanto unidad física, y lugar en que nos habitamos, nos desarrollamos como personas.[9]

Sexo: Categoría biológica para denominar al macho (hombre) y la hembra (mujer) de la especie humana. Hace referencia a las particularidades propias para la reproducción (pene-vagina) y, a las características corporales de cada uno de los pares. Solo existen dos sexos: hombre, mujer.

Genero: Categoría cultural para denominar el “deber ser” de hombres y mujeres en su accionar social. Al del hombre se le denomina Masculino, al de la mujer Femenino.  Pero en tanto comportamiento social y personal, no estas sujetos exclusivamente a uno u otro sexo. Una tercera categoría Andrógino, se refiere al comportamiento en el que no se diferencia fácilmente uno de otro genero, podría decirse que los contiene a ambos.

Rol de genero: Se refiere a los papeles, actitudes, vestimentas, etc, que la cultura, de acuerdo a la época, o a las circunstancias externas, sugiere o impone para cada genero. Es, el como asumo mis particularidades de feminidad o masculinidad en determinadas circunstancias.

Sexualidad: Manifestación de origen genético y cultural con la que una persona expresa su vinculación como persona y como cuerpo hacia otra, a partir del deseo, la fantasía, el erotismo, la afectividad y la genitalidad. Las orientaciones u opciones sexuales son: heterosexual- hacia personas de sexo contrario, homosexual-hacia personas de igual sexo, y bisexual –indistintamente hacia uno u otro sexo.
La sexualidad no esta condicionada por las practicas genitales, es decir, que una relación genital homosexual no implica identidad homosexual, ni toda identidad homosexual implica relaciones genitales. Además, para el caso de la identidad homosexual, la persona, en la mayoría de los casos, esta satisfecha con su sexo biológico y no desea por tanto pertenecer al, o ser el, sexo contrario.

Existen otras categorías que se desprenden de las anteriores, y que tienden a ser confundidas con la homosexualidad, como son:
Transexuales: Personas que sienten que su cuerpo no corresponde con su identidad sexual. Por lo general mediante cirugía cambian de sexo. Y si bien aparecen como homosexuales antes del cambio corporal, una vez logrado dejan de serlo en cuanto adquieren el sexo contrario al del objeto de deseo.

Transgenero: Personas quienes teniendo las características físicas de un sexo y genero, asumen los roles del sexo y del genero contrario. Pueden ser transvestidos, quienes utilizan de manera permanente y como parte de su identidad las ropas del sexo y los roles de genero del sexo contrario, o transformistas, quienes utilizan la indumentaria y el rol de genero solo ocasionalmente como disfraz, elemento de trabajo o de placer, etc. Suelen ser asociados(as) con la homosexualidad, pero no son equivalentes.

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1] CARLOS IVAN GARCIA es un investigador bogotano, quien viene trabajando el tema de las sexualidades, en especial y desde su vivencia personal el tema de la bisexualidad. ranmaamante@hotmail.com Este es un fragmento de su poema: Canto sacro para mi cuerpo profano. Anexo al final de este documento.
[2] enfermedades de transmisión sexual
[3]"Comenio, Juan Amos", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 98 © 1993-1997 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos
[4] El mercadeo lúdico es una practica que se pone de moda ahora con el asunto de los hipermercados, grandes almacenes y centros comerciales, en la que estas empresas ofrecen a jardines infantiles, escuelas, colegios, universidades, institutos, grupos barriales y de la tercera edad, la posibilidad de una visita guiada por sus instalaciones con la aparente intención de un trabajo social, pero que en realidad se constituye en un adiestramiento para el consumo.
[5] Este lenguaje tácito no solo se refiere a lo que bien o mal intencionado, esconden las palabras desde su significación, sino también a las gestualidades, actitudes, omisiones, silencios, etc, con que acompañamos nuestras labores escolares.
[6] Sigla para denominar a: lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas
[7] GIBERTI Eva y FERNÁNDEZ Ana María (comp.), La mujer y  la violencia invisible, Ed. Suramericana, Fundación Banco Patricios, BA, 1992, (introducción).
[8] Carlos Gaviria Díaz, ponencia sobre proyecto de ley para el reconocimiento jurídico de las parejas de personas del mismo sexo
[9] Interpretación del autor, a partir del texto de Manuel Velandia Mora: Y SI EL CUERPO GRITA DEJÉMONOS DE MARICADAS. Pagina 54

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  2. Los imaginarios culturales y el lenguaje como violentadores del "ser"
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  3. Llamar a las cosas por su nombre    
  4. Terminos en su mayoría mal interpretados en referencia al tema de la sexualidad