|
|
A
León lo conocí a comienzos de 1991 en un feo rincón,
improvisado como oficina, en la antigua Escuela Nacional Sindical(2)
. El hombre tan afamado por sus admiradores intelectuales de la
Universidad de Antioquia, se presentó ante mí sin
ninguna grandeza, y con un evidente guayabo, a plenas dos de la
tarde, que le acentuaba el hacinamiento en que trabajaba, como defensor
de los derechos humanos, en aquella organización sindical.
Tal
como nos empeñamos hoy en mantener la presencia y esencia
de la obra de León Zuleta en todas las organizaciones LGBT
a lo largo y ancho del país, este pensador irreverente empezó
a aparecer como fantasma desde el mismo momento en que emprendí
mi trabajo investigativo sobre las homosexualidades. En la cafetería
Kokoriko de la U. de A., los y las intelectuales que sabían
de mi investigación me preguntaban si ya había conversado
con León Zuleta, quien había escandalizado con sus
reflexiones teórico-prácticas sobre el “rol
de la sexualidad en la alineación, y la posible respuesta
liberadora desde el erotismo”(3) Sus argumentos tienen hoy
plena vigencia, especialmente cuando el señalamiento a las
zonas de ligue y a las prácticas sexuales homosexuales en
general se sigue haciendo desde lo visceral y la moralidad.(4) Quienes
hoy, con la aparente objetividad de mantener el equilibrio en la
convivencia ciudadana, persiguen las zonas de ligue, antes que pensar
en campañas de educación y salud, en ellas, deberían
leer a León cuando decía: “Ya sabemos que enfermedad
mental y estrés industrial-urbano van muy ligados a la negación
de los derechos sexuales, junto a otras represiones”(5)
La
única entrevista con León Zuleta duró poco.
Fue categórico y radical, posiblemente como fruto del guayabo
o de mis llamadas antes de las 11 de la mañana, hora que
él consideraba aún como parte de la madrugada: “Muchachito,
no se meta a tratar de organizar locas, son malagradecidas y brutas...
Terminará decepcionado y lamentándose de haber perdido
el tiempo”
Mi
sensibilidad de marica, de investigador incipiente y de primíparo
universitario se vio seriamente lastimada. Pero luego, desafortunadamente
muy tarde para la confrontación, pues León Benhur
Zuleta Ruíz murió asesinado en extrañas circunstancias
el 23 de agosto de 1993, entendí que una de las dificultades
de León, y hasta hace muy poco de Manuel Velandia(6), era
acercar su lenguaje estructurado en una formación filosófica
y de los grandes autores de la izquierda, a la cotidianidad y en
muchos casos banalidad de la comunicación de las mayorías
homosexuales, lésbicas y transgeneristas. Y me reafirmé,
entonces, en un estilo particular de hablar, que si bien, reitero,
les generaba y genera escozor a algunas locas, ha sido una herramienta
fundamental para romper con los mitos y para llegar de manera efectiva
a públicos masivos.(7)
A
León Zuleta, entonces, como purista en asuntos del conocimiento
y del respeto por el saber, se le dificultó el acercamiento
a la base popular de las homosexualidades, cuyas prácticas
culturales tienen otros referentes y lenguajes, y por tanto exigen
para las construcciones argumentativas, el uso de unos términos
más sueltos y mas cercanos a su cotidianidad.
La
comunicación de León con las mujeres fue un poco más
fácil, porque, aunque en una posición marginal y de
alienación, existían ya en los referentes del lenguaje
y la cultura, con modelos incluso a seguir en el mundo y a través
de la historia. Las homosexualidades, en cambio, aún hoy,
estamos por fuera de la palabra, de
|
|
nombramiento,
y por ende de la cultura, a pesar de que en los últimos cinco
años el debate mundial sobre las leyes de convivencia, ha
permitido un mayor posicionamiento en el nombramiento desde los
medios, y una mayor generación de opinión pública
favorable, no solo al asunto de las homosexualidades, sino de las
sexualidades en general. Sin embargo es muy poco comparado con la
real dinámica de opinión pública y de dinamismo
cultural en el mundo. La lucha de las homosexualidades es la lucha
de un sector existente en número,(8) pero inexistente como
realidad social y cultural, como expresión de la diversidad
humana; a pesar de los muchos teóricos que han abordado el
tema con seriedad, profundidad y altura, y de las masivas movilizaciones
en el mundo con motivo del orgullo gay.
Los
alborotos de León Zuleta sirvieron no solo para ser reconocido,
sino también para motivar a estudiantes y profesores del
Alma Mater a pensar y expresar sus conceptos sobre el tema de la
sexualidad humana. Precisamente en esa búsqueda inicial,
me encontré, con el libro de Ébel Botero. Su texto
me sorprendió, en ese entonces, y me sigue sorprendiendo
hoy por el manejo de avanzada que hace de los términos y
los análisis frente al asunto de la diversidad sexual, con
un lenguaje de muy fácil comprensión.(9)
León,
más que un movilizador del sector homosexual, en mucho por
razones de época, fue un provocador con argumentos que abrió
muchas puertas para las acciones de lucha de las homosexualidades,
las mismas que hoy vemos como algo normal y fácil. Una de
las puertas que dejó entreabierta fue la de la izquierda,
por su militancia en el Partido Comunista del que, se rumora, fue
expulsado en alguna ocasión, pero donde dejó grandes
amigos y amigas que hoy son nuestros colaboradores. Zuleta llenó
de contenido las maneras de abordar el cuerpo y estableció,
desde esa otreidad, reflexiones sobre la lucha de clases, la alineación,
la defensa de los trabajadores, las juventudes y las ciudades. Asuntos
de los que solo se puede hablar cuando se sienten estos temas sobre
el cuerpo mismo y en la accidentada interrelación con el
de otro ser humano. Quizás también por eso, se intuye
en los escritos de León Zuleta, una gran soledad. Posible
causa de su adicción al licor. Aunque las soledades suelen
ser un lugar común para los intelectuales que llevan el pensamiento
a su esencia, y que se sienten sin pares para el discurso y la acción,
especialmente en una población homosexual, para la época,
llena de temores.
Quizás
también por la falta o escasez de pares entre las homosexualidades,
fue que su lucha estuvo más del lado del movimiento feminista.
Los movimientos de mujeres (10)reconocen en León Zuleta un
cómplice fundamental para su proceso de emancipación
en Colombia, por la manera como llenó de contenidos el sentido
del cuerpo, de la sexualidad y del erotismo como elementos y fundamentos
de la lucha política y de la defensa de los derechos humanos.
Hoy
con otros ojos y otras vivencias, con un camino recorrido, veo en
los escritos de este personaje, importantes insumos y argumentos
para el posicionamiento de las homosexualidades como parte de una
acción constante de resistencias(11) populares en pro de
la identidad, en todas sus acepciones, en América Latina.
Nuestras luchas y logros siempre volverán en sus referentes
a León Zuleta, quien, como una aparente rueda suelta, y a
propósito del texto de Walt Whitman, le cumplió a
la vida y nos allanó el camino a las homosexualidades. Mi
participación electoral no es más que una huella,
sobre las huellas de León. Huellas sobre las que otros y
otras recorrerán los caminos.
|