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Los Mouros y el libro de San Cipriano

El Libro de San Cipriano es un auténtico grimorio, es decir, un libro de rituales mágicos, de invocaciones, de pactos con el demonio, de búsquedas de tesoros encantados y demás zarandajas, que circuló de mano en mano por diversas regiones españolas, principalmente en ediciones en portugués y castellano. Su historia ha sido magníficamente estudiada por Vicente Risco, que lo entronca con la épica europea llegada hasta nosotros por el Camino de Santiago. Su tradición -siguiendo a Risco- podría surgir de la Crónica del Arzobispo Turpin en cuyo capítulo IV indica la idea clásica de los libros de desencantos: que bajo los castros, mamoas, castillos en ruinas, etc., hay tesoros ocultos dejados por los «moros», entendiendo esta palabra como habitantes de una raza antigua y, por lo tanto, legendaria.

Las referencias orales que se hacen a este libro de «esconxuros» y desencantamientos son muy numerosas por el habitante castreño, lo cual revela la creencia en su poder mágico, aunque los relatos que nos han llegado sobre su utilización están plagados de fracasos por no cumplir adecuadamente con el ritual, como ocurrió en el castro de Elviña (La Coruña),donde todos los vecinos de Bisbarra sabían que allí se aparecían unos «mouros» que daban muchas onzas de oro a aquellos que les llevaban ganado, leche o manteca, hasta que un buen día un rapaz de Someso y su amigo fueron con el Libro de San Cibrao debajo del brazo a buscar un tesoro mayor. En el momento preciso de empezar su lectura, se trabucaron y de la tierra se levantó un engendro --que nunca supieron qué era- con un viento y una fuerza extraña que les llevó por el aire a más de 600 metros del castro, dejándolos en medio de un prado, con los huesos molidos y sin ganas de repetir la experiencia.

Un ejemplar del Ciprianillo, editado a principios de este siglo o a finales del xix, dedica un capítulo al desencanto de thesouros, el cual contiene los siguientes apartados:

1) Triángulo o dibujo que e debe trazar en el suelo, en el que deben introducirse los desencantadores de tesoros para evitar males mayores.

2)  Oraciones y letanlas de los santos, pronunciadas en latín macarrónico, para desencantar el tesouro, rezadas con devoción y de rodillas a ser posible.

3)  Una segunda oración de desconjuro, también en latín, pero muy mezclada con portugués.

4)  Por último, se incluye un roteiro de tesouros en el que se indican 148 lugares de Galicia, ni uno más y ni uno menos, en los cuales existen tesoros encantados, generalmente indicados con topónimos muy genéricos, inespecíficos y corrientes, como castro, fonte de..., etcétera, para que sea dificil, si no imposible, su localización, sólo reservada a grandes conocedores de sus misterios.

 

La utilización del Ciprianillo para desencantar tesoros exige su adecuado manejo. Asi, conviene leer y «desicer» con agilidad el texto de las oraciones, pues si se comete un error en la lectura el tesoro no se desencanta ni a la de tres. Además del Ciprianillo y de los consejos de meigas o cregos (curas), el humano intrépido puede desencantar a los mismisimos seres llamados mouros, mouras, donas, encantos, gnomos... y sus tesouros respectivos, acertando con la fórmula y el procedimiento adecuado.

Quien acceda a este «libro secreto» tendrá la oportunidad de hacer que los encantos que existen en los castros traigan prestos los tesoros que guardan y que fueron escondidos, entre otros, por la legendaria raza de los mouros. Jesús Rodríguez López, al que ya hemos hecho alusión, manifiesta, en su obra Supersticiones de Galicia y preocupaciones vulgares (1895), que varias personas le aseguraron que el libro era real y que la autoridad eclesiástica habla condenado más de una vez a sacerdotes y clérigos que se prestaban a leerlo revestidos de estola. Este autor nos transmite una curiosa creencia que consiste en suponer que para que el encanto traiga el tesoro deseado, hay que buscar también la hierba «da cabra», la cual, para saber si es auténtica, al depositarla en el agua debe ir contra corriente. Sobre este extraño hierbajo, conocido también como «hierba mágica de San Cipriano», se dicen bastantes barbaridades, como que para buscarla hay que ir a un nido de golondrinas y coger

los huevos sin que el pájaro lo note. Una vez cocidos, se vuelven a poner de nuevo en el nido, y cuando la golondrina, al pasar los días, comprueba desesperada que tardan en salir los polluelos, se, dirigirá a un lugar desconocido a buscar esta hierba para cubrirlos con ella y tratar de reanimarlos. Ése es el momento de capturarla, para desconsuelo de la golondrina, que se queda compuesta y sin hierba que llevarse al nido.

El cura, la persona más óptima para leer las estrofas rituales precisamente por el carácter sagrado que representa, debe de tener además mucho

valor y sangre fría, ya que cuando salga el culebrón -o lo que sea- que custodia el tesoro, no debe dejar de leer el libro, ni intentar huir –que sena lo lógico- si no quiere quedarse él y todos sus acompañantes allí presos para siempre como unos pardillos más a engrosar la lista de los seres encantados, «per sécula seculórum».

Los magos y ocultistas aún invocan a los gnomos para obtener su ayuda en la búsqueda de tesoros. Cuando lo hacen, se protegen antes trazando a su alrededor un circulo mágico (el famoso círculo de Salomón o similar), y con la cara hacia el norte recitan en voz alta la llamada «oración de los gnomos» que no queremos reproducir en su totalidad por si algún incauto se le ocurre ponerla en práctica. La oración termina con esta frase:

Tú, que llevas el cielo en tu dedo como una sortija de zafiros; tú, que

ocultas bajo la tierra, en el reinado de las pedrerías, la esencia maravillosa

de las estrellas, vive, reina y sé el eterno dispensador de las riquezas que

nos has hecho guardianes. Así sea.

 

Una vez recitada la oración completa de forma correcta, dicen los antiguos grimorios que se aparecen uno o varios gnomos y es entonces cuando hay que decirles lo que se espera de él o de ellos. Normalmente se solicita información sobre la ubicación de algún tesoro oculto o sobre algún poderoso secreto de la naturaleza.



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