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Como hemos ido viendo, debido a la figura tan particular que tienen algunos seres de la naturaleza, con la llegada del cristianismo el vulgo los identificó con entidades demoniacas sin serio. ¿Es el diablo en realidad? Se pregunta Constantino Cabal, y él mismo se responde: el demonio guardián de tesoros, el enano, el gnomo, el lutín, el hada, el incubo... todos son, en verdad, uno y lo mismo: muertos o almas en pena.

Parece cierto que todos ellos serían habitantes del astral o seres extradimensionales, pero no estamos de acuerdo en cuanto a identificarlos en una misma categoría, pues, por desgracia, las cosas no son tan sencillas, aunque su forma de proceder ante los humanos sea muy parecida. Tal vez esta confusión es deliberada por parte de estas entidades, y lo que pretenden, precisamente, es camuflarse (además de transformarse) en una amalgama de seres, con lo cual se consiguen dos claros objetivos: pasar más fácilmente desapercibidos, lo que, ante la dificultad de seguirles el rastro, da pie a que surgan leyendas increíbles sobre ellos, eludiendo, en todo caso, la prueba definitiva sobre su existencia. Pero no nos desviemos.

Y la verdad de todo esto es que algunos seres sobrenaturales nunca escarmientan en su trato con los humanos, y viceversa.

 

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