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Mientras que la ecología se centra en las relaciones existentes entre el medio ambiente y los seres vivos, la economía constituye la forma que tiene un ser vivo, el ser humano, de obtener su sustento a partir de los recursos naturales. Por tanto, más allá de tener una misma raíz griega (oikós = casa), existen estrechas relaciones entre la ecología y la economía, por lo que se puede concluir que ambas se afectan recíprocamente. Por esta razón, la despreocupación del sistema económico imperante hoy en día hacia el medio ambiente afecta de forma muy negativa a la ecología, que a su vez repercute en la economía y en la vida de todos los seres humanos. Es patente que la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas naturales no interesa al capitalismo liberal pues éste se basa en la búsqueda de los máximos beneficios productivos menospreciando los costes de producción tanto ecológicos como sociales. No obstante, los gritos de denuncia ante la destrucción de los ecosistemas y la cada vez mayor concienciación de la población de los problemas ecológicos han hecho que la ecología esté de moda, por lo que hay quienes pretenden reverdecer al capitalismo liberal creyendo en la viabilidad de este sistema económico para vivir en armonía con la naturaleza.
Sin embargo, resulta fundado pensar que el capitalismo liberal no es una economía ecológica. Una economía ecológica debería ser asumida por todos los miembros de la sociedad participando activamente en la organización de la misma. Sólo una cultura ecológica popular puede hacer superar los innumerables problemas ecológicos planteados hoy en día, por lo que es necesario difundir los problemas medioambientales y crear tal cultura. La conservación de la naturaleza debe empezar desde nosotros mismos, desde la economía del hogar. Aunque el sistema político y económico imperante nos limita y nos condiciona, somos libres de crear nuevas formas de vida más libres, justas y ecológicas. Los intereses ecológicos, que todo ser humano que se preocupe de su futuro y sea solidario con sus congéneres debería tener, deben ser, pues, defendidos por todos los seres humanos. Ninguna vanguardia o élite, como los partidos verdes, las "empresas ecológicas" o las organizaciones ecologistas elitistas, podrá preservar el medio ambiente si va en contra de los intereses populares. La defensa del medio ambiente, como la política o la economía, nos concierne a todos, que como individuos sociales libres hemos de colaborar en esa labor. No obstante, si bien esa labor es cuestión de todos los habitantes del planeta, no hay que olvidar que los problemas ecológicos han sido causados principalmente por la adopción de un sistema económico voraz: el capitalismo liberal.
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