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Bertolt Brecht sostenía que "el único objetivo de la Ciencia es aliviar las fatigas de la existencia humana" y añadía:. "Si los científicos, intimidados por los poderosos egoístas, se contentan con acumular Ciencia por la Ciencia misma, se la mutilará"(1). Si aceptamos esta visión social de la Ciencia, se podría señalar que la Historia se está mutilando al rehuir de un compromiso social que la daría una importante razón de ser. De ahí que no sea raro el escaso prestigio social que, en general, tienen la Historia y los historiadores. La renuncia de los historiadores al compromiso social apuntado por Bertolt Brecht, a menudo argüida en aras de una pretendida mayor objetividad, se ve acompañada de un compromiso elitista o sectario, patente, por ejemplo, en la participación de los historiadores en conmemoraciones con un claro contenido político. Así, aceptar o no rechazar la celebración del V Centenario es ponerse del lado de los conquistadores, obviando las dramáticas consecuencias históricas que la conquista de América tuvo sobre los pueblos conquistados y que aún hoy perduran. Un ejemplo significativo de la actualidad de las consecuencias de la conquista es el mantenimiento del término indio para denominar a la población existente en América antes de la llegada de Cristóbal Colón, término que empleó Colón creyendo que había llegado a las Indias. Los historiadores, si quieren ser científicos y servir a la sociedad, no deben celebrar los hechos históricos (sí reflexionar o llamar la atención sobre los mismos) y deben alertar a la sociedad de toda manipulación histórica. También deben reconocer los prejuicios de los que parten, reconociendo con humildad que nunca podrán ser objetivos, aunque deban intentar acercarse al pasado lo más libre de prejuicios y valoraciones. Después de realizada la investigación histórica hay que presentarla a la sociedad para que saque sus propias conclusiones.
La utilidad y la mayor subjetividad de la Historia como disciplina científica se debe, según mi opinión, al ser una genealogía de la actual sociedad humana realizada desde el propio presente (2). Su utilidad como genealogía del presente es manifiesta cuando intenta explicar por qué la sociedad presente es como es o cuando sirve para justificar situaciones, acciones o ideas actuales. En este último caso también queda patente la subjetividad e ideologización en la que puede caer. Subjetividad intrínseca a toda investigación (no sólo histórica), ya que todo investigador es un sujeto que establece una relación dialéctica con su objeto de investigación proyectando sus prejuicios vitales, culturales, científicos,... Por tanto, es imposible la total descontextualización de un historiador de su propio presente, pero sí se puede obviar su carácter de genealogía del presente, separando el objeto de estudio del presente. Mediante esta operación se pretende eliminar las valoraciones realizadas por el historiador, sin embargo esto no se consigue ya que desde un principio el historiador valora las fuentes documentales o utiliza un lenguaje propio. Por otra parte, la separación del objeto de estudio con la situación y los problemas del presente merma la utilidad de la Historia al ignorarse las herencias del pasado y "lo que podría sugerir sobre el funcionamiento y la conducta de las estructuras institucionales que permanecen intactas"(3). Esta desconexión del presente con el pasado es promovida por los que quieren eliminar los "fantasmas" del pasado en aras de un pretendido futuro distinto. Sin embargo, ese futuro irremediablemente ha de tener sombras del pasado, especialmente cuando se trata de olvidarle.
En conclusión, una de las preguntas más importantes y acuciantes que los historiadores deben plantearse es aquella que hace referencia a la utilidad de la Historia, pregunta que se haya unida a la responsabilidad social que todo ser humano debe tener a causa del carácter social de la especie humana. La utilidad social de la Historia es y ha sido muy diversa (creación de identidades, justificación del presente,...). Yo me inclino por una Historia que sirva para liberar a los seres humanos de la explotación y opresión actuales a favor de la libertad responsable, lo que no tiene por qué implicar una exacerbación de las valoraciones, sino que puede potenciar, si bien no la objetividad plena, una saludable sinceridad y ansia por liberarse de prejuicios a la hora de acercarse al pasado.
NOTAS:
1: Bertolt Brecht, Teatro Completo 7: Vida de Galileo. Madre Coraje y sus hijos, Madrid, Alianza, 1995, pag. 120. 2: Parto de las ideas expuestas por Josep Fontana, Historia: Análisis del pasado y proyecto social, Barcelona, Crítica, 1982, pag. 9-13. 3: Noam Chomsky, Autodeterminación y Nuevo Orden. Los casos de Timor y Palestina, Tafalla, Txalaparta, 1998, pag. 22.
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