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LA LIBERTAD SOLIDARIA:
LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN.

JESÚS BARTOLOMÉ

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  1. INTRODUCCIÓN.

Como ya señaló Marc Bloch, es evidente que el pasado es inmutable, sin embargo el conocimiento del pasado se transforma ya que es, en cierta medida, subjetivo (depende de la investigación, los planteamientos, la selección de los hechos históricos,...) (1). Por esta razón, la visión de los aspectos políticos y económicos de los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII en España que a continuación pretendo realizar, no es más que un reflejo de las actuales corrientes de investigación y de mi propia concepción de estos aspectos.

En el libro El desafío de la modernidad Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox  tratan de ver cómo España respondió a lo que llaman "el desafío de la modernidad", es decir, tratan de estudiar hasta qué punto se ha desarrollado en España el sistema liberal político-económico (2), lo cual es interesante investigar ya que es el sistema actual en el que vivimos. Desde este enfoque tartaremos de revisar los aspectos políticos y económicos de los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII en España.

2. .

Partiendo de la idea del "desafío de la modernidad", actualmente se cuestionan las tesis que consideraban que, al menos en el siglo XIX, se produjo un fracaso de la revolución liberal en España (3). En este sentido hay que pensar que si la revolución liberal hubiera fracasado en España, nuestra situación actual sería bien diferente. A este respecto, se pueden señalar toda una serie de hitos en la construcción en España del sistema liberal **. Por tanto, no se puede hablar de fracaso, pero tampoco se deben obviar las dificultades y las limitaciones que tuvo la revolución liberal en España y en otros países europeos, debido a la resistencia que ofrecieron los elementos del Antiguo Régimen.

La transformación social no fue radical (4), pero se pasó de una jerarquización social según las funciones realizadas a otra de acuerdo a las riquezas, es decir, se pasó de una sociedad estamental a una sociedad de clases.

La transformación económica basada en la industrialización fue muy lenta, pero bastante constante y progresiva, siendo similar a la de otros países mediterráneos.

Por último, en el ámbito político hay que señalar las diferencias existentes entre los primigenios principios teóricos del liberalismo y la posterior práctica del liberalismo, en la que la libertad y la justicia tuvieron importantes limitaciones. Esto fue debido en gran parte a que tras la Revolución Francesa los teóricos del liberalismo moderaron los principios liberales. Los liberales intentaron pactar con los antiguos gobernantes y llegaron a hacerse con el gobierno. Por tanto, se fueron pervirtiendo los ideales liberales clásicos, lo que en cierto modo se puede considerar un fracaso político de la revolución liberal, aunque desde esta perspectiva el fracaso sería general y no particular de España. No obstante, los gobiernos liberales (incluidos los de España) defendieron las libertades individuales y la igualdad entre los individuos, al menos teóricamente. La transformación de los gobiernos liberales en gobiernos democráticos supuso un paso adelante en la consecución de los principios liberales. En esta línea, profundizar la democracia hasta hacerla auténtica es el reto al que nos enfrentamos hoy en día.

EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN

Juan Pablo Fusi considera que la Restauración fue una continuación conservadora del Sexenio Democrático, lo que me parece que nos dice poco acerca de la Restauración. En sí esa tesis me parece en cierta medida contradictoria ya que el Sexenio Democrático se caracteriza por su carácter progresista, por lo que el conservadurismo propio de la Restauración anularía su esencia. Así, la soberanía nacional (sufragio universal masculino) propia del Sexenio Democrático se convirtió en soberanía restringida (sufragio censitario) durante los primeros años de la Restauración , por lo que pienso que es preferible hablar de ruptura: de ahí que tradicionalmente se hayan diferenciado las dos etapas. No obstante, es evidente que no se pueden suprimir los efectos de los hechos pasados y que siempre hay permanencias de etapas anteriores, especialmente en la vida de la sociedad civil.   

"Tengo la convicción profunda de que las desigualdades proceden de Dios, que son propias de nuestra naturaleza y creo, supuesta esta diferencia, en la actividad, en la inteligencia y hasta en la moralidad, que las minorías inteligentes gobernarán siempre el mundo"(5). Unas ideas como estas, que proceden de Antonio Cánovas del Castillo, están más próximas a las del Antiguo Régimen que a las de un Régimen Liberal. Partiendo de estas ideas, Antonio Cánovas del Castillo creó un sistema de gobierno controlado por una élite supuestamente "intelectual". Este sistema fue implantado en España al restaurarse en 1874 la monarquía en la persona de Alfonso XII. El nuevo régimen fue impuesto por una élite, encabezada por Antonio Cánovas del Castillo, siendo patente esa imposición al instaurarse el nuevo régimen tras el golpe de Estado contra el gobierno legítimo de la I República protagonizado por *****el general Arsenio Martínez Campos, y tras amordazar la prensa, anular el derecho de reunión,... De esta forma, el nuevo régimen nació sin ser representativo de los intereses de la mayoría de la población española, aunque supuestamente refrendado a través de las elecciones por sufragio universal masculino de unas Cortes Constituyentes.

La Constitución de 1876 recoge los principios del régimen ideado por Antonio Cánovas del Castillo, que apeló a la "constitución interna" para defender el gobierno monárquico (6). Esta Constitución, que fue aprobada en 1876 en las primeras elecciones de la Restauración (en las que estuvieron presentes acciones fraudulentas), fortaleció los poderes del rey; recogió el principio de la soberanía compartida; proclamó como religión oficial del Estado a la católica, permitiendo la libertad de culto; y, en principio, mantuvo un amplio régimen de libertades (7). La Constitución de 1876 se caracteriza por su falta de concreción en muchos aspectos, lo que supone la supeditación de la Constitución a las leyes ordinarias. Esto provocó en numerosas ocasiones que se anularan los principios constitucionales sin modificarse la Constitución. Este aspecto creo que fue fundamental para dar estabilidad al nuevo régimen, al permitir la alternancia pacífica en el gobierno entre los conservadores y los liberales, lo que alejó al ejército de tener un papel decisivo en el cambio de gobierno. Se puede considerar que este fue el gran éxito de la Restauración, que permitió la consolidación de un régimen parlamentario, a pesar de sus limitaciones.

El temor a la democracia se halla recogido en esta frase de Antonio Cánovas del Castillo: "Escójase, pues, entre la falsificación permanente del sufragio universal o su supresión, si no se quiere tener que elegir entre la existencia y la desaparición de la propiedad"(8). Este temor a la democracia, tan común a finales del siglo XIX, refleja el nulo deseo de representatividad por parte de las élites gobernantes, que se traduce en la escasa representatividad, en general, de la población española en el sistema de la Restauración. En este sentido, se puede señalar que el sistema de la Restauración era representativo de las élites y oligarquías, pero no del mayoritario pueblo trabajador. Así, tanto el origen como la práctica de la representación, entendida como la actuación de alguien en nombre de otro, fue muy limitada. De esta forma se produjo un distanciamiento entre el gobierno y la realidad social, lo que hizo que el régimen de la Restauración se sustentara sobre una oligarquía. La representatividad de la mayoría de la población sólo se consiguió principalmente en la medida en la que ésta ejerció presión sobre el poder.

El origen de la representación era manipulado, y por tanto transformado, desde el poder; es decir, los gobiernos se diseñaban y, en cierta medida, se construían desde el poder.

Juan Pablo Fusi señala que "los gobiernos "fabricaban" las elecciones y conseguían las mayorías que necesitaban"(9). De esta forma, a través de los gobernadores civiles (representantes del gobierno), que presionaban a los alcaldes (que elaboraban los censos electorales y presidían las elecciones), se podían. Además, como el gobierno tenía mayoría en el Congreso de los Diputados y este tenía que aceptar las actas electorales, sólo se aceptaban las que interesaban al gobierno. En este sentido, el testimonio de Vicente Almirall es relevante: "Que el sufragio sea universal o restringido, no hay jamás más que un solo elector: el ministro de la Gobernación. Éste, con sus gobernadores de provincias y el innumerable ejército de empleados públicos de todas las categorías, sin excluir a los grandes dignatarios de la magistratura y de la Universidad, prepara, ejecuta y consume las elecciones de todas clases desde el fondo de su gabinete... (...) La "Partida de la Porra" resolvía todas las dificultades manejando el garrote o el cuchillo, y hasta el fusil o el revólver. Desde entonces, lo grotesco llegó hasta el extremo de instalar los colegios electorales en el círculo perteneciente al partido dominante (...) Más de una vez, las urnas han sido secuestradas por la policía antes del escrutinio, y transportadas a casa del gobernador, a fin de sacar un resultado favorable al candidato ministerial"(10).

A la manipulación desde el gobierno podemos añadir el poder de los notables locales o caciques, que se convirtieron en mediadores entre la comunidad local, que controlaban, y el poder central. Los caciques basaron su poder, principalmente, en su riqueza económica y en las redes clientelares. El caciquismo no fue exclusivo de España, aunque en España tuvo mayor persistencia.

La aprobación del sufragio universal masculino en 1890 no mejoró la representatividad del sistema, pues aunque en las grandes ciudades (como Madrid y Barcelona) fue más difícil el control electoral (lo que permitió la elección de republicanos, nacionalistas y socialistas), en el mayoritario ámbito rural aumentó la corrupción y la violencia y no fomentó la creación de una opinión propia, a causa de la dependencia de los caciques por parte de la mayoría de la población. La evidencia de la no mejora de la representatividad con la introducción del sufragio universal masculino se halla en que los resultados electorales siguieron siendo tan favorables para el partido que organizaba las elecciones como antes (11).

A pesar de todo lo señalado, no se puede negar un cierto componente de opinión en el comportamiento electoral que sería interesante que se intentara estudiar, poniendo en contacto la sociedad con la opinión política. No obstante, no se puede intentar negar la manipulación de las elecciones y lo que ello implica, pues hasta los gobernantes reconocían sus "vicios" electorales (12).

Por otra parte, en la práctica la representación era escasa, pues el poder tanto en el ámbito local como central estaba controlado por oligarquías que defendieron sus propios intereses. Las oligarquías del ámbito local, ya fueran aristocráticas o mesocráticas (13), buscaron más su propio beneficio que el de la comunidad: "Hubo un último beneficiado que fue la comunidad local representada, en cuanto que recibió favores, apoyos y defensas o frente al poder central y legitimó de esta forma su participación en la cosa pública, aunque hay que reconocer que en este caso lo que recibió la sociedad fueron únicamente las migajas del banquete y que dentro de ella se orientaron preferentemente a las capas medias y alta"(14). Las oligarquías del ámbito central a pesar de tener diferentes perspectivas, tuvieron unos intereses propios comunes (defensa de la estructura de poder existente y de los principios del capitalismo liberal; mantenimiento del orden social; y deseo de modernizar España).

Debido a la escasa representatividad existente, para defender el régimen de la Restauración fue necesaria la desactivación política de la población (aunque creo que Juan Pablo Fusi exagera cuando habla de escasa oposición al sistema) y fue necesario un importante aparato represivo y militar. En este sentido, no está de más señalar que la defensa del orden público quedó en manos del Ejército y de la Guardia Civil militarizada. Además, cualquier delito cometido contra el Ejército o la Guardia Civil, incluidos los de opinión, pasó a ser competencia de la férrea jurisdicción militar, lo que sin duda supone una intromisión de los militares en la vida civil.

En el artículo Parlamento, Sistema de Partidos y crisis de gobierno en la etapa final de la Restauración (1914-1923) escrito por Luis Arranz y Mercedes Cabrera se defiende que el régimen de la Restauración pudo evitar la dictadura y pudo evolucionar hacia un régimen democrático (15). Pero no lo hizo, que es lo importante. Efectivamente, existe una tendencia actual que defiende que los hechos históricos son evitables, pero ¿hasta qué punto? Es evidente que no se puede defender el determinismo, pero tampoco el indeterminismo: el régimen de la Restauración tenía elementos en sí mismo (al basarse en la soberanía compartida y no en la soberanía nacional) que dificultaban grandemente su transformación en un sistema democrático.  En cualquier caso, hay que reconocer que Antonio Maura pretendió hacer real el sufragio universal (16) y que la crisis de los partidos dinásticos permitió un mayor protagonismo e independencia de los parlamentarios, aunque no hay que olvidarse de la crisis de eficacia del Parlamento, ni de la oposición al mismo, ni de la importante intervención de la Corona. Por otra parte, el artículo al que nos referimos enmarca el caso español dentro del marco de los países europeos, en los que tampoco fue fácil el tránsito hacia a la democracia.

A la Guerra de Cuba se le ha dado importancia por suponerse que puso fin al Imperio español, sin embargo el fin del Imperio español, no así del colonialismo, se produjo realmente en el primer cuarto del siglo XIX. No obstante, creo que la Guerra de Cuba fue importante por otros motivos. Así, en ella murieron entre 55.000 y 60.000 soldados, la mayoría reclutados entre los grupos sociales más pobres a causa del sistema de reclutamiento de redención en metálico. Por otra parte, la destrucción de la armada española en Cavite generó alborotos en Madrid y provocó manifestaciones de protesta en Valencia, Sevilla, Bilbao,... Sin embargo, la protesta social no se debió a la pérdida de las colonias, pues, como señaló Miguel de Unamuno, el pueblo miraba "con soberana indiferencia la pérdida de las colonias nacionales, cuya posesión no influía en lo más mínimo en la felicidad o en la desgracia de la vida de sus hijos" (17). La protesta social se debió al elevado número de víctimas que provocó aquella guerra. Además, la derrota generó rumores de intentos de golpe de Estado, destacando la actuación del general Polavieja. Por último, se debe señalar las importantes consecuencias que generó al provocar que numerosos intelectuales cuestionaran el régimen de la Restauración. En este sentido, se deben señalar la actitud de los literatos que formaron la generación del 98 y la actitud de los llamados regeneracionistas, entre los que destaca Joaquín Costa. Los regeneracionistas, que deseaban "regenerar" España, perfilaron un nacionalismo españolista y la necesidad de un dictador ilustrado ("cirujano de hierro").

3. EL SISTEMA ECONÓMICO.

Dentro del ámbito económico hay que señalar que durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII se produjo un lento crecimiento económico que fue acompañado de un aumento del peso de la industria y un descenso de la importancia del sector primario, aunque siguió teniendo gran peso. No obstante, el gran peso de la agricultura en la economía española tuvo su aspecto positivo al ayudar a mitigar las crisis industriales. El proteccionismo de productos no competitivos caracterizó a la economía española de este periodo. En comparación con otros países desarrollados, España acortó diferencias, pero se mantuvo alejada del nivel de producto por habitante de los países desarrollados. Esto revela que existía una mala distribución de la riqueza, existiendo desequilibrios regionales y falta de equidad en la distribución de la riqueza. 

A la hora de valorar el crecimiento económico hay que tener en cuenta las influencias de los contextos y las ideologías, que pueden hacer que se manipulen el uso de estadísticas (18). Así, ciertamente es interesante señalar, tal y como lo hacen Jordi Nadal y Carles Sudriá, la posible conexión existente entre la actual tendencia a despreciar el atraso económico español y la pertenencia de España a la Unión Económica Europea. En el mismo sentido, desde la actual óptica neoliberal es evidente, según Jordi Nadal, que el proteccionismo que practicó España durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII  fue negativo al no favorecer los sectores económicos más competitivos y al aislar la economía del país proteccionista del competitivo mercado mundial. No obstante, hay que recordar que las políticas proteccionistas fueron habituales en aquella época y que la competencia favorece a los que tienen mayor capital y pueden competir y no a los que carecen de capital suficiente para competir. La política proteccionista que adoptó España se puede explicar teniendo en cuenta el peligro que podía suponer dejar ciertos productos estratégicos como los cereales y el carbón en manos de abastecedores extranjeros, que conducirían a una dependencia de España, que prácticamente carecía de productos competitivos. España si quería entrar en el mercado mundial necesitaba potenciar sectores dinámicos, pero no podía subvencionar esos sectores debido a las dificultades financieras que tenía. De ahí que no fuera fácil adoptar una política no proteccionista.

Respecto al desarrollo de la agricultura de cereales hay que señalar la diferencia existente entre las tesis tradicionales de Jordi Palafox (19) y las nuevas tesis del Grupo de Estudios de Historia Rural (20): mientras que el primero no observa transformaciones en la agricultura durante este periodo y la ve como un lastre para el avance de la industria, los segundos defienden que la agricultura creció, superando su crecimiento en intensidad al de la industria y los servicios, y se convirtió en un mercado prometedor para la industria. Las tesis del Grupo de Estudios de Historia Rural me parecen más convincentes y mejor desarrolladas que las de Jordi Palafox, aunque tampoco se puede exagerar el crecimiento agrícola español tal y como señala Francisco Comín (21). Según el Grupo de Estudios de Historia Rural, la producción agrícola creció primero extensivamente y después intensivamente al reducirse los barbechos y al aumentarse los rendimientos gracias al aumento del consumo de abonos y al empleo mayor de maquinaria agrícola (especialmente se usó el arado de vertedera). Respecto a otros productos agrícolas más pujantes (tales como el vino, el aceite o la naranja), se puede señalar que tuvieron un papel positivo en el desarrollo agrícola. De esta forma, la agricultura española acortó distancias con las de otros países, a pesar de partir de uno niveles muy bajos. Falta por explicar la mala distribución de la riqueza, en la que el régimen de propiedad de la tierra no me parece irrelevante, y la existencia de conflictos rurales, en los que la pobreza debió a ser un factor a tener en cuenta, pero también la lucha por unas ideas. En este sentido recordemos esta significativa frase de la anarquista Soledad Gustavo: "Las revoluciones no son hijas del estómago, son hijas del pensamiento"(22).

En cuanto al desarrollo industrial, Jordi Nadal basándose en los datos del cobro de la "contribución industrial y de comercio" (que no son del todo fiables por la posibilidad del fraude), señala la importancia de los sectores industriales relacionados con los productos necesarios, poniéndonos en contacto con el consumo cotidiano (23). Así, por un lado estudia las industrias alimenticias (basadas en la molturación, destilación, conservación y mezcla) y por otro las industrias textiles (algodonera, cañamera-linera, lanera-estambrera y sedera), entre las que destaca la decadencia de la industria cañamera-linera y el éxito de la industria lanera. Por otra parte, se puede señalar el intento de evaluar todas las industrias en todas las regiones, estudiándose no sólo la industria siderúrgica vizcaína y de la industria algodonera catalana, en las que se suelen centrar los estudios sobre "la industria española". Así, en cuanto a un balance general de la industrialización según las regiones destaca la importancia de Cataluña y en menor medida de Valencia.

Respecto a la economía española durante el periodo de entreguerras
(24) hay que señalar su crecimiento y similitud con la evolución de la economía mundial, al mismo tiempo que resaltar frente a las tesis tradicionales que el sector privado tuvo mayor importancia en la economía española que la acción del Estado (proteccionismo, corporativismo,...), que fue inferior a la experimentada en otros países. La agricultura se modernizó, aunque someramente, mientras que la industria y los servicios ganaron importancia. El comercio exterior favoreció el desarrollo económico en la década de 1920, mientras que la crisis mundial de la década de 1930 perjudicó a la economía española. No obstante, respecto a la distribución de la renta hay que señalar que fue mayor durante la II República que durante la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, favoreciendo la primera a los asalariados y la segunda a los empresarios.

En
conclusión, durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII se profundizó en España la implantación del sistema liberal, especialmente en el ámbito económico. No obstante, no se deben olvidar las numerosas limitaciones que hubo, principalmente en el ámbito político.

NOTAS.


1: La idea de que el pasado es inmutable mientras que la Historia (en el sentido de disciplina y conocimiento historiográfico) cambia es recogida por Marc Bloch en su conocido libro Apologie pour l´Historie ou Métier d´historien.
2: Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox, El desafío de la modernidad, Madrid, Espasa, 1997, pag. 13.
3: La puesta en duda del fracaso de la revolución liberal es recogida en el artículo de María Esther Martínez
Del Antiguo Régimen al Régimen Liberal. En torno al supuesto del "fracaso" de la Revolución Liberal en A. Morales Moya y M Esteban de la Vega (ed.), La Historia Contemporánea de España, Salamanca, 1996.
4: En este sentido, se puede señalar que la sociedad mantuvo durante el siglo XIX su predominante carácter rural, a pesar de la incipiente industrialización. Por otra parte, hay que destacar la conservación de la riqueza y del prestigio social por parte de numerosos nobles (incluso algunas casas nobiliarias, como las de Alba o Medinaceli, acrecentaron su patrimonio rural), aunque hay que reconocer que la revolución liberal hizo necesario una adaptación de los nobles a las nuevas circunstancias y afectó en gran medida a los pequeños nobles. El clero se vio muy afectado económicamente y numéricamente por la revolución liberal, sin embargo mantuvo un destacado control sobre la opinión popular y siguió teniendo gran importancia en la educación. Por último, respecto al grupo social al que se le considera artífice de la revolución liberal, la burguesía, hay que señalar su relativa poca importancia numérica, siendo un grupo con escasa fuerza e influenciado en gran medida por la mentalidad hidalga. Un análisis social más detallado de estas permanencias puede realizarse a partir del libro de Germán Rueda,
El reinado de Isabel II, Madrid, Historia 16, 1996.
5: Francisco Olaya,
Historia del Movimiento Obrero español (siglo XIX), Madrid, Madre Tierra, 1994, pags. 543-544.
6: Esta apelación a la Constitución interna queda reflejada en un texto de Antonio Cánovas del Castillo del 3 de julio de 1886, recogido en el
Diario de Sesiones. En este texto se aprecia la superioridad otorgada a la Constitución interna no escrita, que defiende el gobierno monárquico, sobre la Constitución escrita.
7: 
Constitución de la Monarquía Española (30 de junio de 1876).
8: Francisco Olaya, ob.cit., pag. 690.
9: Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox, ob.cit., pag. 172.
10: Francisco Olaya, ob. cit.,
pags. 689-690.
11: Sobre la falta de mejora de la representatividad al introducirse el sufragio universal se puede leer el artículo de Carlos Dardé
El sufragio universal en España: causas y efectos, recogido en Anales de la Universidad de Alicante. Historia Contemporánea 7.
12: Al respecto se puede citar el testimonio del diputado conservador Lorenzo Domínguez recogido por Carlos Dardé en el artículo citado: "
¿Nadie niega ya nuestra corrupción y nuestros vicios electorales? Nadie los niega, todos los partidos están conformes y convienen en que son grandes".
13: No comprendo cómo en el libro dirigido por R. Carasa
Élites castellanas de la Restauración: una aproximación histórica se puede decir que "la naturaleza de éstas élites es muy variada y no admite una sola calificación de oligárquica", ya que considero que toda élite, entendida como grupo dominante, es oligárquica.
14: La cita procede del libro dirigido por R. Carasa
Élites castellanas de la Restauración: una aproximación histórica, donde se defiende que las élites no fueron ajenas a su sociedad, lo cual no significa que defendieran los intereses de la misma ni que la beneficiaran. Al respecto, no encuentro sólidos argumentos que defiendan una construcción y práctica del caciquismo de abajo a arriba, sino que más bien creo que hubo una interacción entre los intereses de abajo y los de arriba.
15: Lo cual podría calificarse, pese a lo que señala el artículo citado, de revolución desde arriba, ya que Antonio Maura era un miembro de la élite. Por otra parte, algunos historiadores, como Raymond Carr, consideran que Antonio Maura desestabilizó el sistema al tratar de forzar un cambio. Otros historiadores han señalado las tensiones y contradicciones existentes dentro de la derecha que quería modernizarse. Sobre Antonio Maura he consultado el artículo de María Jesús González
En torno a la recuperación de la Historia Política. Un análisis concreto: el conservadurismo maurista en la Restauración en Germán Rueda (ed.), Doce estudios de historiografía contemporánea.
16: Luis Arranz y Mercedes Cabrera,
Parlamento, sistema de Partidos y crisis de gobierno en la etapa final de la Restauración (1914-1923), en Revista de Estudios política, 1996, nº 93.
17: La cita procede del ensayo de Miguel de Unamuno
La vida es sueño (Reflexiones sobre la regeneración en España).
18: Jordi Nadal y Carles Sudriá,
La controversia en torno al atraso económico español en la segunda mitad del siglo XIX (1860-1913) en Revista de Historia Industrial, 1993, nº 3.
19: Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox, ob.cit., pags. 202-211
.
20: Jesús Sanz,
La agricultura española durante el primer tercio del siglo XX: un sector en transformación en Jordi Nadal y Albert Carreras (comp.), La economía española en el siglo XX. Una perspectiva histórica,  Barcelona, Ariel, 1987.
21: Francisco Comín, La economía española en el periodo de entreguerras (1919-1935) en Jordi Nadal y Albert Carrerras (comp.), ob.cit.
22: José Álvarez Junco,
La ideología política del anarquismo español (1868-1910), Madrid, Siglo XXI, 1991.
23: Jordi Nadal,
La industria fabril española en 1900. Una aproximación  en Jordi Nadal y Albert Carrerras (comp.), ob.cit.
24: Francisco Comín,
La economía española en el periodo de entreguerras (1919-1935) en Jordi Nadal y Albert Carrerras (comp.), ob.cit.