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Según mi opinión, resulta más fácil acercarse al pasado desde nuestras propias valoraciones presentes que aproximarnos al pasado lo más objetivamente posible. Sin embargo, si seguimos la primera opción fácilmente manipularemos y transformaremos el pasado, convirtiendo en realidad lo que no lo fue. Por tanto, para no deformar la realidad, es necesario buscar la objetividad y evitar nuestras valoraciones. No obstante, sería inocente pensar que podemos estudiar el pasado de forma aséptica, pues, en primer lugar, la propia disponibilidad de unas fuentes históricas y no de otras nos alejan desde el primer momento de un conocimiento objetivo del pasado (1). Por tanto, ya que es imposible acercarse objetivamente al pasado debemos reconocer que nuestras propias concepciones y valoraciones influyen en nuestros análisis históricos y que "el rigor científico pasa en primer lugar por una actitud de honestidad ética"(2). Partiendo de estas bases, en las siguientes líneas pretendo dar una visión de los acontecimientos fundamentales y de los más llamativos para mí ocurridos en España entre 1931 y 1939.
Entre 1900 y 1930 la población española pasó de unos 18´6 a unos 23´5 millones de personas, aumentando la población de los núcleos urbanos (3). Así, en 1930 el 43 % de los españoles vivía en núcleos de más de cien mil habitantes (4). Mientras que en 1900 el predominio de la población agraria era patente (suponía el 63´35 % de la población activa), en 1930 la población agraria seguía siendo mayoritaria (45´51 %), pero era inferior a la población que trabajaba en los sectores secundario (26´51 %) y terciario (27´98%) (5). La renta per cápita pasó de 22.467 a 29.889 entre 1900 y 1930, existiendo también un aumento de los salarios reales, a pesar de que subió el coste de la vida (6). La conflictividad social creció en gran medida entre 1909 y 1920, descendiendo durante la Dictadura de Miguel Primo de Rivera y apreciándose un rebrote de la misma en 1930 (cuando el número de afiliados de los sindicatos UGT y CNT volvió a crecer). La alfabetización de la población aumentó entre 1900 y 1930, existiendo en 1930 un 30´8 % de analfabetos (7). No obstante, a pesar de la extensión de la enseñanza primaria gracias a la actuación estatal y privada (8), la enseñanza superior era muy elitista, pero de calidad. En conclusión, entre 1900 y 1930 España se modernizó y empezó a dejar de ser un país rural, con todo lo que ello significa. No obstante, en 1930 persistían problemas presentes en 1900: una oligarquía presidida por el rey Alfonso XIII controlaba el poder, el ejército mantenía una importante posición en la vida política, la participación política de la población seguía siendo escasa, existían grandes desigualdades sociales, la influencia de la Iglesia en la sociedad era amplia,... Mientras el sistema político era el mismo en 1900 y en 1930, la situación económica, social y cultural se había transformado. En esta situación, y ante el desprestigio del sistema político liberal imperante, se hizo patente la necesidad de un sistema político más acorde con la nueva realidad. En el ámbito internacional occidental, la crisis del sistema político liberal del siglo XIX, producida por "el advenimiento de las masas al pleno poderío social"(9), dio paso a sistemas políticos totalitarios y democráticos. Ambos sistemas permitieron el mantenimiento de gobernantes y gobernados, pues las élites económicas y sociales defendían, y siguen defendiendo, que "las masas, por definición, no pueden ni deben dirigir su propia existencia"(10). En España primero se adoptó un sistema totalitario y después un sistema democrático.
La adopción primero de un sistema totalitario bajo la monarquía de Alfonso XIII condujo en buena medida a la posterior adopción de un sistema democrático sin monarquía. Así, las Cortes Constituyentes de la II República condenaron a Alfonso XIII, cuya implicación en la Dictadura de Miguel Primo de Rivera es fundamental para explicar el rechazo general al que se vio sometido el monarca. Las principales causas del advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera fueron la inestabilidad del sistema parlamentario basado en la Constitución de 1876 y la derrota española en la Guerra de Marruecos, que provocó la muerte de unos 10.000 soldados y fue investigada por el general Picasso (11). Parece muy probable que las responsabilidades políticas de la derrota española en la Guerra de Marruecos implicaban al rey, por lo que la investigación del general Picasso se limitó (12). La Dictadura de Primo de Rivera se inició a partir del golpe de Estado realizado el 13 de septiembre de 1923. Alfonso XIII, que es probable que conociera la conspiración, no impidió el golpe de Estado y, además, encargó formar gobierno al general sublevado. Ante esta actuación, es patente la implicación de Alfonso XIII en el establecimiento de la Dictadura de Primo de Rivera, que según se decía sólo duraría unas semanas. Semanas que derivaron en más de seis años y condujeron de un Directorio Militar a un Directorio Civil, que intentó consolidar el régimen dictatorial, aunque no lo logró. Juan Pablo Fusi, que mantiene un espíritu regeneracionista, trata con cierta simpatía la Dictadura de Primo de Rivera, a la que prefiere denominar regeneracionista en lugar de fascista, destacando sus realizaciones económicas y paternalistas sobre su carácter autoritario (13). Frente a esta visión se puede señalar que aquella dictadura intentó ser una dictadura fascista; sus características así lo avalan (14): negó el liberalismo y el marxismo; creó un Estado nacionalista autoritario; organizó un sistema corporativista (basado en la Organización Corporativa Nacional del Trabajo); buscó territorios exteriores bajo su control (norte de Marruecos); intentó movilizar a las masas a través de la Unión Patriótica (aunque fracasó en este sentido); se sostuvo a través de una institución violenta: el ejército; insistió en el principio masculino (15); exaltó a la juventud y buscó su apoyo a través de la Juventud Patriótica; y se basó en una autocracia liderada por Miguel Primo de Rivera. Además, hay que señalar las relaciones mantenidas entre los regímenes de Miguel Primo de Rivera y Benito Mussolini. Por tanto, se puede defender que la Dictadura de Primo de Rivera pudo consolidarse como un régimen fascista, a semejanza de Portugal, pero no lo logró debido principalmente a la oposición que tuvo por parte de algunos liberales del viejo turno de partidos, los estudiantes de izquierda reunidos en la FUE, un importante sector de los intelectuales, los republicanos, los catalanistas radicales, algunos socialistas (a pesar del colaboracionismo de la UGT) y los anarquistas. Por último, hay que señalar que dentro del ejército también hubo sectores contrarios a Miguel Primo de Rivera y que Alfonso XIII empezó a desconfiar de Miguel Primo de Rivera. Ante esta gran oposición, Miguel Primo de Rivera tuvo que dimitir en 1929. La monarquía de Alfonso XIII fue incapaz de retornar a un régimen parlamentario, lo que provocó un aumento espectacular del republicanismo. Ante la caída de Miguel Primo de Rivera, algunos apoyaron la "candidatura centrista" de Fransec Cambó ("el nuevo Cánovas que la situación requería" (16)), que posteriormente apoyó financieramente a la Junta de Burgos. No obstante, Alfonso XIII encargó formar gobierno al general Dámaso Berenguer, que no quiso volver al sistema parlamentario, lo que favoreció que los liberales, incluso los de derecha, se convirtieran en republicanos. La creciente importancia y organización de los republicanos culminó en el Pacto de San Sebastián (17 de agosto de 1830), firmado por republicanos, radicales, socialistas y catalanistas de izquierda. El apoyo a la solución republicana por parte de destacados sectores del ejército se hizo patente en la sublevación de Jaca (12 de diciembre de 1930). En febrero de 1931 formó gobierno el almirante Juan Bautista Aznar, que convocó elecciones municipales para el 12 de abril.
Las elecciones municipales del 12 de abril se convirtieron en un plebiscito sobre el régimen. A pesar de la manipulación de las elecciones, el triunfo republicano en las ciudades mostró a Alfonso XIII la falta de apoyo popular que tenía, por lo que, aconsejado por el Conde de Romanones, decidió marcharse de España. El clamor popular por la proclamación de la II República se manifestó el 14 de abril en las principales ciudades españolas. En Madrid, las caras eran "de alegría y duda", "en la calle Mayor" había un "ambiente de día de fiesta" (17). Entonces, "todo era posible" (18). La proclamación de la II República trajo consigo, en principio, muchas esperanzas por parte de los grupos populares y obreros. Sin embargo, estas esperanzas se frustraron ante la posterior actuación de los gobiernos republicanos, lo que produjo la pérdida de importantes apoyos a la II República. Frente a estos hechos, la mayoría de los historiadores liberales defienden la tesis de que los gobiernos republicanos fueron incapaces de aplicar sus reformas debido a la radicalidad del conflicto que imprimieron los "extremistas", justificándose así su incapacidad para cumplir sus promesas y solucionar los problemas económicos y sociales del país. Esta incapacidad fue mostrada por el gobierno provisional (cuando la conflictividad de los "extremistas" era mínima), ya que prefirió no realizar reformas importantes, salvo la reforma del ejército, hasta que no se formaran las Cortes Constituyentes. Así, se desaprovecharon tres meses en los que los problemas acuciantes se transformaron en simples cuestiones de orden público.
El 14 de julio se reunieron las Cortes Constituyentes, estando compuestas mayoritariamente por republicanos y socialistas. En agosto se presentó en las Cortes el proyecto constitucional, que fue largamente debatido hasta que el 9 de diciembre fue aprobado en su conjunto. Los problemas planteados durante el largo debate son fundamentales para comprender el dramático final de la II República. La Constitución de 1931 era en teoría bastante democrática, pero tuvo que ir acompañada antes de su promulgación por la Ley de Defensa de la República, que permitía la suspensión de toda clase de garantías y concedía poderes casi absolutos al Ministro de la Gobernación. Esta ley demuestra que la II República, en teoría defensora de las mayorías que la apoyaban (19), buscó su permanencia mediante la fuerza y no mediante el diálogo. Además, la Constitución de 1931 generó nuevos enemigos de la II República, al basarse esta en una constitución que era rechazada por los importantes sectores católicos y de derechas. Estos sectores generaron un importante movimiento revisionista de la Constitución de 1931, que primero se manifestó mediante la crítica y la propaganda contra el texto constitucional y las movilizaciones. A lo largo de esta campaña se emplearon palabras como cruzada anticonstitucionalista, reconquista, fuerza nacional,... La demagogia no fue rara en esta campaña (20). En 1933 los partidarios del movimiento revisionista se hicieron con el gobierno, aunque mantuvieron la Constitución.
Entre diciembre de 1931 y noviembre de 1933 el gobierno de la II República estuvo dominado por las izquierdas (republicanos y socialistas), que llevaron a cabo una importante labor reformista. Las elecciones de noviembre de 1933 dieron paso al gobierno de derechas radical-cedista, que se mantuvo hasta febrero de 1936, cuando triunfaron de nuevo las izquierdas unidas en el Frente Popular. No obstante, las elecciones de febrero de 1936 mostraron la existencia de un equilibrio de fuerzas. El 17 de julio de 1936 se inició el alzamiento militar que condujo a la Guerra Civil, que concluyó con la desaparición de la II República y la imposición en toda España de la Dictadura de Francisco Franco. Conociendo este final es normal estudiar la II República en función de su fracaso, ya que, aunque nos aleja de la visión que se tenía en la época (21), nos permite indagar en las causas de su fracaso.
Durante la II República se dieron pasos importantes hacia la liberación femenina. Así, por primera vez se permitió que las mujeres eligieran y fueran elegidas. En los programas de los partidos republicanos se defendía la igualdad de la mujer ante la ley, que fue recogida en el artículo 2 de la Constitución de 1931. Los anarquistas, con una larga tradición en pro de la liberación femenina, fueron más lejos y defendieron el amor libre. No obstante, las ideas tradicionales seguían vigentes en amplios sectores de la población. Así, en importantes sectores de la población la mujer era considerada como un simple instrumento de placer y las leyes consentían la prostitución, que era considerada como una institución necesaria (22).
La reforma educativa y la labor cultural fueron unos de los mayores logros de la II República. En sólo tres años se crearon unas 10.000 escuelas primarias y se aumentó los presupuestos de educación en un 50 % (23). También hubo una mejora de la enseñanza secundaria y de la universitaria, al mismo tiempo que se pusieron en marcha las misiones pedagógicas y las universidades populares. El descubrimiento y la conservación de los monumentos de España adquirieron notable relieve. La literatura, centrada en torno a la generación del 27, adquirió gran brillantez. Los periódicos vivieron una etapa de proliferación y mejoramiento, gozando de mayores libertades durante el primer bienio que durante el segundo, en el que fue frecuente la previa censura. También es de destacar la rápida difusión de la radio, que sería ampliamente usada durante la Guerra Civil. El público se inclinó en gran medida por el cine, especialmente por el español, y perdieron difusión las zarzuelas y las variedades. El fútbol profesional atrajo cada vez a más gente y el espectáculo taurino adquirió gran brillantez, siendo politizados los toreros, que en 1936 hicieron suspender numerosas corridas cuando los espectadores estaban ya en la plaza con el fin de provocar desórdenes que justificaran el levantamiento militar que se estaba preparando (24).
El problema regional fue solucionado por la II República mediante la descentralización del Estado y la concesión de estatutos de autonomías, recogida en la Constitución de 1931. En 1932 se concedió la autonomía a Cataluña y en 1936 la autonomía vasca. Otras regiones, como Galicia y Andalucía, presentaron iniciativas autonómicas. Al preguntarnos hasta qué punto los estatutos de autonomía resolvieron el problema del pluralismo regional, hay que señalar que existían sectores de opinión que deseaban ir más allá de la autonomía otorgada por el estatuto, tal y como quedó demostrado el 6 de octubre de 1934, cuando se proclamó el Estado catalán dentro de una supuesta república federal.
La reforma militar, obra de Manuel Azaña, intentó crear un ejército apolítico que se limitara a ser el brazo armado de la nación. Sin embargo, sólo se retiraron 6.500 oficiales de los 12.000 que se quería, muchos militares mostraron hostilidad ante la reforma, y durante el gobierno radical-cedista se intentó destruir su labor. El fracaso de la reforma militar quedó patente en la actitud tomada por los oficiales derechistas (25). Interpretando la idea de servir a la nación según sus ideas derechistas, en 1932 Sanjurjo preparó apresuradamente un golpe de Estado para impedir la aprobación del estatuto de autonomía de Cataluña. El golpe de Estado fue aplastado con facilidad, lo que generó una sensación de control por parte de los republicanos que posteriormente costó cara. Durante el gobierno radical-cedista Sanjurjo y sus colaboradores fueron amnistiados y se llevó a cabo una purga de oficiales republicanos liberales. En cambio, el gobierno del Frente Popular no retiró a los generales más derechistas, sino que sólo los envió a puestos periféricos. Al mismo tiempo, creció la influencia comunista en el ejército, lo que generó más hostilidad por parte de los generales derechistas.
La quema de edificios religiosos producida el 11 de mayo de 1931, sirvió para que la República perdiera importantes apoyos y las derechas realizaran una violenta campaña de descrédito (26). Tras la quema de edificios religiosos, la jerarquía católica no se alejó de la II República. Así, se trató de conseguir una mayoría católica en las Cortes Constituyentes (27) y el nuncio Tedeschini y el cardenal Vidal y Barraquer mantuvieron negociaciones con las autoridades republicanas. Pero la II República alejó de su apoyo al importante sector católico debido a su énfasis en la reforma clerical, manifestado en la prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas. Las medidas secularizadoras y laicistas recogidas en la Constitución de 1931 (artículos 26 y 27) generaron la dimisión de Miguel Maura y de Niceto Alcalá-Zamora, que posteriormente fue proclamado presidente de la II República, a pesar de que era partidario de una revisión a fondo de la Constitución. Ante las medidas secularizadoras y laicistas, las organizaciones católicas actuaron a la defensiva y a favor de la reforma constitucional, existiendo algunos grupos católicos, como Acción Española y Renovación Española, que llegaron a conspirar contra la II República.
La proclamación de la II República suscitó intranquilidad y desconfianza entre los terratenientes y empresarios (28), que prefirieron la estable Dictadura de Primo de Rivera a la inestable II República. Esta posición negativa de los sectores que controlaban la economía española, que fue similar a la de la mayoría de las potencias occidentales, provocó que la II República iniciara su andadura sin un apoyo esencial. Así, la política social iniciada por la II República fue respondida con el aumento del paro (29), cuya importancia en la generación de conflictividad laboral no se debe despreciar pues en España no había ningún tipo de subsidio ni ayuda oficial. De esta forma, si el padre de una familia estaba en paro se hacía necesario el ingenio, la iniciativa y la ayuda de otras familias (30).
En el importante sector agrícola, el deseo popular de un reparto más justo de las tierras se vio frustrado por la lenta realización de la reforma agraria, que encontró la oposición de los terratenientes y del gobierno radical-cedista. La reforma agraria tardó en aprobarse y en llevarse a la práctica debido a la existencia de diversas concepciones acerca del tipo de reforma que se debía realizar, debido a los limitados medios empleados para alcanzar los grandes objetivos propuestos y a causa de su orientación enormemente burocrática. Hablar de "espejismo latifundista" y "castigo por razones ideológicas de la nobleza" (31), como lo hace Juan Pablo Fusi carece de fundamentos. Así, Jordi Palafox parece que nos presenta una visión más realista: "La reforma agraria pretendía abordar los problemas de la mísera situación de gran parte de los trabajadores agrarios asalariados derivados de la concentración de la propiedad en grandes latifundios, la mayor parte de ellos mal explotados por el absentismo de sus propietarios" (32). En primer lugar, no se puede hablar de espejismo latifundista cuando los latifundios tenían gran importancia en Andalucía, Extremadura, Ciudad Real, Toledo y Salamanca; es decir, en una parte importante de España el latifundio marcaba la vida de la población (33). Hay que recordar que el "hambre de tierras" se mantuvo durante la II República y que el número de jornaleros rondaba la cantidad nada despreciable de casi dos millones (34). En segundo lugar, el castigo a la nobleza no fue por razones ideológicas sino por razones socio-económicas y en gran medida no se realizó. El descontento campesino ante la lentitud de la reforma agraria culminó en marzo de 1936 con la ocupación espontánea de tierras en Madrid, Salamanca, Toledo, y, sobre todo, Badajoz, donde unos 60.000 campesinos ocuparon unas 3.000 fincas (35).
En el sector obrero industrial, compuesto por 1´5 millones (36), las reformas laborales elaboradas por Largo Caballero (jurados mixtos, jornada de 8 horas,...) provocaron un encarecimiento de los costes laborales, y fueron minadas y desvirtuadas por el gobierno radical-cedista. La patronal respondió ante el nuevo régimen y la crisis mundial de 1929 mediante el despido. No obstante, hay que reconocer que la labor realizada por las principales organizaciones sindicales (UGT y CNT) fue importante para que aumentara la conflictividad laboral y social. Para comprender este aumento de la conflictividad hay que tener en cuenta que entonces los sindicatos (especialmente la CNT) buscaban algo más que mejoras laborales: cambios políticos. La UGT no participó de forma activa en la conflictividad laboral hasta 1933 debido a que su partido, el PSOE, se hallaba en el poder. En cambio, la CNT sí generó conflictividad laboral y social. Dentro de la CNT se perfilaron dos tendencias: una "posibilista", que propugnaba la preparación revolucionaria de las masas y una cierta tolerancia hacia el nuevo régimen, y otra "revolucionaria", que quería la realización de insurrecciones inmediatas. La primera tendencia, que publicó en la prensa liberal el Manifiesto de los Treinta, acabó separándose de la CNT, renunciando a sus postulados anarquistas y formando en 1933 el Partido Sindicalista. La segunda tendencia, defendida por la FAI, se convirtió en la dominante dentro de la CNT. No obstante, no se puede defender el mito de que la FAI controló a la CNT, mito fundado en buena parte por el Manifiesto de los Treinta. Este mito choca con las concepciones federalistas y contrarias al dirigismo tanto de la CNT como de la FAI. Los miembros de la FAI se limitaron a influir de forma personal en su sindicato, igual que lo podían hacer todos los miembros de la CNT (37). En cualquier caso, a la hora de estudiar la conflictividad laboral y social generada por la CNT hay que tener en cuenta la ofensiva encabezada por el primer Ministro de la Gobernación de la II República, Miguel Maura (38). En el Alto Llobregat, en enero de 1932, un movimiento revolucionario pacífico proclamó por primera vez en España el comunismo libertario. En ninguna parte se produjeron choques armados ni se ocasionaron víctimas, pero la represión, que no sólo afectó a los implicados en el movimiento revolucionario, fue espectacular (39). La represión a la que fue sometida la CNT condujo en gran medida a su radicalización, mostrada en los movimientos revolucionarios de enero y diciembre de 1933, en los que quedó patente el entusiasmo revolucionario de la CNT, la desorganización de las acciones revolucionarias y la existencia de un sólido poder (40). El ascenso de las derechas al poder en 1933, coincidiendo con la toma del poder en Alemania por Adolf Hitler y la formación en España de organizaciones fascistas (41), generó una importante reacción por parte de los socialistas y los anarquistas, a los que se le sumó el minoritario PC (42). La unión de las fuerzas obreras revolucionarias (socialistas, anarquistas y comunistas) culminó con la Revolución de Asturias de octubre de 1934 (43). Esta revolución, a pesar de que los comunistas querían hacerla semejante a la Revolución Rusa de octubre de 1917, fue bastante diferente. La Revolución de Asturias a diferencia de la Revolución rusa fue protagoniza por los mineros y mostró las diferencias entre socialistas y anarquistas. Bien es cierto que la Revolución de Asturias fue un atentado contra la legalidad de la II República y que el fervor revolucionario provocó excesos tales como los fusilamientos de Turón, pero estos excesos fueron condenados por los comités revolucionarios y fueron menores que los excesos cometidos por el ejército nacional, que se tomó literalmente la "justicia" por su cuenta (45). Frente a unos 450 muertos por parte del ejército, murieron unos 1200 revolucionarios y unas 30.000 personas fueron detenidas (46). No obstante, muchos historiadores están a favor de la actitud del gobierno, incluso insatisfechos por no haber actuado con mayor autoridad (47). Tras la Revolución de Asturias las organizaciones revolucionarias quedaron muy debilitadas y la autoridad del gobierno derechista aumentó. Esta situación se transformó cuando el Partido Radical se vio implicado en escándalos de corrupción, lo que condujo a la celebración de nuevas elecciones. Las organizaciones de izquierda supieron entonces unirse y formar el heterogéneo Frente Popular (formado por partidos republicanos de izquierda, el PSOE, el PC, el POUM y el Partido Sindicalista). La campaña electoral adquirió un tono apasionado y violento, convirtiéndose el antifascismo por parte de la izquierda y el anticomunismo por parte de la derecha en los ejes de la propaganda electoral. Así, desde la derecha, Gil Robles abogó por la intervención del ejército para impedir una posible victoria del Frente Popular. Las elecciones de febrero de 1936, frente a las que la CNT no hizo campaña abstencionista, dieron el triunfo del Frente Popular. Se produjeron entonces insistentes rumores sobre inminentes golpes de Estado, pero este no se produjo hasta el 17 de julio, tras el asesinato de Calvo Sotelo, producido en respuesta del asesinato de José del Castillo, un teniente de la Guardia de Asalto (48).
Debatir si la Guerra Civil fue evitable o no carece de interés para una investigación histórica, aunque sí es interesante si pretendemos sacar enseñanzas de la Historia. La evitabilidad de lo hechos está en consonancia con la libertad de cada individuo para actuar y está limitada por las estructuras existentes, que se transforman más lentamente. La Guerra Civil pudo evitarse si se hubiera actuado de otra forma, pero el hecho es que no fue así. Como ha escrito Julio Aróstegui, tampoco puede considerarse la Guerra Civil como "una anomalía de nuestra Historia, como quieren hacernos ver ahora los eternos satisfechos"(49). En cualquier caso, la Guerra Civil no debe olvidarse porque "cuando existe una suficiente y potente voluntad de no revivir los viejos obstáculos es cuando más se hacen presentes, presionantes, y, sin miedo alguno a rememorarlos, los hacemos, al contrario, el centro de una revisión crítica, ejemplarizante y consecuente"(50). Las causas generales de la Guerra Civil se pueden resumir en la creciente fricción existente entre los sectores de derechas e izquierda, la polarización y politización de la población y la incapacidad del gobierno para remediar la situación. Pero el desencadenante de la misma fue el fracaso de la sublevación militar que desde tiempo atrás el general Emilio Mola estaba preparando. Fracaso provocado por la respuesta popular y de las organizaciones y partidos obreros, más que por la respuesta del gobierno (51). De ahí que no se pueda presentar la Guerra Civil como un simple conflicto en defensa de los valores democráticos burgueses, porque gran parte de la población que participó en el bando antifascista, participó buscando libertad y justicia social, lo cual en gran medida la II República fue incapaz de otorgar. De esta forma, en gran parte de la zona republicana se produjo una revolución esencialmente anarquista, que condujo a un importante cambio social. Como ha señalado Noam Chomsky, en las obras de Historia recientes esta revolución "es tratada como una especie de aberración, un molesto contratiempo que impedía la victoriosa prosecución de la guerra y la protección del régimen burgués amenazado por la rebelión franquista"(52). Esta visión fue y es adoptada tanto por liberales como por comunistas, sin embargo hay que señalar que sin la respuesta revolucionaria por gran parte de la población ni habría habido guerra. Es más, a lo largo de la Guerra Civil se demostró que la victoria republicana sin el apoyo a la revolución era imposible. Desde esta óptica analizaré brevemente las causas de la victoria de los sublevados, que a lo largo de la guerra fueron creando un nuevo Estado, encabezado por Francisco Franco, de carácter nacionalcatólico, dirigido por un partido único (el Movimiento Nacional) y basado en un régimen autárquico (Servicio Nacional del Trigo) y en el corporativismo (Fuero del Trabajo); después me centraré en el interesante proceso revolucionario.
El anarquista italiano, Camillo Berneri, que fue asesinado durante los "Sucesos de Mayo", acertó cuando escribió: "El único dilema es este: o la victoria sobre Franco gracias a la guerra revolucionaria, o la derrota"(53). Sin exagerar, se puede decir que con la victoria de los comunistas en los "Sucesos de Mayo" el bando antifascista perdió definitivamente la guerra (54). La perdió porque el arraigo del PC y sus ideas entre la población popular española era escaso y, fundamentalmente, porque se aniquiló el entusiasmo popular nacional e internacional debido al aplastamiento del proceso de liberación que se había iniciado. El proceso revolucionario tuvo la desgracia de producirse durante la Guerra Civil, lo que condicionó y limitó su desarrollo. Los gobiernos occidentales liberales y las multinacionales rechazaron el apoyo al bando republicano, porque la revolución perjudicaba sus intereses (56). Los comunistas dirigidos por la URSS y el gobierno liberal se preocuparon más de vencer a la revolución que a los sublevados, porque pensaban que la revolución no permitiría su victoria (57). Los líderes anarquistas aceptaron la colaboración con el gobierno catalán y central, porque vieron amenazada la revolución y consideraron necesaria la ayuda exterior, aceptando que lo primero era ganar la guerra. Así, colaboraron en la contrarrevolución. No obstante, es probable que la guerra revolucionaria también hubiera fracasado, pero no por la desorganización y la indisciplina de las milicias, como se suele señalar, sino por la falta de suministro de armas y préstamos, provocada por la inexistencia de apoyo gubernamental e internacional (58).
Poco tiene que ver con la experiencia rusa el proceso revolucionario que se inició en la zona republicana con el inicio de la Guerra Civil. Ningún partido ni organización dirigió directamente el proceso revolucionario, aunque hay que reconocer que este fue posible por el fuerte arraigo del anarquismo desde 1869 en Cataluña, Aragón, Andalucía y Levante, y por la tradición local juntista y cantonalista. El logro principal del proceso revolucionario fue, sin duda, la transformación de la vida (59), en la que en buena medida se suprimió la explotación del hombre por el hombre y se difundió el apoyo mutuo. El proceso revolucionario se desarrolló en ámbitos rurales y ámbitos urbanos. En el ámbito rural el proceso revolucionario fue mayor y se centró en la creación de colectividades agrarias, que en general, no fueron impuestas. De ahí que quién no quisiera sumarse a la colectividad pudiera seguir viviendo individualmente siempre que no explotara a otras personas y de ahí que cuando los milicianos se marcharon al frente las colectividades no desaparecieran. La colectivización agraria afectó fundamentalmente a Aragón y a Castilla, y en menor medida a Cataluña, Levante y Andalucía. La vida de las colectividades se organizaba en torno a una asamblea, que permitía la autogestión. En las colectividades agrarias se colectivizó el comercio y los servicios municipales, se crearon escuelas libertarias, se combatió el acaparamiento y el alcoholismo, se abolió el dinero, se practicó el trabajo voluntario, se establecieron cajas de compensación para disminuir las diferencias entre las colectividades,... A un nivel puramente económico, siguiendo la obra de Walther L. Bernecker Colectividades y revolución social: el anarquismo en la guerra civil española, 1936-1939, tampoco se puede afirmar, como lo hace Jordi Palafox, que las colectividades eran económicamente inviables. En primer lugar, hay que señalar que las colectividades se desarrollaron de forma libre durante un periodo, en general, muy corto (entre los veranos de 1936 y 1937) y su desarrollo fue mediatizado por la Guerra Civil. Además, a un nivel macroeconómico no existen estadísticas fiables y significativas; no obstante, los datos del Ministerio de Agricultura indican un aumento de la producción de cereales de 609.000 quintales métricos entre 1936 y 1937. La colectivización industrial se produjo en Cataluña, dentro de un contexto desfavorable (guerra civil, boicot internacional, disparidad de objetivos y oposición del gobierno autonómico y central) y fue fruto de acciones espontáneas, que fueron legalizadas por el decreto del 7 de octubre de 1936. La colectivización industrial fue muy diversa, existiendo agrupaciones (concentraciones de empresas de un sector o localidad autogestionadas y organizadas a través de sindicatos), empresas colectivizadas (autogestionadas a través de un comité de empresa), empresas municipalizadas (servicios públicos que eran controlados por los municipios), empresas nacionalizadas (controladas por los gobiernos central y catalán), y empresas privadas controladas por un comité. Por tanto, el control obrero de la producción variaba de un tipo a otro de empresas colectivizadas y, en principio hubo un cierto egoísmo de empresa, que los anarquistas trataron de superar mediante las agrupaciones y las Federaciones Económicas de Industria. A partir del verano de 1937 aumentó cada vez más la elaboración de una economía planificada desde el gobierno, lo que eliminó la capacidad de autogestión de las empresas. El análisis económico de la colectivización industrial, no se puede separar de la situación de guerra existente, ni de la falta de materias primas, ni del control de las reservas de oro y de los créditos por parte del gobierno, que le permitía "restringir e impedir el funcionamiento de las empresas colectivas a su antojo"(60). Así, en casi todas las ramas de la industria hubo un retroceso de la producción, que sólo se mantuvo aceptable dentro de la industria metalúrgica y bélica (61).
Ya hemos señalado lo carentes de fundamento de las acusaciones de que el proceso revolucionario provocó la derrota del bando antifascista y el descenso de la producción, por lo que ahora nos ocuparemos de dos acusaciones con mayor fundamento: la limitación de la liberación de la mujer y los asesinatos cometidos en la retaguardia de la zona republicana. La liberación de la mujer se vio limitada en algunas colectividades al no participar activamente en las asambleas y al tener unos salarios inferiores a los de los hombres (62). No obstante, entre los anarquistas los intentos por liberar a la mujer de la sociedad patriarcal fueron muy importantes. En este sentido, destaca la organización Mujeres Libres (63). Por otra parte, no se puede negar los asesinatos cometidos en la retaguardia de la zona republicana, pero hay que señalar las denuncias de los mismos por parte del gobierno y de anarquistas como Joan Peiró y también se puede señalar las iniciativas que hubo por parte de los anarquistas por transformar las prisiones (64). En conclusión, para quienes vivieron el proceso colectivista, este dejo una huella profunda en sus vidas (65), para el resto nos puede servir para desmentir algunos mitos de la sociedad burguesa, como el de la necesidad de la competencia para que se produzca un avance social (66). La Revolución Española no se debe olvidar porque, a pesar de sus limitaciones, puso en práctica una forma de vivir más libre y justa. Desde entonces hasta nuestros días, mucho ha cambiado España, sin embargo sigue teniendo sentido la "lucha" por la libertad y la justicia.
NOTAS:
1: En este sentido, y en relación con el periodo que en este trabajo se estudia, se puede señalar la liquidación de documentos originados por las colectividades que se crearon en la zona republicana durante la Guerra Civil. Esta liquidación de documentos fue iniciada por las fuerzas gubernativas republicanas dirigidas por el comunista Líster. Sobre esta liquidación de documentos, se puede consultar la introducción de José Luis Gutiérrez Molina al libro de Abel Paz Durruti en la Revolución española, Madrid, FAL, 1996. Este es un ejemplo del interés de los comunistas y los liberales por silenciar el proceso revolucionario que tuvo lugar en la zona republicana durante la Guerra Civil. 2: José Luis Gutiérrez Molina, "Introducción", en el libro de Abel Paz Durruti en la Revolución española, Madrid, FAL, 1996, pag. 43. 3: Manuel Tuñón de Lara, El movimiento obrero en la Historia de España, Madrid, Sarpe, 1985. 4: Julio Gil Pecharromán, La Segunda República. Esperanzas y frustraciones, Madrid, Historia 16, 1996. 5: Manuel Tuñón de Lara, El movimiento obrero en la Historia de España, Madrid, Sarpe, 1985. 6: Los datos proceden de los cuadros y gráficas de la obra Estadísticas históricas de España: siglos XIX y XX coordinada por Albert Carrerras. 7: El dato procede de La Segunda República: esperanzas y frustraciones de Julio Gil Pecharromán. 8: Dentro de la actuación estatal hay que señalar la destacada labor realizada por el Conde de Romanones, que queda patente en su discurso leído en la Universidad de Salamanca en la inauguración del curso académico de 1902 a 1903. Respecto a la actuación privada se puede señalar la labor realizada por las organizaciones obreras, en las que se leían sus periódicos. 9 y 10: Estas citas proceden de La rebelión de las masas de José Ortega y Gasset. 11: La cifra procede de El reinado de Alfonso XIII: la modernización fallida de Genoveva García Queipo de Llano, que oculta la existencia del Expediente Picasso. 12: Sobre el Expediente Picasso, que fue ocultado en su tiempo y concluía que "la orientación y los procedimientos empleados en nuestra Zona de Protectorado en Marruecos habían sido, eran, y parece que siguen siendo, totalmente equivocados en todos sus aspectos", he consultado el artículo de Juan Pando de la revista La aventura de la Historia (número 4) titulado Los terribles papeles del general Picasso . 13: "La Dictadura de Primo de Rivera fue a su manera una dictadura regeneracionista, que por lo menos impulsó aparatosamente las obras públicas, las comunicaciones y la electrificación, y que realizó importantes reformas sociales que cambiaron la naturaleza, funciones y estructura administrativa del Estado" (El desafío de la modernidad, Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox). 14: Partiendo de la descripción tipológica del fascismo realizada por Stanley G. Payne en su obra El fascismo, a continuación señaló la existencia de esas características en la Dictadura de Primo de Rivera. 15: El texto de Miguel Primo de Rivera que apareció el 13 de septiembre de 1923 en La Vanguardia nos muestran esta característica: "Este movimiento es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos". 16: La cita procede de la obra de Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox El desafío de la modernidad y muestra las inclinaciones regeneracionistas y conservadoras de Juan Pablo Fusi. 17: El testimonio es de Eligio de Mateo Sousa, recogido en el número 60 de la revista Historia 16, dedicado a la II República. 18: Estas palabras resumen la tesis principal de Shlomo Ben Ami recogida en Los orígenes de la Segunda República española: anatomía de una transición. Shlomo Ben Ami analiza la gran cantidad de apoyos que en principio tuvo la II República, refutando la tesis de Ricardo de la Cierva que defiende el sectarismo de la II República. 19: Aunque en teoría los llamados regímenes democráticos intentan defender los intereses de la mayoría de la población, esto resulta en la práctica harto imposible, debido a que la élite política, aunque intente ser una fiel representante de la mayoría (lo cual es raro estando en el poder) no siempre actúa defendiendo los intereses de las mayorías, pues estás no son homogéneas aunque tengan unas ideas generales comunes, ya que resulta que en la práctica es necesario concretizar las ideas generales y este proceso puede realizarse de múltiples formas. Es imposible delegar la libertad sin condicionarla o perderla. 20: Así, José María Gil Robles dijo: "Somos hoy por hoy, los únicos defensores de la verdadera libertad. Nosotros somos defensores de una verdad religiosa, desconocida y negada por los que, en definitiva, no son más que la representación de una minoría que llegó a las Cortes por la imposición tirana de las pistolas protegida desde las esferas del Poder". La cita procede de El boicot de las derechas a las reformas de la Segunda República de Alejandro López López. 21: En este sentido, conviene recordar que al proclamarse la II República nadie pensaba que iba a conducir a una Guerra Civil, por lo que nuestra interpretación a posteriori deforma los hechos tal y como los vivieron los contemporáneos. 22: Esta breve visión del proceso de liberación femenina que favoreció la II República se basa en lo aportado por Eduardo de Guzmán en su obra La Segunda República fue así. 23: Los datos proceden de la obra de Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox El desafío de la modernidad. 24: Este breve "mosaico" de la cultura durante la II República se basa en los datos aportados por Eduardo de Guzmán en su obra La Segunda República fue así. 25: Esta actitud queda reflejada en estas palabras del general Sanjurjo: "Nuestro primer deber es el mantenimiento del orden público y lo cumpliremos a toda costa. Ningún gobierno revolucionario será establecido en Madrid". La cita procede de Recuérdalo tú y recuérdalo a otros de Ronald Fraser. 26: Sin embargo, hay que señalar la rara casualidad de que en un mismo día se produjera en toda la geografía española una quema de edificios religiosos que fue y es achacada a grupos de incontrolados. Un testimonio, recogido por Eduardo de Guzmán en su obra La Segunda República fue así, puede ayudarnos a reflexionar al respecto: "De pronto, cuando mayores eran los gritos y el estrépito de los cristales rotos, pero nadie había conseguido entrar, empezó el incendio. No me explico cómo, pero lo cierto es que las llamas brotaron repentinamente en siete u ocho puntos distintos del edificio. ¡Y lo más increíble parece ser que cuando la gente consiguió entrar no encontró dentro absolutamente a nadie!". 27: Se puede ver al respecto la carta del 4 de mayo de 1931 enviada por el cardenal Segura a la Santa Sede. 28: Según el estudio de Julio Aróstegui La República: esperanzas y decepciones (que se recoge en el número 1 de la colección de Historia 16 La Guerra Civil), existían unas 12.000 familias de grandes terratenientes y unos 80.000 grandes empresarios. 29: En julio de 1933 había 544.837 parados, en diciembre de 1933 618.947 parados, en abril de 1934 703.814 parados y en diciembre de 1934 667.898 parados. Estas cifras proceden de El movimiento obrero en la Historia de España de Manuel Tuñón de Lara. 30: Para comprender mejor los estragos que podía provocar el paro, nada mejor que un testimonio de un jornalero de Casas Viejas (Cádiz), que aparece recogido en La Segunda república fue así de Eduardo de Guzmán: "Para no morirnos de hambre tenemos que cazar furtivamente, exponiéndonos a ser cazados por los guardas. O buscar espárragos silvestres y comer higos chumbos, yerbajos y raíces. A pesar de todo nunca comemos hasta jartarnos". 31 y 32: Las citas proceden de la obra de Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox El desafío de la modernidad. 33: Hemos consultado dos obras para comprender la importancia de la necesidad de una reforma agraria: El boicot de las derechas a las reformas de la Segunda República de Alejandro López López y Reforma agraria y revolución campesina en la España del siglo XX de Edward Malefakis. El cuadro 14 del primer libro y el cuadro 6 del segundo son elocuentes. Según este último cuadro, el porcentaje de la superficie total poseída por los grandes propietarios en 1959 en toda España era de 54´4 %. 34: La cifra procede del estudio La República: esperanzas y decepciones de Julio Aróstegui, que se recoge en la colección de Historia 16 La Guerra Civil. 35: Estos datos proceden de Reforma agraria y revolución campesina en la España del siglo XX de Edward Malefakis. 36: La cifra procede del estudio La República: esperanzas y decepciones de Julio Aróstegui, que se recoge en la colección de Historia 16 La Guerra Civil. 37: La posición revolucionaria fue aceptada principalmente en Cataluña, pero no en Asturias. Sobre el mito de la FAI como organización tentacular de la CNT se puede consultar La FAI a través de sus acuerdos y experiencias del grupo TEA, Durruti en la Revolución española de Abel Paz, o Crisis burguesa y unidad obrera de José Luis Gutiérrez Molina. 38: Durante los seis meses de su mandato murieron 108 personas, en su casi totalidad trabajadores. Acerca de esta represión llevada a cabo por Miguel Maura son elocuentes estas palabras que el mismo escribió: "Les recordé que se hallaban en un ministro que disponía de plenos poderes en materia de orden público y, por tanto, de cuanto a la prensa concierne". Esta cita procede de Durruti en la Revolución española de Abel Paz. 39: Así, 109 obreros sin ser condenados ni procesados fueron deportados a Guinea, violándose así el artículo 42 de la Constitución de 1931. 40: Para comprender el fracaso de estos movimientos revolucionarios es interesante tener en cuenta esta reflexión de Ramón Álvarez, secretario del comité regional de Asturias de la CNT y miembro de la FAI: "La revolución no es como una huelga que pueda convocarse para determinado día del mes. La revolución es un fenómeno social que madura a su tiempo, que se ve influido, acelerado, retrasado, por la conciencia del hombre, pero que no se produce sólo porque alguien haya fijado una fecha...". Este testimonio aparece en Recuérdalo tú y recuérdalo a otros de Ronald Fraser. 41: El fascismo se introdujo en España durante la II República y estuvo representado por las JONS y Falange Española. Las JONS se formaron en 1931 y estaban dirigidas por Ledesma Ramos y Onésimo Redondo. En 1933 se formó Falange Española, en cuyo primer acto público (en el Teatro de la Comedia de Madrid), José Antonio Primo de Rivera, el líder de Falange Española, expuso su programa, que aspiraba a la desaparición de los partidos políticos, a la unión de todos los pueblos de España y a la organización a través de la familia, el municipio y la corporación (superándose así la lucha de clases). Para conseguir estos objetivos no se dudaba en emplear la violencia. En febrero de 1934, se unió Falange Española a las JONS y se constituyó el SEU, un sindicato universitario fascista. Falange Española de las JONS fue un partido minoritario, a pesar de lo cual adquirió notable importancia a partir de la sublevación militar del 17 de julio de 1936. 42: El PC se constituyó en España entre 1918 y 1921, gracias a la influencia de la URSS. Durante la Dictadura de Primo de Rivera prácticamente desapareció, resurgiendo con la proclamación de la II República. Las consignas del PC procedían de la URSS, donde se desconocía la auténtica situación del país, de ahí que a menudo fueran disparatadas. Así, como narra Eduardo de Guzmán en La Segunda República fue así, el 14 de abril de 1931 grupos comunistas exigieron todo el poder para los soviets... Hasta la Guerra Civil, el PC fracasó tanto en las elecciones como en la penetración en los sindicatos obreros, por lo que fue criticado tanto desde su interior como desde la Tercera Internacional. 43: El movimiento revolucionario de octubre de 1934 pretendió ser nacional, pero sólo en Asturias logró arraigar. Para explicar el fracaso del movimiento revolucionario a escala nacional hay que señalar la falta de coordinación y la falta de objetivos comunes provocada por la heterogeneidad de las organizaciones revolucionarias. Así, la represión fue fácil en la mayor parte de España. 44: "En los pueblos, los comités revolucionarios se constituyen de dos maneras diferentes: en los lugares de influencia libertaria se nombran mediante asamblea; mientras que en los de influencia socialista son los comités del Partido los que actúan como ejecutivos. Los bandos y proclamas de los pueblos también tienen diferente sentido, los libertarios apelan a la población a la solidaridad y al buen acuerdo para llevar la lucha adelante; los socialistas "ordenan y mandan", anunciando medidas draconianas a los que no se sometan a las consignas del comité". La cita procede de Durruti en la Revolución española de Abel Paz. 45: Eduardo de Guzmán en su obra La Segunda república fue así señala que "la prensa derechista inventó crímenes vergonzosos y horripilantes atribuidos a los revolucionarios para justificar su exterminio". Exterminio que la censura ocultó hasta enero de 1936 y que tuvo mucho más de vergonzoso y horripilante. Se puso al frente de los ejércitos del gobierno a los prisioneros, los crímenes fueron precedidos por saqueos y violaciones, las matanzas y los encarcelamientos generaron múltiples sufrimientos familiares. Las represalias que se llevaron a cabo tras la Revolución de Octubre muestran el nivel de cultura liberal presente dentro del ejército y en el gobierno que ocultó las mismas. Las torturas más frecuentes que se utilizaron contra los presos fueron las denominadas trimotor, tubo de la risa y baño maría. Otros métodos de tortura fueron: el retorcimiento de testículos, la aplicación de fuego, el empleo del trinquete y del potro, detenidos torturados en presencia de sus madres,... Estos hechos aparecen recogidos en el artículo Octubre de 1934 que aparece en el número 18 de la revista Historia 16. 46: Las cifras proceden de Historia 2º Bachillerato, editado por Editex. 47: Así, Juan Pablo Fusi, muestra de nuevo sus inclinaciones regeneracionistas y su gusto por el "cirujano de hierro" en esta frase: "La derecha, con todo, no supo traducir el casi incontestado poder de que dispuso tras derrotar a la revolución en 1934 en una obra positiva de gobierno". La cita procede la obra de Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox El desafío de la modernidad. 48: Resulta "curioso" que Juan Pablo Fusi no hable del asesinato de José del Castillo. 49 y 50: Las citas proceden del artículo de opinión de Julio Aróstegui recogido en el artículo de la revista La aventura de la Historia (número 6) titulado Las responsabilidades de la Guerra Civil. 51: En este sentido, George Orwell escribió en Homenaje a Cataluña: "En cuanto se produjo el levantamiento, los trabajadores urbanos organizados replicaron con un llamado a la huelga general y exigieron y obtuvieron, luego de cierta lucha, armas de los arsenales oficiales. De no haber actuado de forma espontánea y más o menos independiente, es probable que nunca se hubiera podido enfrentar a Franco. (...) El gobierno no hizo prácticamente intento alguno por impedir el levantamiento, que se esperaba desde hacía bastante tiempo, y cuando comenzaron las dificultades su actitud fue débil y vacilante; tanto es así que España tuvo tres primeros ministros en un solo día (Casares Quiroga, Martínez Barrios y José Giral)". 52: Esta frase de Noam Chomsky aparece en España 1936-1939 ¿Guerra Civil o Revolución Social? de Angel J. Cappelleti. 53: La cita procede de la Carta abierta a la compañera Federica Montseny escrita por Camillo Berneri y recogida en el libro Humanismo y anarquismo. Camillo Berneri defendió la guerra revolucionaria y propuso lo conveniente de conceder la independencia de Marruecos y de animar la rebelión en todo el norte de África, lo cual habría debilitado al ejército sublevado. 54: Los "Sucesos de Mayo", que por desgracia generaron una guerra civil dentro de otra, se produjeron por el choque de los partidarios de la contrarrevolución (comunistas y gobierno catalán) con los partidarios de la revolución (anarquistas y marxistas revolucionarios), debido a que para los comunistas y el gobierno la preocupación mayor no era ganar la guerra, sino acabar con la revolución. De ahí que aunque funcionara bien la Telefónica fuera necesario que pasara a ser controlada por el gobierno. La reacción de los revolucionarios, que temían la represión total de la revolución y la toma del poder por los comunistas, fue violenta. 55: La pérdida del entusiasmo popular producida por la frustración de la revolución que estaban llevando a cabo es recogida en Homenaje a Cataluña de George Orwell de esta forma: "La gente, la población civil, había perdido gran parte de su interés por la guerra y la división de la sociedad en ricos y pobres, clase alta y clase baja, volvía a reinar". Noam Chomshy en su estudio Objetividad y cultura liberal recogido en El movimiento libertario español cita al respecto estas palabras de Burnett Bolloten: "Era inevitable que los ataques a las colectividades tuvieran un efecto desfavorable en la economía y la moral rural". También Noam Chomsky cita el testimonio de Gaston Leval: "En todas partes se saqueaba. Los depósitos de las cooperativas donde se guardaban las reservas de trigo fueron desvalijados, el mobiliario destrozado". Como recoge Noam Chomsky, los efectos negativos de la destrucción de las realizaciones revolucionarias fueron reconocidos por algunos comunistas, como el secretario general del Instituto de Reforma Agraria, por lo que se atenuó la represión de las colectividades, pero la situación ya no podía ser como en 1936. 56: Es más, Noam Chomsky, en su estudio Objetividad y cultura liberal recogido en El movimiento libertario español, señala el importante apoyo prestado a los sublevados por parte de algunas multinacionales como la Texaco Oil Company. Los sublevados tuvieron además el fundamental apoyo de los regímenes totalitarios de Alemania e Italia, que permiten encuadrar la Guerra Civil dentro del contexto internacional que condujo a la II Guerra Mundial. 57: A este respecto, es interesante la visión que George Orwell nos aporta en Homenaje a Cataluña: "Un gobierno que envía al frente muchachos de quince años, armados con fusiles de cuarenta, y deja en retaguardia a sus hombres más sólidos y sus armas más perfeccionadas, está evidentemente más asustado por la revolución que por los fascistas". 58: Unas citas de George Orwell procedentes de Homenaje a Cataluña nos pueden hacer reflexionar al respecto: "El rasgo esencial del sistema (de milicias) era la igualdad social entre oficiales y soldados. Todos, desde el general hasta el recluta, recibían la misma paga, comían los mismos alimentos, llevaban las mismas ropas y se trataban en términos de completa igualdad. (...) En la práctica, el tipo "revolucionario" democrático de disciplina merece más confianza del que cabría esperar. En un ejército de trabajadores, la disciplina es teóricamente voluntaria; se basa en la lealtad de clase, mientras que la disciplina de un ejército burgués de conscriptos está basada, en última instancia, en el miedo. (...) La disciplina revolucionaria depende de la conciencia política, de una comprensión de por qué deben obedecerse las órdenes; necesita tiempo para formarse, pero también se necesita tiempo para convertir a un hombre en un autómata dentro del cuartel. (...) Los periodistas que se burlaban del sistema de las milicias pocas veces recordaban que éstas tuvieron que contener al enemigo mientras el ejército popular se adiestraba en la retaguardia. (...) La carencia de materiales de guerra de todos los tipos era total. (...) A fin de frenar toda tendencia revolucionaria y hacer que la guerra se pareciera tanto como fuera posible a una guerra común, se hizo necesario desperdiciar las oportunidades estratégicas que realmente existían. (...) Casi no cabe duda de que las armas fueron deliberadamente retenidas a fin de que los anarquistas no contaran con demasiado poder en ese aspecto. (...) Los guardias civiles y los carabineros, que no estaban destinados al frente en absoluto, tenían mejores armas y mejores ropas que nosotros". 59: En este sentido, Félix García en su obra Colectividades campesinas y obreras en la Revolución española señala lo erróneo que es "medir un sistema cuya dirección principal es sustituir" una concepción capitalista de la vida "por otra distinta en la que la eficacia productiva no es lo único ni el primer factor, aunque no se renuncie a ello". 60: La cita procede del estudio de Noam Chomshy Objetividad y cultura liberal recogido en El movimiento libertario español. 61: Walther L. Bernecker en su obra Colectividades y revolución social: el anarquismo en la guerra civil española, 1936-1939 recoge los índices de producción por sectores industriales de 1936 y 1937 en Cataluña. 62: El anarquista aragonés Félix Carrasquer señala al respecto que "aunque se iban borrando las atávicas diferencias entre los sexos, ello no se producía tan deprisa como algunas y algunos de nosotros deseábamos. Pesaba mucho todavía el lastre de la tradición". Esta cita procede del número 90 de la revista Anthropos dedicada a Félix Carrasquer. 63: Mujeres Libres llegó a contar con más de 20.000 mujeres y no estuvo supeditada a ninguna otra organización. Dieron gran importancia a la educación con el fin de superar la esclavitud de la ignorancia, de mujer y de productoras. También trataron de erradicar la prostitución y rehabilitar a las prostitutas. Sobre este tema he consultado el estudio de Mary Nash Las mujeres en la guerra civil recogido en el número 14 de la colección de Historia 16 La Guerra Civil. 64: En este sentido, bien diferente a las cárceles de Barcelona era el "campo de concentración" de la FAI de Alcañiz, que Agustín Souchy describe en su obra Entre los campesinos de Aragón: "Nada recuerda en él una institución de presidio y de trabajos forzados. No hay cercado, ni ninguna limitación. Los prisioneros pueden moverse libremente. Sus guardianes comparten la vida con ellos. Viven de la misma manera. Duermen en catres iguales en estas salas primitivas. Se tutean. Prisioneros y guardianes son compañeros. No existe uniforme para unos ni para los otros, ni se distinguen exteriormente en nada". 65: Como señala José Luis Gutiérrez Molina en La obra constructiva de la Revolución española, "un hecho que llama notablemente la atención cuando se habla con los ya escasos protagonistas de aquellos sucesos es la felicidad por haberlos vividos". 66: Frente a este mito, Félix García señala en su obra Colectividades campesinas y obreras en la Revolución española, que las colectividades demostraron que "las comunidades avanzan más todavía, y con un costo social muy inferior, cuando están basadas en este sentido comunitario de ayuda mutua, es más, la voluntad de prestar un servicio a los demás, de ser útil, es lo único que estimula realmente el deseo de perfeccionamiento, de encontrar mejoras técnicas que aumenten los beneficios a disposición de todos".
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