1. INTRODUCCIÓN A LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES1 INDÍGENAS2
DE BOLIVIA: LA TRIPLE OPRESIÓN.
Las mujeres indígenas de Bolivia, por el hecho de serlo, están sometidas al riesgo de una triple opresión. Participan de condiciones de explotación económica (por pertenecer a la clase social baja), de conflicto cultural (por ser indígenas) , y viven estas situaciones agravadas por su condición de mujer.
A profundizar en este proceso nos ayuda la teoría de la feminización de la pobreza. Esta idea se ha utilizado para determinar que la pobreza afecta más a la mujer que al hombre, para subrayar que los efectos de la pobreza3 sobre las mujeres están creciendo en comparación con los hombres, o (y este es su sentido estricto) que la proporción de mujeres sobre el total de pobres ha aumentado recientemente. Independientemente de dónde pongamos el acento es la conceptualización de una teoría que desde hace unos treinta años se viene barajando en ciertos ámbitos de las ciencias sociales: que las mujeres son más pobres que los hombres (González Río, 2001). Esta teoría ha ido abriendo nuevas perspectivas en los estudios económicos y sociológicos, ha tenido éxito en aquellos orientados a analizar las desigualdades sociales o estudiar el desarrollo humano y en esta línea ha sido adoptado por algunos organismos internacionales4.
Aunque creemos positivo este hecho, sobre todo por la forma en la que puede repercutir en la cooperación, se nos hace imprescindible abordarlo desde un punto de vista crítico. Partiendo de la base de la perspectiva de género tenemos que hacer notar que los métodos convencionales de medición de la pobreza, a pesar de incorporar índices relativos a la mujer (ocupación, niveles de escolarización, salarios, etc.) tienen, al menos, dos problemas concretos:
A) tienden a considerar como unidad de análisis el ámbito doméstico (en último término, por debajo de el estado, la región, la localidad, etc.), asumiendo una dinámica de igualdad en el reparto de recursos dentro del hogar, y ocultando así el empobrecimiento de las mujeres dentro del núcleo familiar.
B) y que la pobreza tal y como se suele medir es un concepto androcéntrico, limitado por los valores propios de la sociedad que lo conceptualiza.
En los índices económicos que hemos trabajado para la comunicación (M. Villarreal,1992; I. Farah, 1993; R. M. Posa,1996), se reflejan estos procedimientos.
Con esta actitud crítica no queremos desechar los indicadores que hasta ahora se vienen utilizando, sino añadir nuevos, donde las mujeres actúen como agentes en la propia medida de su situación: planteando sus experiencias, sus expectativas, definiendo su pobreza en relación a otros, etc. En este sentido los trabajos de campo de la antropología y la psicología social jugarían un papel fundamental en las estadísticas.
Podemos hablar también de una indigenización de la pobreza5, al encontrarse los grupos indígenas (en relación a otros colectivos), en una situación de marginalidad dentro de la dinámica económica neoliberal que es fuertemente homogeneizante. Esto les condena a una situación de pobreza estructural, es decir, quedan siempre infravalorados con respecto a los no indígenas. Son puntos clave para entender esta cuestión: la privatización de la propiedad comunal de la tierra, la degradación del medio ambiente, y toda la problemática relacionada con el avance del neoliberalismo y que repercute directamente sobre estas poblaciones. Esto se ha sumado a otros problemas que se forjaron en la colonia, como el desplazamiento de los indígenas hacia tierras menos fértiles, padeciendo desde aquella época la "maldición de su propia riqueza" (Galeano, E., 1996), explotada por "otros" hasta hoy en día.
Afirmamos que los indígenas, actualmente sufren explotación y discriminación en todo el continente americano (incluso en los países ricos). En muchos casos han sido despojados de sus tierras y de su ciencia y tecnología. Por ello su capacidad para la autosuficiencia ha sido severamente mermada, existiendo dramáticos casos de inserción en el mundo laboral de los "blancos", que normalmente llevan consigo situaciones precarias y que en el caso de las mujeres son más graves aún.
A esta situación se enfrentan, entre otras, un buen número de organizaciones de mujeres indígenas en América Latina. A grandes rasgos, podemos concluir que en ellas se observa una dinámica de articulación política en torno a las ideas de etnia y clase, en primer lugar, (por ser los problemas que derivan de éstas los que perciben como que necesitan de una solución inmediata, ya que los causados por su condición de mujeres, por lo general, están más asumidos por ellas y refrendados socialmente), respondiendo a las cuestiones de género una vez articulados en sindicatos y/o movimientos populares.
Muchas veces ocurre esto último tras sufrir una discriminación sistemática en organizaciones mixtas.
2. LA NEGOCIACIÓN DE IDENTIDADES.
2. 1.- INTRODUCCIÓN TEÓRICO-METODOLÓGICA.
La base teórico-metodológica de la que partimos en la presente comunicación es el análisis de las identidades colectivas consideradas como construcciones cambiantes y negociables con la sociedad envolvente. Así, consideramos que las identidades colectivas no son un a priori, esencial y abstracto sino que insistimos en su origen a posteriori y en su carácter existencial y concreto. Esta afirmación implica el reconocimiento de una capacidad de elección responsable presente en todo humano como ser racional. Capacidad que permite forjar individualmente una serie de identidades. De ahí que se pueda hablar de negociación o juego de identidades, entendiendo por tal el proceso dinámico a través del cual un sujeto adopta unas identidades en aceptación u oposición a otro u otros sujetos o colectividades.
Sin embargo, todo el conjunto de variables entre las que un determinado individuo puede optar a la hora de negociar su identidad se encuentra limitada, a priori, por toda una serie de condicionamientos sociales, culturales e incluso biológicos. De ahí que hablemos de capacidad de elección, de una libertad relativa en vez de una libertad en sentido absoluto.
Partiendo de este enfoque de las identidades colectivas, que pueden considerarse como una institución social (norma, organización o sistema de normas)6, a continuación señalaremos qué implicaciones analíticas tiene.
Frente a una visión estática de las identidades colectivas, que se basa en la observación de lo instituido, desde nuestro enfoque proponemos una visión dinámica que atienda a lo instituyente y a los cambios exitosos o no que se producen dentro de las mismas. De ahí que sea importante estudiar los analizadores, entendidos como "todo acontecimiento, todo dispositivo susceptible de descomponer una totalidad que hasta ese momento, se percibía como global" (Lapassade, G, 1979/1971). Por tanto, los analizadores, como acontecimientos sociales en los que un grupo renegocia sus identidades, provocan una diversificación de éstas.
Por otra parte, dentro de las identidades colectivas se puede analizar un aspecto universal o positivo (reconocido por todas las personas relacionadas con ella), un aspecto particular o negación (por el que las personas individualmente niegan el aspecto universal, considerándolo abstracto), y un aspecto singular o unidad negativa (que resulta de la interacción de los dos aspectos anteriores).
El énfasis puesto hasta aquí en la importancia de los sujetos en la adopción de identidades colectivas no debe llevarnos a olvidar la transversalidad, esto es, el área de análisis que comprende todas las influencias externas a la institución identitaria, que son significativas para la vida de ésta.
Un aspecto fundamental a analizar son los procesos de institucionalización o construcción de las identidades. En estos procesos se parte de la formación de intereses, deseos y afectos comunes que generan el establecimiento de unos límites de identificación. A su vez estos límites provocan la exclusión de algunos individuos o/y colectivos, permitiendo la reafirmación de las identidades frente a los "extraños" y aumentando la cohesión de los que quedan reconocidos como "nosotros"7. No obstante, los propios individuos englobados dentro de las identidades instituidas se ven a menudo obligados a renunciar a algunos de sus intereses en favor de unos intereses colectivos a largo plazo. La consolidación y transformación de las identidades se produce por medio de un proceso de socialización en el que se genera confianza, reforzando la lealtad, la fidelidad y la solidaridad simbólica hacia los miembros englobados dentro de esas identidades. La mayor o menor lealtad al grupo puede variar según los grados de identificación, pero en cualquier caso hay que advertir que la adopción de una identidad no exige una lealtad exclusiva. Así, somos capaces de tener compromisos múltiples con una variedad de identidades que pueden plasmarse en colectivos u organizaciones concretas8. Sin embargo, cuando un colectivo u organización exige una lealtad exclusiva los compromisos múltiples son considerados erróneamente como cismáticos y no como creadores de una heterogeneidad y complejidad enriquecedora. Por último, cabe señalar que la institucionalización o construcción de las identidades colectivas se reafirma a través de la elaboración de una memoria y un imaginario colectivo, que recrean y reinterpretan la realidad desde el punto de vista de cada identidad.
Una vez apuntadas las implicaciones analíticas derivadas de la consideración de las identidades colectivas como sujetas a negociación, recordaremos que aquí nos vamos a centrar en las siguientes identidades colectivas: mujer, indígena y clase social baja. Identidades que a un nivel más vago y abstracto podrían fusionarse en la identidad colectiva del ser oprimidos. En cualquier caso, la adopción de una identidad colectiva supone un paso previo imprescindible en la toma o creación de una conciencia colectiva, entendida como identidad ideológica, que suele verse acompañada de la realización de acciones colectivas encuadradas en movimientos sociales con implicaciones políticas a menudo transformadoras al proponer proyectos sistémicos alternativos al dado.
2.2.- LA NEGOCIACIÓN DE IDENTIDADES COLECTIVAS EN LAS ORGANIZACIONES DE MUJERES INDÍGENAS DE BOLIVIA.
Los movimientos de mujeres tienen una relación específica con la política y un significado político en sí mismo, al ser una respuesta a la exclusión a la que las condena el orden social y político actual. Sin embargo, las mujeres indígenas de Bolivia han concebido esta intervención política dentro de la complementariedad (jerárquica y desigual) hombre-mujer que las culturas tradicionales le asignan. A consecuencia de esta concepción, fuertemente implicada en la cosmología andina, las mujeres indígenas contemplan su lucha como una forma de apoyo a una lucha más general llevada a cabo por la acción conjunta de hombres y mujeres, relegándose así a un papel secundario que les niega su capacidad de actuar como sujetos protagonistas, aunque realmente lo hayan sido en numerosos momentos (por ejemplo, las diferentes huelgas de hambre de mujeres a lo largo de la dictadura de Hugo Bánzer).
Intentamos ofrecer una perspectiva histórica en el panorama de movimientos de mujeres indígenas de Bolivia como criterio metodológico que nos permita hacer una exposición más sistematizada del proceso de negociación de identidades a la vez que nos posibilita mostrar la trayectoria que en dicha negociación han seguido las organizaciones de mujeres indígenas de Bolivia. Así podemos observar un primer momento en el que la identidad de clase es la predominante (que podría tener en el año 1927 -creación de la Federación Obrera Femenina- su punto de partida y que se prolonga en algunas organizaciones hasta nuestros días) para evolucionar luego, en la década de los ochenta, hacia posturas que por un lado acentúan la identidad étnica (inmersas en un proceso más global de "reindianización"9) y, por otro lado, hacia formas de acción colectiva que ponen su énfasis en los papeles tradicionales de la mujer dentro del ámbito doméstico, asumiendo la gestión de su propia supervivencia en un marco en el que el Estado se ha mostrado inoperante, abriéndose un proceso donde las políticas de cooperación al desarrollo juegan un papel fundamental.
Durante la colonia, algunas mujeres indígenas tuvieron un papel destacado en movimientos y revueltas populares, constituyéndose en referentes históricos muy presentes en las organizaciones de mujeres actuales: Gregoria Apaza, Bartolina Sisa, Micaela Bastidas, Adela Zamudio... Pero será en este siglo cuando hablemos específicamente de movimientos de mujeres en Bolivia. Éstos no pueden ser contemplados como un conjunto homogéneo, debido a la pluralidad y diversidad de su composición y objetivos. Nosotros centraremos la comunicación en aquellos donde las indígenas sean las actoras fundamentales en los procesos de construcción identitaria. Es por ello que descartamos grupos como el Centro Artístico e Intelectual de Señoritas de Oruro, el Centro Ideal Femenino de la Paz o el Ateneo Femenino de la Paz y Cochabamba, que aunque exponían planteamientos de igualdad de género, nutrían sus filas de mujeres criollas pertenecientes a las capas media y alta de la sociedad boliviana. Tampoco entramos a analizar grupos que no se puedan relacionar con los llamados movimientos populares, como por ejemplo Las Barzolas, que a pesar de su composición indígenas eran comandos femeninos acogidos orgánicamente a las filas del Movimiento Nacionalista Revolucionario10.
- Los primeros momentos: la mujer indígena y el sindicalismo.
El movimiento sindical constituye la forma de lucha más extendida dentro de los movimientos político-sociales de Bolivia, hasta el punto que los sindicatos tienen más fuerza, a nivel de movilización social, que los partidos políticos (VVAA-UNICEF, 1986). Por esta razón, el ámbito sindical resulta ser el principal instrumento de lucha del que se han dotado las mujeres. Dentro de la participación de las organizaciones de mujeres en los sindicatos podemos distinguir tres fases:
1) En un primer momento, encontramos una fuerte influencia del pensamiento anarquista que dará lugar a la formación de sindicatos de mujeres indígenas encuadrados dentro de esta corriente.
La actividad sindical de estas mujeres se desarrolló en torno a la Federación Obrera Femenina que existió en La Paz. A pesar de que se han distinguido dos etapas en la evolución de esta organización, cuyo punto de cesura fue la Guerra del Chaco (1932-1935), se caracterizó por mantener una semejante línea ideológica a lo largo de su existencia. Las principales organizaciones integrantes de la FOF fueron: el Sindicato de Culinarias, el Sindicato de Floristas, el Sindicato de Viajeras del Altiplano y el Sindicato de Oficios Varios (que agrupaba a las Fruteras Minoristas, Lecheras y Comerciantes Minoristas,...). Dentro de la construcción de su discurso la variable de clase ocupó el centro de su argumentación teórica, aunque subyacía la identidad étnica al estar estrechamente vinculada a su pertenencia a la clase trabajadora: "De repente ya no nos han dejado subir al tranvía; las señoras nos decían: "¡Estas cholas, estas con sus canastas nos rasgan las medias!" ¿Qué vamos a hacer? Iremos donde el señor Burgaleta, el jefe de la Electricidad... Hemos dicho: "¿Por qué no podemos subir a los tranvías?" Cuando los tranvías están para las cholas, para las empleadas, no para las señoras. Las señoras ocupan automóviles, el tranvía es para las que trabajan" (Dibbits, I. y otras, 1989). Así pues, observamos una clara diferenciación, incluso antagonismo, con las mujeres de las clases altas y medias. La relación entre los grupos que éstas conforman se redujo únicamente a nivel de la discusión ideológica, sin plantear líneas de acción conjuntas. No por ello, la variable de género deja de reflejarse en sus reivindicaciones: construcción de guarderías, derecho al divorcio absoluto, igualdad entre hijos legítimos e hijos naturales,...
2) Bajo la esfera de la influencia del socialismo marxista encontramos una segunda fase protagonizada por los Comités de Amas de Casa. Éstos se organizaron en los centros mineros como organismos de apoyo de los Sindicatos de Trabajadores Mineros, pero en la práctica llegaron a ser protagonistas en las luchas sociales llevadas a cabo en Bolivia en los años setenta llegando a un enfrentamiento directo con el aparato represivo del Estado. La variable de clase continúa siendo fundamental en la articulación de su discurso; pero su participación en las luchas obreras, que conciben como una obra colectiva y mixta, se hace siempre desde la asunción de un papel secundario: "Nos reunimos para tratar de los problemas de la clase trabajadora y a nosotras los compañeros tienen que tratarnos como sus compañeras (...) Al comité yo ingresé por necesidad, para estar con las otras mujeres a la par de nuestros compañeros en su lucha por mejores condiciones de vida (...) Todos somos indispensables para la revolución. Todos vamos a contribuir a nuestra manera" (Domitila Barrios de Chúngara, en Viezzer, 1979). Respecto a la variable de género, marcaron una nítida distancia con los movimientos feministas: "Porque nuestra posición no es una posición como la de las feministas. Nosotras consideramos que nuestra liberación consiste primeramente en llegar a que nuestro país sea liberado para siempre del yugo del imperialismo y que un obrero como nosotros esté en el poder y que las leyes, la educación, todo sea controlado por él. Entonces sí, vamos a tener más condiciones para llegar a una liberación completa, también en nuestra condición de mujer" (Domitila Barrios de Chungara, en Viezzer, 1979). No obstante, es necesario destacar que no es la conciencia de género la que les lleva a organizarse en asociaciones exclusivamente de mujeres, sino la discriminación que sufren en los espacios mixtos. Paulatinamente irá surgiendo la aproximación al género mediante la toma de conciencia de problemas como la violencia doméstica y la autovaloración de su trabajo doméstico: "Bueno, Don René, ahora ajustaremos las cuentas: le he lavado y planchado tanto de ropa, he cocinado tantos días (y así he ido ajustando) total se hace tanto. Salía a doscientos cuarenta pesos y mi esposo por aquel entonces creo que ganaba ochenta pesos; o sea que lo que yo había trabajado salía más de tres veces de lo que era su salario" (Domitila Barrios de Chungara, en González Guardiola, L., 2000). Pero nada de esta actitud implicará la negación de los roles tradicionales: "Y si pensamos en el papel primordial que juega la mujer como madre que tiene que forjar a los futuros ciudadanos" (Domitila Barrios de Chungara, en Viezzer, 1979).
3) En los años ochenta, tras un proceso de gestación iniciado en los años anteriores por el que el "katarismo"11 se convierte en la línea principal dentro del sindicalismo indígena (siendo su principal exponente la Confederación Sindical Única de Trabajadores y Campesinos Bolivianos), empieza a adquirir importancia la identidad étnica, que se sitúa en un plano de igualdad con la identidad de clase. En este nuevo contexto se enmarca la creación de la Federación Sindical de Mujeres Campesinas de Bolivia "Bartolina Sisa" (enero de 1980), dentro de la CSUTCB. En su discurso asumen la mayoría de los planteamientos de la etapa anterior: concepción de la "lucha" como una acción conjunta de hombres y mujeres, asunción de los roles tradicionales ("como mujeres madres reproductoras, creadoras de conciencia y transformadoras ¿Qué buscamos? ¿A dónde vamos?; González Guardiola, L., 2000), subordinación con respecto al sindicato masculino -relegándolas a funciones de cocinera en los congresos-, rechazo del feminismo que es visto como una injerencia occidental, etc.. El señalado incremento de la influencia ideológica de contenido étnico será la principal aportación de este momento: "Quieren hacer desaparecer la raza indígena, quieren hacer desaparecer a la clase obrera; porque somos los mismos, compañeras, no permitamos ese genocidio" (citado en R. LEÓN, en JELIN, 1987). El rechazo de "lo occidental" como sustrato ideológico de sus reivindicaciones las acercará hacia el indianismo, aunque esto no puede considerarse como una constante, ya que en ocasiones, ante respuestas concretas de género o en periodos de "relajamiento" de la actividad política indígena, se produce una pérdida de importancia de la identidad étnica con respecto a la de género: "Ahora así poco a poco estamos abriendo los ojos porque estamos rompiendo una cadena del esposo, una mujer casada es difícil salir de la casa, porque dicen "¿qué van a hacer las mujeres, sólo se saben sentar y orinar, y qué van a hacer?". Pero no valoran porque hay machismo, mucho machismo". (citado en R.LEÓN, op.cit.).
A lo largo de su trayectoria, la Federación ha pasado por diversos momentos de crisis, debidos a conflictos internos de base ideológica. El principal de ellos será motivado por un mayor deseo de autonomía respecto a la CSUTCB, que llevará a un enfrentamiento entre las partidarias de continuar dentro del sindicato y las que se decantaban por la transformación de la Federación en Confederación lo que permitiría una afiliación directa a la Central Obrera Boliviana. Las partidarias de esta última tendencia, lideradas por Sabina Choquetijlla, promoverán una escisión de la FSMCB-"BS" que continúa actualmente.
- Las Organizaciones de mujeres indígenas y el indianismo.
Se trata de organizaciones cuyos planteamientos ideológicos ponderan la variable étnica por encima de las demás (de hecho, ni siquiera contemplan la variable de clase). Respecto a las reivindicaciones de género, éstas formarían parte del conjunto de las étnicas, ya que al satisfacer éstas últimas se llega también a la consecución de las primeras al permitir la vuelta al modelo equitativo de las relaciones de género que ellas consideran como propio de la cultura andina. Parten de la base de que antes de la conquista las relaciones hombre/mujer giraban en torno a la idea de unidad complementaria del "jaqi" o pareja, donde ambos desempeñarían papeles distintos y jerarquizados pero no enfrentados: "Entre los dos, hombre y mujer siempre tienen que ayudarse pero la mujer trabaja por demás (…) ¿Acaso el hombre va a poder sólo? Con una sola ala -si le cortamos un ala a un pájaro- ¿Acaso va a poder levantar el vuelo? Con una sola ala no se puede, solo no puede. Hombre-mujer siempre se levantan para hacer cualquier cosa. Pero la mujer hace más" (citado en S.R. CUSICANQUI (comp.) THOA en JELIN, 1987). No realizan, por tanto, un cuestionamiento de sus roles tradicionales de madre y esposa, sino que valoran su opresión de género como una consecuencia directa de la imposición del sistema patriarcal por parte del colonialismo: "El colonialismo, la dominación social, económica y cultural que sufrimos, han hecho que incluso en la lucha de liberación se privilegie sólo el lado masculino. La situación concreta que vivimos no obliga a luchar por nuestra forma comunitaria, con un tipo de organización estrictamente femenina. Desde nuestro punto de vista, es necesario recomponer cada parte de la comunidad para reestructurarla en su integridad. Nos corresponde a nosotras valorizar y organizar la mitad femenina de la comunidad para motivar una transformación de nuestra sociedad entera" (O.M.A.K. Hernández, T., 1992).
Los ejemplos más destacados de esta tendencia son la Organización de Mujeres Aymaras del Kollasuyo (creada en 1983) y la Organización Comunal de la Mujer Amazónica.
- Formas de organización colectiva relacionadas con la supervivencia.
Ante la crisis económica de los 80 y la aplicación posterior de medidas de ajuste neoliberal, que han puesto de manifiesto la incapacidad del Estado para satisfacer las necesidades básicas de las clases populares, ha llevado a muchas mujeres a experimentar nuevas vías de actuación (no excluyentes): por una parte se organizarán en asociaciones barriales para dar solución a sus necesidades más inmediatas y, por otra, se acogerán a nuevas políticas de cooperación al desarrollo tratando de gestionar estas ayudas y la nueva problemática que de ellas se deriva. En ambos casos se encuentra presente la distinción entre intereses estratégicos e intereses inmediatos y prácticos, optando de manera manifiesta por los segundos.
Respecto a las primeras organizaciones cabe señalar que esta forma de actuación representa el lugar clásico de la participación publica de las mujeres en los países latinoamericanos. Los procesos de inmigración interna acaecidos en los últimos años han llevado a la creación de "anillos de miseria" alrededor de los principales núcleos urbanos. Este crecimiento no ha ido acompañado de una expansión de los servicios públicos (educación, salud, guarderías, transporte,…). De ahí que estos movimientos barriales nazcan con la intención de suplir estas carencias por medio de la organización autónoma de las mujeres. Al asumir la responsabilidad de la consecución de estas necesidades básicas, se prioriza la identidad de mujer pero entendida desde el marco tradicional. Así, adoptan un discurso maternalista que sólo reconoce a la mujer como sujeto de derechos en tanto madres y reproductoras. De esta forma, cuando estas mujeres muestren públicamente su derecho a intervenir, lo harán alegando responsabilidad maternal y doméstica. Y cuando justifiquen sus demandas al Estado, lo harán a través de sus responsabilidades y sus poderes sociales como madres. Es este poder maternal el que les hace sentir el derecho a la participación y la intervención en los asuntos públicos.
Sin embargo, el hecho de que partan de un ámbito tradicional y de que surjan para abordar colectivamente problemas de inmediata supervivencia, no significa que la variable de género no sea fundamental; ya que estas organizaciones han permitido a sus integrantes desarrollar un sentimiento de pertenencia a un género. Les ha permitido salir del aislamiento doméstico a la vez que generar un sentimiento de autoestima al desarrollar habilidades hasta ahora asociadas al mundo masculino. De esta manera y sin proponérselo de forma consciente, las organizaciones autogestionarias han ido vinculando las necesidades inmediatas con aquellas derivadas de su condición de mujer: baja autoestima, inseguridad, ausencia de un espacio social propio y de canales de participación social visibles y valorados.
Por otra parte encontramos organizaciones surgidas a finales de los años sesenta con el propósito específico de gestionar la ayuda recibida tanto del estado como de las ONGs: los Clubes de Madres. Esta ayuda se encuentra enmarcada en un contexto de institucionalización del discurso maternalista anteriormente referido, por eso encontramos asumido una actuación dentro de los ámbitos tradicionales asignados a la mujer. En muchos casos estas organizaciones han sido acusadas de prácticas paternalistas, clientelismo, manipulación política y verticalismo, aunque como aspecto positivo brindan a las mujeres la posibilidad de reunirse, compartir sus problemas, observar la importancia de estar organizadas,…
La evolución que han seguido estas organizaciones en los últimos años ha sido muy variada: se han politizado en muchos casos a través del feminismo (una de las particularidades del movimiento feminista en América Latina es su acercamiento a otras organizaciones de mujeres, sobre todo a través de ONG's feministas) mientras que en otros casos han sido captados por los partidos políticos en el poder, que las utilizan como medio de propaganda y proselitismo.
3. LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA COOPERACIÓN.
Estimamos que la experiencia colectiva de las mujeres indígenas bolivianas en el ámbito de la organización debe ser aprovechado como uno de los principios rectores en lo que a cooperación se refiere. Así pues la mujer que tradicionalmente habría sido objeto de cooperación pasaría a ser agente activo de su propio desarrollo. Haciendo una breve recapitulación de las estrategias asumidas por las instituciones cooperantes podemos distinguir cinco enfoques (Moser, C. en González Guardiola, L., 2000 y Ajamil García, M., 1994):
1) Enfoque del bienestar: es el más antiguo, teniendo sus orígenes en los programas de ayuda de emergencia surgidos tras la II Guerra Mundial y promovidos por EEUU. Los receptores de esta ayuda son considerados únicamente como sujetos pasivos. Desde una perspectiva de género se observa que este enfoque sólo contempla a la mujer en su rol reproductivo, no cuestionando e incluso reforzando la división sexual del trabajo y la subordinación de las mujeres. Dentro de este enfoque se encuentra la donación alimentaria, que consiste en la entrega de excedentes a los países con problemas económicos por parte de las grandes potencias económicas. En Bolivia la donación alimentaria ha sido aplicada con gran intensidad tras la II Guerra Mundial, siendo gestionada por instituciones gubernamentales y privadas sin contar con las organizaciones de mujeres (Clubes de Madres) que reciben las ayudas. Entre los programas a través de los que se canaliza la donación alimentaria destaca el denominado "Alimentos por Trabajo", que se basa en la explotación laboral mayoritariamente de mujeres a cambio de alimentos. En conclusión, la donación alimentaria puede evaluarse negativamente al generar dependencia, no atacar las causas estructurales de la pobreza, desarticular las organizaciones de base y cargar con más trabajo a la mujer que pasa a ser la principal responsable del sustento familiar.
2) El enfoque de la equidad o de la igualdad de oportunidades constituye la estrategia original adoptada desde la perspectiva Mujeres en Desarrollo12 surgida en los años setenta. Este enfoque pretende resolver las necesidades estratégicas de género, asumiendo el rol productivo de las mujeres que se promueve a través de la educación. No obstante, adopta la óptica del feminismo de los países donantes, negando la palabra a las destinatarias de la ayuda. En la práctica este enfoque ha quedado reducido a la implantación de medidas legislativas que mejoran el status de las mujeres.
3) El enfoque antipobreza o de lucha contra la pobreza también se engloba dentro de la perspectiva Mujer en Desarrollo y se centra en el rol productivo de las mujeres considerando como fin en sí mismo la capacitación y la integración laboral. Desde este enfoque se promueven proyectos de generación de ingresos, que no son competitivos económicamente, aumentan el trabajo de las mujeres y se formulan como una extensión de las tareas domésticas, siendo considerados como una simple ayuda a la economía familiar.
4) El enfoque de la eficiencia o eficacia, que también se engloba dentro del marco Mujer en Desarrollo, se ha difundido a partir de la adopción de políticas de ajuste neoliberal. Se centra en el rol productivo de las mujeres, creyendo que la participación de la mujer en trabajos asalariados mejorará automáticamente el status de la mujer, obviando las cuestiones de mentalidad y socialización que subyacen a la subordinación de la mujer.
5) El enfoque del empoderamiento13, empowerment o potenciación de la mujer se engloba dentro de la perspectiva Género en Desarrollo. El tema central de este enfoque son las relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres, que frenan un desarrollo igualitario y la plena participación de las mujeres. Se puede entender el GED como un esfuerzo para mejorar la posición de las mujeres en relación a los hombres de manera que beneficie y transforme la sociedad en su totalidad. Esta perspectiva queda perfectamente resumido en el lema de las mujeres indígenas de El Alto: "No me des un pez, estamos organizadas sabemos trabajar. Danos las redes y vamos a pescar". Este enfoque considera por primera vez a los destinatarios de la ayuda no como agentes pasivos, sino como sujetos activos creadores. Parte de la idea de que los cooperantes provenientes de las grandes potencias no son imprescindibles ya que existen organizaciones autóctonas que pueden llevar la misma labor que los extranjeros, conociendo la realidad en la que se desenvuelven mejor (ABAD GONZÁLEZ, Luisa, 1995). Así, desde este enfoque, la ayuda por parte de las instituciones públicas o privadas de las grandes potencias pasaría a ser exclusivamente económica, financiando a organizaciones autóctonas. Dentro de este enfoque cabe señalar como formas de cooperación el comercio justo y la denominada banca social o popular. El comercio justo se basa en la premisa de que el precio de los productos sean establecidos por los propios productores, eliminando los intermediarios locales e internacionales que modifican el precio original fundamentalmente a través de la especulación. Por otra parte, la banca social, impulsada por Muhammad Yunus, se basa en los microcréditos, a través de los cuales se pretende fomentar los proyectos propios de organizaciones e individuos con dificultades económicas. La concesión de préstamos por parte de la banca social se suele destinar en gran medida a mujeres, que suelen distribuir mejor el dinero en su familia.
-NOTAS:
1 El hecho de que las organizaciones de mujeres indígenas articulen su identidad de género junto con la de clase, etnia, región, estado civil, etc. nos hace cuestionar la categoría de mujer como única definición del sujeto, porque estaríamos ocultando toda una serie de realidades que se derivan de la combinación de las variables anteriormente mencionadas.
2 Utilizamos el término indígena por ser el habitual en los estudios sobre poblaciones originarias americanas aunque hemos de señalar que en Bolivia el término indígena, generalmente, se usa en referencia a las poblaciones nativas del oriente (Tierras Bajas). A partir de la Revolución Nacional de 1952, los quechua y aymará de regiones andinas suelen calificar a sus organizaciones como campesinas. Hoy en día, es el término "originario" el mayoritariamente utilizado por los ideólogos indianistas y kataristas (se usa sobre todo en La Paz, Oruro, Potosí Y Cochabamba).
3 Utilizamos el término en el sentido de negación de oportunidades y opciones básicas para el desarrollo humano.
4 La perspectiva de género había sido adoptado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en su informe de 1995.
5 Declaración de Barbados II en Indianidad y descolonización en América Latina. VVAA, 1979, Editorial Nueva Imagen.
6 En las implicaciones analíticas que conlleva la perspectiva señalada, seguimos principalmente a Carlos M. Caravantes, Los discursos indígenas y la sociedad envolvente.
7 Según Andrés Piqueras Infante, "las identidades pueden entenderse como dispositivos sistémicos que mantienen la cohesión". Ver su obra Conciencia, sujetos colectivos y praxis transformadoras en el mundo actual, Sodepaz, Madrid, 1997, Pág. 52
8 Sobre la posibilidad de adopción de compromisos múltiples, se pueden consultar las conclusiones que elabora Martha A. Ackelsberg en Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres, Bilbao, Virus, 1999.
9 Proceso actualmente vigente en las comunidades indígenas americanas por el cual se reivindica el legado cultural anterior a la conquista, muchas veces pasando éste al plano político.
10 Organización política boliviana formada en 1943. Elaboró un programa antiimperialista que le dio el apoyo de las clases medias y la victoria en las elecciones de 1951. Éstas fueron anuladas, pero mediante una insurrección se hicieron con el poder y alcanzaron la presidencia del país. El movimiento de fue derechizando mediante la eliminación de los elementos más próximos a la izquierda. El golpe de estado del general Barrientos (1964) terminó con el poder del M.N.R. Más adelante, apoyará la dictadura de Hugo Banzer, hasta que sus seguidores fueron expulsados del gobierno de 1974. A partir de entonces, el M.N.R. se ha dividido en tres organizaciones distintas.
11 Ideología política propiamente boliviana nacida de la unión de posiciones teóricas marxistas e indianistas.
12 Enfoque que pretende la integración de las mujeres en el proceso de desarrollo existente, aunque muchas de sus actuaciones han aumentado a menudo la carga de trabajo de las mujeres sin lograr un mayor poder económico de éstas. Las mujeres no han sido consultadas sobre el tipo de desarrollo e integración que buscaban; y se ha dado una "integración" en el mundo de los hombres sin cambiar las relaciones de poder.
13 Esta noción se refiere al "proceso mediante el cual las mujeres se apropian de sí, de lo que son y de lo que tienen, para desde ahí exigir los apoyos necesarios que les permitan salir de sus posiciones subordinadas en el ámbito doméstico y en la vida pública" (BATLIWALA, en N-I VÁZQUEZ y J.G. FIGEROA, 2001).
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