La fantasma abortera
Los hechos que ocurrieron durante el otoño e invierno de 1948 se encuentran documentados en los periódicos de la época. Aproximadamente a finales de octubre de ese año, una noche en la que hacía un terrible viento que hacía chocar las ramas de los álamos del río, unas niñas habían salido desde su casa en la calle Horno del Río hasta la de su abuela en la Ronda del Cañillo para llevarla la cena. Cuando pasaban por la calle de San Jerónimo, un escalofrío recorrió cada centímetro de la piel de ambas muchachas. Un espectro envuelto en una sábana blanca corrió por la calle y pasó a su lado veloz como un rayo desapareciendo por los aledaños de San Prudencio. Las dos muchachas tiraron los recipientes donde llevaban la comida al suelo y corrieron a su casa refugiándose junto a su madre. Nadie hizo caso de lo ocurrido. Los mayores lo achacaron a la imaginación de las dos niñas que incluso fueron objeto de bromas entre los vecinos. Dos semanas después, sobre las diez de la noche, una mujer tendía la ropa en el balcón de su casa, y quedó petrificada al ver como un ser cubierto por una sábana blanca salía de la vieja carbonería y se perdía por otra calle aledaña. La mujer fue a hablar con la madre de las dos niñas y ambas decidieron ir a contar el hecho a la policía. Los miembros del servicio de seguridad ni siquiera tomaron datos de la denuncia. La noche antes del día de difuntos, tres personas más en diferentes puntos del barrio vieron al espectro moviéndose sigilosamente entre las aristas de las casas. Una de ellas fue doña Eloísa. Una profesora del colegio de San Agustín que era muy querida y respetada. Ella no podía entrar en un juego como ése, así que un grupo de vecinos organizaron una batida nocturna para vigilar y coger al fantasma. Dos veces más fue visto antes de Navidad dicho ser, pero no fue hasta el día antes de nochevieja cuando una pareja de guardias civiles, observaron al espectro dirigiéndose hacia la calle del charcón, más tarde de la media noche. Ambos vieron como el fantasma se metía en una casa y llamaba a una puerta. La vecina abrió sin inmutarse ante la presencia del espíritu y lo dejó pasar. Los dos guardias civiles esperaron hasta que unos gritos de dolor salieron de la casa. Entonces decidieron entrar y tiraron la puerta encontrando al impostor, mejor dicho impostora, realizando un aborto a una joven. La fantasma (cuyo nombre nos reservamos porque aún vive) fue detenida y encarcelada. Durante varios meses había venido realizando aborto a jovencitas que se quedaban embarazadas y aprovechaba el disfraz de fantasma para que nadie pudiera reconocerla. Tras cinco años de cárcel, no se la permitió volver a la ciudad y fue desterrada a Madrid. Años después volvió a Talavera y las malas lenguas dicen que durante varios años más siguió practicando interrupciones de embarazos, aunque el fantasma, nunca más volvió a ser visto.