En Junio de 1.505, un pastor de la iglesia escocesa, Mr. Maclean, se paseaba en un bote frente a la costa de Coll, cuando a corta distancia, vio un objeto sospechoso, que a primera vista, le pareció una roca.
De improviso la roca se puso en movimiento hacia el bote. Mister Maclean entabló una competencia con el extraño ser para ver quien llegaba antes al litoral.
La victoria fue para el reverendo Maclean, que, a tiempo de saltar a tierra, vio como el monstruo daba media vuelta y salía mar afuera.
Mr. Maclean contempló "una horrible cabeza" y también lo siguiente:
"La cabeza era de forma sensiblemente oval; el cuello muy angosto; su espalda, si así se le puede llamar, considerablemente más ancha. La cola permanecía sumergida, por lo cual no pude observarla a mi sabor. Me pareció que avanzaba por un movimiento ondulatorio de su cuerpo. Medía de 60 a 80 pies de largo."
El mismo día fue vista la serpiente por las tripulaciones de trece barquitos pesqueros, todas las cuales, a imitación de la sabia conducta de Mr. Maclean, hicieron por la costa a fuerza de remos.
Podemos afirmar que en aquella solemne fecha hizo su primera aparición ante los ojos de los hombres la serpiente de mar que, mas tarde, iba a llenar columnas y más columnas de los periódicos faltos de noticias en los ardientes días del verano.
Al menos, es la primera tradición escrita recogida por los historiadores. Oral no hay ninguna anterior, ni se sabe que en los siglos del medievo, cuando en los mares poco navegados pululaban los monstruos, haya sido vista jamás una serpiente de mar.
Después de asustar a los pacíficos vecinos de la costa escocesa, la serpiente de mar hace un viaje trasatlántico, y aparece en Nueva Inglaterra. De hecho, entre 1.815 y 1.823, estalla una verdadera epidemia de serpientes de mar.
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En Junio de 1.815, un navegante vio un extraño animal marino en la bahía de Golucester (Nueva Inglaterra). Tenía una longitud de unos cien pies, y su cuerpo parecía estar formado por una serie de jorobas, treinta o cuarenta, cada una del tamaño de un barril corriente. Su cabeza era parecida a la de un caballo, y no medía menos de seis pies. El color, castaño oscuro.
Es posible que dos años después el mismo animal volviera al mismo sitio, porque el diario local "Golucester Telegraph" escribía:
"El 14 de Agosto la serpiente de mar se aproximó a unos treinta pies de un bote, y cuando alzó la cabeza fuera del agua fue saludada por la escopeta de un experimentado deportista. El animal volvióse inmediatamente hacia el bote, como si preparase un ataque, pero prefirió hundirse bajo el agua, y volvió a aparecer a unas cien yardas de distancia, al otro lado de la embarcación."
En 1.818 la misma serpiente de mar, u otra parecida, fue vista, esta vez en Nahant. Mr. Samuel Calbot cuenta lo siguiente:
"Mi atención fue súbitamente detenida por un objeto que emergía del agua, a la distancia de cien o ciento cincuenta yardas, y que, a primera vista, me dio la impresión de la cabeza de un caballo. Sus jorobas me parecieron de tamaño uniforme. Su examen me persuadió de que no podría tener menos de 80 pies de largo."
El mismo fenómeno fue observado días antes por Mister Tom Price:
"La cabeza se alzaba como tres pies sobre el agua. Contó hasta trece pies sobre el agua. Contó hasta trece jorobas en el lomo. Le vi varias veces desde Long Beach; algunas de ellas el animal no estaba a más de cien yardas de distancia."
Al año siguiente la serpiente de mar visitó nuevamente las playas de Nahant:
"Yo tenía - declara un testigo - un excelente catalejo. Cuando llegué a la costa había mucha gente allí reunida, y pronto vi aparecer, a poca distancia de la orilla, un animal cuyo cuerpo formaba una serie de senos negruzcos, de los que conté hasta trece. Otras personas contaron quince...
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Fácilmente pudimos calcular que no mediría menos de 50 a 60 pies de largo.Esto es cuanto puedo afirmar, sin que tenga la menor idea de a qué especie pertenezca el animal que he visto, aunque, desde luego, no era una ballena, ni un cachalote, ni ningún otro enorme cetáceo. Ninguno de estos gigantescos animales tiene tales ondulaciones en la espalda."
Poco después cruzaba por aquellas aguas el "sloop" "Concord". El piloto, avisado por un marinero, observó esto:
"Miré inmediatamente hacia donde me señalaba y vi una serpiente de gran tamaño flotando sobre el agua. La cabeza emergía como siete pies sobre la superficie. El tiempo era bueno: la mar estaba en calma. Negro el color del animal en su parte visible, y el cuerpo parecía desprovisto de escamas. Su cabeza, en cuanto al tamaño, sería como la de un caballo, pero en la forma era una perfecta cabeza de serpiente, rematada en una superficie plana. No puede distinguirle ojos. La vi con toda claridad durante siete u ocho minutos. Nadaba en la misma dirección de nuestro buque, y llegó a estar muy próxima. Su lomo consistía en volutas o anillos, del tamaño de un gran barril, separados por intervalos de unos tres pies. La cola permanecía bajo el agua. La parte del animal que yo vi mediría unos 15 pies. El movimiento de los anillos parecía ondulatorio."
El mismo animal fue visto y descrito por el reverendo Cheever Find. Le observó durante cerca de una hora, y atestiguó que su color era castaño oscuro en el dorso y blanco por abajo.
El 10 de Agosto de 1.820 la serpiente de mar hizo una nueva aparición frente a Swampscott. Fue vista por mucha gente y perseguida por un bote, que llegó a estar como a 30 yardas del monstruo. Al llegar a tierra los tripulantes del bote hicieron la oportuna declaración jurada ante las autoridades locales.
Por los mismos parajes hace nuevas apariciones la serpiente de mar, o alguna de su familia, en 1.822, 1.826, 1.833 y 1.849.
Un nuevo viaje trasatlántico nos lleva la costa occidental de Africa. La serpiente de mar es vista el 9 de Julio de 1.848 por los tripulantes del H. M. S. "Doedalus", y de ello se publica amplio relato en el "Illustrated London News", del 28 de Octubre siguiente.
El comandante McQuhae envía un informe al Almirantazgo. Un gran animal apareció en las proximidades del buque. Nadaba con la cabeza y parte del lomo fuera de la superficie. El color era castaño oscuro y blanco amarillento hacia el cuello. La cabeza tendría un diámetro de unos cuarenta centímetros.
El capitán Henderson, del "Mary Ann" dio informe parecido, casi en las mismas fechas. Su barco se había cruzado con el "Dafne" aseguró haber visto un monstruo de unos cien pies de largo, cuya descripción coincidía en la mayoría de los puntos con la del capitán McQuhae. Se hizo fuego contra el animal con un cañón cargado con clavos y trozos de hierro. La serpiente dio una violenta sacudida, como si hubiera sido herida. Se arrió un bote para darle caza, pero el monstruo huyó a una media horaria de 15 ó 16 millas.
En 1.857, el capitán Harrington, comandante del "Castilian", emitió, a su vez, informe al Almirantazgo sobre la serpiente de mar. A unas diez millas de Santa Elena, a la caída de la tarde, vio un animal de tamaño extraordinario, como de 200 pies de largo, nadando lentamente hacia tierra.
"Estoy convencido - escribía el capitán - de que el animal pertenecía la familia de las serpientes... Si hubiera estado a bastante distancia de él, hubiera dudado, pero le vi pasar a unos 30 pasos de mi barco. Varios tripulantes le vieron como yo mismo y mis dos oficiales, y puedo asegurarles a ustedes que le vi tan distintamente como veo la lámpara de gas a cuya luz hago esta descripción."
En 1.875 la serpiente de mar vuelve a frecuentar las costas de Nueva Inglaterra. La vieron algunas gentes del yate "Princess"; la siguieron durante dos horas, hicieron fuego contra ella con un rifle...
Otros testigos también aseguraron haber visto la misma serpiente, esta vez en lucha con un pez espada. Examinada la cuestión por la "Boston Society of Natural History", llego a la conclusión de que se trataba de un superviviente de algún grupo de animales casi extinguido; que su movimiento ondulatorio hacía presumir que no era una serpiente, en el uso vulgar de la palabra, sino un cetáceo sumamente alargado, y que su prototipo debía ser el prehistórico "zeuglodonte".
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Finalmente, los "Proceedings of the Zoological Society", de Junio de 1.906 insertaron este relato:
"Descripción de un gran animal marino visto frente a la costa del Brasil, según las notas tomadas durante nuestro crucero en el "Valhalla"
Escribía M. Meade Waldo:
"El 7 de Diciembre de 1.905, a las diez y cuarto de la mañana, estaba yo en la popa del "Valhalla" con Mr. Nicoll, cuando llamó su atención un objeto en el mar, a unas 100 yardas del yate. Me dijo: ¿Aquello es la cola de un gran pez?" Miré inmediatamente para el lugar indicado y vi un cuerpo largo y delgado fuera del agua, color castaño oscuro. En apariencia, tendría unos seis pies de largo, y se alzaba del agua unas 18 pulgadas. Bajo el agua se traslucía una masa considerable. Cogí mis prismáticos. Casi inmediatamente surgió del agua una gran cabeza. Sería como el cuerpo de un hombre delgado y salía del agua siete u ocho pies. Su apariencia era análoga a la de una tortuga, incluso en la disposición de los ojos. Vi perfectamente la línea de la boca, pero navegábamos a bastante velocidad y pronto quedamos lejos del objeto, que avanzaba muy lentamente. Movía el cuello de un lado a otro, de una manera peculiar. Tenía la cabeza y el cuello de color castaño oscuro por encima y blancuzco por debajo; casi blanco, creo yo."
Mr. Nicoll corrobora las informaciones de su compañero de viaje, y añade:
"A las dos de la madrugada del siguiente día en latitud 7º 19´ S, y longitud 34º 04´ W, el primero y el tercer oficial, Mister Simmonds y Mister Harloy, que estaban en el puente a aquella hora, observaron una gran conmoción en el agua. Pensaron primero que era una rompiente, pero luego observaron que se trataba de algo que se movía más rápidamente que el barco, que entonces llevaba una velocidad de ocho nudos y medio. Uno de la tripulación también lo vio, Aunque había luna clara, nada pudieron ver del animal, confundido con la espuma que levantaba en su rápida progresión. Ambos aseguran formalmente que no era una ballena ni ser que hubieran visto antes de entonces"
La historia de la serpiente de mar (que no conviene confundir con los monstruos marinos, escualos o cefalópodos gigantescos, capaces de arrastrar a los abismos submarinos a un buque con su tripulación) está resumida en estos relatos de quienes aseguran haberla visto.
Los huesos de animales prehistóricos ahí quedan para aseverar que hubo un tiempo en que la serpiente de mar, o algo uy parecido a ella, nadaba en las proximidades de nuestras costas. Que se hayan extinguido todos los miembros de la especie o que alguno de ellos vague todavía aburridamente por las profundidades, y de vez en cuando suba a la superficie para dar un susto a un pastor evangélico, o para servir de musa a los periodistas en los días sin noticias, es cosa que no está lo bastante aclarada.
Admitimos referencias de los lectores que hayan visto alguna vez una serpiente de mar, y confiamos en que no sean demasiado crédulos con las grandes algas flotantes sobre la superficie del Océano, con las que, a veces, la ha confundido la imaginación exaltada de los viajeros, propensos a lo fabuloso después de muchos días de navegación.
La condición extraordinaria de la serpiente, su tamaño, su forma y sus costumbres, tan fuera de lo normal y corriente, todo coincide para hacernos suponer que se trata de una cosa tan excepcional, que no podría ser fácilmente inventada por la imaginación humana.
El hombre es mucho menos apto para forjar seres fabulosos de lo que por ahí se cree.
Como se ha dicho con evidente acierto, a la Humanidad, puesta a hacer un derroche de fantasía, no se le ocurrió mas que coger una merluza y una mujer, aserrarlas por la mitad y con los trozos resultantes construir una sirena. Y quedó tan agotada después de esta experiencia, que para inventar el centauro tuvo que insistir en la misma operación quirúrgica, o sea cortar al medio un hombre y un caballo. Y aun así y todo, el privilegio de la fantasía se reserva para unos pocos seres excepcionales dentro de cada generación. Cuando muchos hombres coinciden en afirmar que han visto un ser no parecido a nada a los corrientes, hay que empezar a creer en su existencia.
Y esto aparte, si los trabajos del navegante no van a tener de vez en cuando la compensación de ver una serpiente de mar, y poder contarlo en las tabernas de los puertos, con música de acordeón y personajes de Mac Orlan, no sabemos qué atractivos le quedaran a tan ruda y sufrida profesión.