Un
artículo de Antonio Salinas y Juan Vallejo para la revista Enigmas.
En los últimos años el célebre barrio granadino se ha visto acosado por una
serie de escabrosos sucesos que han conmovido al país. En todos ellos se han
dado unos elementos que han convertido estos crímenes en casos insólitos. La
presencia de curanderos y videntes, la celebración de extraños rituales y la
ignorancia como base: una conjunción explosiva en un mismo lugar que ha
desconcertado a los cuerpos de seguridad andaluces...
LOS EXORCISMOS DEL ALBAICÍN
1 de febrero de 1990
Instituto Anatómico Forense
Granada 00:00 Horas
La fría noche granadina se extendía por las estrechas callejas y avenidas de
una ciudad conmovida desde hacia pocas horas por unos hechos insólitos que
parecían involucrar al propio Príncipe de las Tinieblas. Algunos rezagados
deambulaban por los aledaños de la Facultad de Medicina donde se encuentra el
Instituto Anatómico Forense. Un magistrado, dos forenses, un médico y su
ayudante examinaban el cadáver llegado hacia pocos instantes. El nerviosismo
estaba en cierto modo justificado. Los primeros informes policiales indicaban
que Encarnación Guardia Moreno, la finada que tenían frente a ellos, había
muerto tras ser sometida a un extraño y violento exorcismo practicado por
amigos y familiares suyos. La magistrada del Juzgado de Instrucción número 8
encargó al médico forense Manuel García Blázquez que practicara la autopsia
al cadáver con el objeto de determinar la causa y hora de la muerte. Los
especialistas tomaron muestras de sangre y orina que más tarde enviaron al
Instituto Nacional de Toxicología y examinaron las diferentes heridas. Su
trabajo lo iban documentando con una serie de fotografías, tanto en película
normal como en instantáneas Polaroid que servirían para avalar los hallazgos
del Dr. García y los otros especialistas. Las diferentes imágenes se fueron
depositando sobre una mesa, vueltas hacia abajo para evitar que la luz de los
tubos fluorescentes dañara la emulsión. Al terminar el estudio, bien entrada
ya la madrugada, se dispusieron a comprobar el resultado obtenido en las
instantáneas. Inexplicablemente, la mayoría de éstas aparecían veladas, y
las que habían logrado impresionar alguna imagen las mostraban tan borrosas y
distorsionadas que no resultaban válidas. Por fortuna aún quedaban los dos
carretes de 36 exposiciones que contenían el material más interesante y que
serian revelados al día siguiente. Pero al igual que los anteriores, éstos
amanecieron defectuosos. La filmación de vídeo que se realizó también
apareció velada, aunque pruebas posteriores demostraron que la videocámara se
encontraba en óptimas condiciones. Cada vez con los nervios más a flor de
piel, se dirigieron nuevamente en compañía de la magistrada al Instituto
Anatómico Forense para realizar un nuevo reportaje fotográfico. Convenía
operar con rapidez, dado que el cadáver seria enterrado aquella tarde. Pero,
una vez más, el material fotográfico apareció velado. No había ninguna
explicación posible para aquella sucesión de errores. Naturalmente, nadie
pensaba en el demonio. Aquella desgraciada mujer había sido víctima de la
incultura, sólo eso. La ciencia, la lógica y la razón de aquellos
profesionales impedía pensar en otra cosa.

Mariano
Vallejo 'El Pastelero', en el momento de su detención.

Encarnación
Guardia, víctima del brutal ritual.
LAS
RAÍCES DEL MAL
En su libro "El exorcismo del Albaicín", el Dr. García dice que
aquella muerte no tendría sentido en otro barrio que no fuera éste. Los
orígenes del extraño y delirante ritual hay que buscarlo años antes,
exactamente en 1985, cuando el primo de la asesinada, José Guardia Alonso,
fallece a causa de una leucemia. Tal y como se deduce del testimonio de los
implicados y de la sentencia dictada por la Sección 1ª de la Audiencia
Provincial el 17 de marzo de 1992, a partir de ese momento comienzan a ocurrir
fenómenos extraños en la casa de las familias Guardia y Fajardo, quienes con
rapidez se ponen en manos de videntes y curanderos. Es en este punto, a partir
del día 15 de enero, cuando entra en escena la víctima de nuestra historia.
Encarnación, joven y atractiva mujer, había vuelto de Francia tras permanecer
allí ocho años, y eventualmente se alojaba junto a sus dos hijos en casa de
Josefa Fajardo, otra de las implicadas en el crimen. Mariano Vallejo, el
Pastelero, poseedor de supuestas facultades paranormales y con antecedentes
penales, fue llamado por la asustada familia para esclarecer el asunto. Y por
fin quedó establecida la fecha en que Encarnación Guardia, junto a sus primas
Enriqueta e Isabel y el Pastelero, habrían de entrar en contacto con el
fallecido. Sólo así expulsarían el mal del humilde hogar.

Los
medios apostaron por el móvil de robo.

El
exorcismo del Albaicín causó un gran impacto en los medios de comunicación.
LA
NOCHE DEL 31
Era la 1:30 de la madrugada. Los presentes en la estancia decidieron realizar
una rueda espiritista para comunicar con José, colocando sobre la mesa camilla
un par de velas y cuatro vasos llenos de agua, de forma que cada participante
tuviera uno frente a sí. De repente, Encarnación y Enriqueta rompieron el
tenso silencio con brusco espasmos y aspavientos: en apariencia, diferentes
familiares ya fallecidos hablaban a través de ellas. Minutos después,
Encarnación narró a los presentes una historia que, al parecer, sólo conocía
Mariano. Mientras estuvo en Francia, el dueño del establecimiento donde
prestaba sus servicios, según Encarnación, la introdujo en sesiones de magia
negra donde eran frecuentes las orgías y los rituales satánicos. Ella
arrastraba desde entonces la certeza de que en aquellas reuniones Lucifer le
había engendrado un hijo que ahora habitaba en sus entrañas. No pudo continuar
el relato. Al momento, la expresión de su cara cambió y comenzó a gritar, a
arrastrase arañando el suelo e insultando a los presentes hasta que afirmó ser
Satanás, diciendo que nada podrían hacer para echarle de aquel cuerpo. Mariano
agarró a la mujer por la cabeza y ordenó al Maligno que se fuera, cosa que
aparentemente consiguió, pues Encarnación pareció más calmada. A
continuación, y pese a las primeras reticencias de los reunidos, les conminó a
que extrajeran aquél mal del vientre, para lo cual debían empezar suministrar
a la víctima una extraña poción hecha con sal, vinagre y pimienta.
Encarnación bebió innumerables vasos, viéndose obligada a vomitar en
numerosas ocasiones, ya que su cuerpo rechazaba el repugnante liquido. Después
de un buen rato, Encarnación decidió que debían quemar sus ropas y tirar
todas las joyas por el retrete, pues estaban embrujadas. Efectivamente, así lo
hicieron. La presunta endemoniada se duchó con agua fría y pidió una bata que
le prestaron sus primas.

Juan
Vallejo con S.R. de la Torre, experto en psicopatología forense.
Durante cierto
tiempo todo volvió a la normalidad, momento en que aprovecharon para retomar el
tema de sus reuniones en Francia con grupos satánicos. Ya con nuevas fuerzas,
Encarnación pidió que le dieran más pociones y que la ataran y pegaran.
Comenzó a escupir espuma sanguinolenta y sus ojos se inyectaron en sangre, a lo
que siguieron más duchas, más cantidades de sal y alguna bebida azucarada de
vez en cuando para que recuperara fuerzas. Aproximadamente a las ocho, Josefa
Fajardo, sobrina de Encarnación, hizo acto de presencia. La escena que se
encontró era dantesca. Su tía estaba arrodillada en el suelo con la cabeza
apoyada sobre el cojín de un sillón y completamente desnuda. El suelo de la
habitación estaba cubierto de vómitos y charcos de agua. Mientras Mariano
trataba de explicar lo ocurrido durante la madrugada, a Encarnación se le
declaró una crisis convulsiva total, derribando incluso a varios de los
presentes.

Lugar
del asesinato cometido presuntamente por Blas Miguel C.M.
Cada parte de su
cuerpo parecía moverse de forma independiente, sin coordinación ni ritmo. Su
vientre se endureció y Encarnación abrió la boca mostrando una larga y gruesa
lengua. Cuando la crisis cesó, tras suministrarle más vasos de agua con sal,
se dispusieron a "matar" al demonio. Para ello calentaron una aguja de
punto y, mientras le sujetaban las piernas, se dispusieron a introducírsela por
la vagina. Un fuerte olor a carne quemada, que fue interpretado como una señal
de que Satanás había regresado al infierno, inundó la habitación. Acto
seguido le introdujeron una mano hasta el útero y también por el ano tratando
de "agarrar el mal". El curandero extrajo una masa informe que tiraron
por el retrete. Conforma avanzaba la mañana comenzó a hacerse evidente que
sería necesario llevar a Encarnación a algún centro hospitalario, pero
Mariano se negó a ello. Tras pedir consejo a María Luisa, una conocida médium
del barrio del Zaidin, decidieron trasladarla al Hospital Ruiz de Alda, donde
quedó ingresada a las siete de la tarde en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Los primeros informes médicos fueron contundentes: "Shock intenso.
Síndrome hiperosmolar. Lesiones de diferente gravedad. Coma profundo con
ausencia de actividad cortical y de tronco cerebral. Hipotonia y arreflexia de
miembros. Estado de fracaso multiorgánico. Pendiente de nuevo estudio
neurofisiológico". A las cuatro de la tarde del 1 de febrero fallecía
Encarnación Guardia Moreno, levantándose el cadáver para su traslado al
Instituto Anatómico forense.
13
DE FEBRERO DE 1997. BARRIO DEL ALBAICÍN, GRANADA
El jefe de la Brigada Provincial de la Policía Judicial, Carlos Moreno, junto
al jefe de Homicidios de la Jefatura de Granada, se presentaban ante los medios
de comunicación para informar del nuevo asesinato que la noche anterior se
había producido en la calle Arabial, 15, concluyendo que "el móvil del
crimen fue un robo". El asunto quedaba zanjado, o al menos eso querían
aparentar. Las investigaciones realizadas posteriormente plantean múltiples
interrogantes que para los cuerpos de seguridad pasaron
"misteriosamente" inadvertidos. Según las mismas fuentes, Blas Miguel
C. M., de 28 años, se personó alrededor de las 8:30 horas de la mañana en la
casa de Francisca Bolivar López, anciana de 78 años.

Isabel
Guardia, prima de la fallecida, participó en el exorcismo.
Tras llamar al
timbre, la mujer abrió la puerta con total confianza: el joven vivía en el
mismo edificio y era "pariente lejano", por lo que no había motivo
para la desconfianza, Blas Miguel asestó una puñalada mortal en el corazón de
Francisca y, tras desnudar de cintura para abajo a la víctima, le introdujo un
cuerno metálico -de los utilizados por los cabreros para llamar al ganado- por
la vagina. Acto seguido limpió las posibles huellas que pudieran delatarle, y
con cuarenta mil pesetas que previamente había extraído de los cajones de un
armario, se dispuso a abandonar la escena del crimen. En la puerta se topó con
María Victoria Raya Bolívar, hija de la asesinada, que acudía como cada día
a cuidar a su madre.

El
diablo parece haber encontrado un cómodo hogar en este barrio granadino.
El presunto
homicida saltó sobre ella y la apuñaló con tal fuerza que la empuñadura del
arma blanca se introdujo en el abdomen de María, la cual falleció en el acto.
A continuación, Blas Miguel incendió el inmueble y desapareció del lugar.
¿DESINFORMACIÓN?
Lo primero que llamaba la atención era que la prensa granadina hablara de
"parientes lejanos" en referencia a la relación víctimas - asesino.
Tras indagar en este punto hemos podido saber que las dos mujeres eran,
respectivamente, la abuela y la tía del detenido. Además, la ligereza con que
el suceso se interpretó como el robo llevado a cabo por un toxicómano, no
explica por qué éste no cogió las joyas y otros objetos de valor que había
en la casa. Si el autor de los hechos quería dinero para comprar droga, ¿cómo
no entabló una discusión con su abuela?. No podemos concebir una muerte
violenta por robo sin previo enfrentamiento verbal. Sin embargo, nadie, ningún
vecino del edificio se percató de nada fuera de lo normal. Los amigos del
inculpado, con los que tuvimos oportunidad de conversar, describieron a Blas
como una persona tremendamente introvertida y con carácter violento. Al
preguntarles por la motivación que pudo inducir al joven a cometer el
asesinato, todos coincidieron: "aquella noche iba muy pasado y se le fue la
cabeza". Costaba pensar que se hubiera jugado el permanecer encerado
durante cincuenta años por tan sólo cuarenta mil pesetas. Días más tarde
localizamos a una persona que el día de autos estuvo con Blas en la discoteca
"Industrial Copera" y se lo encontró a la mañana siguiente en un bar
cercano al lugar del asesinato. Éste le comentó que había estado en el
Polígono de la Cartuja, donde compró cocaína y heroína. Poco después
mantuvieron el siguiente diálogo:
- "¿Te has enterado de lo que le ha pasado a tu tía y a tu abuela?"
- "No"
- "Han muerto en un incendio en casa de tu abuela"
- "¡No me digas!"
Y continuó tan tranquilo tomándose una cerveza. Tras consultar a las personas
que diariamente conviven con él en prisión, los datos han comenzado a salir
dejando entrever implicaciones satánicas en el macabro suceso. Habitualmente el
preso porta en su cuello un crucifijo invertido y su espalda aparece tatuada por
una gran calavera que lee un libro en blanco. El experto en psicopatología
forense, R. S. de la Torre, afirma que en este tipo de casos el homicida se crea
un mundo particular donde él es el protagonista y héroe que se muestra
orgulloso de sus actos, una patología propia de sujetos con psicosis paranoide.
La lectura de libros, la televisión u otros elementos pueden ser condicionantes
a la hora de desarrollar su conducta. En definitiva, las claves están ahí: la
desinformación de la prensa, los móviles del robo, la ocultación de datos por
parte de la policía, el cuerno metálico... Puntos éstos que abren una nueva
investigación en la cual se ocultan siniestros intereses que no tardarán en
conocerse...
Texto extraído de la página web Enigmas y Misterios