Las divinidades antiguas a las que nos hemos referido pronto empezaron a no satisfacer la imaginación y el sentimiento religioso del hombre pues los hombres deseaban unos dioses más activos que les acompañaran en la vida diaria y participaran activamente en cada uno de los problemas humanos. Así fueron los vencedores del Olimpo quienes formaron parte en su imaginación y pronto predominaron en el culto religioso. Esos dioses, tan fuertes y al mismo tiempo tan sensibles y vulnerables a las debilidades humanas, dirigen el destino y la existencia de quienes aman y odian. Hermosos, majestuosos, cada uno con un papel concreto, formaron el elemento de culto durante muchos siglos. Esos dioses tenían todas las cualidades y todos los defectos de los humanos. Eran severos, castigaban todo comportamiento injusto, pero al mismo tiempo protegían y ayudaban a los justos y los piadosos. Demostraban su simpatía incluso entre sí y tales sentimientos afectaban su comportamiento hacia los humanos, según quien era el dios que los tenía bajo su protección. Dicha afirmación es claramente evidente en la Guerra de Troya donde los dioses del Olimpo intervienen para ayudar a los Aqueos o los Troyanos, según el protegido de cada uno. Son vengativos pero al mismo tiempo extremadamente generosos; se satisfacen y se apaciguan con ofrendas materiales. Eran sacrificados y asados en los altares los animales, los frutos de la tierra se ofrecían, y se realizaban impresionantes ritos hasta llegar al punto de sacrificios humanos aunque la mayoría de ellos se posponía al último momento si la piedad y la fe eran comprobadas, todo en honor de los dioses. Cada labor y necesidad social se asocia a la veneración de algún dios: desde la agricultura hasta el aprendizaje, desde las bellas artes hasta la caza y desde las virtudes bélicas hasta el amor. Entre los dioses hay quienes son más alegres y despreocupados, quienes regalan al hombre el buen humor y la diversión para que la vida adquiera cierto aire de despreocupación, y todo esto siempre en el marco de algunos ritos religiosos dedicados a Dioniso, a Pan o a Afrodita (Venus).
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Introducción, Zeus, Hera, Atenea, Poseidón, Demeter, Apolo, Artemisa, Hermes, Ares, Afrodita, Hefesto, Hestia.
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Los doce
dioses del Olimpo,
desde el comienzo de su reinado sobre la tierra y el cielo, se repartieron los
poderes y las dignidades según la voluntad de Zeus.
Su morada era el Olimpo, la montaña más alta de Grecia,
pero acostumbraban bajar entre los hombres para ayudarles, para castigarles,
para controlar sus destinos y hasta para unirse con ellos y procrear
descendencia. Los hijos de estas uniones se llamaban semidioses y poseían
poderes especiales. Protagonizaban múltiples hazañas heroicas y disfrutaban de
la admiración de todos.
Los dioses comían ambrosía y bebían néctar, bebida exclusiva para dioses.
Aceptaban los sacrificios y las ofrendas que los humanos les dedicaban; los
hombres inmolaban en honor de ellos animales que degollaban y asaban en el altar
sagrado. Otras veces, les ofrecían diferentes frutos de la tierra. Las
divinidades cumplían con rigurosidad con sus promesas, especialmente si esas se
hacían bajo juramento, el más sagrado de todos era el de "por las aguas
de la Estige".
Cuando un dios daba su palabra "por las aguas de la Estige" -una de
las corrientes sagradas- jamás quebraban su promesa.
Los dioses del Olimpo eran casi omnipotentes; cada uno de ellos tenía su propio
espacio donde enseñorearse y ejercía su poder dentro de esos límites. Sólo Zeus
era Omnipotente. En muchos aspectos se asemejaban a los humanos. Poseían
iguales debilidades, pasiones y sentimientos. Se encolerizaban, celaban,
envidiaban, amaban y se enamoraban como el hombre. Pero pretendían sobre todo,
el respeto y la honra de los humanos.
Los Doce del Olimpo tuvieron un lugar privilegiado en la conciencia religiosa
del entonces Mundo Heleno. Pronunciar el "juro por los Doce Dioses del
Olimpo", significaba contraer el más sagrado compromiso de honor, demostrándonos
así, el profundo respeto que debían a estas deidades que delinearon la suerte
del Mundo y la de los Helenos.
Es el Señor
del cielo y de la tierra, el padre de dioses y humanos. Zeus, el más
importante de los dioses inmortales del Olimpo
nació en la cueva Dicte, en Creta;
no bien nació, su madre Rea
lo escondió en las cuevas de los montes Ida,
donde creció al cuidado de la cabra Amaltea y las Ninfas.
Demostró dominio y supremacía entre sus hermanos y entre los demás dioses,
ganándoles su respeto y admiración. Después de la Titanomaquia y la
Gigantomaquia, con justicia lo admitieron como jefe y patriarca de los dioses y
los hombres. Su arma fue el rayo, y su soberanía se extendía sobre el cielo y
sobre la tierra. Su esposa legítima y eterna fue Hera,
siempre firme y fiel compañera de su vida y sus obras. Con ella tuvo a Ares,
Hebe,
Ilitía y Hefesto.
Tuvo Zeus numerosas relaciones amorosas con diosas y mortales que provocaban de
tiempo en tiempo los celos de Hera. De estas relaciones Zeus tuvo otros vástagos,
dioses, semidioses y héroes. Para enumerar algunas de sus muchas relaciones,
citaremos la suya con Maya que dio a luz a Hermes;
fruto de su relación con Sémele fue Dioniso,
de Leto
nacieron Apolo
y Artemisa,
de Temis:
las Moiras y las Horas,
de Mnemosine las nueve Musas. Se tiene referencia de sus amores con infinito número
de mujeres mortales que trajeron al mundo a semidioses y héroes. Amaba y protegía
a todos sus hijos y éste fue a menudo el objeto de la furia de Hera. A más de
los cientos de mujeres que mantuvieron secretas relaciones amorosas con el padre
de los dioses y los hombres, se dice que un día se dejó seducir por el más
bello de los mortales, por Ganímedes, príncipe de Troya.
Era tal su encanto que provocó la pasión del propio Zeus, quien lo llevó al Olimpo
para que le sirviera el néctar en su copa.
Aparte de sus pasiones, que como hemos dicho eran equiparables a las humanas,
Zeus era un dios protector del equilibrio del derecho. No fue solamente árbitro
y sentenciador sino que participaba del dolor ajeno, intentaba consolar a los
desdichados e impartía justicia. Los calificativos de "nacido de
Zeus" o "criado por Zeus" se aplicaban a soberanos quienes sabían
gobernar con sabiduría y sentido de la justicia.
Dioniso era hijo de Zeus y Sémele. Cuando ella estaba embarazada de Dioniso pidió a Zeus que se le presentara en todo su esplendor (con sus rayos). Zeus accedió pero ella no pudo soportar esa visión y murió. Entonces Zeus se le introdujo en la pantorrilla y allí acabó de gestarse Dioniso hasta que nació.
Entre las jóvenes
de quienes se enamoró Zeus estaba la hermosa Europa, hija de Agenor y Telefasa
y hermana de Cadmo.
La joven jugaba con sus amigas en la playa de Sidón
cuando Zeus la vio y se quedó encantado por su gracia. Tanto fue su amor por
ella que para acercársela se transformó en toro blanquísimo y fue a acostarse
junto a sus pies.
Cuando Europa superó la sorpresa empezó a jugar con el toro mas en algún
momento cuando la joven se había montado sobre el animal, el toro se levantó y
se lanzó hacia el mar.

En vano gritaba suplicando la joven, el toro nadaba furioso alejándose de las costas. Europa para no caerse de sus espaldas tuvo que agarrarlo por los cuernos y tras un largo viaje llegaron a Creta.

Fue en Creta
y precisamente en la fuente de Gortina, bajo la frondosa sombra de los plátanos
donde la pareja se unió. Desde aquel entonces los plátanos nunca pierden sus
hojas en el invierno puesto que sirvieron para amparar el amor de un dios. De la
unión de Zeus y Europa nacieron tres hijos: el legendario Minos, rey de Creta,
el valiente Sarpidón y el justo Radamantes. Se dice que Talos, el robot de
cobre que vigilaba y protegía la isla de Creta y que veremos en el capítulo de
los Argonautas, era regalo de Zeus a su amada Europa. Europa permaneció en
Creta, se casó con el rey Asterión quien adoptó a sus hijos y dio su nombre
al viejo continente donde habitamos.
El toro cuyo aspecto tomó Zeus, subió al cielo transformándose en la
constelación del tauro, el conocido signo zodíaco.
Zeus era marido de Hera. Con Leda: se transforma en cisne. Con Io: se transforma en nube. Con Europa: se transforma en toro. Con Ganímedes: se transforma en águila. Con Dánae: se transforma en lluvia de oro.
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|
UNIÓN
CON DIOSAS |
UNIÓN
CON HUMANAS |
||
|
MADRE |
DESCENDENCIA |
MADRE |
DESCENDENCIA |
|
Démeter |
Perséfone |
Alcmena |
Heracles |
|
Dión |
Afrodita |
Antíope |
Amfión, Zeto |
|
Eurínome |
Gracias |
Calisto |
Arcas |
|
Hera |
Ares, Eileithyia, Hebe, Efesto |
Dánae |
Perseo |
|
Leto |
Hermes |
Egina |
Eaco |
|
Maya |
Apolo, Ártemis |
Electra |
Dárdano, Armonía, Jasón |
|
Metis |
Atenea |
Europa |
Minos, Radamantis, Sarpedón |
|
Mnemosine |
Musas |
Io |
Épafo |
|
Temis |
Horas (Estaciones), Moiras
(Parcas) |
Laodamia |
Sarpedón |
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Leda |
Cástor, Polideuces,
Clitemnestra, Helena |
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Niobe |
Argos, Pelasgo |
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Pluto |
Tántalo |
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Sémele |
Dionisio |
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Taigete |
Lacedemonte |
Es la protectora de la familia y las mujeres casadas. Era la fiel y respetada esposa de Zeus, y diosa protectora del matrimonio y de las mujeres casadas. Sus relaciones con Zeus habían comenzado mucho antes de su matrimonio, cuando se veían a hurtadillas de los padres. Luego del restablecimiento de los dioses en el Olimpo y del reconocimiento de Zeus como su soberano, tuvo lugar la boda. Hera participa en innumerables mitos, cría a muchos niños aparte de los suyos, castiga la infidelidad y condena con dureza a las amantes de su marido. A Leto cuando quedó embarazada de Apolo y de Artemisa, la condenó a vagar, hasta que al fin, llegó a la hasta entonces isla flotante de Delos. A quien Zeus había bienamado, la transformó en vaca. Un especial culto a Hera, le consagraban los habitantes de Argos y por eso la diosa se convirtió en la divinidad tutelar de la ciudad. Durante la Guerra de Troya, Hera protegió a los Helenos y tomó parte en varios asuntos relacionados con el desenlace de ese conflicto bélico.
En las bodas de Tetis y Peleo (de los cuales nacerá Aquiles) sólo Eris entre los dioses no fue invitada. Para vengarse (haciendo honor a su nombre, "la discordia") arrojó en medio del banquete una manzana de oro con la leyenda "para la más hermosa". Entonces compitieron para llevársela Hera, Ártemis y Afrodita. Al no ponerse de acuerdo, eligieron como juez a Paris (hijo de Príamo, rey de Troya). Éste dio la manzana a Afrodita, que le había prometido entregarle a Helena (esposa de Menelao, rey de Esparta); esto provocó la Guerra de Troya.

Es la diosa
de la sabiduría. Después de la victoria de los dioses Olímpicos en la
guerra contra los Titanes,
Zeus
se unió con la oceánide Metis, hija de Océano
y de Tetis.
Urano
y Gea
habían revelado a su hijo Zeus que de esta unión nacería Atenea, que le
asemejaría en valor y sabiduría, y que más tarde ella tendría un hijo que
sería mucho más sabio que él, poniendo en peligro su supremacía. Para paliar
este riesgo Zeus se tragó a Metis. Llegado el momento del parto, el dios ordenó
a Prometeo
(otros dicen que a Hefesto)
que le abriera la cabeza de un hachazo; todos quedaron asombrados al ver que de
la frente del dios surgía Atenea, totalmente armada y blandiendo su lanza. La
nueva diosa tuvo activa participación al lado de su padre, en la lucha contra
los Gigantes. Venció al gigante Encélado, arrojándolo a tierra y sepultándolo
completamente bajo la isla de Sicilia.
Atenea aunque diosa guerrera, no era belicosa. Era sabia e inteligente; prestó
apoyo a héroes como Perseo, Aquiles, Odiseo (Ulises)
y a muchos otros. Mas su amor por ellos no tuvo nada de erótico. Atenea, tanto
como Artemisa
habían decidido no casarse, ni siquiera con dioses y conservar su virginidad.
Cuenta la
leyenda que una vez Poseidón
y Atenea
se disputaron por la ciudad de Atenas,
para aclarar quién la tomaría en protección y cuyo nombre llevaría. Al fin,
decidieron hacerle cada uno un regalo a la ciudad y que ganara el que los otros
dioses consideraran que había sido el mejor. Poseidón golpeó con su tridente
la roca de la Acrópolis
y enseguida brotó el agua. Atenea por su parte, golpeó la tierra con el pie y
de ella salió el olivo, el primero en el mundo, el árbol bendecido y símbolo
de la paz desde tiempos remotos.
La sentencia de los dioses dio la victoria a Atenea y la ciudad tomó su nombre
llamándose Atenas
y quedó bajo su amparo.
La diosa asistió y ayudó a los hombres en sus obras de paz. Enseñó a los
alfareros, colaboró con los poetas, adiestró a las mujeres en el arte del
hilado. Muy a menudo se cita como "Palas Atenea". La palabra Palas
quiere decir "nueva hija". El constante rival de Atenea fue Ares,
el combativo que aparece en la Ilíada apoyando a los ejércitos enemigos de los
griegos. Ares defendía a los Troyanos mientras que Atenea, a los Helenos. Es más,
cuando Zeus
permitió a los dioses inmortales que participaran en la guerra de Troya,
Atenea combatió a su rival Ares con éxito, asestándole un grave embate.
La presencia de Atenea era, en total, sinónimo del consejo prudente, el
comportamiento tranquilo y el juicio sabio. El Partenón, el magnífico templo
consagrado a Atenea, fue el centro de su culto y veneración; sede de las
grandes celebraciones, así como también del festival de las Panateneas,
conmemorativo de su nacimiento.
Aracne era el
nombre de una joven muy hábil en el tejido y el bordado. Sus obras siempre eran
admiradas hasta tal punto que muchos pensaban que tal arte le había sido enseñado
por la diosa Atenea. Mas la chica joven, por soberbia, no aceptaba tal cosa y
por si eso fuera poco invitó a la diosa a competir con ella.
Se le presentó Atenea disfrazada de anciana y comenzó a aconsejar a la joven
para que fuera modesta y piadosa. Mas Aracne replicó los consejos insultando a
la anciana. Luego empezó el concurso en el cual una de las concursantes elegía
los temas que iba a representar en sus obras; mas los temas que Aracne elegía
eran escenas sacrílegas, que ofendían a los dioses. De ahí que tuviera que
afrontar la ira de la diosa. Aracne se sintió tan menospreciada que acabó
ahorcándose. No obstante, para que no se muriera, la diosa la transformó en el
insecto que todos conocemos y que continuamente teje su tela, la araña (Aracne
en griego).
Otra versión dice que como el jurado dictaminó un empate, Atenea castigó a
Aracne convirtiéndola en araña para que tejiera durante toda su vida.

Es el dios
del mar. Es uno de los dioses más respetados del Olimpo,
pues junto con Zeus
y Hera
son los dioses más ancianos. En su carro dorado surca las aguas de su reino
-los mares y los océanos-, no le mojan las olas y alegres delfines le rodean
para festejarle.
En la Ilíada aparece de parte de los griegos, en la Odisea, en cambio, persigue
a Odiseo (Ulises)
por haber dejado ciego a su hijo, el cíclope Polifemo. También impuso largos
padecimientos a los otros héroes en su travesía de regreso desde Troya,
porque, a pesar de haber ayudado a los griegos en su guerra contra los troyanos,
le dolió la destrucción de la ciudad que había construido con sus propias
manos.
Poseidón disfrutó del amor con numerosas diosas y valiosas mujeres mortales y
tuvo mucha descendencia. Algunos de ellos fueron Tritón, de Anfitrite;
Polifemo, hijo de la ninfa
Toosa; Ante, de Gea;
Orión, de Euríale; los gemelos Pelias y Neleo, de Tiro; Pegaso
y Crisaor, de la Gorgona Medusa;
Atlante (Atlas), de Clite, y muchos otros. Como rodeaba e influía la Tierra
recibía además estas denominaciones: "Kosmozostes" ("El Ceñidor
del Mundo"), "Kosmoseistes" ("El Sacudidor del Mundo"),
"Mesopontios" ("El del Medio del Mar"), "Pelagios"
("El Mar Interior"), "Pontokrator" ("El Dueño del
Mar") y muchos otros.
Es la diosa de la agricultura. Fue la diosa de la fecundidad, divinidad maternal, madre y protectora de la tierra cultivada y especialmente del trigo. Fue incluso considerada como diosa de la Tierra en sentido cosmogónico pues todo lo vivo, lo que florece y da fruto sobre el planeta, se lo debía a Demeter y su prudencia. Demeter mantiene una estrecha relación con Perséfone, la hija que tuvo con Zeus y por tanto en la Mitología es frecuente referirse a Demeter asociada a su hija.
Perséfone, la
hija única de la diosa, tuvo una infancia feliz junto a su madre y a los otros
dioses Olímpicos, hasta que un día, Hades
(Plutón) se enamoró de ella y la raptó. La joven cortaba un bello narciso en
el prado y en ese preciso instante, Hades abrió la tierra y se la llevó
consigo al Mundo Subterráneo.
Cuando Demeter
se percató de la desaparición de su hija, emprendió en su búsqueda. Viajó día
y noche, angustiada y acongojada, por el mundo conocido hasta ese entonces. Mas
nadie sabía nada. Cuando al fin Helios le contó la verdad, la diosa se
encolerizó y abandonó el Olimpo.
Descuidando sus deberes de diosa, se transformó en anciana y bajó a la tierra.
Llegó a Eleusis y se puso al servicio del rey Celeo. Durante este lapso, la
tierra se volvió estéril y la agricultura dio marcha atrás: nada brotaba, ni
florecía, ni daba fruto. Y el hombre empezó a sufrir por el descuido de la
diosa. Fue entonces cuando Zeus,
preocupado, mandó a Plutón que devolviese a Perséfone a su madre, pues ésta
amenazaba con no dejar crecer ni una sola espiga sobre los campos. Plutón, tuvo
que consentir llevar a su mujer al Mundo de Arriba, para que se uniera con su
madre; pero con astucia, poco antes de dejarla ir, le dio a comer un grano de
granada, que ató a Perséfone a las mansiones subterráneas. Y así hubo que
llegar a un acuerdo con Plutón: ocho meses al año, Perséfone permanecería
con su madre y los cuatro restantes con Plutón, su marido. Demeter aceptó el
trato y al poco tiempo, los terrenos se cubrieron nuevamente de mieses, los árboles
de hojas, los sembríos dieron brotes, y luego frutos.
Este podría ser un mito etiológico (estudia sobre las causas de las cosas), ya
que así se está explicando el ciclo de las estaciones del año (los cuatro
meses que permanece Perséfone con Hades, se refieren al invierno y parte del
otoño, meses en los que la vegetación no es tan floreciente como en el resto
del año).

Es el dios
de la luz, la música y la adivinación. Pertenece a la segunda generación
de los llamados dioses Olímpicos y es, como su hermana Artemisa,
hijo de Zeus
y de Leto.
Cuando Leto
quedó embarazada fue condenada por Hera
a no dar a luz en ningún lugar bajo el brillo del sol. En vano buscaba lugar
para alumbrar a sus hijos; en ningún lugar se lo permitían, por miedo a la
furia de la reina de los dioses. Por fin la estéril isla de Delos,
que en ese tiempo se llamaba Ortigia, le dio cobijo y allí nacieron Apolo y
Artemisa. Apenas nacido este dios solar, el del don de la adivinación, de las
artes musicales, cubrió de esplendor a la isla, al mundo entero.
En su juventud hizo muchas proezas entre las cuales destaca la liberación de la
ciudad de Delos
al matar con una de sus flechas certeras a la serpiente Pitón.

Después de
esta hazaña se llamó Apolo Pitio de ahí que los juegos que se celebraban en
Delfos se llamaran Juegos Píticos lo mismo que su sacerdotisa fue nombrada
Pítia.
La Pítia se sentaba en el sagrado trípode en el oráculo de Apolo y a través
de su boca se transmitían las profecías. El peán apolíneo, himno de alabanza
al dios Apolo, se cantó por primera vez, aquel día victorioso en que Apolo tomó
posesión del oráculo de Delfos, dominio, en otros tiempos, de Temis
(hija de Urano
y Gea).
Apolo era un joven alto, de hermoso porte y abundante cabellera. Tuvo muchas
aventuras amorosas con ninfas
y mortales. Una vez se enamoró de la hija del dios río Peneo, de Dafne. Mas ésta
no correspondió a su amor y un día que trataba de seducirla, rogó a su padre
que la transformara para salvarse. Y así ocurrió: la ninfa
fue transfigurada en laurel (en griego, dafne), que a raíz de este hecho, fue
el árbol ritual dedicado al culto de Apolo.
De sus relaciones amorosas con ninfas y bellas mujeres de aquella época, tuvo
una larga descendencia: Orfeo, de Calíope; Asclepio, de Corónide; Lino, de
Psámate;
Aristeo, de Cirenel; Troio, de Casandra; y otros más. Fuera de sus aventuras
amorosas con mujeres, el dios amó a hermosos hombres, de entre los más
conocidos, a Hiacinto (Jacinto) y a Cipariso (en griego, ciprés) los que a su
muerte y en medio de profunda congoja, Apolo decidió transformar, al primero en
flor, y al segundo en árbol.
A la par de sus altas dotes en las artes musicales, el pastoreo y la adivinación,
Apolo poseía virtudes de guerrero; y gran habilidad en el manejo del arco. Fue
honrado en altísimo grado por los humanos; presente en el culto, en las profecías,
en las competencias, en los sacrificios. Se constituyó en símbolo religioso
que inspiraba las creaciones artísticas. Se le considera además como el padre
de Pitágoras.
Por todas partes había templos y santuarios dedicados al dios Apolo. El más
importante estaba en Delfos, donde crecía el símbolo del dios, el laurel.
Muchos animales fueron también símbolos suyos y se dedicaron a él. El lobo,
el cisne, el cuervo (cuya manera de volar desvelaba la voluntad del dios) y el
delfín. Más tarde los romanos le honraron mucho y construyeron espléndidos
templos y celebraban grandes festejos a su honor y para agradecerle.
Es la diosa
de la luna y de la cacería. Nació de la unión de Zeus
y Leto,
el mismo día que su hermano Apolo.
Fue la diosa de la cacería y de la luna. Desde muy pequeña pidió a su padre
que le permitiera quedar soltera. Recorría los bosques armada de un arco y
flechas, seguida de ciervos y de sus amadas fieras salvajes. Artemisa tomó
parte en la Gigantomaquia y dio muerte al gigante Gratión con la ayuda de Hércules.
Era una diosa vengativa. Protegía a los cazadores y a los hombres puros e
inocentes. Es conocida la venganza que impartieron Artemisa y su hermano Apolo a
Níobe, la hija de Tántalo. Níobe orgullosa de su descendencia, se jactaba de
haber tenido catorce hijos, superando a Leto que sólo había tenido dos: Apolo
y Artemisa; estos, en represalia por la afrenta hecha a su madre, mataron a
flechazos a sus hijos, Apolo dio fin a los jóvenes y Artemisa a las muchachas.
Una de las víctimas de la furia de la diosa fue Acteón, hijo de Arísteo y de
la ninfa
Cerena que había aprendido el arte de la caza por el Centauro
Quirón. La diosa Artemisa se enfureció pues una vez él la vio desnuda a la
hora que ella se bañaba en una fuente. La venganza de la diosa fue muy dura: lo
transformó en ciervo y luego mandó a sus propios perros a que los persiguieran
hasta matarlo y devorarlo.
Es el dios del comercio, de la adivinación y heraldo de los dioses. Hijo de Zeus y Maya, una de las hermosas Pléyades. Desde casi recién nacido, aún en pañales, demostró estar dotado de fina astucia y picardía. Un día, robó y escondió tan hábilmente los bueyes de su hermano Apolo, que éste último se vio obligado a hacer acopio de todo su arte de adivinación para hallarlos. Y quizás nunca habría podido demostrar el robo, de no haber intervenido el padre, el justo y cabal Zeus, que lo esclareció todo. Este episodio acabó sin contratiempos y los hermanos se reconciliaron. Tratando de borrar cualquier rezago de resentimiento, Hermes regaló a su hermano la lira que había inventado y construido con sus propias manos, empleando el caparazón de una tortuga. Apolo, para corresponderle, le cedió los bueyes y le dio lecciones del arte de la adivinación. A Hermes se le considera el dios del comercio, de los hurtos y mensajero de los dioses. Se le representa con el casco y las sandalias aladas y sosteniendo un cetro. A más de sus obligaciones como emisario de Zeus -llevando los mensajes a donde se lo pidiera-, transportaba las almas de los muertos a la morada de Hades, el dios del Mundo Subterráneo. Lo encontramos ayudando muchas veces, de mil maneras a héroes como Hércules, Perseo, Ulises (Odiseo) y libera a Io, a quien Hera había convertido en vaca, matando a Argos que la vigilaba con gran celo. Por esta razón se le conoce desde entonces como el Arguelifontes (el asesino de Argos). Hermes tuvo muchos hijos. Entre ellos nombraremos a Mírtilo, de Clímene; a Pólibo, de Ctonofile; a Autólico (abuelo de Odiseo), de Quíone o Filónoe; y a Hermafrodito, de Afrodita.
Es la diosa de la belleza y del amor. Hay dos diferentes versiones sobre el nacimiento de Afrodita (Venus). Una de ellas nos cuenta que es hija de Zeus y Dione, y la otra, que cuando Crono castra a Urano y arroja los órganos genitales cortados al mar, en derredor del miembro se forma una espuma (en griego, afros), y Afrodita nace de él. El viento Céfiro la conduce a la isla de Kithyra para llevarla por último a las costas de Chipre.

Afrodita protegía el amor y a los enamorados y su principal ocupación consistía en hacer que los dioses se enamoraran de los mortales. Se complacía en tejer y lanzar redes amorosas, especialmente a Zeus que tantas veces se vio envuelto en distintas aventuras eróticas.
Ella misma nunca quedó atrás en este tema. Aunque casada con el dios Hefesto no siempre se mantuvo fiel a este dios cojo y fue amante de Ares. Homero nos narra en la Ilíada el siguiente episodio: cuando Hefesto se enteró por Helios -el que todo lo ve- que su mujer le engañaba con Ares, decidió tenderles una trampa. Para esto confeccionó una red mágica, de complicado mecanismo y simuló un viaje a Lemnos. En la noche cuando Ares visita a Afrodita, los atrapa, cogidos en el lecho con su invisible red metálica. Acto seguido, llamó a los dioses del Olimpo y a Zeus para quejarse airadamente. Las diosas pudorosas no quieren contemplar el espectáculo e intentan marcharse, mientras que los dioses se muestran divertidos. Apolo le dice riéndose a Hermes que Hefesto, aunque cojo, bien había logrado sorprender a la pareja y poner en aprietos a Ares frente a los demás dioses. Y continúa preguntándole, si le gustaría pasar la vergüenza que pasaba Ares. Hermes, con su natural picardía, le respondió que ya quisiera estar en su lugar y enlazar a Afrodita, aunque le encadenasen tres veces y le viesen todos los dioses y las diosas juntos. Esto hizo estallar en carcajadas a los dioses Olímpicos, dando el hecho por terminado, según nos cuenta Homero. De sus amores con Ares, Afrodita engendró a Eros, Deimo, Fobo y Harmonía.

No obstante Afrodita amó además a otros hombres, con quienes se relacionó,
como en el caso del bello Adonis; de Anquises, de quien engendra a Eneas, hijo
al que más tarde salvará y ayudará a escapar con su familia, luego de la
destrucción de Troya.



Es el dios de la guerra. Normalmente se le presenta armado de casco, coraza, lanza y escudo, listo para guerrear. Allí donde hubiera derramamiento de sangre, combate armado, Ares estaba presente. Por lo dicho, nunca gozó de preferencias en la religiosidad griega y no aparece protegiendo ninguna ciudad. Hijo de Zeus y Hera, se enfrentó muchas veces contra los otros dioses, e incluso contra su propio padre. Fue venerado en Tebas, como progenitor de su casa real, ya que Harmonía, la mujer de Cadmo, rey de Tebas, fue hija de Ares y Afrodita. Este dios de carácter brutal se unió con la tierna Afrodita y se dice que engendró con ella, a más de Harmonía, a Eros, Fobo y Deimo. Ares tuvo muchos otros hijos, así Cicno (Cisne), Diómedes, rey de Tracia que alimentaba a sus caballos con la carne de los forasteros, a Licaón, a Meleagro, Enómao, Diante y las Amazonas.
Es el dios
del fuego y del arte. Es hijo de Zeus
y Hera.
Es el dios del fuego, de la metalurgia y del arte. Confeccionaba no sólo joyas
y objetos artísticos sino también cetros, tronos, ánforas y hasta robots de
oro. Él fabricó a petición de Tetis,
la armadura y el afamado y bello escudo esculpido de Aquiles.
Su taller se encontraba en Lemnos y su lugar estaba dondequiera que existiesen
volcanes o fuego. Sus brazos eran poderosos como el metal que trabajaba en la
forja, con el yunque y el martillo, en cambio, sus piernas eran deformes. Además,
Hefesto se había quedado cojo y sobre este hecho hay dos explicaciones: la
primera dice que Hefesto participó en alguna de las peleas entre sus padres y
habiéndose puesto de parte de la madre, Zeus enfurecido lo agarró por los pies
y los echó del Olimpo:
cayó en Lemnos y un pueblo tracio, los Sintios, que habían emigrado hasta allí,
lo auxiliaron, pero quedó cojo para siempre. La segunda versión dice que fue
cojo de nacimiento y además tenía los miembros inferiores deformes, y que su
madre, avergonzada ante su fealdad, tratando de ocultarlo, lo arrojó desde el
cielo, y fue a dar en el Océano, donde lo recogieron las Oceánidas
Eurínome y Tetis,
que lo criaron en una cueva submarina.
A continuación queriendo vengarse de su madre, cuando creció, le envió un
trono de oro, que había sido hecho por él mismo. Esta se sentó, pero cuando
quiso levantarse no pudo hacerlo. Pidió auxilio a los dioses pero ninguno podía
desatarla, únicamente Hefesto sería capaz. Así con súplicas y artimañas de
los otros dioses, Hefesto regresó al Olimpo
para liberar a Hera. Se cuenta que Zeus
queriendo reconciliarse con él, a su vuelta al Olimpo
le concedió a Afrodita como esposa. A pesar de su fealdad, se le atribuían
esposas muy hermosas, ya que aparte de Afrodita se casó con Cárite (encarnación
de la belleza) y con Aglaye, la más joven de las Tres Gracias. Se le atribuye
la paternidad del Argonauta Pelemonio, del escultor Ardalo, del bandido
Perifetes (al que mató Teseo en su viaje hacia Atenas)
y de Erictonio.
Es la diosa del hogar. Hija primogénita de Cronos y Rea, pidió a Zeus, su hermano que le concediera la virginidad eterna y por eso rechazó a Poseidón y Apolo que la pretendían. No interviene en ninguna leyenda, a causa de su vida tranquila y de su permanencia siempre inmóvil en el Olimpo, por eso está presente más bien en el mundo de las ideas.
Además de los doce dioses del Olimpo había otros dioses que se veneraban tanto como los primeros con la única diferencia de que su morada no estaba en el Olimpo o que eran hijos procreados de la unión de un dios con un mortal. La veneración de esos dioses resulta muy interesante ya que muchas veces se reflejan en ella la manera de vida y la cultura de cada época.
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Dioniso, Asclepeo, Helios, Iris, Hades, Pan, Priapo, Eros, Temis, Las Erinías, Las Horas, Los Demonios del Mar, Hecata.
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Es el dios
del vino y de la alegría. Sémele fue una de las hijas de Cadmo, rey de
Tebas. Zeus
prendado de su hermosura se enamoró de ella. Pero su relación no pasó
desapercibida a Hera,
la celosa esposa de Zeus quien tratando de causarle daño a Sémele, le sugirió
que pidiese a su amante que se mostrase a ella con toda la majestuosidad y
esplendor igual que el día de su boda con la diosa Hera. Sémele a pesar de que
Zeus trató de disuadirla, continuó firme en su petición y le instó que
cumpliera su deseo en prueba de su amor por ella. Zeus al final accedió e hizo
su aparición en las habitaciones de Sémele montado en su carro, rodeado de relámpagos
y truenos y lanzando rayos, que pronto encendieron el palacio en llamas y
dejaron a Sémele sin vida, fulminada por alguna centella o quizás por el
miedo.
Pero Sémele guardaba en su vientre, desde hacía seis meses a Dioniso. Para
salvar al embrión, Gea
sembró velozmente una hiedra fresca que lo protegiera de ser devorado por las
llamas. Zeus tomó al niño aún en estado de gestación y abriéndose el muslo,
lo guardó en la hendidura, después se cosió el corte y allí lo protegió
para esconderlo de la furia de Hera, hasta que cumpliera los tres meses de
gestación que aún faltaban. Llegado el día de su nacimiento, Zeus rompió las
coseduras y sacó a la luz a su hijo Dioniso, que fue llamado "el nacido
del fuego", ""el cosido en el muslo", y "el nacido dos
veces".
Mas el acoso de Hera no había terminado. Se enteró de que Zeus había confiado
el cuidado del niño a Atamante y a su esposa Ino, hermana de Sémele. Zeus se
vio obligado otra vez a recoger al niño, transformarlo en cabrito y confiarlo a
Hermes
para que se lo llevara muy lejos, a Asia donde pudiera criarse. Pero la venganza
de Hera lo acosaba incansablemente hasta que un día lo enloqueció, obligándole
a andar errante por el mundo. Fue liberado de la locura por su abuela Rea,
y ya curado, continuó su aventura. Dioniso descubrió la vid y por donde iba
enseñaba el arte de la viticultura y las ceremonias sacras relacionadas con
cada fase de su cultivo. En muchas ciudades fue bien acogido, en otras en
cambio, fue rechazado. En Erolia, su rey, Oeneo la dio la bienvenida. En ática
restituyó a la vid su carácter de cultivo de primer orden.
Dioniso es el dios del vino, de la vegetación, de la fecundidad de la vid. El
culto dionisíaco está vinculado al vino y al baile, y hace al hombre huir de
lo instituido. Las orgías de Dioniso se basaban en ritos y obras sagradas.
Durante las ceremonias se cantaba el ditirambo, que es el himno de culto a
Dioniso.
El séquito de Dioniso estaba formado por Ninfas,
Silenos, Sátiros
y Ménades. Los Sátiros eran hombres con patas y cola de caballo que acechaban
a las Ninfas,
las perseguían y disfrutaban juntos del amor en las grutas. Un conocido Sileno
o Sátiro es Marsias, célebre intérprete del "avlós" o flauta de
doble caña y maestro de música. Los Sátiros, divinidades demoníacas de la
naturaleza, a menudo se identificaban con los Silenos pues sus descripciones
coinciden, excepto en que los Sátiros son representados como mitad hombres y
mitad machos cabríos. Las Ménades y las Bacantes eran mujeres, personificación
de las fuerzas de la naturaleza, espíritus orgiásticos. Poseídas por un
frenesí incontrolado, se dedicaban a su placer favorito: la danza y el canto.
Este alegre séquito creaba una ola de júbilo y diversión que envolvía de
costumbre a Dioniso. Dioniso había participado junto a Zeus en la guerra contra
los Gigantes.

Midas, el rey de Frigia, heredó de Dioniso el don de poder transformar todo lo que tocaba en oro macizo. No obstante, ese don le trajo mucha desgracia pues no podía tocar nada, ni comida, ni siquiera a su querida hija, pues todo se transformaba en oro. Por eso rogó al dios que le librara de su don. Dioniso le aconsejó que se bañara en el río Pactolo, que desde entonces se llenó de pepitas de oro.
El mito de Ariadna, a quien Teseo dejó abandonada en la isla de Naxos a su regreso de Creta hacia Atenas, está vinculado con Dioniso, pues Dioniso la encontró allí y la tuvo como esposa. Tuvieron dos hijos: Estáfilo y Enopión.
Es el dios de la medicina. Fue héroe y dios de la medicina. Hijo de Apolo y de Corónide o de Arsinoe, según otras versiones. Asclepeo como todos los principales de la época fue criado y educado junto al Centauro Quirón. El sabio Quirón le enseñó el arte de la medicina, ejercicio en el cual Asclepeo mostró grandes dotes. Dícese que tras la degollación de la Gorgona por Perseo, Atenea regaló la cabeza a Asclepeo. La sangre que se derramó de la parte derecha era tan beneficiosa que con ésta Asclepeo había logrado resucitar a los muertos. Por tal éxito, por revivir a los muertos, Zeus temió que de este modo estuviera violando las mismas leyes de la naturaleza y lo fulminó con un rayo. Apolo para vengar la muerte de su hijo, mató a los Cíclopes. Su esposa fue Epíone con quien tuvo dos hijos, Podalirio y Macaón, ambos también médicos, y cinco hijas: Aceso, Yaso (la curación), Panacea, Egle e Higia (la salud). Tras su muerte Asclepeo se convirtió en la constelación de Ofidio. Los descendientes de Asclepeo continuaron las técnicas terapéuticas aprendidas de él y tomaron el nombre de Asclepíadas. De entre los médicos esos el más afamado es Hipócrates.
Es el dios
de la luz. Helios (el Sol) es anterior a los dioses Olímpicos. Hijo de Hiperión
-uno de los Titanes-
y la Titánide Tía,
Helios es descendiente de Urano
y de Gea,
y hermano de Eos
(la Aurora) y de Océano.
Numerosos y muy conocidos son sus hijos entre los cuales destacan: Circe, la
maga; Eetes, el rey del Cólquide; Pásifae, esposa de Minos -rey de Creta-
y Perses.
Helios aparece representado como un hombre hermoso, de aúreo cabello coronado
por rayos dorados que atraviesan el firmamento. Va montado en un carro que
arrastran cuatro caballos y cuya velocidad es única. En su carro recorre cada día
la bóveda celeste, sobre la Tierra y el Océano,
utilizando un tipo de copa honda. Helios aparece en distintos mitos, siendo el
que todo lo ve, a menudo es testigo de buenas o malas acciones.
Rode, tal y
como se refiere en una de las Odas de Píndaro era hija de Poseidón
y de Anfitrite
(o de Afrodita,
según otra versión) y la preferida del dios Helios.
Cuando los dioses se repartieron entre ellos el mundo, Helios, fiel a sus
deberes, se encontraba ausente realizando su viaje diario alrededor del mismo. Y
así no participó en la repartición. Cuando volvió, Zeus,
que no quería ser injusto con él, se preparó para realizar de nuevo la
repartición. Sin embargo, en sus recorridos Helios había visto una isla bella
y grande emergiendo del fondo del mar. Y fue eso lo que solicitó como su parte
y el lugar que eligió para realizar su unión con la ninfa
Rode. De esta unión nacieron seis hijos, los Helíades, y una hija,
Helectríon.
El primogénito, Cércafo, tuvo a su vez tres hijos: Yáliso, Lindo y Camiro que
se repartieron la isla y fundaron tres ciudades, cada una con sus respectivos
nombres.
Otro mito vinculado con el nombre de la isla pero también con sus primeros
pobladores, refiere que la región fue inicialmente colonizada por los telquines,
los hijos del Mar. Los telquines eran muy hábiles en las artes del fuego y los
metales, así como en la magia. Poseidón se enamoró de la hermana de los
telquines, Halia, y tuvo con ella seis hijos y una hija, Rode, que dio su nombre
a la isla. Un día Afrodita solicitó a los telquines permiso para atracar en
ella pero éstos se lo negaron. La diosa, para vengarse, lanzó sobre ellos una
maldición que los condenaba a cometer incesto con su madre, además de cubrir
la isla con las aguas del mar. Zeus
informó a tiempo a los telquines de la maldición de la diosa y se fueron
dejando abandonada a su hermana Rode. Las aguas cubrieron durante mucho tiempo
los valles de Rodas hasta que Helios la descubrió y enamorado arrojó sobre
ella el calor de sus rayos para evaporar así las aguas que la cubrían.
En su época
fue una de las siete maravillas del mundo. Se ha discutido mucho sobre sus
colosales dimensiones y sobre el lugar exacto en el que se encontraba. Sin
embargo, y puesto que no se conserva ni uno solo de sus fragmentos, en realidad
no podemos estar seguros de nada. La única evidencia de su existencia son los
relatos y descripciones de los viajeros de la época que llegaron hasta Rodas.
Los rodios construyeron el Coloso para honrar a su dios protector heliios después
del fracasado intento de Demetrio Poliorcetes de conquistar y ocupar la ciudad
de Rodas en 305 a.C Los gastos de la construcción fueron cubiertos con el
dinero que se reunió por la venta del equipo de guerra que Demetrio abandonó
en su retirada de Rodas y que ascendía a la cantidad de 300 talentos,
equivalentes a tres billones de dracmas actuales. La construcción de la estatua
fue encargada al escultor Jaris de Lindos y fueron necesarios alrededor de 12 años
para ser terminada. De acuerdo con las fuentes históricas disponibles, los
miembros de la estatua fueron construidos por partes. Inicialmente se construyó
una base de mármol en la que se aseguraron los pies de la estatua hasta la
altura de los tobillos. Más tarde se colocó el resto de los miembros del
cuerpo. Las partes ya fabricadas se cubrían con tierra de tal manera que los
trabajos continuaran a nivel del suelo. Así, al parecer, alrededor de la
estatua se levantó poco a poco una colina de tierra que debió alcanzar al
final unos 30 metros. La cabeza del Coloso muy probablemente estaba enmarcada
por rayos, tal como se ve en una cabeza de barro del dios Helios que se expone
en el Museo de Rodas. En la mano derecha muy probablemente sostenía una
antorcha que sería utilizada como punto de orientación para los marinos. Sin
embasrgo, hay que decir que la mayor parte de la información sobre la postura
del Coloso proviene de escritores e ilustradores de la época de Bizancio y
obviamente están adaptadas a su concepción estética.
Sobre el lugar exacto en el que se encontraba la estatua se han realizado muchas
hipótesis. Según una de ellas se encontraba a la entrada del puerto, con las
piernas separadas para que los barcos pudieran pasar por debajo. Según otras,
estaba en el recinto del templo del dios Helios, que debe ser identificado con
el lugar que ocupa actualmente el palacio del Maestre General.
Existen muchas teorías en relación con el tamaño del Coloso. Los viajeros de
la época que llegaron a visitar Rodas nos informan que tenía una altura de 31
a 32 metros. De acuerdo con sus descripciones doce hombres podían sentarse en
su pecho, un hombre cabía de pie en su cabez, su nariz medía 30 cm. de largo y
un uña 15 cm. El escritor romano Plinio, que vió la estatua en Rodas en el año
77 d. C., refiere que con dificultad un hombre alcanzaba a rodear con los brazos
uno de los pulgares de la figura. La impresión que causó en la antiguedad se
refleja en uno de los diálogos de Luciano. Allí se cuenta que Menipo en su
ascensión al cielo pudo distinguir la tierra sólo porque eran visibles entre
las nubes el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría.
El Coloso estuvo colocado en su lugar original durante 56 años y entre 227-6 a.
C., fue derrumbado por un fuerte sismo que sacudió la isla. Los rodios, aunque
reunieron los fondos necesarios para su reconstrucción, al final no lo
volvieron a colocar pues, al parecer, existía una profecía que les advertía
que si lo hacían habrían de provocar grandes calamidades a la población de la
isla. Y así, durante aproximadamente 800 años, los pedazos permanecieron tal y
como habían sido amontonados después del sismo, constituyendo un espectáculo
para los viajeros de Rodas.
El hecho de que la estatua permaneciera caída pero intacta durante bastantes
siglos a pesar de que el bronce con el que estaba construida fuera un material
muy valioso, muestra que los rodios estaban especialmente orgullosos de su
creación. En 653 d. C., los árabes de Moab que ocuparon la isla, vendieron sus
miembros de bronce a un comerciante judío que, se dice, necesitó 900 camellos
para transportar el material.
Es la mensajera de los dioses. De la estirpe de los Océanos, su padre es Taumante y su madre la oceánide Electra. Es la personificación del arco iris. Sus colores son símbolo de la unión de Urano y Gea. Es representada con una amplia túnica flotando en el aire y alas en las espaldas. Está al servicio de Zeus como mensajera, al igual que Hermes, para llevar el correo y las órdenes de los dioses.
Es el rey
del mundo subterráneo. También llamado Plutón por los latinos. Es hermano
de Zeus,
de Poseidón,
de Hera,
de Hestia
y Démeter. Hades es el dios de los muertos que reina en el Mundo Subterráneo.
Después de la victoria contra los Titanes,
Zeus se repartió con sus hermanos el universo, correspondiéndole a hades -el
tercer dios de rango principal- el mundo de las tinieblas. Al igual que sus
hermanos fue devorado por Cronos.
Por la advertencia de Zeus, Hades fue vomitado por Cronos saliendo aún vivo del
vientre de su padre. Participó entonces en la lucha contra los Titanes,
al lado de Zeus.
En sus oscuros dominios, es un dios despiadado e inflexible que no permite que
sus súbditos vuelvan a tierra entre los vivos. Le sirven diferentes demonios y
espíritus, uno de sus ayudantes es el barquero Caronte, que cumple con su deber
de cruzar las almas del río Aqueronte, desde una de sus orillas, a la otra,
donde empieza el reino de los muertos, a cambio de un óbolo (una moneda que se
ponía junto al difunto cuando era sepultado).

Hades se enamoró de la hija de su hermana Deméter, de la bella Perséfone, a
la que raptó, ya que no había accedido a casarse con él. De entre los héroes,
Hércules, Orfeo y Ulises
bajaron al Mundo Subterráneo aún en vida. Homero nos describe cómo este mundo
dominado por la oscuridad y la aflicción sobrecogió hasta a los héroes más
aguerridos. Un personaje muy importante que está condenado en este Mundo
Subterráneo por Hades es Sísifo.
Es el dios
de los bosques. Símbolo de la naturaleza y de la vida campestre, Pan es el
dios de los pastores y los rebaños. Desde tiempos remotos se le representa como
un ser demónico, mitad hombre y mitad macho cabrío, de rostro arrugado, de
aguzado y barbado mentón, con cuernos en la frente y cuerpo peludo.
De gran agilidad y alegría solía representar la apacible vida del campo,
descansando junto a frescas fuentes y umbrosos bosques. Era dios de gran lujuria
que perseguía incansable a las ninfas
y a los muchachos jovenes para satisfacer su insaciable deseo. Cuidaba de los
rebaños y tocaba la siringe o flauta de caña, de la que se dice es su
inventor.
Su origen no es muy claro. Nació en Arcadia, y probablemente fuera hijo de Cronos
y Rea,
o de Hermes.
Se dice que su madre, alguna Ninga quizás, cuando dio a luz y vio al pequeño
de aspecto mostruoso, asustada lo abandonó. Hermes lo halló y envolviéndole
en una piel de liebre, se lo llevó al Olimpo. A los Olimpios les pareció
encantador y lo aceptaron entre ellos. De todos los dioses el que más lo quiso
fue Dioniso que se lo llevó consigo. Pan amó a muchas ninfas
pero a menudo su amor no fue correspondido; tal fue el caso de la ninfa Pefco
(Pino) quien se transformó en árbol para no ser alcanzada por el dios. Luego
Pan se enamoró de Eco, hermosa ninfa de las fuentes y de los bosques quien por
no corresponderle el amor fue desmembrada. Se dice de Eco que amó a Narciso
pero desesperada por este amor decidió desaparecer de vista dejando atrás tan
sólo su voz. En cambio tuvo éxito en sus amores con Selene
a quien burló disfrazándose de cordero.
Es el dios
de la fecundidad. Se asemejaba a Pan,
y algunos dicen que fue hijo de Dioniso
y de la ninfa
Quione o de Afrodita
y Dioniso, o incluso de Hermes
o Zeus.
Creció en Lámpsaco, ciudad que según se cree fue fundada por él. Es dios de
la fecundidad, no sólo en el reino animal sino también en el reino vegetal y
además es el dios del amor carnal.
Con su enorme falo, que representa la fuerza genésica de la naturaleza, impone
hasta cierto punto sus deseos a cuanto controla y protege. Por otro lado, el
pene erecto simboliza la facultad creadora y dadora de vida que incumbe al órgano
masculino.
Es el hijo de Afrodita. Es el desnudo niño de alas doradas en los hombros, de cabellos rizados y un arco, con el que lanza sus flechas mágicas. Antes de ser evocado por poetas y recreado por escultores y pintores, es para los antiguos griegos, el hijo de Afrodita y de Ares que flechaba los corazones de dioses y mortales. Era ocnsiderado el más hermoso de los dioses porque hacía crecer en el hombre los más hermosos sentimientos y ayudaba a la unión de las parejas. Eros ablandaba los más duros carácteres de los hombres, embellecía la vida y le daba sentido.
Es la diosa de la justicia. Es la diosa que protegía la justicia y el cumplimiento de las leyes entre los dioses y entre los hombres. Defendía a los débiles y a los que no se les hacía justicia. Tenía el don de la adivinación y tuvo su propio oráculo en Delfos, antes de cedérselo a Apolo, al que enseñó las artes de la predicción. Fue hija de Urano y de Gea y hermana de Cronos, de Rea, de Mnemosine, de Océano y de los otros Titanes. De su unión con Zeus, la diosa dió a luz a las Horas: Eunomia, Justicia y Paz que amparaban las obras del hombre, y a las tres Moiras. La primera Moira, llamada Cloto (la que hila) es la que va hilando el hilo de la vida de cada uno de los hombres, la segunda Láquesis (la que asigna los lotes), entrega las alegrías y las penas y Atropo (la inflexible), con una tijera corta el hilo y pone fin a la existencia.
Cuando Cronos
mutiló a Urano
cortándole los órganos genitales con una hoz, de la sangre que derramó de la
herida nacieron las Erinías: Alicto, Teséfone y Megera. Eran divinidades
severas e inexorables que controlan la conciencia de los humanos y persiguen a
los que no cumplan su palabra. A veces son la personificación de los escrúpulos
que torturan a quien cometió alguna injusticia. Otras veces transformadas en
figuras asquerosas de aspecto funerario persiguen a todas partes y castigan a
los criminales y los incestuosos.
No hay lugar sobre la tierra que ellas no puedan alcanzar con el fin de castigar
a quien persigan. Los injustos oyen sus voces amenazadoras que no dejan de
recordarles lo injustos y sacrílegos que son. Nadie puede estar tranquilo si
está perseguido por estas divinidades.
Las Erinías forman una especie de justicia divina que van más allá de la
justicia de Zeus
y castigan todo quien viole las leyes de la moral y la ética.
Al principio eran divnidades de las estaciones pero más adelante fueron la personificación de las horas del día. Hijas de Zeus y Temis tenían los siguientes nombres: Eunomia, Dike (Justicia) e Eirene (Paz).
Eran las divinidades del mar que pertenecían al reino de Poseidón.
Era dios protector de los marineros; a él se refiere un gran número de mitos. En Odisea lo encontramos como dios del mar que alimenta a los animales marinos de su reino. Herodoto se refiere a él llamándolo rey de Egipto.
Hijo de Poseidón y Anfitrita, era mitad hombre mitad pez; sus hermanas eran las Nereidas. En muchas representaciones aparecen numerosos demonios marinos con el nombre de Tritón; estos Tritones formaban el séquito de Poseidón.
Este dios era al principio un hombre que se transformó en demonio marino. Tiene figura de hombre pero su cuerpo está cubierto por conchas y acelgas.
Es una
divinidad que carece de mito propio, mas se considera anterior a los dioses del Olimpo;
su culto a través de ritos y dedicatorias estaba muy difundido por el país.
Según Hesíodo, es hija de Perses y de Asteria
y se comporta como una divinidad independiente.
Zeus
la respetó y los mortales siempre le han pedido muchos bienes, morales y
materiales. Dicha divinidad fue considerada la protectora de los hechiceros y
llos brujos y se la relacionó con el mundo del ocultismo y la magia.
Era venerada en las encrucijadas de los caminos que desde siempre han sido
considerados lugares de magia. Allí eran instaladas las estatuas de la diosa y
allí dejaban los devotos sus ofrendas.
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Eris o Eride, Hebe, Petó, Tichi, Ate, Lites, Hibres, Nemesis, Tánatos, Anagi, Vacho.
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Es la diosa de la discordia, hija de la Nicte (Noche) y hermana y compañera de Ares, estaba presente en cada tipo de disputa y pelea. Todos intentaban evitarla mas ella siempre conseguía meterse entre la gente y provocar peleas sembrando el odio entre los dioses y entre los humanos. Muy característico es el caso de la famosa "manzana de Eride" que fue la causa de la Guerra de Troya. Sus hijos eran: el Dolor, el Olvido, el Hambre, el Juramento, Ate (diosa de la confusión), las Batallas, el Asesinato y la Mentira, así como todos los males de la Humanidad.
Su nombre es sinónimo de la juventud y es la personificación de la alegría y la belleza que esta edad da al hombre. Hija de Zeus y Hera era la que servía el vino a los dioses. Hércules al casarse con ella fue admitido en el Olimpo.
Convencimiento. Hija del Océano, amiga y ayudante de Afrodita tenía el don de convencer con sus palabras a las chicas jovenes hasta que ellas ganaban sus dudas y se entregaban por completo al amor.
La Suerte. Es una divinidad sin sentido mitológico, personificación de la suerte.
Significa la Desgracia y es la personificación de la confusión y la mala suerte.
Eran hijas de Zeus y debían reparar los daños que provocaba Ate.
La Soberbia, es la personificación de la soberbia y el egoísmo.
Era la diosa que regalaba a los hombres el olvido y el descanso.
La Muerte, era hermano de Hipnos (el Sueño) y muchas veces ha sido confundido con Hades, Charón o Hermes. Sólo Sísifo pudo burlarse de Tánatos.
La Necesidad, personifica la necesidad que hace obligatorias las decisiones de las Moiras (Destino), es una diosa sabia que junto con su hermana, Adrastia, fueron las nodrizas de Zeus.
Es el dios que conduce la comitiva de los iniciados en los Misterios de Eleusis; su nombre proviene del grito "Vache" que gritaban los devotos que participaban en los ritos de los Misterios. Hay quienes lo relacionan con Dioniso (Vacho) y otros que creen que era hijo de Demeter.
La dificultad
del hombre en comprender la divinidad, es tan antigua como el mundo. La fuerza
de los dioses imponía miedo pero también daba esperanza. Esta concepción le
hizo buscar un contacto con el mundo de la divinida, quiso entablar una
comunicación para conocer los deseos de los dioses y regular su comportamiento
y sus obras de acuerdo a ésos. Dicha comunicación se aseguró desde épocas
arcaicas a través del oráculo y los ritos de adivinación. Así los individuos
y ciudades enteras se sometieron a los designios de los dioses, ya que esto les
permitía pedir ayuda en las desgracias, asistencia en las grandes decisiones y
aún soluciones a los graves problemas. El augurio u opinión autorizada que
transparentaba el oráculo -al que recurrían los creyentes- era el deseo del
dios, que delimitaba la suerte y la conducta del hombre en aquellos tiempos.
El más importante oráculo en la Antigua Grecia
fue el oráculo de Zeus,
en Dodone y el oráculo de Apolo,
en Delfos. En el primero, en Dodone, los sacerdotes, interpretaban los designios
de los dioses del susurro de las hojas del sagrado árbol de bellota y de las
extrañas voces de las palomas que se pasaban en el árbol sacro.
En Delfos había una grieta profunda en la tierra, y quien se le acercaba era
poseído por la inspiración, junto estaban también la sagrada fuente de
Castalia, considerada como profética, y el laurel sacro. La Pitia, la
sacerdotisa del templo, que se sentaba en el trípode sagrado, cerca de la
grieta sagrada, masticaba hojas de laurel, bebía agua de la fuente y entraba en
éxtasis. y entonces, de su boca brotaba el augurio que era el deseo y la
respuesta del dios, a la pregunta de los creyentes. Monarcas, emisarios reales y
hombres comunes, llegaban cada día con ofrendas al dios, y con animales para
los ritos de sacrificio. El augurio, a maenudo no era fácilmente inteligible y
había que interpretarlo; entonces se recurría a la ayuda de sacerdotes y
adivinos. Los más celebres adivinos de la antigüedad fueron Teresias y
Calcante. La fuerza de los oráculos se encuentra en casi todos los mitos. De
costumbre determinan la vida y acciones de los héroes y el desenlace de
importantes acontecimientos.
Teresias, el adivino ciego era uno de los más reputados. Le encontramos en el mito de Edipo y en general en el Ciclo de Tebas. Su ceguera es explicada con el siguiente mito: una vez, cuando era joven, mientras caminaba por un monte encontró dos serpientes que se estaban apareando. Teresías las molestó (las separó o bien las hirió, según otra versión), y luego de ésto fue castigado y convertido en mujer. Siete años más tarde presenció otra vez el apareamiento de serpientes y volvió a hacer lo mismo; luego adoptó otra vez su sexo inicial. Un día, Zeus y Hera discutían sobre quién de los dos disfrutaba más del acto sexual; decidieron pues consultárselo a Teresias, ya que él había experimentado ambas situaciones. Teresias contestó que si el placer del amor se graduaba en una escala de diez grados, entonces la mujer llegaba al noveno, mientras que el hombre no llegaba más que al primero. Hera se ofendió porque Teresías había revelado los secretos de su sexo, y como castigo le cegó. Mas Zeus le regaló el don de la adivinación y la longevidad.
Era otro adivino muy hábil en interpretar el vuelo de los pájaros; es más, conocía perfectamente el pasado, el presente y el futuro. Apolo le había regalado el don de la adivinación. Calcante era el adivino que acompañó a los Aqueos en la Guerra de Troya.
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Extraído de: Leyendas y Mitos