![]()
![]()
La
mitología vasca es un producto de toda una evolución que parte desde las
creencias y ritos de los tiempos prehistóricos, para luego ir experimentando un
desarrollo y la influencia de elementos foráneos o la incorporación de mitos
de otras culturas (incidencias de las concepciones de pueblos pastoriles, fase
de romanización, y contactos con el politeísmo y culturas de la antigüedad) y
sufrir importantes cambios con la expansión de la religión cristiana. Se trata
de un complejo tema según se desprende de las narraciones míticas y de los
datos aportados por el folklore, tradiciones y costumbres populares, etnografía
y lingüística. Del conjunto de investigadores que se han adentrado en la
mitología vasca es obligado mencionar a Joxemiel de Barandarán (maestro
de toda una generación de arqueólogos y etnólogos) y a Julio Caro Baroja (cuyas
aportaciones al conocimiento de la cultura vasca han sido importantes).
Entre
los genios y las divinidades de la tierra destaca Mari que es
acompañada de todo un conjunto de númenes que, usualmente, adoptan la forma de
animales. Otro espacio importante lo ocupan los mitos solares y lunares y los
relacionados con el cielo. Algunos de tales mitos tienen presencia en toda
Euskal Herria, si bien se concretan en variantes locales, y otros se limitan a
algunas comarcas.
Buena
parte de ellos se extienden por otras áreas pirenaicas o son mitos de carácter
muy amplio e incluso universal que aquí se han recubierto de aspectos
particulares. A todo ello cabe añadir las andanzas de las almas de los
antepasados y los ritos y usos ligados al culto doméstico.
Como
queda apuntado, la introducción del cristianismo supuso profundas
transformaciones en la anterior mitología pre-cristiana. Incluso varias
leyendas explican que la llegada desde el Oriente de una gran nube luminosa (o
una bella estrella) fue el anuncio del nacimiento de Kixmi
(Cristo) y el fin de la época histórica de los gentiles (jentillak),
seres a los que se atribuía grandes capacidades físicas e intelectuales, si
bien no cristianos, que acabaron suicidándose colectivamente al tirarse por
barrancos o desapareciendo.
El
término jentil
en lengua vasca procedería del latino gentilis, identificado con el
concepto de pagano por los cristianos. En muchas zonas del País Vasco los
nombres dados a los monumentos prehistóricos tienen que ver con los gentiles
(entendiendo que ellos, con su vigor físico, serán los constructores de los
mismos): así jentilbaratzak a los cromlechs y jentilarri
o jentiletxe a los dólmenes. Lo mismo ocurre con algunas cuevas
(jentilzulo,
jentilkoba) y accidentes naturales rocosos (jentil-zubi, jentil-leio).
En algunos lugares se vincula la edificación de iglesias y ermitas con la desaparición de antiguos seres, entre ellos los gentiles, númenes y genios. Pese a todo, esta nueva religión no supuso la destrucción de las antiguas creencias. Muchas de ellas siguieron vivas y otras fueron readaptadas a las interesadas interpretaciones cristianas, transmitiéndose de generación en generación.
Mari y otros
númenes de la tierra
|
Entre
las figuras mitológicas ligadas a la tierra (lur) y con mayor
presencia en Euskal Herria destaca Mari, situada por encima del
resto de los genios. Se le conoce por numerosos nombres, como Maya, Lezeko-Andre
e loana-Gorri, si bien lo más común es que en cada comarca su
nombre vaya unido al del monte o paraje en el que se cree habita, por ejemplo Basko-Marie
(Mari del bosque), Aralarko Damea (la Dama de Aralar) o Anbotoko
Sorgiña (la Bruja de Anboto). Vive bajo tierra, en cuevas y grutas de
altas montañas, rodeada de riquezas, desplazándose de vez en cuando al
exterior a través de simas y otros conductos subterráneos. Una vez fuera se
traslada por el aire visitando sus variadas moradas en las distintas sierras
montañosas vascas.
De
sexo femenino, Mari puede hacerse notar de innumerables maneras:
una de las más extendidas es como una bellísima y elegante mujer; en sus
habitáculos subterráneos es frecuente que muestre parte de sus extremidades de
forma animal (pies de cabra o de ave) o que toda su figura sea zoomórfica
(novilla, yegua, etc); en cambio, en el exterior y viajando por los aires es
observada rodeada de fuego, en forma de nube rojiza o ráfaga de viento. Mari
vive en el interior de la tierra, ligada con la superficie por medio de simas,
pozos y cavernas. Según dicen, en una ocasión el párroco de Mugiro (Nafarroa)
fue a celebrar misa en la misma sima de Mari. Si, durante la misa, Mari se
encontraba en ella ya no granizaba durante un año en el lugar. Pero Mari no es
siempre fuente de temor, con frecuencia la gente se le dirigía en busca de
consejo y Mari siempre contestaba rectamente. Una vez en el ferrón de Iraeta (Gipuzkoa)
no pudiendo poner en marcha su fragua, se dirigió a la cueva de Mari en Anboto.
Tras explicarle el problema Mari le dijo como arreglarlo dejando al ferrón muy
satisfecho.
Se
asegura que es la reina del resto de genios, estando especialmente relacionada
con Maju
(también identificado con el herensuge o sugaar,
serpiente macho), que es su compañero, generándose fuertes tempestades en las
ocasiones en que ambos se juntan, y emparentada con sus dos hijas que, en
algunos lugares, son hijos (Mikelats y Atarrabi).
Una
de las principales ocupaciones de Mari es su dedicación a
propagar grandes tempestades, por ello quien le realice ofrendas (un carnero u
otro animal, monedas...) se verá libre de las graves consecuencias de aquellas.
Además, es posible invocarle para obtener favores e, incluso, visitarle en su
morada, siempre siguiendo unas determinadas reglas de comportamiento. De las
leyendas se deduce que Mari es implacable con los mentirosos, los orgullosos,
los ladrones y con los que no practican la solidaridad y la ayuda entre los
humanos, castigándolos con diversas fórmulas.
Uno
de los númenes más famosos es el aker, macho cabrío, en
particular el akerbeltz
(macho cabrío de color negro). Una de sus capacidades era su influjo
beneficioso sobre los animales puestos bajo su protección. Adquirío gran fama
en el seno de la brujería al presidir y ser adorado en los akelarres
celebrados en distintos lugares de Euskal Herria, como es el conocido y en su
momento perseguido caso de la cueva de Zugarramurdi. El típico genio de
carácter subterráneo en forma de serpiente, con una o varias cabezas, se
denomina herensuge,
sugaar o sugoi (culebra macho). Se alimenta de animales
y seres humanos, apareciendo envuelto en llamas. Como hemos apuntado, es
considerado el compañero de Mari. Hay diferentes versiones sobre
la muerte de herensuge. En Lapurdi cuentan que lo mató Gastón de Belzunce,
pero la versión más extendida es la que sitúa la muerte de herensuge en el
viejo Santuario de San Miguel de Aralar. Sucedió a manos de San Miguel y por
petición de Teodosio de Goñi. Se dice que después de este hecho se levantó
la iglesia, sobre la caverna de la que salía herensuge. Todavía existe una
ventanilla en la parte derecha del altar mayor que, se dice, llega hasta el
interior de la caverna; las gentes meten ahí la cabeza, mientras rezan el
credo, como remedio para los dolores de cabeza.
Hay toda una pléyade de genios que se presentan con figuras de animales, como por ejemplo el zezengorri (toro rojo) y beigorri (vaca roja), dedicados a guardar cuevas y otros parajes semi-misteriosos.
Los mitos
solares, lunares y celestes
|
El
sol es denominado en lengua vasca con muchas acepciones: eguzki, ekhi, iuski...
Tiene una gran importancia por su carácter sagrado, propiedades naturales y su
poderío frente a los espíritus nocturnos, brujas, lamias y
similares, asignándosele una divinidad femenina. Como se sabe, despliega un
marcado protagonismo en las fiestas del solsticio, en un sinfín de ritos y
costumbres derivadas del culto solar (entre otros muchos la colocación en las
casas de la flor del cardo silvestre, llamada eguzkilore o flor
del sol) y apareciendo en diferentes representaciones en la artesanía popular.
La
luna, illargi
(y con otros nombres como ilazki, iretargi...), también es una
divinidad femenina, en muchos lugares tratada respetuosamente como una especie
de abuela. es proverbial su influencia, según las frases lunares, sobre la
vegetación (momentos elegidos para la siembra o el corte de los árboles) y los
animales. Además alumbraría en las noches a las almas de los difuntos. Tanto
el sol como la luna son hijas de la tierra (lur) y vuelven
diariamente a su seno tras sus respectivos recorridos por el cielo durante el
día y la noche.
De influencia claramente indoeuropea debió ser la potenciación de la divinidad celeste. El cielo fue llamado de varias maneras (urtzi, ortz, ostri, ost...), cuyos derivados sirvieron para identificar muchos de los fenómenos naturales vinculados al dios celeste como las tormentas, Así se ve en referencias a los truenos (odei, ortzantz, ozkarri...), rayos y relámpagos (iñizitu, oaztargi, tximistarri...) y arco-iris (ostadar, ortzadar, ortzeder...).
Las lamias y
otros genios
|
Sería
muy extenso detallar todas y cada una de las figuras mitológicas existentes. No
obstante, complementando lo ya mencionado se puede hacer una breve referencia a
algunos genios más de interés.
Uno
de los seres que más aparecen en los relatos son las lamias (lamin,
lamiñaku, eilalamina, latsari...), mujeres con las patas de gallina,
pie de cabra o cola de pez, que viven en cuevas y pozos y que son localizadas
peinándose con un precioso peine junto a los cursos de los ríos, en las
fuentes y entradas de las grutas.
A
quien les deja una ofrenda durante la noche ellas le ayudan en su trabajo
diario. Son frecuentes las leyendas que relatan imposibles historias de amor
entre cautivadoras lamias y apuestos muchachos. En algunos puntos
se distingue entre lamias hembras y machos. Se asegura que la
edificación de ermitas cristianas en áreas rurales, descampados y zonas
montañosas y las rogativas elevadas conllevaron su desaparición, aunque siguen
siendo vistas en muchos lugares y distinguiéndose con su atractiva figura. En
cualquier caso la toponimia vasca es abundante en voces que tienen como actoras
las lamias: lamiaran (valle de las lamias), lamuxain
(pozo de lamias), laminiturri (fuente de las lamias),
lamiñerreka (arroyo de lamias), etc.
Se
les atribuye la realización de algunas obras y construcciones como puentes: el
de Ebrain (Bidarrai, Nafarroa Beherea), el de Arrosa (Arrosa, Nafarroa Beherea),
el de Azalain (Andoain, Gipuzkoa), el de Urkulu (Gatzaga, Gipuzkoa)....
dólmenes: Sorginetxe (Arrizala, Araba), Mairietxe (Mendibe, Nafarroa Beherea)....
y algunas iglesias, casas y castillos.
También
el puente de Ligi (Zuberoa) se dice estar hechos por lamias, como contaba
Jauregiberri de Atharratze (Zuberoa):
"Hace
mucho tiempo, las lamias del monte Lexarantzü se comprometieron a hacer un
puente en el río de Ligi. ¡Un trabajo difícil, si los hay! ¿Pero es que hay
algo que no puedan las lamias?
Fue
una noche oscura, ya que no quieren mirones. Se pusieron a trabajar con presteza
y en silencio, para acabar el puente antes del amanecer. Levantaron el arco del
puente, no de los dos apoyos a la vez, como los hombres; sino desde el uno cara
al otro, como acostumbran las lamias.
Había
un panadero no lejos de allí y, como siempre, al poco de medianoche encendió
el horno. Un gallo joven del gallinero, viendo la iluminación del horno,
creyendo que ya era la aurora, comenzó a cantar y a sacudir las alas. Las
lamias, con las últimas piedras en las manos, iban a colocarla en su lugar.
Cuando oyeron el canto del gallo, ¡brau! tiraron la piedra al fondo del río y
ellas, dando un grito estentóreo, se perdieron en la oscuridad.
Desde
entonces, cuando el río está en estiaje, cualquiera puede ver en el estribo un
gran agujero: el que debía ocupar la última piedra de las lamias."
En
la espesura de los bosques se desenvuelve el basajaun, basojaun o anxo,
señor de los bosques de cuerpo humano y larga cabellera. Es un ser de fuerza
inusual y, según las versiones, puede crear pavor o dedicarse a la protección
de los rebaños de los pastores. Tiene un pié como el de los hombres, el otro,
en cambio, es redondo y tiene vello desde la cabeza a los pies. Cuando anda por
los alrededores el lobo no se atreve a cercarse y los pastores pueden dormir
tranquilos. Sus figuras es una de las más comunes en muchas narraciones. A
veces cuentan con sus parejas femeninas (basandere). Muy similar,
aunque distinto, es el torto o tartalo, un cíclope
de un solo ojo de comportamiento terrorífico y costumbres antropófagas.
Alguno de los muchos genios son de carácter nocturno. Es el caso del gaueko (castiga a todo el que osa desafiar o menospreciar la noche), ieltxu o iritxu (en forma de pájaro o figura humana es reconocible por el fuego que se desprende de su boca), gauargi (genio en forma de luz) e inguma (de índole maléfico y ocupado en entrar en las casas y molestar a sus moradores). Hay muchos otros duendes más o menos traviesos y simpáticos (iretxo, iratxo, intxisu, ireltxu, gorri txiki....). Asimismo, la sorguiñ era un genio nocturno al servicio de Mari, cuyo nombre sirvió luego para designar a las brujas.
El culto a la
casa y a los antepasados
|
A
lo largo de la historia los vascos han estado estrechamente conectados a la casa
(etxea) que significa mucho más que una simple vivienda y, en el
caso de los caseríos rurales (baserria), una serie de posesiones.
Se trata del espacio donde la familia lleva a cabo buena parte de las
actividades diarias y en el que sus componentes están unidos a sus antepasados.
De suerte que hay toda una serie de creencias y ritos sobre la relación con los
difuntos cercanos.
Obviamente
esta concepción ha cambiado radicalmente en los tiempos actuales. La casa era
un espacio sagrado que se debía conservar, proteger y transmitir. En tal
dirección jugaba un papel esencial el fuego del hogar. En tiempos remotos
incluso los aledaños de la casa servían de cementerio familiar. Con el
cristianismo los enterramientos cambiaron de ubicación, si bien en las iglesias
parroquiales cada casa y familia disponía de un espacio de suelo (yarleku)
que era una parcela inseparable del hogar. Aquí se recordaban los antepasados
(colocación de ofrendas y argizaiolas con cera) y se invocaba a
sus almas. En algunas localidades el camino entre las casas y la iglesia
también tenía un carácter sagrado por ser el itinerario seguido en los
funerales. En los cementerios cada casa (familia) tenía asignado su espacio.
De
este conjunto de interacciones surgió un culto de tipo familiar-doméstico
hacia las almas de los antepasados. A la muerte de las personas, las almas se
separaban de los cuerpos para, adoptando la forma de sombras, luces o ráfagas
de viento, ir a morar a puntos del subsuelo de la tierra. Por las noches, tales
lamas a través de cavernas, simas u otros caminos regresaban periódicamente a
sus antiguas casas. Podía ser invocadas para prestar ayuda a los familiares
todavía vivos. En todas estas tradiciones familiares y en la atención al
espacio en la iglesia y a la tumba de la casa en el cementerio, cumplía el
papel básico la señora de la casa (etxekoandre).
Piedras
|
En
el valle del Baztan (Nafarroa) hay una piedra que lleva el nombre de Arrikulunka
y, como su nombre indica, se mueve balanceándose. Cuentan que algunas otras
piedras, generalmente grandes, tenían escritos; como los que hay en Zegama (Gipuzkoa),
Bergara (Gipuzkoa), Kortezubi (Bizkaia), Arano (Nafarroa), Sara (Lapurdi)...
Esto es lo que contaban en este último pueblo:
"En
la cima de Larraun había una piedra como sepulcral. Estaba cerca de la pared de
la capilla. Encima tenía escrito: "el que me dé la vuelta no se
arrepentirá". Al día siguiente de Pentecostés fueron los jóvenes, le
dieron la vuelta y debajo encontraron escrito: "Antes estaba bien y ahora
mejor".
En
la de Bergara ponía "Dadme la vuelta" y después de voltearla
encontraron esto "ahora estoy bien". La de Zegama tenía "dadme
la vuelta" y "bien estoy".
El
sol es fundamental para la vida; por eso, en muchas culturas ha sido deificado
al darse cuenta que estaban supeditados a él. Su ausencia -la noche- es tiempo
de los seres espantosos, el día por el contrario, el de los vivientes.
(Si tengo el sol, no me preocupo de la vela)
Algunas
costumbres que han durado hasta la actualidad hacen pensar que también en el
País Vasco fue deificado. El sol tiene diversos nombres: iguzki
(Irún, Gipuzkoa), iduzki (Aezkoa, Nafarroa), eguzku (Erronkari,
Nafarroa), eki/ekhi (Zuberoa) y uno muy significativo Jainkoaren
begia "ojo de Dios" (Ataun, Gipuzkoa). En Luzaide (Nafarroa)
aún en el siglo XX, las mujeres ofrecían tortas de harina de maíz por las
mañanas.
La
veneración que ha tenido el sol se ha manifestado en muchas cosas desde hace
mucho tiempo. Los dólmenes prehistóricos están mirando a Oriente -es decir,
al sol-; lo mismo las casas, las tumbas y los restos que están en ellas. En el
caso de la casa, también el clima tiene mucho que ver, ya que del Norte y
Poniente suelen venir el frío y los temporales.
En
las salutaciones hechas a la luna, como la sol, se le da carácter femenino,
como se puede ver es ésta de Zerain (Gipuzkoa): "Luna, señora madre
santa, que Dios nos bendiga; que mi buen ojo no de mal; dígalo así todo lo que
vea".
Esa
creencia extendida que la luna -ilargia- era la luz de los muertos -hil argia-
"luz de los muertos"-, pero tiene también otras acepciones: idargi,
iretargi, iratargi, (Bizkaia), ilazki (Nafarroa), argizagi
(Zuberoa), goikoa (Bidankoze, Nafarroa).
Un
día a la semana -el viernes- solía estar dedicado a la luna, era el día en
que se suponía se reunían las brujas. Por eso no había que hacer determinadas
cosas en viernes: casarse, llevar el rebaño al monte, recoger la miel de las
abejas etc. Para otras se tenía en cuenta situación lunar: creciente,
menguante, nueva, llena etc. Según eso se hacía la leña, se mataba el cerdo,
se cortaba el pelo etc. En caso de ignorarlo, el resultado podía ser malo. Los
aezkoanos, por ejemplo, decían: "La leña hecha en creciente es de mejor
llama y más ligera que la de la luna menguante".
Las
fases lunares se empleaban, además, para medir el tiempo, por eso es la misma
palabra -hil- la empleada para nombrar el mes.
En
el siglo XII, el peregrimo Aymeric Picaud escribió que los vascos llamaban Urci
a Dios. Hoy en día no se utiliza esa palabra en ese sentido, pero se pueden
encontrar algunos indicios que muestran que Urtzi/Ortzi era un dios: ostria,
ortzadar, ostadar, orzaizki, ozkorri, oskori, oskarbi, ospel... En estas
palabras relacionadas con el cielo vemos siempre el radical or/ost, de
modo que utlizar el mismo nombre para llamar a dios y al cielo indica que
habían deificado al cielo.
Tiene
dedicado un día de la semana: -ortzeguna/osteguna-, "día de
Ortzi", igual que la luna.
Parece
que era Ortzi
también el que creaba los truenos y relámpagos, como los mismos nombres hacen
ver: ortziri, ortots, ostroi, ostots, ortzantz,...
Se
tomaban medidas para protegerse de truenos y relámpagos, generalmente
encendiendo una candela bendecida.
Se pueden hallar numerosas imágenes del sol y la luna por todo el País; pese a que la mayoría están en los cementerios, también se pueden ver en los dinteles y en asientos de iglesias.
Oraciones al
sol
|
Se
han recogido muchas pequeñas oraciones -otoitz txikiak- dirigidas al sol;
aparecen en ellas diferentes nombres y, aunque algunos le dan carácter
masculino, normalmente es considerado femenino. Estas pequeñas oraciones se le
decían al sol al atardecer, cuando se ocultaba:
1)
O Iruzki Saindia,eman zahuzu biziko eta hileko argia! (Luzaide, Nafarroa)
Oh
Sol santo, danos la luz de vivir y de morir.
2)
Bihar artio Joanes! Zauri Bihar muga onez! (Luzaide, Nafarroa)
Adiós
Joanes! Sal mañana en buena hora.
3)
Adio Iguzki saintua, bihar arte; bihar xauri, egun bezala. Orain eta beti;
halabiz. (Banka,
Nafarroa Beherea)
Adiós,
Sol santo, hasta mañana; sal mañana, como hoy. Ahora y siempre; que así sea.
4)
Eguzkia joan da bere amagana, biar etorriko da denpora ona bada. (Dima, Bizkaia)
El
sol ha ido a donde su madre, mañana vendrá si hace buen tiempo.
5)
Adios, amandre, biarartio. (Baztan, Nafarroa)
Adiós,
señora madre, hasta mañana.
En
el mundo de las viejas creencias todos los seres y cosas tienen su imagen, ambos
están ligados por una fuerza -adur-, y se supone que lo que se
hace a la imagen también le sucederá al ser mismo. Esta, como otras muchas,
era una creencia habitual en el País y muchos ejemplos lo prueban así.
Un
habitante de Ataun (Gipuzkoa) se dirigió al adivino de Tolosa queriendo
averiguar quien le había robado la vaca. El adivino le dijo que prendiese una
vela que representaba al ladrón, y que a la vez que la vela se quemara, el
mismo ladrón perecería.
En
Leitza (Nafarroa), un hombre vendió un cerdo en secreto para pagar una deuda.
La esposa, creyendo que había sido robado, retorció y quemó una vela. Al poco
tiempo el marido murió a causa de una enfermedad desconocida. El suceso se
achacó al dicho adur.
En
Sara (Lapurdi), una moza que tenía relaciones con un muchacho le amenazó con
quemar una vela si no cumplía su palabra de casarse.
En
la sabiduría popular, el rostro representado en las monedas podía ser de
cualquier persona. En Gipuzkoa, por ejemplo, estaba muy extendido el doblar una
moneda y arrojarla a una ermita o al fuego cuando se quería hacer daño a
alguien.
En
la medicina popular muchos remedios son de índole mágica. En Bizkaia, en caso
de dislocación, se ponía un paño sobre el lugar dolorido, se hacía como que
se cosía sin atar el hilo mientras se decía: "ligamento estirado,
ligamento desgarrado, ligamento que vuelve a su sitio".
Para
sanar la enfermedad de la piel llamada mal de la rosa el enfermo debía dar una
vuelta a un rosal diciendo: "la rosa, con la rosa" y hacerlo durante
nueve días; tras ello se dice que sanaba.
Los
mismo sucede, por otra parte, con los nombres de los seres; se asegura que lo
que se dice al nombre le sucederá al ser. Por eso las maldiciones inspiraban
gran temor. En Dohozti (Nafarroa Beherea) se creía que el día tiene un
instante especial para maldecir, pero éste era desconocido; por eso, uno del
pueblo, queriendo castigar a un ladrón, estuvo todo el día repitiendo la
maldición, para no errar el instante adecuado. Se dice que, como consecuencia
de ello, el ladrón se tiró por una ventana.
Por
otra parte está el mal de ojo -begizko-. Era una fuerza malvada
que determinadas personas podían transmitir por medio de los ojos. Siendo
normalmente un poder de las brujas, podía suceder que algunos lo tuvieran,
aunque no supiesen de dónde les venía. Estos últimos, al contrario que las
brujas, podían incidir sin querer en personas o animales.
Para
protegerse del mal de ojo se empleaban amuletos. En algunos pueblos, incluso, se
los ponían también a los animales.
Este
mundo nos puede resultar extraño pero antes estaba muy claro; en Ormaiztegi (Gipuzkoa)
decían así: ¿Que no hay mal de ojo? "Algo hay cuando se le ha puesto
nombre".
La
gente tenía mucho cuidado con estas fuerzas desconocidas como bien expresa el
dicho
"No hay que creer que existan; no hay que decir que no existen".
Las brujas
|
La
cuestión de las brujas es preciso situarla en este mundo de creencias. La
palabra bruja -sorgin- tiene dos aspectos: una cosa es la bruja como ser
mitológico, que tiene poderes especiales y que aparece en muchas narraciones, y
otra la que tiene pactos con el diablo, y que además de participar en el
akelarre ocasiona mal de ojo y maldiciones.
En
la primera clasificación queda el testimonio de Ataun (Gipuzkoa):
"Hace,
lo menos, ochenta años que uno de Ataun, Inixio Tirrio, estuvo en Bidania de
criado. Dice que no creía en brujas y tenía por sandeces lo que se decía de
las brujas. Venía a casa de trabajar gravillando en la vecindad cuando le
salió al encuentro un grupo de brujas y lo llevaron lejos por el aire diciendo:
Que si somos que si no, menos Zurdaneta aquí estamos todas. De allí en
adelante no ha dicho Inixio Tirrio que no hay brujas".
El
segundo caso, el de las personas, será el que se ha hecho célebre por
desgracia. la persecución contra las brujas extendida por toda Europa tuvo una
especial repercusión en Euskal Herria.
Los
males achacados a las brujas eran inventados y cuando se confesaban era como
consecuencia de la tortura. En estas cuestiones se mezclaban dos cosas: por un
lado se les atribuía lo leído en libros sobre brujería y se hacía confesarlo
a gente inocente por medio de la tortura; por otra parte, ajustes de cuentas de
la gente solían ser causa de la acusación o bien de los acusadores eran
niños.
Tampoco
hay que dejar de lado la posible perduración de algunos ritos antiguos, quizá
de la primitiva religión, que el cristianismo no había suprimido y que se
mantuvieron hasta tarde.
Hubo
muchas víctimas entre las amas de cura -serorak-. Solían ser mujeres viudas o
solteras que realizaban labores en la iglesia y en alguna celebración
religiosa.
Hubo
muchos juicios y pese a que el caso de Zugarramurdi (Nafarroa) fue de los más
famosos, sucedieron otros aún más letales. En Auritz-Burguete (Nafarroa), por
ejemplo, se quemó en 1525 a varias "brujas". Dos años más tarde, en
la misma zona, en Aezkoa, Zaraitzu y Erronkari el inquisidor Avellaneda ejecutó
del mismo modo a 70 más. Todos esos procesos extendieron la desconfianza, el
espanto y el temor por todas partes.
No
son pocos los que piensan que fue un ataque contra el País ya que en Nafarroa
la mayor parte de los procesos sucedieron tras la conquista por Castilla.
En
Zugarramurdi están las famosas cuevas en donde se reunían las brujas en sus
akelarres (cuevas de Akelarre, que es el nombre del prado inmediato a las
cuevas). Pero éste no era el único lugar de reunión, pues había muchos:
Fikozelaia (Sara, Lapurdi), el monte Artegaña (Altzai, Zuberoa), el monte
Petiriberro (Aezkoa, Nafarroa), el monte Jaizkibel (Gipuzkoa), Erpelanda (Muxika,
Bizkaia), Abadelaueta (Etxaguren, Araba), Eiheralarre (Nafarroa Beherea).
El
caso de las brujas de Zugarramurdi adquirió notoriedad por el sumario que
emprendió la Inquisición contra ellas en Logroño en el año 1610. El
inqusidor Alvarado, juez eclesiástico, pasó algunos meses en el pueblo,
naturalmente con ayuda de intérprete, y encontró que había 300 personas
"implicadas" en brujería. Llevó a los más sospechosos a Logroño.
Tras el juicio, 18 quedaron en libertad al admitir llorando su "culpa"
y pedir piedad arrepentidos. Quemaron a los siete que no admitieron la
acusación y otros varios murieron como consecuencia de las torturas.
María
de Zozaia era de las "brujas" más conocidas, y lo mismo Graciana
Barrenetxe, Miguel Goiburu, Martin Bizkar, Joanes Etxalar, María Ttipia, María
Etxaleku, Maria Iriart, Maria Iuretegia y un largo etc.
Caza de
brujas
|
El
sufrimiento que padeció Lapurdi en el siglo XVII tiene un nombre: Pierre de
Lancre.
Donibane
Lohitzune (Lapurdi) estaba dividido a causa de los enfrentamientos entre algunas
poderosas familias. Surgió la sospecha de brujería en una de ellas y ambos
bandos se acusaron mutuamente. Por petición del bando de Urtubi, el rey
francés envió un juez investido de plenos poderes: Pierre de Lancre.
Este
jurista, nacido en Burdeos, pero vasco de origen (Arostegi era su apellido),
llegó a Lapurdi en el año, 1609. Publicó los procesos en los que tomó parte
en varios libros, sobre todo en su Tableau de l'inconstance des mauvais anges et demons.
Como él mismo cuenta, la tierra de sus antepasados se le hizo muy sospechosa,
empezando por la lengua y el carácter de la gente. Pese a considerarlo
territorio francés y vecino de España, se dio cuenta que los labortanos no
eran en realidad ni franceses ni españoles y lo achacó a la labor diabólica.
No le agradaron ni la forma de vestir, ni los modos de trabajar, ni las danzas,
etc.
Desde
ese punto de vista, se dedicó a cazar brujas, interrogando a 500 niños. Según
la "investigación" 3.000 labortanos eran brujos y, en una ocasión en
Hendaia (Lapurdi) se reunieron 12.000 brujos en un akelarre. Las consecuencias
no son difíciles de imaginar: numerosas condenas a muerte.
Los
curas tampoco quedaron libres de sus sospechas, ya que los de Lapurdi
participaban en los bailes y en el juego de la pelota, llevaban armas, etc. De
este modo hizo ajusticiar a tre curas: Argibel en Azkaine (Lapurdi), Migalena y
Pierre Bocal en Ziburu (Lapurdi); otros muchos huyeron al Sur.
Entre
tanto, los pescadores que estaban en Terranova, unos cinco o seis mil, volvieron
a casa y se encontraron con esta grave situación. Con ocasión de la ejecución
de Maria Bonne en Donibane Lohitzun-Saint Jean de Luz, se rebelaron causando un
motín.
Esto
obligó a Pierre de Lancre a regresar a Burdeos, teniendo en contra a todo el
País y la misma iglesia, con Etxauz, obispo de Baiona, al frente. No obstante,
llevó consigo numerosos presos. No es posible determinar cuantas personas hizo
ajusticiar Lancre, pero no hay duda de que fueron varios cientos.
Amuletos
|
Como
se ha dicho, los amuletos -kutunak- que se empleaban contra el mal
de ojo eran de muchos tipos. En Amezketa (Gipuzkoa), colgaban del cuello de los
bebés una bolsita y, en su interior, una moneda, carbón, apio y un trozo de
cordón umbilical. En Zeanuri (Bizkaia), contenía excremento de gallina y
carbón. En Zegama (Gipuzkoa), se dice que el diablo se acercó a un niño pero
éste llevaba su amuleto colgado del cuello; entonces el diablo, al ver lo que
tenía la bolsa, dijo: "no puedo aproximarme a esta ruda y este apio".
Otros
tipos de amuletos estaban hechos con cristal o coral y tenían forma de puño
(gesto contra las brujas), garra de tejón o piedrecitas o esferas de cristal
(contra las durezas del pecho).
Siempre
ha habido en el País Vasco un respeto especial y profundo para con los
difuntos, como prueban numerosas viejas tradiciones.
Cuando
en una casa alguien agonizaba se llamaba en primer lugar al vecino, en este
caso, el de la primera casa por la derecha yendo a la iglesia. El cura y el
médico también acudían llamados por este vecino.
En
algunos pueblos, si la agonía se prolongaba, se solía levantar una teja de la
techumbre, suponiendo que así se facilitaba la salida del alma de su cuerpo.
Tras
la muerte, el vecino más cercano llamaba a los parientes y él mismo o alguien
de la casa, daba la noticia a los animales, especialmente a las abejas. El
cadáver era transportado a la iglesia por un camino especial que tenía en cada
casa. No se podían utilizar caminos comunes, solamente aquel, pese a estar en
peores condiciones y ser más largo. este camino tenía diversos nombres: camino
de la iglesia -elizabide-, de difuntos -gorputzbide-,
de cadáveres...
Cada
casa tenía su fosa en el cementerio. Del siglo XIII al XIX, ésta se encontraba
en el interior de la iglesia, en el mismo lugar que el asiento de la casa -jarlekua-.
Después se extendieron junto a las iglesias, tal como todavía pueden verse,
sobre todo, en el Norte del País.
En
muchos lugares, los recién nacidos muertos sin bautizar se enterraban bajo el
alero de la casa o en la huerta; así se hacía en la Rioja (Araba), en Liginaga
(Zuberoa), en Uharte (Nafarroa Beherea), en Kortezubi (Bizkaia), en Aretxabaleta
(Gipuzkoa), en Sara (Lapurdi).... El fuerte lazo que había entre la casa, el
camino de difuntos y el cementerio muestra que la casa también fue lugar de
enterramiento. Por ello, la casa y el lugar de enterramiento eran inseparables y
unidos se transmitían a los sucesores.
En
otros lugares, tras casarse el heredero, los recién desposados solían llevar
algún presente a la sepultura de la casa. De ese modo, el cónyuge venido de
fuera entraba en la casa también ante sus fallecidos.
Durante
la misa de difuntos, la señora de la casa hacía algunas ofrendas en su asiento
de la iglesia. También, como ofrenda, se quemaba el colchón del difunto (en la
época, de paja) en el primer cruce del camino, pronunciando una oración o
arrojando agua bendita al fuego.
De
ese modo, el que venía por el camino, sabiendo que en la casa vecina alguien
había muerto, solía rezar una oración por su alma.
Tras
los funerales y el enterramiento, los parientes e invitados iban a la casa del
difunto (en algunos pueblos todos los que acudían a la iglesia) a celebrar el
banquete funerario. En la comida un pariente ensalzaba la figura del muerto y
después, conforme pasaba el tiempo, el ambiente se iba haciendo risueño
extendiéndose las risas y las bromas entre todos los comensales.
Era
una creencia extendida que el difunto solía aparecerse en ocasiones. Estas
apariciones podían ser de muchas maneras: luces, sombras, sonidos, etc. En
estos casos, se le preguntaba qué deseaba y cumpliendo su petición ya no
volvía a aparecer.
Cementerios
|
El
cementerio tiene diversos nombres: hilarrieta, ilargieta (Sara, Lapurdi),
ilherri (Liginaga, Zuberoa), zimitoro (Oiartzun, Gipuzkoa), kanpusantu (Ataun,
Gipuzkoa), ortusantu (Kortezubi, Bizkaia)...
Y
lo mismo las piedras sepulcrales: hobi, illobi, hilobi, obria, hilarri, ilargi,
tonba, etc. Las casas tenían el asiento en el interior de la iglesia, pero el
aumento de la población originó los cementerios junto a las iglesias. En estos
se solía inhumar a los sin techo y a los gitanos, transeúntes, etc.; más
tarde, a finales del siglo XVIII y principios del XIX a todos los difuntos.
En
la prehistoria
|
Dólmenes
y cromlech son enterramientos utilizados en algunos períodos de la prehistoria
e incluso posteriormente. Las cenizas del cadáver se enterraban en el interior
del cromlech después de introducirlas en alguna caja o vasija.
En
los dólmenes los cuerpos se enterraban. Con frecuencia, aparecen en ellos
restos de alimentos y utensilios. En la sierra de Aralar (Gipuzkoa y Nafarroa),
todavía en el siglo XIX, los pastores conservaban la costumbre de detenerse
entre algunos dólmenes, quitarse la boina y rezar algunas oraciones. Según
ellos, allí era donde los gentiles enterraban a sus muertos.
Son
muy significativos los nombres de estas piedras sepulcrales: Tartaloetxe
"casa de Tartalo" (Zegama, Gipuzkoa), Sorginetxe "casa de
brujas" (Arrizala, Araba), Mairetxe "casa de moros" (Mendibe,
Nafarroa Beherea"), Jentiletxe "casa de brujas" (Ataun, Giupuzkoa)....
en el caso de los dólmenes, y Mairubaratza "huerta de moros" (Oiartzun,
Gipuzkoa), Jentilbaratza "huerta de gentiles" (Arano, Nafarroa),
Mairuilarri "piedra sepulcral de moros" (Zugarramurdi, Nafarroa)...
para los cromlech.
La estela
funeraria
|
Uno
de sus nombres es harrigizona -"piedra humana"- y hace alusión a su
forma de figura humana. Las estelas funerarias -hilarriak- están extendidas por
toda Europa, pero es aquí donde se encuentra la colección más notable.
Tuvieron su máxima extensión en el siglo XVII desapareciendo a lo largo del
XIX; al final de ese siglo, prácticamente nadie las utilizaba. Hoy, vive un
nuevo resurgir.
De
las que tienen fecha, las más antiguas son del siglo XVI, pero en su mayoría
no tiene ninguna indicación.
Era
costumbre representar los utensilios del oficio del difunto, y también
animales, cruces, estrellas, soles, etc. En algunas aparece el nombre de la
casa, pero en general sólo un dibujo.
El asiento/Jarlekua
|
El
sepulcro -jarleku- interior de la iglesia era fosa de
enterramiento y, a la vez, lugar de asiento para la señora de la casa. Allí
eran donde las mujeres hacían ofrendas a los difuntos domésticos. Además de
luz, colocaban también alimentos; generalmente solían ser panes -olatak-.
En algunos lugares eran panes especiales, que tenían tres o cuatro puntas;
también se usaba carne, como en Bera y Lekaroz (Nafarroa), y en tiempos
anteriores incluso animales.
En
algunos pueblos de Gipuzkoa en el siglo XVIII, durante la misa de difuntos,
solían dejar un buey en la puerta de la iglesia. En Oiartzun (Gipuzkoa),
todavía a principios del siglo XX, se llevaba un carnero al pórtico.
En
Liginaga (Zuberoa) creían que los panes que estaban en el asiento podían
perder su poder alimenticio y en Aretxabaleta (Gipuzkoa) que esos panes pesaban
menos tras la celebración.
En
algunos pueblos no se admitió fácilmente la disposición de enterrar a los
muertos fuera del recinto de la iglesia. Cuando así lo ordenó el obispo de
Baiona en 1786, hubo mucha oposición. En Ziburu (Lapurdi), las mujeres
amenazaron con dar fuego al convento en que estaba el obispo. Meses más tarde,
las autoridades enterraron a la fuerza los cadáveres que las familias
mantenían en sus casas al negarse a hacerlo fuera del recinto sagrado.
Con
todo, el jarleku
siguió cumpliendo su misión como lugar de ofrendas hasta el siglo XX;
después, los deberes y la preeminencia de las mujeres se perdieron en la misma
medida en que en las iglesias se iban poniendo bancos.
Argizaiola
(la tabla de ofrendar la luz)
|
Entre
las ofrendas hechas a los muertos la de la luz era la más importante, pues era
creencia extendida que en el mundo de la oscuridad resultaba imprescindible.
Para se empleaban antorchas, candelas y largas velas recogidas. Estas toman el
nombre de ezkozigor "varita de cera" (Sara, Lapurdi), bildumena
"recogida" (costa de Gipuzkoa) etc. Con frecuencia la vela aparece
enroscada en torno a una tabla especial; esa tabla se llama argizaiola
"tabla de cera".
Dicha
tabla representa esquemáticamente la figura humana y, a veces, está
profusamente labrada; al igual que las demás ofrendas, se colocaban en los
asientos/sepulturas de la iglesia.
De
la necesidad de luz por parte de los muertos contaban lo siguiente en Berastegi
(Gipuzkoa):
Más sobre los personajes mitológicos