La mar siempre fuente de
inspiración de bardos y poetas.
Es la morada de miles de seres
que hoy en día todavía son desconocidos para el hombre.
Quizás leyenda, quizás verdad,
en los océanos pueden existir tritones y sirenas, multitud de testigos los
avalan a lo largo de todos los tiempos.
En la antigua mitología clásica
se describía con cabeza y torso de mujer, y con cuerpo de ave.
Algo que actualmente pasa
totalmente desapercibido, pero desde el mediveo se las conoce con cola de pez.
Los avistamientos o las visiones
de sirenas son descritas asomando la cabeza y el cuerpo de mujer por encima del
agua.
También, se las suele ver
peinando sus dorados cabellos con un peine en una mano y un espejo en la otra,
sentadas en una roca.
Cuentan que su hermosa voz emite
una melodía capaz de embrujar a cualquier hombre de duro corazón.
En Galicia se creía en la
existencia de tritones, más conocidos por estos lares como "mariños",
se suponían que eran descendientes del dios Neptuno.
En Nájera (La Rioja) reposa en
la iglesia de Santa María del Real la reina Sapa que tenía deformaciones en
los pies, éstos eran de forma palmipeda.
Al igual que las hadas, gnomos y
duendes en cada región o lugar de nuestro planeta tienen su propia
denominación de origen, como ya hemos comprobado en Galicia.
En Asturias, se les llama
también las "muyeres-culebra", aunque este nombre sea más bien para
las ondinas.
La principal diferencia entre las
ondinas y las sirenas estriba: en que las primeras viven en lagos y ríos; en
cambio las segundas, las podemos encontrar mientras navegamos por el mar.
Jesús Callejo en su libro
"Hadas" cuenta la gran fama que tiene el mar Cantábrico pues de éste
se recogen multitud de leyendas sobre la población de estos seres.
Una de ellas nos dice, que una
expedición que partió del puerto de Darmouth (Inglaterra) se encontró con un
fuerte temporal antes de arribar posiblemente en Gijón, la noche siguiente una
vez que arreció la galerna se podía escuchar desde la cubierta los alaridos y
risas de las sirenas.
Está relatado por el cruzado
Osborne y recogido en la Biblioteca del Colegio del Cristo de la Universidad de
Cambrige.
Muchos son los incrédulos sobre
la existencia de sirenas y tritones. Éstos aseguran que las largas jornadas de
navegación producen visiones como las que se puede tener en el desierto, otros
en cambio dicen que son relatos de viejos marineros que se basan en mamíferos
marinos como focas o vacas marinas.
El caso es que es el día de hoy
y todavía se siguen registrando avistamientos echando por tierra todos los que
creían que sólo eran fantasía y superstición.
LA INCREIBLE HISTORIA DEL HOMBRE-PEZ DE LIÉRGANES
Cuenta nuestro amigo e intrépido
periodista Iker Jiménez en su primer libro sobre "Enigmas sin
resolver", la extraña y sorprendete leyenda de un joven llamado Francisco
de la Vega que tenía la afición por la natación y el mar.
Durante el siglo XVII, dicho
sujeto desapareció un buen día en la costa de Vizcaya, siendo capturado cinco
años después por unos pescadores que faenaban en la bahía de Cádiz.
Dichos pescadores, en un
principio pensaron que era una bestia que Neptuno había lanzado contra sus
redes, no más lejos de la realidad, se trataba de hombre pelirrojo de aspecto
muy extraño que salían bramidos por su boca, y una palabra reconocible "Liérganes".
Después de un tiempo y gracias a
un pescador de origen cántabro que dedujo que la palabra pronunciada por el
tritón, no era más que una pequeña localidad de su región.
A pesar de la alegría de sus
familiares, aquel joven estuvo confinado en un convento por un tiempo, ya que
había pasado demasiado tiempo aislado y viviendo como un pez en las frías
aguas del Cantábrico.
Muchos fueron los estudiosos de
la época que se acercaron aquel singular caso, incluso el benedictino padre
Feijoo que en su obra "Teatro crítico universal", donde no dejaba
títere con cabeza debido a las supersticiones de la época, daba la mayor
veracidad y credibilidad de dicho caso, ya que conocía de buena tinta los
investigadores y científicos que se encargaban del caso de Liérganes.
Con el transcurrir del tiempo
otros daría su opinión sobre el caso como Gregorio Marañón.
Pero Francisco de la Vega una vez
trasladado a su localidad natal en Liérganes (Cantabria), no puedo contener las
ganas de volver a las aguas y zafándose de todo el mundo, emprendió rumbo
hacia el mar perdiéndose en la inmensidad de sus aguas.
Nada más se supo de él.