Un barco sin tripulación, historia del “Mary Celeste”

En
1872, la embarcación Mary celeste fue hallada navegando a la deriva. La comida
estaba servida y los botes salvavidas en su lugar, pero la tripulación había
desaparecido inexplicablemente. Muchas han sido las teorías que se han lanzado
acerca de este misterio que aún hoy en día sigue sin poder ser explicado.
La historia de un barco que aparece
inexplicablemente vacio de vida, no es algo que solo pertenezca a la historia
negra del Mary Celeste, ya que muchos otros barcos y navíos han sido los que
han sufrido en sus propias carnes éste hecho. A lo largo dela historia
marítima, no es extraño encontrarnos con este tipo de enigmas, naves en
perfecto estado abandonadas sin razón aparente por la tripulación y que
parecen haberse desvanecido para siempre. Ejemplo de esto tenemos
al barco francés Rosalie, que apareció en 1840con sus velas
izadas y todo su cargamento, sin nada que evidenciara la suerte de sus
ocupantes. Diez años más tarde fue hallado cerca de Newport (EE.UU.) el Seabird,
con sólo un perro a bordo y con sus instrumentos de navegación funcionando. En
1883 sucedió algo similar con la goleta J.C. Cousins, que encalla frente
a las costas de Oregon. En su interior no habían marineros, pero la mesa estaba
puesta y la cocina caliente. Y la lista sigue, pero el caso que nos ocupa en
este artículo es el del Mary celeste, embarcación que un buen día apareció
en mitad del mar, y en su interior no había rastro alguno de la tripulación.
El 5 de diciembre de 1872 la
goleta inglesa Dei Gratia navegaba a unas 600 millas de las costas
portuguesas
cuando
un barco que zigzagueaba con las velas desplegadas llamó poderosamente la
atención de su capitán. Tras intentar infructuosamente comunicarse con la
tripulación, tres marineros lo abordaron sin saber que lo que hallarían
originaría uno de los mayores enigmas de todos los tiempos. La misteriosa nave
era el Mary Celeste, cuya tripulación desapareció inexplicablemente dejando
todo intacto en su interior: la pipa del capitán todavía humeaba, la carga de
1.700 toneladas de alcohol estaba completa, la cocina prendida y la comida en la
mesa. Los botes salvavidas, libros, cartas, dinero y un medallón de oro
también permanecían en su lugar. Éste fue el más llamativo de los
sucesos ocurridos primer suceso de una larga lista de hechos, que sin lugar a
dudas forjaron la fama del navío.
Breve historia del Mary
celeste
La
historia del Mary Celeste comienza con su construcción en el año 1860, en los
astilleros de Joshua Dewis, situados en Spencer's Island, Nueva Escocia. Primer
barco de un consorcio de constructores navales, en un principio fue bautizado
con el nombre de Amazon, y fue botado en 1861. El primer capitán de esta
embarcación fue el escocés Robert McLellan, que cayó enfermo y murió poco
después de asumir el mando.
En el primer viaje del
Amazon, el barco sufrió su
primer percance al topar con una encañizada de pesca cerca de Maine. Los daños
sufridos en el casco obligaron a que le la embarcación tuviera que volver a los
astilleros. Casualmente, un incendio se originó donde estaba siendo reparado el
barco, hecho que le costo el puesto al segundo de sus capitanes, John Nutting
Parker.
Cuando todo estuvo preparado, el Amazon cruzó por primera vez el
Atlántico sin problemas, hasta que llegó al estrecho de Dover, donde chocó
con un bergantín. Éste se hundió y el Amazon tuvo que ser reparado de nuevo,
lo que causó que su tercer capitán marchase en busca de otro puesto. Después
de las reparaciones y del nombramiento de otro capitán, el Amazon volvió a
América y, acto seguido encalló cerca de Cow Bay, en la isla de Cape Breton
(Nueva Escocia).
A partir de este momento, la historia del Amazon toma otro camino. Fue
sacado del entorno rocoso en el que se encontraba, y vendido varias veces.
Muchos de los negocios de sus propietarios quebraron sin obtener beneficio
alguno. Al final, un consorcio de armadores de Nueva York llamado
“J. H. Winchester & Co.”
se hizo cargo del barco. Es necesario decir, que cuando esta compañía
se hizo con el Amazon, éste ya no presentaba el aspecto original, ya que tras
sus numerosas reparaciones, el navío había sedo agrandado y llevaba los
colores de EEUU. Por si esto fuera poco, el nombre del barco también cambio, y
pasói a llamarse “Mary Celeste”. Por supuesto, una nueva
tripulación tomó el mando de este navío:
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Benjamin Spooner
Briggs, el capitán
del Mary Celeste, severo puritano de Nueva Inglaterra nacido en Wareham,
Massachussets. |
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Albert G.
Richardson, el primer
oficial, y que además ya había servido con el capitan Briggs. |
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Andrew Gilling, el segundo oficial,
nacido en Nueva York. |
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Edward William
Head, el cocinero y
camarero, procedente de Brooklyn (Nueva York). |
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El resto de la tripulación lo
componían cuatro marineros alemanes. |
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Sarah Elizabeth, hija del predicador
de la iglesia Congregacionalista de Marion (Massachussets), y esposa del
capitán Briggs, y su hija Sophia Matilda, de dos años también
embarcaron. |
El sábado 2 de Noviembre de 1872 la tripulación subió a bordo. La
carga de 1.701 barriles de alcohol desnaturalizado, perteneciente a la “Meissner
Ackerman & Company” de Nueva York, fue asegurada en las bodegas barco.
El destino de la carga era la “H. Mascerenhas & Company” de
Génova (Italia). A primera hora del 5 de noviembre el Mary Celeste fue
remolcado desde el muelle 44 hasta la bahía de Staten Island, Nueva York. El
Atlántico estaba muy tormentoso para la época, y Briggs tuvo que echar el
ancla durante dos días antes de zarpar. El 7 de noviembre fue el día en el que
la tripulación y el navío zarparon rumbo a Europa.
Comienza
el misterio
Seguramente ninguno de
los marineros británicos que se encontraban en la goleta inglesa “Dei
Gratia” podrían haber imaginado jamás que serían participes de uno de
los mayores y más famosos misterios marítimos de la historia. El 15 de
noviembre de 1872, casualmente ocho días después de que el Mary Celeste
zarpara de Nueva York, el Dei Gratia zarpó con una carga de kerosene
rumbo a Gibraltar. El capitán, oriundo de Nueva Escocia, se llamaba David Reed
Morehouse, y el primer oficial era Oliver Deveau.
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en mapa
El 5 de diciembre, poco
antes de la 1 del mediodía y a medio
camino entre la costa portuguesa y las Azores, fue avistado a unos 8 km
el Mary Celeste por Jhon Jonson (que estaba al timón). A causa del mal estado
de las velas y de su ligero «bostezo» (escora), llamó al segundo oficial,
John Wright, y juntos fueron a buscar al capitán Morehouse, quien después de
observarlo con su catalejo, dió orden de ofrecerle ayuda.
Hacia las tres de la tarde se hallaban a unos 400 m del Mary celeste, momento en el que el Morehouse aprovecho para intentar comunicarse con la tripulación de aquel misterioso barco. El capitán Moorhouse, haciendo uso de un megáfono, preguntó varias veces a la tripulación del velero si necesitaban ayuda, pero nadie respondió. En se instante, el capitán se percató de que el velero en cuestión resultaba ser un bergantín de 30 metros de eslora llamado Mary Celeste, que en apariencia parecía estar en perfecto estado de conservación. Extrañado ante tal silencio, el capitán del Dei Gratia decidió enviar algunos hombres a investigar y ordenó a su segundo, Olly Deveau, que tomase a dos hombres en un bote para abordar al Mary Celeste.

Oliver Deveau, acompañado de Wright y
Johnson, remó hasta el barco en
peligro. Johnson se quedó en el bote mientras los otros dos trepaban hasta la
cubierta. Éstos se quedaron asombrados y extrañados al comprobar que el Mary
Celeste estaba desierto.
Durante la hora siguiente, Deveau y Wright revisaron el Mary Celeste de
proa a popa. Los botes estaban sin arriar, en el sollado de la marinería, en el
interior de la embarcación, no había nadie. La vela de estay fue hallada en la
zona de proa, pero el trinquete y el trinquete superior habían volado de las
vergas y se habían perdido. El foque, la vela de estay del palo mayor y la
gavia inferior estaban izadas. El resto de las velas estaban plegadas. Algunas
jarcias estaban enmarañadas, otras habían sido arrancadas por el viento y
colgaban destrozadas. La driza superior (soga rígida de unos 90 m de longitud,
usada para izar la vela cangreja) se había roto, y faltaba la mayor parte de la
misma. El timón giraba libremente, y la bitácora había sido golpeada y estaba
rota. La escotilla principal estaba cubierta por un encerado y sujeta, pero
algunos de los encerados habían sido retirados y fueron hallados cerca de las
escotillas. La cocina estaba vacía, en el suelo el agua alcanzaba una altura
inferior a los 30 cm, y las provisiones para seis meses apenas se habían
estropeado y había abundante agua dulce. Deveau se sorprendió aún más
al hallar en la cocina, sobre un fogón todavía caliente, una cacerola
conteniendo un pollo recién cocido y unas tazas de té aún tibio descansando
en la mesa central. Las calas desiertas pero con mil setecientas barricas
de alcohol y víveres. Los camarotes estaban intactos sin que nada indicara que
faltaba cosa alguna. Deveau encontró muebles, cartas, libros, prendas de vestir
y hasta una pequeña cantidad de dinero, alhajas y un pequeño medallón de oro.
En el sollado de proa, reservado a la tripulación, todo estaba en su sitio: los
encerados de los marineros, sus sacos, sus botas, e incluso unas cuantas pipas y
ropa tendida en unas cuerdas. Todo estaba intacto y nada indicaba que se hubiera
producido un motín.
En pocas palabras, los dos marineros del Dei Gratia se dieron cuenta que
el Mary Celeste estaba en mejores condiciones que muchos de los barcos que
cruzaban regularmente el Atlántico, y pese a algunos signos que indicaban que
el barco había soportado recientemente una tormenta, resultaba inexplicable que
su tripulación lo hubiese abandonado por capricho.
En la mesa del camarote del capitán
Briggs, Oliver Deveau encontró el
diario provisional de a bordo. Decía: «Lunes 25. A las 5 llegamos a la isla de
St Mary, en dirección ESE. A las 8, la punta este estaba al SSO, a 3 km de
distancia.» En el camarote del primer oficial, Deveau encontró un mapa que
mostraba el rumbo del barco hasta el 24 de noviembre.
En el barco no se encontraron el cronómetro, el sextante, el libro de
navegación , ni tampoco una pequeña yola o bote que había estado amarrada a
la escotilla principal. Un trozo de barandilla había sido arrancado para lanzar
el bote al agua. Esto, por lo menos, aclaraba la forma en que había
desaparecido la tripulación: había abandonado el barco. Pero, ¿por qué?
¿Qué razones pudo tener un marino experimentado como Benjamin Spooner Briggs
para abandonar un barco en perfectas condiciones metiendo a su mujer y a su
hijita, con los siete miembros de la tripulación, en un bote pequeño y poco
estable? Abandonar un barco es una medida desesperada, algo que sólo se hace
cuando no hay otra alternativa; sin embargo, como declaró después uno de los
tripulantes del Dei Gratia, el Mary Celeste estaba en condiciones de dar la
vuelta al mundo. Entonces, ¿por qué fue abandonado?
El capitán Moorhouse fue informado inmediatamente sobre el suceso y
sólo le cupo pensar que la infeliz tripulación había sido víctima de una
enfebrecida tormenta. Deveau, contradijo inmediatamente esta teoría: había
encontrado una máquina de coser y sobre ella un frasco de aceite que
difícilmente hubiese aguantado ahí de haber sufrido un fuerte oleaje. El
capitán miró a su segundo. En su rostro se reflejó la perplejidad.
Según
las leyes marítimas internacionales, quien salva un barco abandonado tiene
derecho a un porcentaje del valor del barco y su cargamento. Generalmente, esos
barcos se han hundido, pero el Mary Celeste, que estaba a flote, y su carga
valían una suma importante, y sus salvadores podían esperar unos 80.000
dólares. Al capitán Morehouse no le consumía la avaricia, como han sugerido
testimonios posteriores, y de hecho se resistía a reclamar la recompensa por el
Mary Celeste. No le sobraban los hombres, y el formar una nueva tripulación
para el Mary Celeste implicaba que ambos barcos quedarían desprovistos en caso
de emergencia. Pero Deveau terminó por convencerle y el capitán Moorhouse
decidió finalmente llevarse consigo el bergantín fantasma a tierra firme, y
allí, tratar de dar explicación a éste misterio.
A Deveau y a dos marineros, Augustus Anderson y Charles
Lund, sólo les
llevó dos días poner en orden al Mary Celeste, y después los dos barcos
pusieron rumbo a Gibraltar. El Dei Gratia llegó el 12 de diciembre y el Mary
Celeste a la mañana siguiente.
Objetivo: Aclarar el misterio
Olly Deveau y el capitán
Moorhouse, como ya
hemos dicho antes, conocían las leyes de la mar y rápidamente ambos hombres se
presentaron en la comandancia del puerto y dieron cuenta de tan singular
hallazgo, presentando una demanda de salvamento a fin de cobrar la
indemnización correspondiente. El tribunal del Almirantazgo, receloso quizás,
abrió previamente una investigación, con la intención de aclarar semejante
misterio. El cargo recayó en el Presidente del Consejo Marítimo de Su
Majestad, Mr. J. Solly Flood (burócrata excitable, arrogante y pomposo). Dos
horas después de echar el ancla, el Mary Celeste fue arrestado por Thomas J.
Vecchio, de la Corte del Vice-Almirantazgo.
Frederick Solly
Flood; consideró que el abandono del Mary Celeste sólo
podía explicarse como resultado de asesinato y piratería. Sin la intervención
de Solly Flood, el misterio del Mary Celeste seguramente se habría desvanecido
en el olvido, pero sus acusaciones en las audiencias de la corte del Vice-Almirantazgo
atrajeron la atención del mundo.
Los días 18 y 20 de diciembre, el procurador Solly interrogó
concienzudamente a Deveau y a los hombres que le acompañaron en el abordaje del
Mary Celeste, y se mandó analizar el misterioso velero para comprobar su
estado. El examen fue minucioso, pero no arrojaron ninguna nueva luz sobre el
caso. Sin embargo, las inspecciones efectuadas en días posteriores, permitieron
descubrir una anomalía en extremo curiosa: a ambos lados de la roda, a dos o
tres pies por debajo de la línea de flotación, había una entalladura de unos
10 mm. de profundidad por una anchura de 32 mm. y que medía unos 2 metros de
largo. Mostraba señales de ser reciente. El inspector de la navegación, John
Austin, explicó que aquel tajo no podía ser obra del mal tiempo, sino que
parecía haber sido causado por un instrumento cortante. El procurador Solly
Flodd estimó también que aquel corte había sido intencionado.
No obstante, el comandante
Shufeldt, invitado a investigar el caso del
Mary Celeste, concluyó que fue provocada por la acción de la mar y que la
embarcación era sólida y se hallaba en perfecto estado de navegación; lo que
fue corroborado por el buzo que realizó las inspecciones de la carena.
El misterio seguía insoluble y no se explicaba la desaparición (o
volatilización) de las 10 personas que componían la tripulación del Mary
Celeste, ni se daban elucidaciones satisfactorias sobre cómo habían abandonado
el barco, por otra parte en perfecto estado.
Para entonces, llegó a Gibraltar el capitán Winchester que puso en
conocimiento del grupo de investigación su parte en la propiedad del Mary
Celeste. Otro de los copropietarios, dijo Winchester, era precisamente su
comandante, el capitán Briggs. La persona recién llegada, dio también una
valiosa información sobre todo lo relacionado con el bergantín fantasma: el
Mary Celeste había partido del puerto de Nueva York, el 4 de noviembre de 1872.
El capitán Briggs, hombre experimentado en las cosas de la mar, llevaba consigo
a su mujer Sara y su hija Sofía de corta edad. El segundo oficial era Albert G.
Richardson. El contramaestre, Andrew Gilling. La tripulación la componía
cuatro marineros de origen nórdico, llamados Volkerk y Boas Lorenzen, Adrian
Harbens, Gottlieb Goodshaad, y un cocinero.
El procurador Solly
Flood, decidió presentar entonces su informe al
Ministerio del Comercio. El informe decía: "Cuando el Mary Celeste fue
descubierto en alta mar por el Dei Gratia, la embarcación estaba sana y
robusta, en perfecto estado de navegar y bien estabilizada; estaba
abundantemente aprovisionada y no había sufrido los embates del temporal; no
mostraba trazas ni indicios de incendio o de explosión.
Por otra parte, nada indicaba los motivos que pudieran tener sus tripulantes para abandonarla. Mi hipótesis personal es que la tripulación se embriagó y que los hombres, bajo la influencia del alcohol, asesinaron al capitán Briggs, a su mujer, a su hija y al contramaestre. Después causaron daños en la proa del bergantín para hacer creer que habían embestido unas rocas u otra embarcación, para terminar huyendo entre el 25 de noviembre y el 5 de diciembre, a bordo de cualquier barco en ruta hacia el puerto de América del Norte o del Sur o hacia las Antillas".
Ésta
declaración, levantó las iras de Shufeld que protestó ante la alegación de
motín, arguyendo que no existían indicios de violencia en ninguna parte del
navío.
En su opinión, el barco había sido abandonado por el capitán y los
tripulantes en un momento de pánico injustificado, quizá debido al peligro de
naufragar ante una tempestad cercana.
El misterio continuaba persistiendo y nadie conseguía resolverlo. El
caso se hizo famoso a escala mundial hasta el punto de que la prestigiosa
revista Strand, de Londres, organizó una suerte de competición,
solicitando a varios escritores que escribieran un relato donde el Mary Celeste
fuera el protagonista.
Con el transcurrir de los años, un dato sustancialmente sospechoso
salió a la palestra: el desaparecido capitán Briggs, del Mary Celeste, era
íntimo amigo de David Reed Moorhouse, comandante del Dei Gratia. Esto hizo
levantar sospechas a más de uno. Se sabe que el 14 de marzo de 1873, el
tribunal marítimo de Gibraltar dictó sentencia, atribuyendo al capitán
Moorhouse y su tripulación, la cantidad de 1.700 libras esterlinas por el
rescate que los mismos habían efectuado. Resultaba demasiado casual que fuera
el Dei Gratia quien encontrara el bergantín abandonado. No obstante así,
resultaba también un tanto peculiar, suponiendo que ambos barcos se hubiesen
puesto de acuerdo para cobrar el rescate, que lo hicieran por una suma tan
ridícula.
Otras explicaciones
El misterioso Mary Celeste seguía sin soltar prenda sobre lo ocurrido en
su interior. Desde que el solitario bergantín fue encontrado por el Dei Gratia,
hasta nuestros días, las teorías vertidas sobre tan extraña desaparición,
han sido de lo más variadas y peregrinas: raptos, asesinatos, piratería,
extraterrestres, el terrible Kraken (pulpo gigante), islas misteriosas..., todo
un sinfín de hipótesis que, pese a todo, siguen sin explicar
satisfactoriamente los motivos que llevaron a sus tripulantes a abandonar el
barco.
No obstante en todo este misterio, habría que preguntarse una cosa con
insistencia: ¿dónde fueron a parar el sextante, la corredera, el cronómetro y
los libros de navegación, necesarios para navegar, y que Olly Deveau no
encontró por ninguna parte?
Quizá el doctor
Cobb, sobrino del desaparecido capitán Briggs, diera
con la respuesta en una pequeña obra que publicó en 1940 y cuyo título era
“Rose Cottage”:
"Mi explicación es la siguiente: La tarde del 24
de noviembre de 1872 el capitán Briggs, temiendo una explosión del cargamento
de alcohol, embarcó a su mujer y a su hija en el bote de salvamento, en
compañía del señor Richardson y un marinero. Otro marinero quedó encargado
de mantener el bote bien alejado del costado del bergantín. El contramaestre
señor Gilling y un tercer marinero desamarraron la driza de pico para
utilizarla como remolque. El cuarto marinero se puso al timón.
El capitán bajó en busca del cronómetro, el sextante y la
documentación del barco. El cocinero reunió víveres para abastecer la
pequeña embarcación. Se llevó indudablemente todos los alimentos ya
preparados, puesto que no los había en el Mary Celeste cuando el barco fue
encontrado.Es posible que entonces se produjese una pequeña explosión, que
hizo saltar la escotilla de la bodega y la dejó boca arriba sobre cubierta. Los
tripulantes, atemorizados, se apresuraron a evacuar el barco. El hombre que
estaba al timón trató de sacar el compás de la bitácora, obedeciendo sin
duda órdenes del capitán. Pero sólo consiguió desplazar la bitácora y
romper el compás.
Durante ese tiempo, el barco se mantenía en facha, con
una brisa que soplaba del sur. Las velas de gavia y la mesana estaban tomadas
por avante, con el resultado de que le barco se mantenía casi inmóvil.
Probablemente el viento no era muy fuerte. La cangreja,
que era la vela mayor, estaba probablemente envergada a la botavara. Por lo
tanto, la driza de pico se encontraba disponible para servir de cabo de remolque
y sin duda fue amarrada en la boza del bote, el cual se alejó a toda prisa del
costado del Mary Celeste.
Precisamente en aquel instante llegó una racha del
norte que, llenando las velas cuadras, hizo avanzar al buque hacia el este. El
cabo de remolque se tensó, pues se hallaba sujeto por el otro extremo al
chinchorro, pesadamente cargado e inmóvil. Partiendo de su punto de fijación
en el cangrejo y pasando por la parte de la empavesada, que había sido quitada
para facilitar la maniobra de arriar el bote, la driza se presentó bajo un
ángulo agudo a través de un extremo y sin duda se partió, dejando el bote a
la deriva a unos 120 metros de distancia.
Incluso con una brisa moderada, el bergantín debió de
avanzar más deprisa con sus velas que le bote con sus remos. El capitán
Moorhouse decía: "debieron remar como locos en aquella embarcación".
Es verdaderamente curioso que, durante tantos años, nadie haya hablado jamás
de este empleo evidente que se hizo de la driza de pico.
No pretendo que mi teoría resuelva completamente el
misterio, pero sostengo que todos sus puntos reposan sobre hechos comprobados.
Un cabo de cordaje, sólo de tres o cinco metros de largo, hubiera podido
constituir la clave de todo el enigma.”
Últimos días del
Mary Celeste
Hechos
relacionas con el Mary Celeste en nuestros días
Hace
dos años, en un artículo escrito por Ricardo
Acevedo / Marcelo Cordova y
publicado el 19 de Agosto de 2001 por el periódico Chileno “La Tercera”
se hacía eco del descubrimiento de los restos del Mary celeste a cargo de un
grupo de científicos. Una expedición
científica liderada por el escritor Clive Cussler y el productor de cine John
Davis, descubrieran los restos del barco fantasma en el arrecife de Rochelais,
frente a las costas de Haití.
"Con
todas las historias escritas acerca del Mary Celeste, creo que ya era hora de
escribir el capítulo final, aunque la verdadera historia de su tripulación
perdida probablemente nunca será revelada", señaló a La
Tercera Clive Cussler, exitoso novelista y representante de la
National Underwater & Marine Agency de Estados Unidos (Numa).
Cussler contó que la fantasmagórica embarcación de madera estaba casi
completamente cubierta de coral, situación que dificultó su rastreo. "Se
necesitaron dos años de investigaciones previas para determinar la posición
exacta del Mary Celeste. Gracias a esto y pese a que el coral cubría la nave,
cuando llegamos a Haití descubrimos el sitio casi de inmediato".
Aunque no fueron encontradas armas ni herramientas, el equipo extrajo
algunos trozos de madera y artefactos de metal para confirmar que realmente se
trataba del barco en cuestión. Según representantes de Numa, no se sacarán
más piezas ya que una de las políticas de la institución es preservar la
historia marítima.
Clive Cussler explicó que "todos los objetos que se reflotaron
están siendo exhibidos en el Museo Marítimo de Halifax, Nueva Escocia
(Canadá) y no tenemos contempladas nuevas expediciones al Mary Celeste. La
embarcación ha sido encontrada e identificada y para el futuro sólo resta
continuar buscando naufragios históricos alrededor del globo".
A pesar de haber revelado el lugar donde reposan los míticos restos del Mary Celeste, el destino de su tripulación permanecerá oculto tras sus paredes de madera degradadas por el agua salada. "Este enigma continuará cautivando a las futuras generaciones. Es una historia de mar que nunca será olvidada", concluyó Cussler.
Autor del reportaje: Joseba Zubialde
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Para la elaboración de este reportaje han sido utilizadas diversas fuentes, tales como: enciclopedias, artículos relacionados con el tema y páginas web relacionadas.