Un barco sin tripulación, historia del “Mary Celeste”

En 1872, la embarcación Mary celeste fue hallada navegando a la deriva. La comida estaba servida y los botes salvavidas en su lugar, pero la tripulación había desaparecido inexplicablemente. Muchas han sido las teorías que se han lanzado acerca de este misterio que aún hoy en día sigue sin poder ser explicado.

   La historia de un barco que aparece inexplicablemente vacio de vida, no es algo que solo pertenezca a la historia negra del Mary Celeste, ya que muchos otros barcos y navíos han sido los que han sufrido en sus propias carnes éste hecho. A lo largo dela historia marítima, no es extraño encontrarnos con este tipo de enigmas, naves en perfecto estado abandonadas sin razón aparente por la tripulación y que parecen haberse desvanecido para siempre. Ejemplo de esto tenemos  al barco francés Rosalie, que apareció en 1840con sus velas izadas y todo su cargamento, sin nada que evidenciara la suerte de sus ocupantes. Diez años más tarde fue hallado cerca de Newport (EE.UU.) el Seabird, con sólo un perro a bordo y con sus instrumentos de navegación funcionando. En 1883 sucedió algo similar con la goleta J.C. Cousins, que encalla frente a las costas de Oregon. En su interior no habían marineros, pero la mesa estaba puesta y la cocina caliente. Y la lista sigue, pero el caso que nos ocupa en este artículo es el del Mary celeste, embarcación que un buen día apareció en mitad del mar, y en su interior no había rastro alguno de la tripulación.

   El 5 de diciembre de 1872 la goleta inglesa Dei Gratia navegaba a unas 600 millas de las costas portuguesas cuando un barco que zigzagueaba con las velas desplegadas llamó poderosamente la atención de su capitán. Tras intentar infructuosamente comunicarse con la tripulación, tres marineros lo abordaron sin saber que lo que hallarían originaría uno de los mayores enigmas de todos los tiempos. La misteriosa nave era el Mary Celeste, cuya tripulación desapareció inexplicablemente dejando todo intacto en su interior: la pipa del capitán todavía humeaba, la carga de 1.700 toneladas de alcohol estaba completa, la cocina prendida y la comida en la mesa. Los botes salvavidas, libros, cartas, dinero y un medallón de oro también permanecían en su lugar. Éste fue el más llamativo de los sucesos ocurridos primer suceso de una larga lista de hechos, que sin lugar a dudas forjaron la fama del navío.

 

 Breve historia del Mary celeste

 

   La historia del Mary Celeste comienza con su construcción en el año 1860, en los astilleros de Joshua Dewis, situados en Spencer's Island, Nueva Escocia. Primer barco de un consorcio de constructores navales, en un principio fue bautizado con el nombre de Amazon, y fue botado en 1861. El primer capitán de esta embarcación fue el escocés Robert McLellan, que cayó enfermo y murió poco después de asumir el mando.

   En el primer viaje del Amazon, el barco sufrió su primer percance al topar con una encañizada de pesca cerca de Maine. Los daños sufridos en el casco obligaron a que le la embarcación tuviera que volver a los astilleros. Casualmente, un incendio se originó donde estaba siendo reparado el barco, hecho que le costo el puesto al segundo de sus capitanes, John Nutting Parker.

   Cuando todo estuvo preparado, el Amazon cruzó por primera vez el Atlántico sin problemas, hasta que llegó al estrecho de Dover, donde chocó con un bergantín. Éste se hundió y el Amazon tuvo que ser reparado de nuevo, lo que causó que su tercer capitán marchase en busca de otro puesto. Después de las reparaciones y del nombramiento de otro capitán, el Amazon volvió a América y, acto seguido encalló cerca de Cow Bay, en la isla de Cape Breton (Nueva Escocia).

   A partir de este momento, la historia del Amazon toma otro camino. Fue sacado del entorno rocoso en el que se encontraba, y vendido varias veces. Muchos de los negocios de sus propietarios quebraron sin obtener beneficio alguno. Al final, un consorcio de armadores de Nueva York llamado  J. H. Winchester & Co.”  se hizo cargo del barco. Es necesario decir, que cuando esta compañía se hizo con el Amazon, éste ya no presentaba el aspecto original, ya que tras sus numerosas reparaciones, el navío había sedo agrandado y llevaba los colores de EEUU. Por si esto fuera poco, el nombre del barco también cambio, y pasói a llamarse “Mary Celeste”. Por supuesto, una nueva tripulación tomó el mando de este navío:

 

Benjamin Spooner Briggs, el capitán del Mary Celeste, severo puritano de Nueva Inglaterra nacido en Wareham, Massachussets.

Albert G. Richardson, el primer oficial, y que además ya había servido con el capitan Briggs.

 

Andrew Gilling, el segundo oficial, nacido en Nueva York.

 

Edward William Head, el cocinero y camarero, procedente de Brooklyn (Nueva York).

 

El resto de la tripulación lo componían cuatro marineros alemanes.

Sarah Elizabeth, hija del predicador de la iglesia Congregacionalista de Marion (Massachussets), y esposa del capitán Briggs, y su hija Sophia Matilda, de dos años también embarcaron.

   El sábado 2 de Noviembre de 1872 la tripulación subió a bordo. La carga de 1.701 barriles de alcohol desnaturalizado, perteneciente a la “Meissner Ackerman & Company” de Nueva York, fue asegurada en las bodegas barco. El destino de la carga era la “H. Mascerenhas & Company” de Génova (Italia). A primera hora del 5 de noviembre el Mary Celeste fue remolcado desde el muelle 44 hasta la bahía de Staten Island, Nueva York. El Atlántico estaba muy tormentoso para la época, y Briggs tuvo que echar el ancla durante dos días antes de zarpar. El 7 de noviembre fue el día en el que la tripulación y el navío zarparon rumbo a Europa.

Comienza el misterio

 


    Seguramente ninguno de los marineros británicos que se encontraban en la goleta inglesa “Dei Gratia” podrían haber imaginado jamás que serían participes de uno de los mayores y más famosos misterios marítimos de la historia. El 15 de noviembre de 1872, casualmente ocho días después de que el Mary Celeste zarpara de Nueva York, el Dei Gratia zarpó con una carga de kerosene rumbo a Gibraltar. El capitán, oriundo de Nueva Escocia, se llamaba David Reed Morehouse, y el primer oficial era Oliver Deveau.

 

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   El 5 de diciembre, poco antes de la 1 del mediodía y a medio camino entre la costa portuguesa y las Azores, fue avistado a unos 8 km el Mary Celeste por Jhon Jonson (que estaba al timón). A causa del mal estado de las velas y de su ligero «bostezo» (escora), llamó al segundo oficial, John Wright, y juntos fueron a buscar al capitán Morehouse, quien después de observarlo con su catalejo, dió orden de ofrecerle ayuda.

 

   Hacia las tres de la tarde se hallaban a unos 400 m del Mary celeste, momento en el que el Morehouse aprovecho para intentar comunicarse con la tripulación de aquel misterioso barco. El capitán Moorhouse, haciendo uso de un megáfono,  preguntó varias veces a la tripulación del velero si necesitaban ayuda, pero nadie respondió. En se instante, el capitán se percató de que el velero en cuestión resultaba ser un bergantín de 30 metros de  eslora llamado Mary Celeste, que en apariencia parecía estar en perfecto estado de conservación. Extrañado ante tal silencio, el capitán del Dei Gratia decidió enviar algunos hombres a investigar y ordenó a su segundo, Olly Deveau, que tomase a dos hombres en un bote  para abordar al Mary Celeste.

 

   Oliver Deveau, acompañado de Wright y Johnson, remó hasta el barco en peligro. Johnson se quedó en el bote mientras los otros dos trepaban hasta la cubierta. Éstos se quedaron asombrados y extrañados al comprobar que el Mary Celeste estaba desierto.

   Durante la hora siguiente, Deveau y Wright revisaron el Mary Celeste de proa a popa. Los botes estaban sin arriar, en el sollado de la marinería, en el interior de la embarcación, no había nadie. La vela de estay fue hallada en la zona de proa, pero el trinquete y el trinquete superior habían volado de las vergas y se habían perdido. El foque, la vela de estay del palo mayor y la gavia inferior estaban izadas. El resto de las velas estaban plegadas. Algunas jarcias estaban enmarañadas, otras habían sido arrancadas por el viento y colgaban destrozadas. La driza superior (soga rígida de unos 90 m de longitud, usada para izar la vela cangreja) se había roto, y faltaba la mayor parte de la misma. El timón giraba libremente, y la bitácora había sido golpeada y estaba rota. La escotilla principal estaba cubierta por un encerado y sujeta, pero algunos de los encerados habían sido retirados y fueron hallados cerca de las escotillas. La cocina estaba vacía, en el suelo el agua alcanzaba una altura inferior a los 30 cm, y las provisiones para seis meses apenas se habían estropeado y había abundante agua dulce. Deveau se sorprendió aún más al hallar en la cocina, sobre un fogón todavía caliente, una cacerola conteniendo un pollo recién cocido y unas tazas de té aún tibio descansando en la mesa central. Las calas desiertas pero con mil setecientas barricas de alcohol y víveres. Los camarotes estaban intactos sin que nada indicara que faltaba cosa alguna. Deveau encontró muebles, cartas, libros, prendas de vestir y hasta una pequeña cantidad de dinero, alhajas y un pequeño medallón de oro. En el sollado de proa, reservado a la tripulación, todo estaba en su sitio: los encerados de los marineros, sus sacos, sus botas, e incluso unas cuantas pipas y ropa tendida en unas cuerdas. Todo estaba intacto y nada indicaba que se hubiera producido un motín.

   En pocas palabras, los dos marineros del Dei Gratia se dieron cuenta que el Mary Celeste estaba en mejores condiciones que muchos de los barcos que cruzaban regularmente el Atlántico, y pese a algunos signos que indicaban que el barco había soportado recientemente una tormenta, resultaba inexplicable que su tripulación lo hubiese abandonado por capricho.  

   En la mesa del camarote del capitán Briggs, Oliver Deveau encontró el diario provisional de a bordo. Decía: «Lunes 25. A las 5 llegamos a la isla de St Mary, en dirección ESE. A las 8, la punta este estaba al SSO, a 3 km de distancia.» En el camarote del primer oficial, Deveau encontró un mapa que mostraba el rumbo del barco hasta el 24 de noviembre.

   En el barco no se encontraron el cronómetro, el sextante, el libro de navegación , ni tampoco una pequeña yola o bote que había estado amarrada a la escotilla principal. Un trozo de barandilla había sido arrancado para lanzar el bote al agua. Esto, por lo menos, aclaraba la forma en que había desaparecido la tripulación: había abandonado el barco. Pero, ¿por qué? ¿Qué razones pudo tener un marino experimentado como Benjamin Spooner Briggs para abandonar un barco en perfectas condiciones metiendo a su mujer y a su hijita, con los siete miembros de la tripulación, en un bote pequeño y poco estable? Abandonar un barco es una medida desesperada, algo que sólo se hace cuando no hay otra alternativa; sin embargo, como declaró después uno de los tripulantes del Dei Gratia, el Mary Celeste estaba en condiciones de dar la vuelta al mundo. Entonces, ¿por qué fue abandonado?

   El capitán Moorhouse fue informado inmediatamente sobre el suceso y sólo le cupo pensar que la infeliz tripulación había sido víctima de una enfebrecida tormenta. Deveau, contradijo inmediatamente esta teoría: había encontrado una máquina de coser y sobre ella un frasco de aceite que difícilmente hubiese aguantado ahí de haber sufrido un fuerte oleaje. El capitán miró a su segundo. En su rostro se reflejó la perplejidad.

  Según las leyes marítimas internacionales, quien salva un barco abandonado tiene derecho a un porcentaje del valor del barco y su cargamento. Generalmente, esos barcos se han hundido, pero el Mary Celeste, que estaba a flote, y su carga valían una suma importante, y sus salvadores podían esperar unos 80.000 dólares. Al capitán Morehouse no le consumía la avaricia, como han sugerido testimonios posteriores, y de hecho se resistía a reclamar la recompensa por el Mary Celeste. No le sobraban los hombres, y el formar una nueva tripulación para el Mary Celeste implicaba que ambos barcos quedarían desprovistos en caso de emergencia. Pero Deveau terminó por convencerle y el capitán Moorhouse decidió finalmente llevarse consigo el bergantín fantasma a tierra firme, y allí, tratar de dar explicación a éste misterio.

   A Deveau y a dos marineros, Augustus Anderson y Charles Lund, sólo les llevó dos días poner en orden al Mary Celeste, y después los dos barcos pusieron rumbo a Gibraltar. El Dei Gratia llegó el 12 de diciembre y el Mary Celeste a la mañana siguiente.

Objetivo: Aclarar el misterio

 

   Olly Deveau y el capitán Moorhouse, como ya hemos dicho antes, conocían las leyes de la mar y rápidamente ambos hombres se presentaron en la comandancia del puerto y dieron cuenta de tan singular hallazgo, presentando una demanda de salvamento a fin de cobrar la indemnización correspondiente. El tribunal del Almirantazgo, receloso quizás, abrió previamente una investigación, con la intención de aclarar semejante misterio. El cargo recayó en el Presidente del Consejo Marítimo de Su Majestad, Mr. J. Solly Flood (burócrata excitable, arrogante y pomposo). Dos horas después de echar el ancla, el Mary Celeste fue arrestado por Thomas J. Vecchio, de la Corte del Vice-Almirantazgo.

   Frederick Solly Flood; consideró que el abandono del Mary Celeste sólo podía explicarse como resultado de asesinato y piratería. Sin la intervención de Solly Flood, el misterio del Mary Celeste seguramente se habría desvanecido en el olvido, pero sus acusaciones en las audiencias de la corte del Vice-Almirantazgo atrajeron la atención del mundo.

   Los días 18 y 20 de diciembre, el procurador Solly interrogó concienzudamente a Deveau y a los hombres que le acompañaron en el abordaje del Mary Celeste, y se mandó analizar el misterioso velero para comprobar su estado. El examen fue minucioso, pero no arrojaron ninguna nueva luz sobre el caso. Sin embargo, las inspecciones efectuadas en días posteriores, permitieron descubrir una anomalía en extremo curiosa: a ambos lados de la roda, a dos o tres pies por debajo de la línea de flotación, había una entalladura de unos 10 mm. de profundidad por una anchura de 32 mm. y que medía unos 2 metros de largo. Mostraba señales de ser reciente. El inspector de la navegación, John Austin, explicó que aquel tajo no podía ser obra del mal tiempo, sino que parecía haber sido causado por un instrumento cortante. El procurador Solly Flodd estimó también que aquel corte había sido intencionado.

   No obstante, el comandante Shufeldt, invitado a investigar el caso del Mary Celeste, concluyó que fue provocada por la acción de la mar y que la embarcación era sólida y se hallaba en perfecto estado de navegación; lo que fue corroborado por el buzo que realizó las inspecciones de la carena.

   El misterio seguía insoluble y no se explicaba la desaparición (o volatilización) de las 10 personas que componían la tripulación del Mary Celeste, ni se daban elucidaciones satisfactorias sobre cómo habían abandonado el barco, por otra parte en perfecto estado.

   Para entonces, llegó a Gibraltar el capitán Winchester que puso en conocimiento del grupo de investigación su parte en la propiedad del Mary Celeste. Otro de los copropietarios, dijo Winchester, era precisamente su comandante, el capitán Briggs. La persona recién llegada, dio también una valiosa información sobre todo lo relacionado con el bergantín fantasma: el Mary Celeste había partido del puerto de Nueva York, el 4 de noviembre de 1872. El capitán Briggs, hombre experimentado en las cosas de la mar, llevaba consigo a su mujer Sara y su hija Sofía de corta edad. El segundo oficial era Albert G. Richardson. El contramaestre, Andrew Gilling. La tripulación la componía cuatro marineros de origen nórdico, llamados Volkerk y Boas Lorenzen, Adrian Harbens, Gottlieb Goodshaad, y un cocinero.

   El procurador Solly Flood, decidió presentar entonces su informe al Ministerio del Comercio. El informe decía: "Cuando el Mary Celeste fue descubierto en alta mar por el Dei Gratia, la embarcación estaba sana y robusta, en perfecto estado de navegar y bien estabilizada; estaba abundantemente aprovisionada y no había sufrido los embates del temporal; no mostraba trazas ni indicios de incendio o de explosión.

   Por otra parte, nada indicaba los motivos que pudieran tener sus tripulantes para abandonarla. Mi hipótesis personal es que la tripulación se embriagó y que los hombres, bajo la influencia del alcohol, asesinaron al capitán Briggs, a su mujer, a su hija y al contramaestre. Después causaron daños en la proa del bergantín para hacer creer que habían embestido unas rocas u otra embarcación, para terminar huyendo entre el 25 de noviembre y el 5 de diciembre, a bordo de cualquier barco en ruta hacia el puerto de América del Norte o del Sur o hacia las Antillas".

   Ésta declaración, levantó las iras de Shufeld que protestó ante la alegación de motín, arguyendo que no existían indicios de violencia en ninguna parte del navío.
En su opinión, el barco había sido abandonado por el capitán y los tripulantes en un momento de pánico injustificado, quizá debido al peligro de naufragar ante una tempestad cercana.

   El misterio continuaba persistiendo y nadie conseguía resolverlo. El caso se hizo famoso a escala mundial hasta el punto de que la prestigiosa revista Strand, de Londres, organizó una suerte de competición, solicitando a varios escritores que escribieran un relato donde el Mary Celeste fuera el protagonista.

   Con el transcurrir de los años, un dato sustancialmente sospechoso salió a la palestra: el desaparecido capitán Briggs, del Mary Celeste, era íntimo amigo de David Reed Moorhouse, comandante del Dei Gratia. Esto hizo levantar sospechas a más de uno. Se sabe que el 14 de marzo de 1873, el tribunal marítimo de Gibraltar dictó sentencia, atribuyendo al capitán Moorhouse y su tripulación, la cantidad de 1.700 libras esterlinas por el rescate que los mismos habían efectuado. Resultaba demasiado casual que fuera el Dei Gratia quien encontrara el bergantín abandonado. No obstante así, resultaba también un tanto peculiar, suponiendo que ambos barcos se hubiesen puesto de acuerdo para cobrar el rescate, que lo hicieran por una suma tan ridícula.

Otras explicaciones

   El misterioso Mary Celeste seguía sin soltar prenda sobre lo ocurrido en su interior. Desde que el solitario bergantín fue encontrado por el Dei Gratia, hasta nuestros días, las teorías vertidas sobre tan extraña desaparición, han sido de lo más variadas y peregrinas: raptos, asesinatos, piratería, extraterrestres, el terrible Kraken (pulpo gigante), islas misteriosas..., todo un sinfín de hipótesis que, pese a todo, siguen sin explicar satisfactoriamente los motivos que llevaron a sus tripulantes a abandonar el barco.

   No obstante en todo este misterio, habría que preguntarse una cosa con insistencia: ¿dónde fueron a parar el sextante, la corredera, el cronómetro y los libros de navegación, necesarios para navegar, y que Olly Deveau no encontró por ninguna parte?

   Quizá el doctor Cobb, sobrino del desaparecido capitán Briggs, diera con la respuesta en una pequeña obra que publicó en 1940 y cuyo título era “Rose Cottage”:

   "Mi explicación es la siguiente: La tarde del 24 de noviembre de 1872 el capitán Briggs, temiendo una explosión del cargamento de alcohol, embarcó a su mujer y a su hija en el bote de salvamento, en compañía del señor Richardson y un marinero. Otro marinero quedó encargado de mantener el bote bien alejado del costado del bergantín. El contramaestre señor Gilling y un tercer marinero desamarraron la driza de pico para utilizarla como remolque. El cuarto marinero se puso al timón. El capitán bajó en busca del cronómetro, el sextante y la documentación del barco. El cocinero reunió víveres para abastecer la pequeña embarcación. Se llevó indudablemente todos los alimentos ya preparados, puesto que no los había en el Mary Celeste cuando el barco fue encontrado.Es posible que entonces se produjese una pequeña explosión, que hizo saltar la escotilla de la bodega y la dejó boca arriba sobre cubierta. Los tripulantes, atemorizados, se apresuraron a evacuar el barco. El hombre que estaba al timón trató de sacar el compás de la bitácora, obedeciendo sin duda órdenes del capitán. Pero sólo consiguió desplazar la bitácora y romper el compás.

   Durante ese tiempo, el barco se mantenía en facha, con una brisa que soplaba del sur. Las velas de gavia y la mesana estaban tomadas por avante, con el resultado de que le barco se mantenía casi inmóvil.

   Probablemente el viento no era muy fuerte. La cangreja, que era la vela mayor, estaba probablemente envergada a la botavara. Por lo tanto, la driza de pico se encontraba disponible para servir de cabo de remolque y sin duda fue amarrada en la boza del bote, el cual se alejó a toda prisa del costado del Mary Celeste.

   Precisamente en aquel instante llegó una racha del norte que, llenando las velas cuadras, hizo avanzar al buque hacia el este. El cabo de remolque se tensó, pues se hallaba sujeto por el otro extremo al chinchorro, pesadamente cargado e inmóvil. Partiendo de su punto de fijación en el cangrejo y pasando por la parte de la empavesada, que había sido quitada para facilitar la maniobra de arriar el bote, la driza se presentó bajo un ángulo agudo a través de un extremo y sin duda se partió, dejando el bote a la deriva a unos 120 metros de distancia.

   Incluso con una brisa moderada, el bergantín debió de avanzar más deprisa con sus velas que le bote con sus remos. El capitán Moorhouse decía: "debieron remar como locos en aquella embarcación". Es verdaderamente curioso que, durante tantos años, nadie haya hablado jamás de este empleo evidente que se hizo de la driza de pico.

   No pretendo que mi teoría resuelva completamente el misterio, pero sostengo que todos sus puntos reposan sobre hechos comprobados. Un cabo de cordaje, sólo de tres o cinco metros de largo, hubiera podido constituir la clave de todo el enigma.”

Últimos días del Mary Celeste

     El Mary Celeste fue devuelto a James H. Winchester, y bajo el mando del capitán George W. Blatchford continuó su viaje hasta Génova, donde finalmente entregó su carga. Entonces, Winchester lo vendió -se dijo que con una considerable pérdida- y a lo largo de los 12 años siguientes el barco cambió de manos no menos de 17 veces. Ninguno de sus propietarios dijo nunca una buena palabra de él. Anduvo dando bandazos por la costa de los Estados Unidos, perdiendo cargamentos, velas y marineros, encallando e incendiándose con increíble regularidad. Parecía que el Mary Celeste era víctima, desde que fue botado, de una especie de maldición. El Mary Celeste acabó sus días en 1885, cuando su último capitán, G.C Parker, lanzó el bergantín intencionalmente contra los arrecifes Rochelais, cerca de Haití, para cobrar el seguro. Acusado de fraude, Parker murió en extrañas circunstancias antes del juicio. Mientras tanto, el oleaje fue destrozando poco a poco los pedazos del Mary Celeste.

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 Hechos relacionas con el Mary Celeste en nuestros días

 

   Hace dos años, en un artículo escrito por Ricardo Acevedo / Marcelo Cordova  y publicado el 19 de Agosto de 2001 por el periódico Chileno “La Tercera” se hacía eco del descubrimiento de los restos del Mary celeste a cargo de un grupo de científicos. Una expedición científica liderada por el escritor Clive Cussler y el productor de cine John Davis, descubrieran los restos del barco fantasma en el arrecife de Rochelais, frente a las costas de Haití.

   "Con todas las historias escritas acerca del Mary Celeste, creo que ya era hora de escribir el capítulo final, aunque la verdadera historia de su tripulación perdida probablemente nunca será revelada", señaló a La Tercera Clive Cussler, exitoso novelista y representante de la National Underwater & Marine Agency de Estados Unidos (Numa).

 

   Cussler contó que la fantasmagórica embarcación de madera estaba casi completamente cubierta de coral, situación que dificultó su rastreo. "Se necesitaron dos años de investigaciones previas para determinar la posición exacta del Mary Celeste. Gracias a esto y pese a que el coral cubría la nave, cuando llegamos a Haití descubrimos el sitio casi de inmediato".

 

   Aunque no fueron encontradas armas ni herramientas, el equipo extrajo algunos trozos de madera y artefactos de metal para confirmar que realmente se trataba del barco en cuestión. Según representantes de Numa, no se sacarán más piezas ya que una de las políticas de la institución es preservar la historia marítima.

 

   Clive Cussler explicó que "todos los objetos que se reflotaron están siendo exhibidos en el Museo Marítimo de Halifax, Nueva Escocia (Canadá) y no tenemos contempladas nuevas expediciones al Mary Celeste. La embarcación ha sido encontrada e identificada y para el futuro sólo resta continuar buscando naufragios históricos alrededor del globo".

 

   A pesar de haber revelado el lugar donde reposan los míticos restos del Mary Celeste, el destino de su tripulación permanecerá oculto tras sus paredes de madera degradadas por el agua salada. "Este enigma continuará cautivando a las futuras generaciones. Es una historia de mar que nunca será olvidada", concluyó Cussler.

 

 

Autor del reportaje: Joseba Zubialde

 

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Para la elaboración de este reportaje han sido utilizadas diversas fuentes, tales como: enciclopedias, artículos relacionados con el tema y  páginas web relacionadas.